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La voz que viajó del escenario al micrófono: Juan Balvín, el argentino detrás de grandes personajes

El actor, cantante y director de doblaje habló en exclusiva con Teleshow sobre su recorrido artístico, sus trabajos más reconocidos y el camino que lo llevó a construir personajes con la voz

Con más de una década en el mundo del doblaje, Juan Balvín supo destacarse prestando su voz a diferentes proyectos en la pantalla chica (Gentileza de Juan Balvín)

La voz puede convertirse en un puente hacia otros mundos: puede darle identidad a un personaje, acompañar una historia y quedar asociada para siempre con los recuerdos de quienes están del otro lado de la pantalla. En ese territorio se mueve Juan Balvín, actor de doblaje, locutor, cantante y formador argentino, con más de 14 años de experiencia en la industria de la voz. Desde 2012 participa en producciones de cine, series, animación, documentales y videojuegos para estudios y plataformas internacionales, y habló en exclusiva con Teleshow.

Su recorrido incluye personajes como Adam Goldberg, de Los Goldberg, y Donoso “Oso” Camacho, de Yo-kai Watch, además de otras interpretaciones que le permitieron explorar distintos registros y universos narrativos. En los últimos años, también prestó su voz para Jinu, de Las guerreras K-Pop, y Ben, de The Umbrella Academy, dos trabajos que forman parte de una trayectoria construida entre el entrenamiento vocal, la actuación y la búsqueda de una identidad propia frente al micrófono.

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Pero para Balvín, la voz no se limita a reproducir palabras. Su formación como cantante le permitió desarrollar una mirada integral sobre la interpretación, en la que la técnica, la emoción y la construcción de cada personaje se combinan. Esa experiencia también atraviesa su trabajo como profesor de doblaje, español neutro e interpretación, y como mentor de profesionales que buscan abrirse camino en una industria que exige preparación, sensibilidad y constancia.

Con más de una década en la profesión, Balvín habló de sus inicios y su vínculo con la música (Gentileza de Juan Balvín)

—¿Cómo descubriste tu vocación por el doblaje?

—Fue un descubrimiento sin querer. Desde chico me conectaron mucho las películas, las narraciones y los audiolibros. Crecí escuchando unos casettes con historias de una editorial argentina muy antigua. Todo eso fue formando algo en mí. Cuando entré en contacto con el mundo de las películas, los videojuegos y la lectura, empecé a acercarme a la actuación, a la ficción y a la posibilidad de hacer personajes con la voz. También empecé a cantar a los seis o siete años, así que la voz siempre fue un hilo que estuvo dando vueltas. Después se trató de caminar y encontrar esas pistas.

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—¿Había alguien en tu familia relacionado con este mundo?

—No profesionalmente. Mis padres cantaban, pero como hobby. Tampoco se se dedicaban a nada relacionado al doblaje, así que fue muy interesante encontrarme con esta pasión. Había una guitarra en casa y la música estaba presente. A su vez, ellos son de Perú y, cuando vinieron acá, yo nací en 1989, en La Boca. Además, en casa se hablaba todo con la “ye”, que es un fonema que se utiliza en el español neutro. Para mí, ese aprendizaje fue muy útil cuando hice mi primer curso de español neutro en la Argentina. Me encontré con que ya tenía incorporado el recorrido vocálico necesario para trabajar con ese registro. Después me faltaba toda la parte de actuación, pero esa base ya estaba.

—¿Cómo recibieron tus familiares la decisión de dedicarte a esta profesión?

—Al comienzo siempre aparece cierta rispidez o esa preocupación de: “No sé si vas a morir de hambre, pibe”. Con los años, entendí que muchas veces son cosas que te dicen por amor. Es lógico. Como padres, uno siempre tiende a pensar lo mejor para sus hijos. Después pasaron los años y recuerdo cuando mi padre vio por primera vez un documental de Discovery Home & Health en el que yo le había puesto la voz a un médico, creo que era nutricionista. Me escuchó y me preguntó: “¿Eso sos vos?”. No podía creerlo y hasta se emocionó un poco. Ahí entendió mejor a qué me dedicaba. A mi mamá también le pasó algo parecido cuando le mostraba algunos trabajos. Eso ocurrió hace más de 14 años. Si tengo que hablar del impacto más grande, fue pasar de cobrar 5.000 pesos por mi trabajo en esa época, en 2011, a recibir mi primer cheque de doblaje. Fue decir: “Me estoy jugando por esto”.

Previo a eso, yo trabajaba haciendo mantenimiento de electricidad en una multinacional, con todo bastante establecido. Pasar de eso al doblaje fue un giro radical. Pero el pulso de la vida te lleva a tomar ciertas decisiones y creo que, con el tiempo, esas decisiones terminan trazando el rumbo.

"El pulso de la vida te lleva a tomar ciertas decisiones", aseguró Balvín al recordar cuando dejó su trabajo formal para enfocarse de lleno en el doblaje

—También sos músico. ¿Cómo convivieron la música y el doblaje a lo largo de tu carrera?

—La música llegó a mí desde muy chico porque empecé a cantar cuando tenía seis o siete años. Después tuve durante varios años una banda de nü metal y salí de gira. Al mismo tiempo, estudiaba la carrera de locución y empezaba a trabajar como actor de doblaje. Mis primeros trabajos fueron apareciendo mientras hacía todas esas cosas. Fue un período muy vertiginoso y la música siempre estuvo presente porque la voz era el universo que sostenía todo lo demás.

—¿Qué tiene de especial el doblaje?

—Yo conocí el doblaje cuando era muy chico, viendo Digimon, Dragon Ball, Alf y Pokémon. Esas series tenían algo muy especial: tus personajes favoritos hablaban en tu idioma y eso generaba una conexión diferente. No me remito solamente a lo que aparece en pantalla, sino también a las sensaciones y al momento de la vida que compartía con esas historias. Recuerdo tomar la chocolatada mientras miraba esos programas cuando era niño. Todo eso me lleva a un momento feliz de mi vida. Entonces me preguntaba cuánto podía hacer yo con mi voz y cuánto podía conectar con otras personas al darle voz a un personaje. Si la historia estaba bien contada, podía generar algo parecido a lo que esas series habían provocado en mí. Ese es el pulso de mi pasión.

—¿Cuál fue tu primer trabajo como actor de doblaje?

—Mi primer trabajo fue interpretar a un abogado criminalista para Investigation Discovery. Tenía dos líneas. El personaje casi no hablaba. Pero me fui muy feliz porque había logrado grabar profesionalmente mi primer bolo. Fue una sensación inexplicable e inolvidable. Por otro lado, el personaje que después me ayudó a entrar más en la rueda fue Paul Junior, de American Chopper, un reality sobre motociclistas que fabricaban motos. Hay un meme dando vueltas sobre ese programa. Aprendí muchísimo con ese trabajo.

Entre la música y la profesionalización como actor de doblaje, Balvín fue abriéndose paso en el ambiente

—¿Qué tan difícil fue ingresar a la industria del doblaje en la Argentina?

—Era otra época. Antes de la pandemia, la vida social y la manera de trabajar eran diferentes. Íbamos a grabar a estudios que podían tener hasta 17 salas. Eran laboratorios de doblaje, pero también espacios de encuentro. Hablábamos sobre los materiales que íbamos a grabar, compartíamos ideas y muchas veces les dábamos un plus a los trabajos desde esos intercambios. También era más fácil acercarse. Uno podía pedir permiso y decirle al director: “¿Puedo pasar cinco minutos para ver?”. Te dejaban entrar, te quedabas un rato y quizás te preguntaban si querías dejar un registro de voz. Si lo que hacías estaba bueno, podían llamarte para grabar al día siguiente o durante la semana.

Hoy es más complicado porque muchas grabaciones dejaron de ser presenciales y el trabajo se volvió más virtual. Hay que generar lazos y conexiones de otra manera. La dificultad está en que ya no existe tanto ese contacto cotidiano dentro de los estudios.

—¿La manera de trabajar y de cobrar es igual en la Argentina que en otros países?

—El doblaje es una industria grande, aunque muchas veces se lo trata como si fuera un nicho que poca gente conoce. Es un trabajo que viene de la actuación y quienes lo hacemos somos actores de voz. En la Argentina estamos dentro de la Asociación Argentina de Actores y Actrices. Durante muchos años se trabajó para defender la ley del doblaje y ordenar la actividad. Hace tiempo se había legislado, pero no se había gestionado todo lo necesario para que funcionara. Cuando eso avanzó con la ley 23.316, permitió ordenar bastante el trabajo. Antes había acuerdos entre privados, se cobraba con cheques y muchas veces los pagos se demoraban. El trabajo colectivo permitió establecer otras condiciones, cobrar por banco y fijar plazos para las empresas que forman parte de la cámara.

El doblaje se paga por loop y por la citación mínima. Después, si un producto se comercializa en otro territorio o se utiliza para una campaña, eso corresponde a otro contrato. Si el material se amplía para Latinoamérica o para la Argentina, tienen que avisarte, firmar otro acuerdo y establecer nuevos honorarios.

Con varias horas frente al micrófono en la cabina de grabación, el doblador explicó cómo funciona la indstria local

—¿Eso ocurrió con tu participación en la película Las guerreras K-pop?

—El doblaje de la película fue una cosa y se pagó cuando grabamos el largometraje. Después, cuando apareció la acción comercial de una cadena de comida rápida y Netflix, se trató de otra contratación. A comienzos de año grabamos las publicidades para el mercado hispanoparlante de Estados Unidos y después se renovaron para toda Latinoamérica. Esas campañas son como recompensas que aparecen a partir de un trabajo anterior y se manejan de otra manera.

—La película Las guerreras K-pop continúa siendo un fenómeno. ¿Cómo recibiste esa propuesta?

—Fue una linda sorpresa. Uno se entrena, se prepara y trabaja para que las oportunidades lo encuentren listo. En este caso, siento que no solamente yo, sino toda la industria argentina, estuvo a la altura. Yo no tuve casting. Por lo que hablé con la directora, me dijeron: “Sos vos, Juan. Necesitamos que estés vos”. Tal vez tuvo que ver con mi rango vocal, con la amplitud que puedo alcanzar y con el entrenamiento que tengo por trabajar tanto con la voz y con las canciones. Además, llegó en un momento en que la cultura coreana y el K-pop estaban atravesando una etapa de mucha popularidad. Siento que estas historias hacen que la gente conecte más. Los personajes tienen una psicología y un recorrido que permiten contar una historia interesante.

Por otro lado, es un mensaje para las productoras y para quienes trabajan en la industria: acá se hace buen doblaje. La calidad no debería ser un motivo para que el trabajo se vaya al exterior.

Para la versión hispanohablante, Balvín le dio voz a Jinu, el líder de los Saja Boys (Netflix)

—¿Te gustaría seguir trabajando en proyectos vinculados con la cultura coreana?

—Sí, y ya me llamaron para otros trabajos. No es tanto una cuestión de animarme o no: si aparece un proyecto, lo hago y doy todo. Hace poco me convocó una editorial muy importante de la Argentina para grabar un libro sobre la cultura coreana, aunque desde su costado mitológico. A partir de la película también surgieron otras oportunidades. Puedo enumerar varias cosas que aparecieron este año y que estuvieron relacionadas con la popularidad de la película. Estoy muy agradecido por este momento.

—A lo largo de tu carrera interpretaste muchos personajes. ¿Cómo trabajás para que cada uno tenga una personalidad propia?

—Al comienzo de mi carrera era un desafío porque no tenía una técnica actoral. La fui desarrollando con los años, con maestros y maestras, y a través del trabajo con distintas personas. Encontré una clave: todos los cuerpos son diferentes. La manera en que me paro frente al micrófono y la voz que utilizo también cambian de acuerdo con el personaje. Hay algo de la corporalidad que se transmite más allá de lo que uno puede hacer solamente con la voz.

Cada personaje tiene una psicología, un conflicto y un propósito. Tengo que entender cuáles son sus obstáculos, qué quiere hacer y qué preguntas necesita responder. Todo eso me da un anclaje para arriesgarme, probar una toma y avanzar en una dirección determinada. Para mí, la clave es volver a la fuente, es decir al doblaje original, conectarse con algo más grande y alimentar el imaginario para llevar verdad a las palabras.

"Acá se hace buen doblaje", destacó Balvín respecto a la competencia dentro de la industria local con el exterior

—¿Cuál fue el personaje más difícil de encarar?

—Creo que fue Jinu. Fue el más complicado porque atraviesa muchas facetas de la película y tiene una dualidad muy marcada. Por un lado está Jinu, el miembro de los Saja Boys, el carilindo, con todo lo que eso implica. Por otro, aparece su verdadera cara: un demonio atravesado por la culpa de no haber podido salvar a su aldea. Fue difícil porque tenía que construir muchas capas. Tuve que trabajar con el cuerpo, volver al imaginario y regresar varias veces sobre el personaje. Fue un ejercicio hermoso y creo que me hizo mejor actor.

—¿Sentís que el público argentino valora más a los actores de doblaje del país?

—Creo que todavía no se sabe demasiado. Mucha gente me dice que no sabía que ciertas producciones se habían doblado en la Argentina. México suele ser considerado la meca del doblaje, aunque acá se trabaja desde hace muchísimos años. Incluso, el primer doblaje fue argentino. En nuestro país ya existían los radioteatros, con actores y actrices interpretando detrás de un micrófono. Esa experiencia fue una base importante para el desarrollo del doblaje. Por otro lado, México tiene muchos eventos, convenciones y actividades vinculadas con los cómics y el doblaje. Eso les dio una visibilidad importante. Creo que nosotros podríamos tomar algunas de esas ideas. Acá somos un poco tímidos para ese tipo de actividades.

Las guerreras K-pop están tomando la posta y lo celebro mucho. A las dobladoras las veo viajando y participando de eventos, y me encanta que estén a full porque son nuestras representantes. Cada vez que van a otro país, representan a las guerreras del doblaje argentino. Si eso ayuda a que más personas sepan que acá se hace doblaje y que se hace con calidad, bienvenido sea.

Balvín dejando todo de sí mismo para darle su voz a diferentes personajes para el público hispanohablante (Gentileza de Juan Balvín)

—¿Qué mito del doblaje te gustaría derribar?

—Que se paga muy bien. Mucha gente piensa que nos llenamos de plata y que somos millonarios, pero no es así. Es un trabajo como cualquier otro, con sus dificultades, y también está atravesado por la realidad del país. Hoy tenemos la inteligencia artificial, el aumento del dólar y empresas que pueden elegir trasladar su producción a otros lugares. Todo eso genera incertidumbre y puede hacer que los presupuestos bajen. A nosotros nos corresponde seguir trabajando con firmeza, dar lo mejor, ser humanos y defender colectivamente aquello que amamos. Nadie se salva solo.

—¿Qué proyecto o logro sentís que todavía te falta cumplir?

—Estoy dispuesto a cualquiera que venga. Mi cabeza no está tan puesta en el futuro, sino en el presente. En cambio, si estoy presente y atento a lo que estoy atravesando, puedo generar más empatía con quienes están tomando decisiones, como alguien que se pregunta si debe dejar una carrera o continuarla. Ahora, si tengo que decir algo concreto, me gustaría que dentro de cinco o diez años pudiera tener un hijo y estar en la playa con mi esposa, disfrutando de una vida simple. No aspiro a mucho más que a eso.

—¿Qué consejo le darías a alguien que quiere seguir tus pasos?

—Para mí es importante que se mantengan fieles a sí mismos y que no vendan sus valores. Eso es lo principal.

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