¿Reír, suspirar o gritar? Un estudio analizó qué sonidos aceptamos según la situación

El trabajo de la Universidad Libre de Ámsterdam detectó que el entorno, la confianza entre las personas y la formalidad influyen en cómo se perciben estas expresiones

Un hombre mirando hacia abajo, una mujer riendo y un hombre gritando de pie frente a una cuarta persona en un parque.
Los participantes evaluaron, en una escala de uno a nueve, cuán aceptable consideraban cada sonido en esa situación. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Una carcajada en una fiesta suele pasar inadvertida; la misma reacción durante una reunión formal puede generar incomodidad. Un estudio realizado en los Países Bajos concluyó que las risas, los suspiros y los gritos están sujetos a reglas sociales no escritas que dependen del lugar, las personas presentes y el clima de la situación.

La investigación, publicada en Philosophical Transactions of the Royal Society B, siguió durante una semana a 142 adultos de entre 18 y 53 años.

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Cada participante respondió tres encuestas diarias desde su teléfono y registró los sonidos no verbales que había escuchado en los 30 minutos previos, junto con el contexto en que habían ocurrido.

En total, el trabajo reunió 2.670 respuestas y 3.821 registros de vocalizaciones no verbales. Los participantes evaluaron, en una escala de uno a nueve, cuán aceptable consideraban cada sonido en esa situación.

Hombre con camiseta azul y mujer con camiseta gris, ambos con jeans, ríen sentados en una alfombra junto a un sofá de color claro y un cojín verde.
La investigación contó con la participación de 142 adultos que registraron vocalizaciones no verbales mediante encuestas diarias en sus teléfonos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La risa fue el sonido más aceptado

La risa obtuvo la mayor valoración de aceptabilidad, con un promedio de 7,55 puntos. Le siguieron los suspiros, con 6,69, y los jadeos o exclamaciones de sorpresa, con 6,63.

En el extremo opuesto quedaron los gritos, los alaridos y las arcadas, que fueron considerados los sonidos menos apropiados. Según el estudio, estas reacciones tienden a interrumpir las interacciones o a transmitir alarma, malestar o enfermedad, por lo que suelen estar más reguladas por las expectativas sociales.

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Los resultados indican que el tipo de vocalización influye más que el escenario, aunque el contexto también modifica de forma clara la aceptación de cada expresión.

Cuatro adultos mayores sentados en una mesa de picnic con tazas de café y un cesto de frutas, conversando y riendo en un parque.
La risa obtuvo el nivel más alto de aceptación entre las vocalizaciones evaluadas, mientras que los gritos y las arcadas recibieron las puntuaciones más bajas (Imagen Ilustrativa Infobae)

El hogar y los espacios de ocio permiten mayor expresividad

Las vocalizaciones fueron consideradas más apropiadas en casa y en lugares orientados a la socialización, como bares, fiestas o reuniones con amistades. En cambio, el trabajo, la escuela, las bibliotecas y las tiendas concentraron las calificaciones más bajas.

Los vínculos cercanos también ampliaron el margen de aceptación. Reír o gritar fue visto como más apropiado cuando las personas estaban con familiares, amistades o parejas que frente a desconocidos o compañeros con quienes había poca confianza.

La risa mostró la mayor sensibilidad al contexto: recibió sus mejores valoraciones en espacios sociales positivos y entre personas cercanas. Los gritos, aunque por lo general fueron menos aceptados, resultaron más tolerables en ambientes animados, sociales y positivos, donde pueden expresar entusiasmo además de alarma.

Primer plano del rostro de una mujer joven que mira hacia abajo con la boca ligeramente abierta. Se ve parte de su torso con una camiseta clara.
Los suspiros recibieron una evaluación más favorable cuando la persona se encontraba en soledad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los suspiros se aceptan más en soledad

Los suspiros siguieron un patrón distinto. La investigación halló que se los percibe como más apropiados cuando una persona está sola que cuando está acompañada, incluso por personas cercanas.

El resultado puede estar relacionado con el componente de regulación personal de este sonido. Un suspiro puede expresar cansancio, alivio, frustración o tensión, pero también funciona como una pausa fisiológica. Por eso, su aparición no siempre responde a una intención comunicativa.

El estudio detectó además una diferencia entre lo que las personas consideran adecuado y lo que efectivamente ocurre. Los suspiros fueron registrados con frecuencia en el trabajo o la escuela y junto a vínculos poco cercanos, escenarios en los que se los evaluó como menos aceptables. Los autores plantean que el estrés o las exigencias cotidianas pueden provocar estas reacciones incluso cuando las normas sociales invitan a contenerlas.

La formalidad y las jerarquías imponen límites

Un hombre sentado frente a una computadora portátil en una mesa de madera, con personas caminando al fondo de una oficina iluminada.
Los espacios orientados al ocio y la socialización registraron la mayor tolerancia para la emisión de sonidos no verbales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las situaciones percibidas como formales o atravesadas por una diferencia de poder redujeron la aceptación de los sonidos no verbales. La risa, por ejemplo, fue evaluada como menos adecuada en ambientes jerárquicos o formales.

En cambio, los contextos positivos, sociales y dinámicos favorecieron la expresión. La aceptación de los sonidos aumentó cuando las personas describieron el entorno como relajado, agradable y abierto a la interacción.

La autora del trabajo, Roza G. Kamiloglu, investigadora de la Universidad Libre de Ámsterdam, señaló que el diseño permitió observar las reglas de expresión fuera de escenarios imaginarios o de laboratorio. El estudio no midió si las personas cumplen siempre las normas que atribuyen a cada situación, una cuestión que futuras investigaciones podrían examinar.

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