
El oro suele considerarse un material estable y poco propenso a reaccionar, una cualidad que explica su uso habitual en la joyería. Sin embargo, un equipo de la Universidad Western, en Canadá, comprobó que este metal puede liberar cantidades medibles al entrar en contacto con sustancias presentes en el sudor.
La investigación buscó esclarecer de qué manera una persona con alergia al oro puede quedar expuesta al metal a través de una joya. Para que se produzca una reacción alérgica, una parte del material debe estar disponible para el organismo. Hasta ahora, ese mecanismo durante el contacto prolongado con la piel no se había descrito con claridad.
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Un estudio publicado en la revista Contact Dermatitis detectó la liberación de oro en los cinco pares de aros de 10 y 14 quilates evaluados después de una semana en una solución de sudor artificial con cisteína.
El resultado no prueba que esas cantidades causen dermatitis, pero identifica un mecanismo por el cual el oro de las joyas puede quedar disponible sobre la piel.

El azufre de la cisteína puede hacer que el oro se disuelva
La investigación se concentró en la cisteína, un aminoácido que el organismo produce de manera natural y que forma parte de las proteínas. Contiene azufre, un elemento que puede unirse al oro y modificar su comportamiento en ciertas condiciones.
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La química Yolanda Hedberg, titular de la Cátedra de Investigación de Canadá en Ciencia de la Corrosión y profesora de la Facultad de Ciencias de la Universidad Western, describió el principio que orientó el trabajo. “Cada material tiene su propio enemigo, su propia kriptonita. Para el oro, uno de esos enemigos es el azufre”, afirmó en el comunicado institucional.
El oro, la plata y el platino son metales preciosos que resisten bien la acción del oxígeno. Esa propiedad explica su fama de estabilidad, aunque no implica que permanezcan indiferentes ante todas las sustancias de su entorno.
“El oro no reacciona mucho con el oxígeno, pero puede reaccionar con el azufre y algunos grupos amino”, señaló Hedberg, profesora de química de la Universidad Western, en el comunicado de prensa. Estos grupos son componentes de moléculas orgánicas, incluidos algunos aminoácidos presentes en el sudor.
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Como no existe una prueba de sudor artificial diseñada para estudiar la reacción del oro con el azufre, los investigadores añadieron cisteína a la solución. Mantuvieron los aros sumergidos durante 168 horas a unos 30 ℃, equivalentes a 86 ℉.
“Para que un metal cause una respuesta alérgica, primero tiene que volverse químicamente disponible”, explicaron los investigadores. Para cuantificar lo liberado utilizaron espectrometría de masas, un método capaz de medir cantidades muy pequeñas de distintas sustancias.
Los cinco pares de aros liberaron cantidades reducidas de oro
El equipo examinó cinco pares de aros de 10 y 14 quilates adquiridos en una joyería. Como se trata de aleaciones, las piezas combinaban distintos metales, entre ellos cobre, plata, zinc y pequeñas cantidades de níquel en la superficie.
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Tras una semana de exposición a la solución de sudor artificial, se detectaron trazas del metal en todas las muestras. La liberación mediana fue de 0,057 microgramos por centímetro cuadrado, con valores de entre 0,016 y 0,15 microgramos. Un microgramo equivale a una millonésima parte de un gramo.

El cobre apareció en concentraciones más elevadas. Según se detalla en el estudio, la liberación mediana de ese elemento alcanzó 0,53 microgramos por centímetro cuadrado por semana. El comunicado atribuyó ese resultado a la composición de las piezas y señaló que el cobre suele considerarse inocuo para las personas, además de tener propiedades antibacterianas.
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“La química y la composición pueden variar ampliamente, y el precio por sí solo no permite saber si un material causará una reacción alérgica”, indicó Hedberg en el comunicado institucional.
La investigación no establece qué cantidad puede provocar dermatitis
En un trabajo previo, el mismo equipo examinó 10 pares de aros dorados de bajo costo. En ese caso, las soluciones de sudor artificial mostraron presencia de níquel en todas las muestras y, con frecuencia, en cantidades superiores a los límites europeos para joyas destinadas a perforaciones corporales.
En cambio, el nuevo ensayo no detectó níquel en niveles medibles. Las piezas más económicas pueden tener un baño dorado sobre capas que contienen ese elemento, mientras que los aros evaluados en esta investigación estaban fabricados con una aleación en la que el oro formaba parte de toda la estructura.
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El estudio no midió qué cantidad llega a la piel durante el uso cotidiano de una joya ni cuánto tiempo permanece allí. Tampoco definió una dosis capaz de provocar dermatitis, una inflamación cutánea que puede causar enrojecimiento, picazón u otras molestias.

“Este estudio no demuestra que las joyas de oro estén causando reacciones alérgicas generalizadas”, afirmó Hedberg. “Lo que muestra es algo más acotado, pero químicamente importante. El oro puede liberarse de las joyas bajo condiciones que vuelven soluble al metal, por lo que existe una vía potencial de exposición”.
La científica sostuvo que las cantidades detectadas probablemente no bastarían para desencadenar una reacción en la mayoría de las circunstancias. Sin embargo, advirtió que las personas con alergia al oro deberían considerar que el movimiento de la joya, las variaciones en la composición del sudor y la fricción pueden aumentar la liberación del metal.
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“Si tuviera alergia al oro, no correría el riesgo”, afirmó Hedberg, profesora de química de la Universidad Western, en el comunicado de prensa.
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