Durante las obras de remodelación de la Plaza de la Cooperación, en la esquina de Mitre y Tucumán de la ciudad de Rosario, los trabajadores dieron con una serie de cámaras y túneles subterráneos que permanecían ocultos bajo el suelo desde hacía más de cuatro décadas. Las primeras evaluaciones apuntan a que esas estructuras forman parte de los sótanos del antiguo Mercado Norte, demolido en los últimos años de la década de 1970.
El hallazgo se produjo en el marco del plan de plazas de la Municipalidad de Rosario, un programa orientado a renovar y ampliar el arbolado de los espacios públicos de la ciudad. Los trabajos se desarrollaban sobre el sector de veredas y cazuelas cuando los operarios se toparon con estructuras de mampostería que se extendían por debajo del nivel actual de la plaza.
Las cámaras están conectadas entre sí por túneles y, según las primeras evaluaciones, habrían funcionado como depósitos o zonas de descarga del viejo mercado.
El subsecretario de Planeamiento de la Municipalidad, Pablo Florio, brindó detalles sobre el alcance del descubrimiento. “Nosotros teníamos información de que estos sótanos existían, pero no había ninguna documentación gráfica que nos permitiera afirmar cuántos había y de qué manera”, precisó el funcionario.
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Según relató, fue durante el avance de la obra cuando comenzaron a aparecer las primeras pistas: “Cuando empezamos con la obra de la plaza, empezamos a hacer algunas investigaciones y aparecieron las primeras tablas. A partir de ahí, hicimos un trabajo más profundo de investigación y hemos encontrado estos distintos lugares”.
Florio también explicó que fueron utilizados como receptáculo de los escombros de la propia demolición del mercado. “Estos son sótanos que pertenecían al mercado y que fueron utilizados para tirar todos los escombros de la demolición del mercado que se hizo en los últimos años de la década del 70, antes de la construcción de la plaza”, detalló. Consultado sobre la ausencia de registros gráficos, el funcionario aclaró que “ninguno de los registros gráficos a los que pudimos acceder tenían esto como documentación certera”, y añadió que “en general, los subsuelos no se documentan en los mismos planos. Y mucho menos cuando hay remodelaciones de este tipo de infraestructura”.
Hasta el momento, el municipio confirmó el hallazgo de tres sótanos. “Cada uno tiene una dimensión de, más o menos, 4 metros de ancho por 25 a 30 metros de largo”, precisó Florio, quien aclaró que “en principio, podría haber más lugares, pero es lo que hemos encontrado hasta ahora”. Según describió, uno de los sótanos corre paralelo al Pasaje Poeta Fabricio Simeoni —antes conocido como Zabala— y los otros dos son perpendiculares a este, hacia el centro de la plaza.
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Según explicó Kevin Dolce, de la cuenta Rosario por conocer (reconocida por la Municipalidad por su investigación histórica de la ciudad), la historia de ese subsuelo está atada a la del propio mercado que alguna vez dominó esa esquina. En 1857, cuando Rosario apenas cumplía cinco años como ciudad, se inauguró el Mercado Norte, bautizado así para diferenciarse del Mercado Sud, de San Martín y San Luis, que había abierto sus puertas pocos meses antes. Con el paso del tiempo y el crecimiento de la demanda, entre 1876 y 1877 se levantaron nuevas instalaciones más amplias en el mismo lugar.
A lo largo del siglo siguiente, el mercado fue objeto de reclamos persistentes por parte de la ciudadanía, vinculados principalmente a la falta de higiene: sin refrigeración, con la suciedad de los carros y caballos y la presencia constante de roedores, las condiciones se mantuvieron precarias durante décadas.
La llegada de los supermercados y nuevas formas de abastecimiento, a partir de la década de 1960, aceleró la decadencia de los mercados tradicionales de la ciudad. En 1979, la Municipalidad resolvió el cierre del Mercado Norte y al año siguiente procedió a la demolición del edificio.
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Fue durante la intendencia de facto de Alberto Natale que, en 1982, se ejecutó la construcción de una plaza seca sobre el terreno liberado. Los trabajos concluyeron en los últimos meses de ese año y así nació la actual Plaza de la Cooperación, en el mismo espacio donde durante más de un siglo había funcionado uno de los grandes mercados de abasto de Rosario.
El hallazgo tuvo también una consecuencia directa sobre el arbolado de la plaza. Sobre uno de los túneles había crecido un ejemplar de ficus cuyas raíces, con el tiempo, perforaron la estructura del subsuelo. Al no contar con arraigo suficiente —dado el obstáculo que representaba el túnel por debajo—, el anclaje del árbol quedó comprometido.
Frente a la mayor frecuencia e intensidad de las tormentas registradas en la región, ese déficit de sujeción representó un riesgo concreto de caída sobre el espacio público. La extracción del ejemplar se resolvió como medida preventiva, en una plaza que, precisamente en el marco de la misma obra, había comenzado a recuperar su arbolado.
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Ante el descubrimiento, el municipio trabaja en alternativas de preservación de las estructuras, con la complejidad que suponen el deterioro acumulado, los niveles de humedad y los daños ocasionados por el tránsito del espacio público a lo largo de las últimas cinco décadas. La propuesta que adelantó Florio apunta a que los sótanos sean visibles desde la superficie: “La intención es que la plaza siga siendo plaza, que la puedan usar los rosarinos, pero con la particularidad de que, ante este hallazgo, lo que queremos es poner algunos lugares con vidrios en el piso de la plaza, o sea en el techo de estos subsuelos, para que los rosarinos podamos saber que existen”, afirmó el funcionario.
El subsecretario de Planeamiento trazó también una distinción con las decisiones tomadas al momento de construir la plaza: “En su momento, cuando se construyó la plaza, se tomó la decisión de esconder. Nosotros, en lugar de esconder, queremos mostrar”. Y cerró con una reflexión sobre el cambio de perspectiva respecto al patrimonio urbano: “En determinado momento de la historia, en Rosario, las construcciones no eran patrimoniales, sino que eran viejas y había que demolerlas. Afortunadamente, y lo digo por convicción, esa tendencia cambió, y ahora estamos rescatando el patrimonio y estamos buscando la historia de la ciudad y recuperándola”.
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