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Almacenan comida, aprenden técnicas de supervivencia y construyen refugios: quiénes son y cómo viven los preparacionistas

El movimiento, que nació en Estados Unidos y ya reúne a unas 25.000 personas en la Argentina, ganó visibilidad con las mochilas de 72 horas y promueve la preparación frente a crisis, apagones y desastres naturales

Los preparacionistas almacenan alimentos y agua, aprenden primeros auxilios y practican técnicas de supervivencia antes de un desastre

Mientras la mayoría de las personas piensa en una emergencia cuando ya ocurrió, ellos dedican parte de su tiempo a prepararse para afrontarla antes de que suceda. Aprenden primeros auxilios, almacenan alimentos y agua, practican técnicas de supervivencia, planifican cómo reaccionar ante un desastre y, en algunos casos, hasta construyen refugios. Se los conoce como preparacionistas —o preppers, según el término popularizado en Estados Unidos— y conforman una comunidad que, de acuerdo con sus referentes, ya reúne a unas 25.000 personas en la Argentina.

El fenómeno volvió a ganar notoriedad en los últimos meses gracias a las redes sociales, donde se viralizaron videos sobre las llamadas mochilas de 72 horas. Uno de los más comentados fue el de J Rei, pareja de María Becerra, quien mostró el contenido de su propio kit de emergencia. Sin embargo, quienes forman parte del movimiento aseguran que ese equipamiento es apenas una pequeña parte de una filosofía mucho más amplia.

Un preparacionista es una persona que toma precauciones de antemano para lo que puedan llegar a ser desastres naturales o provocados por el hombre en el lugar donde vive. No se trata de esperar el fin del mundo, sino de estar preparado por si ocurre algo”, explicó Leandro Azzolín, uno de los pioneros del movimiento en el país, durante una entrevista con Infobae a la Tarde.

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Las mochilas de 72 horas dieron visibilidad al movimiento en redes sociales, aunque los preppers sostienen que son solo una parte de su filosofía (Infobae en Vivo)

Esa lógica atraviesa toda la vida cotidiana de quienes adoptan esta forma de organización. Además de contar con reservas de agua y alimentos, muchos realizan cursos de primeros auxilios, aprenden a potabilizar agua, cultivan huertas, incorporan conocimientos básicos de orientación y buscan reducir su dependencia de los servicios esenciales durante las primeras horas de una emergencia.

Según Azzolín, la idea no es prepararse para una guerra ni para un escenario apocalíptico. En la Argentina, asegura, las hipótesis más probables son mucho más cercanas: apagones prolongados, inundaciones, incendios, crisis económicas o conflictos sociales que puedan dificultar el acceso a bienes básicos durante algunos días.

La gente piensa enseguida en un apocalipsis, pero nosotros hablamos de situaciones que ya ocurrieron. La pandemia fue un ejemplo. También lo son los grandes cortes de luz, las inundaciones o un incendio que te obliga a dejar tu casa de un momento para otro”, sostuvo.

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Leandro Azzolín afirmó que un preparacionista toma precauciones ante desastres naturales o provocados por el hombre en el lugar donde vive

Uno de los conceptos centrales dentro del preparacionismo es la denominada mochila de 72 horas, diseñada para que una persona pueda mantenerse durante los tres primeros días posteriores a una emergencia. Aunque cada kit cambia según las necesidades de su dueño, existen algunos elementos que prácticamente nunca faltan: agua potable, alimentos no perecederos, linternas, abrigo, herramientas básicas y un botiquín de primeros auxilios.

Cada mochila va a ser totalmente diferente porque depende de la preparación y de la realidad de cada persona. En mi caso hago mucho hincapié en los primeros auxilios porque soy instructor internacional de control de sangrado y RCP”, explicó Azzolín.

El referente insistió en que el conocimiento vale tanto como el equipamiento. Por eso considera que antes de gastar grandes sumas de dinero conviene capacitarse. “Siempre recomendamos hacer cursos de primeros auxilios. Tener un botiquín y no saber usarlo es igual a no tenerlo”, afirmó.

La utilidad de esa preparación, asegura, quedó demostrada durante la pandemia. Mientras muchas personas se encontraron con dificultades para abastecerse durante los primeros meses del aislamiento, él ya tenía organizadas reservas para afrontar un período prolongado sin salir de su casa.

En la Argentina, el preparacionismo se enfoca en apagones, inundaciones, incendios, crisis económicas y conflictos sociales que afectan el acceso a bienes básicos

Mi casa estaba preparada para seis meses de aislamiento total. Eso nos permitió atravesar la pandemia de manera preventiva y segura”, recordó.

Esa experiencia, sin embargo, no modificó la esencia del preparacionismo. Para Azzolín, la preparación no implica vivir con miedo, sino asumir que siempre puede ocurrir un imprevisto. Para explicarlo suele recurrir a una comparación sencilla.

Todos tienen un matafuegos en el auto, pero nadie lo lleva porque espera que el vehículo se incendie. Lo mismo pasa con un botiquín o con la rueda de auxilio. Esto es exactamente igual: es un plan B, por si las dudas”.

Ese criterio también se refleja en la forma en que los preparacionistas organizan sus hogares. Aunque existen casos de personas que construyen refugios o invierten grandes sumas de dinero en equipamiento especializado, Azzolín sostiene que esa no es la realidad de la mayoría. La preparación, afirma, comienza aprovechando los recursos disponibles.

“Un kit completo puede costar millones de pesos, pero no hace falta empezar por ahí. En mis videos enseño a armar mochilas con cosas que cualquiera tiene en su casa. Un buen cuchillo, una lona o una cortina de baño pueden resolver muchas situaciones si sabés cómo utilizarlos”.

La mochila de 72 horas suele incluir agua potable, alimentos no perecederos, linternas, abrigo, herramientas básicas y un botiquín de primeros auxilios (Tamir Kalifa for The New York Times)

Para él, el preparacionismo también es una respuesta a una sociedad cada vez más dependiente de la tecnología y de los servicios públicos. “Somos muy dependientes de todo y esperamos que las soluciones siempre vengan de afuera. Cuando hay un corte de luz importante o se interrumpe algún servicio, muchos descubren que no tienen ninguna alternativa”, reflexionó.

Pese a la imagen que suele rodear al movimiento, insiste en que los preparacionistas no desean que ocurra ninguna de esas situaciones. Al contrario: cuanto menos tengan que utilizar todo lo que aprendieron, mejor.

Lo que menos queremos es que pase alguna de esas cosas”, aseguró. “Prepararse no significa vivir con miedo; significa estar listo para responder mejor si alguna vez la emergencia llega”.

Esa idea resume la filosofía que sostiene a una comunidad que no deja de crecer. Más que acumular provisiones o construir refugios, los preparacionistas buscan incorporar conocimientos, organizar recursos y tener un plan antes de que aparezca el problema. Porque, según sostienen, cuando ocurre una emergencia ya es demasiado tarde para empezar a prepararse.

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