Un equipo de la Universidad de Sídney, en Australia, comprobó en experimentos con células humanas y ratones que la heparina, un anticoagulante de uso hospitalario, puede bloquear el veneno de la medusa ortiga marina del Atlántico.
El hallazgo, publicado en Science Advances, todavía no se probó en personas ni se transformó en un tratamiento para picaduras. La investigación se centró en Chrysaora quinquecirrha, una especie que pica a millones de bañistas cada verano en la costa estadounidense y puede provocar dolor y daño celular.
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Según informó Earth.com, la atención habitual ante estas lesiones consiste en aplicar una pasta de bicarbonato de sodio y agua, además de retirar los tentáculos que permanezcan sobre la piel. Sin embargo, ese procedimiento no neutraliza directamente las toxinas liberadas por el animal.
Las cadenas de azúcar permiten que la toxina actúe
Los científicos buscaron determinar qué elementos de las células humanas son aprovechados por la sustancia tóxica. Para ello, desactivaron un gen distinto en cada una de decenas de millones de células cultivadas en laboratorio y luego las expusieron a la sustancia.
Tras 9 días de observación, identificaron 91 genes que modificaban la respuesta de las células al veneno. La ausencia de 67 de ellos aumentó la vulnerabilidad, mientras que la de otros 24 mejoró la supervivencia frente a la exposición.
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7 de los genes protectores estaban vinculados con la fabricación de heparán sulfato, unas cadenas largas de azúcares ubicadas en el exterior de las células. Los resultados sugieren que esta sustancia necesita adherirse a esas estructuras antes de provocar daño.
La heparina es químicamente similar a esas cadenas de azúcar y se utiliza en medicina para prevenir coágulos sanguíneos. En las pruebas, el fármaco pareció unirse al veneno antes de que este alcanzara las células, por lo que funcionó como un señuelo.
El anticoagulante protegió células y redujo el dolor
Cuando los investigadores añadieron heparina entre 90 minutos antes de exponer las células al compuesto tóxico y el mismo momento de la exposición, la protección fue completa. Si la incorporaban hasta una hora después, el efecto persistía, aunque era menor.
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El equipo también probó la mezcla en 25 ratones machos. Cada animal recibió una inyección en una pata trasera con una solución inocua, veneno solo o veneno mezclado previamente con el fármaco. La persona que evaluó su reacción no sabía qué sustancia había recibido cada ratón.
Los animales que recibieron exclusivamente el veneno lamieron más la pata durante los primeros 10 minutos y, 1 hora después, reaccionaron con mayor rapidez al calor. A las 7 horas también mostraron sensibilidad ante un contacto leve.
En cambio, los ratones que recibieron la sustancia tóxica junto con heparina tuvieron una reacción semejante a la del grupo tratado con la solución inocua durante los primeros minutos. El medicamento bloqueó la respuesta inicial al calor y redujo la sensibilidad posterior al tacto.
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Límites de las pruebas realizadas
El experimento en ratones no evaluó cuándo debería administrarse la heparina después de una picadura, ya que el fármaco se mezcló con el veneno antes de la inyección. Por ese motivo, la ventana de 1 hora observada solo corresponde a células cultivadas en un recipiente.
Además, los ensayos usaron toxina en polvo liofilizado, es decir, congelado y deshidratado, adquirido a un proveedor. Investigaciones previas indicaron que puede comportarse de forma similar al veneno fresco, aunque este equipo no realizó una comparación directa.
El estudio se limitó a una especie de medusa. La población de ortigas marinas de la bahía de Chesapeake fue reconocida como especie independiente en 2017 y no formó parte de las pruebas. Los venenos de un mismo tipo de animal también pueden variar según el lugar.
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El profesor Greg Neely, del Centro Charles Perkins de la Universidad de Sídney, explicó que el mecanismo no sirve necesariamente para todas las picaduras. Además, sobre las cadenas de azúcar, señaló que se trata de un objetivo “común, pero no universal”.
El efecto varía según la especie y el veneno
Neely indicó que su laboratorio tampoco halló un efecto de la heparina contra el dolor causado por la carabela portuguesa, conocida en Australia como botella azul. El grupo también detectó que varios venenos de serpientes no dependen de las mismas cadenas de azúcar.
La coincidencia con otros animales fue uno de los elementos que llamó la atención de los investigadores. En 2024, el mismo laboratorio informó que este medicamento y compuestos similares bloqueaban el componente que destruye tejido en venenos de cobra.
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“Esto significa que se trata de un objetivo o vulnerabilidad importante en nuestra fisiología si animales separados por cientos de millones de años de evolución eligen la misma estrategia”, afirmó Neely. Sin embargo, el desarrollo de un producto apto para personas requiere estudios clínicos.
El investigador advirtió que las heparinas tradicionales afectan la coagulación y podrían aumentar un sangrado si una persona tiene una herida. Agregó que variantes sin ese efecto también bloquearon el veneno en el laboratorio.
El próximo paso previsto es estudiar en animales cuánto tiempo después de una picadura el fármaco puede conservar su utilidad.
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