La static dance, también llamada danza tántrica, consiste en una experiencia grupal donde cada persona puede decidir si bailar con ropa o sin ella. El objetivo principal es desprenderse de los prejuicios, conectar con la libertad individual y explorar la presencia plena. La propuesta se lleva a cabo en el barrio porteño de Palermo, en el salón del espacio Erotic Pink, y convoca a un máximo de 25 participantes en cada encuentro.
Ana Rossi, quien dirige la actividad, explicó en Infobae A las Nueve, que la static dance “es una curva de danza libre donde la experiencia empieza suave, sube hasta un pico intenso y luego baja con una fase de relajación”. Según Rossi, no existe un objetivo sexual en la práctica y quien participa puede elegir permanecer vestido, quitarse solo una parte de la ropa o bailar completamente desnudo. “La invitación es a sacarse la ropa y los prejuicios con la ropa que nos sacamos. Es una forma de conectar con la libertad”, aseguró la facilitadora.
Rossi subrayó que el enfoque principal de la static dance es el tantra entendido como “una práctica de presencia plena que acepta absolutamente todo lo que está disponible”. Para la profesora, el tantra no se reduce a la sexualidad, sino que promueve aceptar el momento presente y las emociones que aparecen durante la experiencia. “Lo que estoy sintiendo es perfecto como es y eso es lo que me permite transformarlo”, explicó.
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Dinámica de la static dance y reglas del espacio
La sesión de static dance tiene una estructura organizada. Comienza con una introducción donde se establecen acuerdos de convivencia, límites y normas de consentimiento entre los asistentes. “En la previa hacemos un círculo donde conversamos sobre los acuerdos del espacio, los límites y el consentimiento. Se explica cómo acercarse a otra persona, incluso si se quiere bailar juntos sin ropa”, detalló Rossi.
Durante la práctica, no se permite hablar, consumir alcohol ni usar sustancias. Los participantes bailan descalzos y pueden interactuar con otras personas solo si existe contacto visual y consentimiento explícito. “No se puede hablar ni acercarse por detrás. El contacto genital explícito no está permitido, aunque las dos personas estén de acuerdo”, puntualizó la profesora.
Rossi aclaró que la desnudez es totalmente opcional y que cada persona puede decidir en qué momento, si así lo desea, quitarse la ropa. “En cualquier momento uno puede sacarse la ropa. Hay personas que no se la sacan y otras que lo hacen al principio. Cada uno lo vive a su manera”, afirmó. Quienes prefieren no desnudarse pueden participar igual, sin restricciones.
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Perfil de los participantes y experiencias frecuentes
El público que asiste a la static dance es diverso en edad y motivaciones. Según Rossi, la única condición es ser mayor de 18 años. “Han venido personas de todas las edades, incluso adultos mayores. A veces son los que menos prejuicios tienen”, señaló. Muchas personas buscan una experiencia distinta, vencer miedos personales o reconciliarse con su propio cuerpo. “Hay quienes vienen al desafío de probar algo distinto y amigarse con su cuerpo”, expresó la profesora.
El ambiente resulta grupal pero no masivo: el límite en el salón es de veinticinco personas. Rossi reconoció que algunos participantes asisten acompañados de amigos o parejas, mientras que otros se suman solos. “Hay gente que viene con un amigo porque les da menos miedo. Grupos grandes no tanto”, indicó.
La experiencia puede generar emociones intensas. Rossi explicó que la static dance suele remover cuestiones personales ligadas a la autoimagen, la vergüenza o la percepción del propio cuerpo. “A veces se mueven emociones fuertes. Todo lo que trae el sacarse la ropa o la música, sin hablar, entra en una especie de meditación activa”, precisó. Si alguien se siente incómodo durante la práctica, puede solicitar ayuda mediante una seña acordada previamente.
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Organización, frecuencia y acceso a la actividad
La sesión de static dance se realiza una vez por mes, el segundo martes de cada mes, y tiene una duración aproximada de dos horas, seguida de un tiempo de relajación. Rossi informó que el valor de la experiencia es de $40.000 y que el próximo encuentro está previsto para el martes 8 de septiembre, en el espacio Erotic Pink de Palermo.
Las personas interesadas pueden contactarse a través del perfil de Instagram “Conexión con la Voz” o mediante la página web del espacio donde se realiza la actividad. El evento no requiere experiencia previa y no impone exigencias físicas especiales.
La propuesta de static dance privilegia la libertad individual, el consentimiento y la aceptación plena del momento presente. Rossi remarca que no se busca un resultado específico, sino que cada participante viva la experiencia de forma autónoma, sin presiones ni expectativas. “No se trata de llegar a un resultado. La vivencia es estar presente y vivir lo que hay”, concluyó la profesora.
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