Ameba “come-cerebros”: qué es y cómo se contrae la infección que causó la muerte de un niño de 10 años en Catamarca

El diagnóstico fue confirmado por el Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas ANLIS-Malbrán. Las autoridades sanitarias de la provincia investigan las posibles exposiciones del paciente en los 12 días previos al inicio de los síntomas y analizan muestras de agua y superficies

Microorganismos celulares translúcidos con flagelos y formas circulares sobre un fondo negro
La ameba Naegleria fowleri ingresa al organismo humano a través de la nariz y se traslada por las fibras nerviosas hacia el cerebro. (NIH / Indian J Microbiol. 2024 Mar 6;64(3):1384–1394)
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Un niño de 10 años de Fiambalá murió por meningoencefalitis amebiana primaria causada por Naegleria fowleri durante su internación en el Hospital Interzonal de Niños Eva Perón, según informó el Ministerio de Salud de la Provincia de Catamarca. El Laboratorio Nacional de Referencia ANLIS-Malbrán verificó el diagnóstico.

La detección se efectuó mediante una PCR en tiempo real. El equipo de Infectología del hospital había enviado la muestra al laboratorio de referencia ante la sospecha clínica.

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Naegleria fowleri es conocida como la ameba “come-cerebros”. Por ahora, la evaluación epidemiológica indica que se trataría de un caso aislado: no se identificaron otros casos.

En ese contexto, las Termas de Fiambalá, uno de los principales atractivos turísticos de Catamarca, permanecen cerradas al público por obras de refacción y puesta en valor. El cierre coincide con la pesquisa iniciada después de la muerte del niño, aunque no existe, hasta el momento, una confirmación oficial que vincule al complejo con la infección.

La ameba ingresa por la nariz y no se transmite entre personas

La Naegleria fowleri es una ameba de vida libre presente en aguas dulces templadas o calientes. También habita en estanques, lagos, ríos, aguas termales y suelos de distintas partes del mundo. En ocasiones infrecuentes, se la ha hallado en piletas, áreas recreativas con chorros de agua y otros espacios que no reciben mantenimiento adecuado, así como en agua de la llave.

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Representación de agua de lago con abundantes partículas flotantes y destellos de luz solar que atraviesan la superficie.
Los especialistas analizan muestras de agua y superficies en los sitios donde el paciente estuvo doce días antes del inicio de los síntomas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La infección se produce cuando el agua que contiene la ameba entra por la nariz. Desde allí, el organismo puede desplazarse por las fibras nerviosas de la cavidad nasal y atravesar pequeñas aberturas del cráneo hasta llegar al cerebro. No se adquiere al beber agua que contenga la ameba, ni se contagia entre personas; por ello, no hay riesgo de transmisión para familiares, convivientes, personal de salud u otros contactos del niño.

Las infecciones cerebrales asociadas a N. fowleri suelen ocurrir después de nadar o bucear en lagos, ríos u otros cuerpos de agua dulce durante el verano. Los períodos prolongados de calor pueden elevar la temperatura del agua y reducir su nivel. También se registraron casos vinculados al uso de agua de la llave que contenía la ameba para irrigar los senos nasales o lavarse la nariz en prácticas religiosas.

En episodios muy poco frecuentes, hubo personas infectadas en espacios recreativos acuáticos, como zonas de juegos con chorros de agua y un parque de surf con cloración insuficiente. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, por lo general la enfermedad afecta a menos de 10 personas por año en ese país.

La ameba puede causar meningoencefalitis amebiana primaria, una enfermedad también identificada con la sigla MAP y PAM, esta última correspondiente a su denominación en inglés. La infección es muy poco frecuente: desde 1962 se han informado menos de 500 casos en el mundo y su tasa de mortalidad ronda el 95 %.

El cuadro puede comenzar con dolor de cabeza, fiebre, náuseas y vómitos. A medida que avanza, pueden aparecer confusión, rigidez de cuello, falta de atención hacia otras personas y el entorno, pérdida de equilibrio, convulsiones, alucinaciones y coma. La evolución es rápida y sus manifestaciones iniciales se asemejan a las de otras enfermedades, una circunstancia que hace que el diagnóstico llegue a menudo después del fallecimiento de los pacientes.

Resonancia magnética de perfil de una cabeza humana que muestra el cerebro en tonos amarillo, azul y rojo sobre un fondo negro.
La meningoencefalitis amebiana primaria registra una letalidad cercana al 95 por ciento con menos de quinientos casos en el mundo desde 1962. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Aunque la mayoría de quienes la contraen mueren, algunos pacientes han sobrevivido tras recibir combinaciones de medicamentos, entre ellos antimicóticos y miltefosina. Este último fármaco se utiliza principalmente para tratar la leishmaniasis, una enfermedad parasitaria.

Conocida como la “ameba come-cerebros”, N. fowleri suele alimentarse de bacterias. Durante años no estuvo claro por qué, al entrar en la nariz de un nadador, podía dirigirse hacia el cerebro humano. Un estudio difundido en el servidor de preimpresiones bioRxiv plantea una explicación posible: el parásito prefiere los espacios reducidos.

Ese comportamiento, denominado “claustrofílico”, podría facilitar la búsqueda de sus presas y explicar por qué, en ocasiones, la ameba termina en las profundidades del cerebro. No obstante, las infecciones humanas son accidentes biológicos y no intervienen en la propagación de la especie.

“No formamos parte de su ciclo de vida”, afirmó Katrina Velle, bióloga celular de la Universidad de Massachusetts Dartmouth. La especialista explicó así por qué la presencia humana no cumple una función en el ciclo vital de Naegleria fowleri.

La investigación reconstruye las exposiciones de los 12 días previos a los síntomas

Según el Ministerio de Salud de Catamarca, los equipos técnicos investigan las posibles exposiciones del niño a entornos favorables para el microorganismo durante los 12 días anteriores al inicio de los síntomas. Como parte de ese trabajo, toman muestras de agua y de superficies en los sectores señalados por familiares y personas cercanas al niño.

Los resultados del muestreo general aún están en proceso. Las autoridades prevén analizarlos junto con el resto de la investigación epidemiológica y sanitaria antes de establecer conclusiones sobre las posibles fuentes de exposición.

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