En un nuevo episodio de El Puente, el ciclo de entrevistas de Infobae conducido por Julieta Puente, la nutricionista Adriana Hamer planteó que la preparación nutricional para un embarazo empieza al menos tres meses antes de la búsqueda de un bebé. La especialista sostuvo que la alimentación puede influir en la fertilidad, en la energía de la persona gestante y en la cobertura de nutrientes durante las distintas etapas.
También explicó que cada trimestre del embarazo y el posparto plantean necesidades diferentes. Su recomendación central apunta a una alimentación completa, con proteínas, hidratos de carbono no refinados y grasas de buena calidad, además de una evaluación individual de cada paciente.
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La preparación alimentaria empieza tres meses antes de la búsqueda
Según Hamer, la nutrición materna comienza “mínimamente tres meses antes” de buscar un embarazo. Para la especialista, ese período permite preparar el organismo y prestar atención al endometrio, el tejido interno del útero donde, según explicó, se implanta el embrión.
Hamer afirmó que una dieta completa debe incluir proteínas, hidratos de carbono sin refinar y grasas de buena calidad. La nutricionista comparó las proteínas con una pared y a los aminoácidos con los ladrillos que la forman. Los aminoácidos son componentes pequeños que integran las proteínas. De acuerdo con su explicación, una ingesta insuficiente puede dificultar la formación de estructuras necesarias para el desarrollo del bebé.
La nutricionista señaló que algunos cuadros de salud pueden incidir en la fertilidad. Mencionó la diabetes, el hipotiroidismo, la anemia y la celiaquía como factores que requieren atención profesional. Sobre este último cuadro, Hamer sostuvo que algunas pacientes desconocen que tienen celiaquía y que una mejora en el plan de alimentación puede favorecer la fertilidad.
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Entre los alimentos que destacó, Hamer nombró la carne vacuna, con una frecuencia de hasta tres o cuatro veces por semana, el pollo, el pescado, el huevo y las legumbres. Según la especialista, el huevo aporta colina, una sustancia que, de acuerdo con su exposición, contribuye al sistema nervioso central de la madre y del bebé, además de proteínas de alto valor biológico.
El ácido fólico y otros nutrientes ocupan un lugar central antes y durante el embarazo
Según explicó Hamer, el ácido fólico previene alteraciones en el cierre del tubo neural, una estructura que forma parte del desarrollo temprano del sistema nervioso. La nutricionista remarcó que incorporar ácido fólico ayuda a evitar la espina bífida, una alteración que afecta la columna vertebral.
La especialista también afirmó que puede reducir el riesgo de fisuras en el labio y el paladar. Hamer utilizó la sigla “FLAP” para referirse a la fisura labio alveolo palatina y señaló que antes se la conocía de manera coloquial como labio leporino. Según su recomendación, la incorporación de ácido fólico debe empezar tres meses antes de buscar un embarazo, tanto a través de la alimentación como de suplementos.
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Hamer mencionó además la vitamina D y le atribuyó un papel preventivo frente al parto prematuro y la preeclampsia. Esta complicación, explicó, combina hipertensión con edema, es decir, hinchazón por acumulación de líquido. Según la nutricionista, la información de los controles y las ecografías permite definir un plan de alimentación para las últimas etapas de la gestación.
La evaluación nutricional también debe considerar hierro, fósforo, magnesio, potasio, actividad física, descanso, talla y contextura corporal. La especialista aconsejó eliminar el alcohol y abandonar el cigarrillo. Llamó “disruptores” a factores que, según planteó, generan oxidación y pueden perjudicar la implantación del embrión.
Cada trimestre requiere ajustes y la consigna es comer para dos
“No hay que comer por dos, hay que comer para dos”, afirmó Hamer. Según la nutricionista, las necesidades de energía y calorías cambian a lo largo del embarazo, por lo que la alimentación requiere ajustes en cantidad, sin abandonar la calidad de los alimentos.
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Indicó que puede existir un aumento de entre 250 y 300 calorías, con porciones mayores según la etapa y la demanda energética. La especialista sugirió reforzar el aporte proteico mediante carne, pollo, pescado, huevo y lentejas. Cada caso, aclaró, exige una valoración individual.
La experta describió la hemodilución como un cuadro asociado a la anemia durante la gestación. La hemodilución refiere a cambios en la concentración de la sangre debido al aumento de su parte líquida. Según la nutricionista, el cansancio, la irritabilidad, la fatiga y la falta de aire pueden justificar un control para descartar anemia.
La especialista ubicó las náuseas y los vómitos entre las molestias frecuentes del primer trimestre. Como recursos para aliviar esos síntomas, mencionó cubitos de hielo, queso descremado, galletitas de agua y pequeñas cantidades de polvo de jengibre. También propuso el fraccionamiento de las comidas, es decir, porciones pequeñas en intervalos cortos, para reducir la acidez y evitar una mayor secreción gástrica.
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Para el tercer trimestre, Hamer señaló la retención de líquido, la hipertensión, la preeclampsia y la diabetes gestacional como situaciones que merecen prevención. En cuanto a las restricciones, nombró el alcohol, los ultraprocesados, los embutidos, la leche no pasteurizada y pescados con alta concentración de mercurio, como el pez espada, el atún rojo y el mero. Respecto del sushi, recomendó que el pescado esté bien cocido.
La lactancia aumenta el gasto energético y desplaza el foco del peso
Después del parto, la madre requiere atención nutricional porque la lactancia implica un gasto energético mayor. La nutricionista estimó que el posparto puede requerir cerca de 300 calorías extras, aunque aclaró que la necesidad también depende de la etapa de gestación previa y de las características individuales.
Hamer sostuvo que muchas madres no logran cubrir ese aporte por falta de tiempo, cansancio o falta de apetito. En esos casos, consideró relevante la suplementación indicada de forma personalizada. Entre los productos que mencionó figuraron el omega, la coenzima Q10 y la vitamina D. La nutricionista atribuyó al omega un aporte para el sistema neurológico del bebé y la prevención de la depresión posparto.
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En relación con la producción de leche, Hamer recomendó semillas de zapallo, sésamo, chía y lino, además de frutos secos, aceite de oliva, leche y yogur. Según su explicación, estos alimentos aportan grasas de buena calidad y calcio. También afirmó que el mate cocido y una hidratación suficiente pueden favorecer la lactancia.
Hamer respondió que los alimentos no pasan de manera directa al bebé, sino a través del torrente sanguíneo. La nutricionista sostuvo que las crucíferas, como brócoli, coliflor y repollo, pueden producir gases en la madre, pero no en el bebé.
Hacia el cierre de la charla, Hamer propuso no concentrar la consulta posparto solo en el descenso de peso. Según la especialista, la prioridad debe centrarse en la salud, el descanso, la calidad de vida y el fortalecimiento del sistema inmunológico de la madre y del bebé. “Con una alimentación adecuada y completa podemos mejorar la fertilidad”, afirmó la nutricionista.
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