Los primeros refugios en los que vivieron los homínidos, antecesores de los humanos fueron las cuevas, cavidades naturales del terreno que normalmente se forman por algún tipo de erosión, ya sea de agua, lava o hielo.
Y es que hace unos 10.000 años, nació la era del Neolítico, un período crucial para la historia del desarrollo de la raza humana de unos 4.000 años de duración, en los que los hombres dejaron de ser cazadores y nómadas para convertirse en seres sedentarios que vivirían de la agricultura y la ganadería.
Este histórico paso implicó que abandonaran las cuevas y cavernas y comenzaran a construir sociedades complejas. Hoy esas cuevas en todo el mundo sirven para dar cobijo a animales salvajes y para convocar al sector turístico y amantes de la naturaleza a recorrerlas y en algunos casos, revivir el pasado.
Europa cuenta con muchísimas cuevas, algunas volcánicas y otras con estalactitas. Unas tienen fácil acceso y otras requieren de guías especializados. En algunas se puede ir caminando y otras se las atraviesa mediante el uso de una pequeña embarcación. La revista internacional de turismo Condé Nast Traveler recopiló las 6 cuevas europeas imperdibles para visitar y asombrarse.
1-Cuevas de Gaping Gill, Inglaterra
Gaping Gill es una cueva natural ubicada en North Yorkshire, Inglaterra. Es uno de los hitos inconfundibles de la ladera sur de Ingleborough: una depresión de 98 metros de profundidad en la que desemboca el arroyo Fell Beck. Tras caer por una de las mayores cámaras subterráneas conocidas en Gran Bretaña, el agua desaparece en el suelo de cantos rodados y acaba resurgiendo junto a la cueva de Ingleborough.
Gaping Gill posee el récord de la cascada ininterrumpida más alta de Inglaterra y de la mayor cámara subterránea abierta naturalmente a la superficie.
Su cámara principal es de 129 metros de largo y 31 metros de alto. Pero, sin duda alguna, su característica más llamativa es que las aguas del arroyo Fell Beck se precipitan desde un agujero en el techo de la cavidad, dando un salto de unos 100 metros de altura.
2-Cueva de Breidamerkurjökull, Islandia
Islandia es conocida como la tierra del fuego y el hielo. Entre sus innumerables atractivos se encuentra una de las masas de hielo más grandes del planeta: el glaciar Vatnajökull, que ocupa casi un 8% del territorio del país y se desparrama por su parte sureste con más de una treintena de preciosas lenguas glaciares.
En esa gran superficie de hielo se han formado a lo largo de los años, distintas cuevas que cambian su morfología cada año. Una de las más bellas y accesibles es la de Breidamerkurjökull, situada cerca de la laguna glaciar de Jökulsárlón, uno de los atractivos turísticos más visitados de Islandia.
Si bien la entrada no es fácil, ya que para llegar a la cavidad se debe contar con una camioneta especial de grandes ruedas, una vez que se llega adentro, la vista es increíble. Las grises aguas del deshielo corren por un riachuelo central, horadando un camino enmarcado por paredes de hielo azul que, en su interior, muestran partículas grisáceas.
Se trata de las cenizas y piedra volcánica del lugar, algunas de las cuales llevan atrapadas ahí cientos de años. Entre las piedras se forman estalactitas y estalagmitas de hielo, creando la impresión de que nos encontramos en otro mundo.
3-Cueva de Pstojna, Eslovenia
Eslovenia es también conocido por poseer joyas naturales no tan conocidas del Viejo Continente. Y es que entre sus bosques y montañas se esconden algunas de las mejores cuevas de Europa, como la de Postojna. Este sistema de cuevas kársticas parece una auténtica catedral construida por la mano de la naturaleza.
Se trata de unos 24 km de túneles salpicados por enormes cámaras y galerías abiertas en las que crecen estalactitas y estalagmitas. La visita a la cueva de Postojna se puede realizar durante todo el año. Es una experiencia guiada, apta para toda la familia, y en la que parte del recorrido se realiza en un pequeño tren descapotado.
4-Cueva azul de Bisevo, Croacia
Si las cuevas terrestres son bellas, las marinas tienen un encanto especial. En ellas, el sol y el mar nos regalan un juego de luces y brillos difícil de igualar en el ámbito terrestre. Una de las más mágicas cuevas marinas de Europa se encuentra en la pequeña isla croata de Bisevo.
Rocosa y con una superficie de poco más de 6 kilómetros cuadrados, Bisevo siempre ha presentado numerosas cuevas que eran frecuentadas y conocidas por los pescadores. Entre ellas, la Cueva Azul destaca por su gran belleza y su accesibilidad mediante pequeños barcos.
El encanto se produce a la vista del turista, cuando la luz del sol se refleja en las turquesas aguas del Adriático para iluminar las paredes de la cueva en distintos tonos azules. Bajo la superficie del agua, todos los objetos muestran tonos plateados y rosados. El mejor momento para visitar esta maravilla es al mediodía, y siempre fuera de los meses de temporada alta (julio y agosto), para evitar las aglomeraciones.
5-Cuevas de Punkva, República Checa
Además de Praga, la República Checa tiene muchos encantos por mostrar. Como por ejemplo, la fascinante región de Moravia del Sur, donde encontramos encantadores pueblos declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, viñedos, palacios, castillos y, cómo no, cuevas.
En las cuevas de Punkva se encuentran en el mayor atractivo natural de la región: el karst de Moravia. El agua y el viento, trabajando conjuntamente durante milenios, han ido esculpiendo un paisaje de belleza particular, cubierto por densas masas forestales en la superficie y jalonado por un sistema de más de un millar de cuevas.
El recorrido actual, de algo más de 1,2 km, fue establecido hace unos 90 años y la experiencia incluye un paseo en barca por las aguas subterráneas del río Punkva, además de una caminata, a través de pasarelas y escaleras, por túneles y galerías en las que admirar esculturas pétreas de millones de años de antigüedad.
6-Cueva de los Verdes, España
España tiene una historia particular con las cuevas. Los casos de la cueva de Altamira, con sus famosas pinturas rupestres; las del Drach, con sus bellas galerías y lagunas subterráneas; y la Gruta de las Maravillas, situada en Aracena y que tiene el honor de ser la primera cueva turística de España, al abrir al público en 1914, son ejemplos claros de su rico pasado.
Pero hay que destacar a la Cueva de los Verdes, ubicada en la isla de Lanzarote, una cavidad que se formó hace unos 4.000 años, debido al río de lava que se generó tras la erupción del volcán de la Corona. En ese tubo volcánico se escondieron, durante los siglos XVI y XVII, habitantes que huían de los ataques de los piratas berberiscos.
La cueva presenta distintos juegos de luces —con minerales volcánicos que reflectan colores brillantes tanto en la superficie como bajo el agua— y sonidos son realmente fascinantes. Una experiencia imbatible en la Cueva de los Verdes es la de asistir a uno de los conciertos que se organizan en su auditorio, para dejarse llevar por la música y soñar que uno se encuentra en otro mundo.