La resonancia de cuerpo completo se ha consolidado como un procedimiento preventivo de alta demanda. Sin embargo, la evidencia científica advierte sobre sus límites y la posible falta de beneficio en personas sanas.
Las asociaciones médicas y científicas subrayan que aún no existen pruebas concluyentes de que este estudio reduzca la mortalidad cuando se aplica de forma sistemática en individuos asintomáticos. La elevada tasa de falsos positivos aumenta el peligro de intervenciones invasivas injustificadas, mientras que un resultado negativo no garantiza la ausencia de enfermedad. Además, los especialistas remarcan que el costo puede superar los USD 2.500 por sesión, lo que limita su uso masivo fuera de contextos específicos.
A pesar de estas advertencias, la resonancia corporal completa figura entre los estudios más solicitados en la oferta comercial y en redes sociales. Según la Universidad Estatal de Ohio, el 87% de los contenidos virales en plataformas digitales promueven su uso preventivo y el 84% tienen fines comerciales. Este fenómeno genera la percepción errónea de que la realización sistemática de estudios garantiza salud, cuando la evidencia científica es mucho más compleja.
Manjiri Dighe, profesora de Radiología en la Universidad de Washington, advierte que la aplicación generalizada de esta tecnología en personas sin síntomas “sigue en fase experimental”. Una de las complicaciones documentadas es el sobrediagnóstico: la detección de alteraciones que nunca causarían síntomas ni requerirían tratamiento. Daniel Sodickson, director científico de Function y profesor en la Universidad de Nueva York, señala que la resonancia fue desarrollada para pacientes con sospecha clínica concreta, no como un examen universal.
El Estudio Polaris, desarrollado por la empresa Prenuvo, ilustró algunos aspectos de su uso actual. En la investigación, se evaluó a 1.011 adultos y, en un año, se practicaron 41 biopsias por sospechas: poco más de la mitad confirmó la presencia de cáncer. El 64% de los tumores descubiertos estaba localizado, lo que podría favorecer el pronóstico.
Investigaciones independientes han aportado cifras menos alentadoras. Mina S. Makary, del Centro Médico Wexner, analizó casos en pacientes asintomáticos y encontró que el 95% recibió al menos un hallazgo anómalo, pero solo el 1,8% terminó con diagnóstico real de cáncer. Además, solo el 11% de quienes presentaron anomalías requirió algún tipo de intervención, usualmente por situaciones benignas que no modificaron su calidad de vida.
El impacto emocional de los falsos positivos es considerable: exigen nuevos controles, biopsias o tratamientos innecesarios, generando estrés y riesgos evitables. Las sociedades médicas enfatizan que ningún resultado negativo puede descartar por completo la presencia de enfermedad, ya que no todo cuadro es detectable con un solo examen.
Aunque existen relatos de detección temprana —como el caso de una enfermera de 38 años diagnosticada con cáncer pulmonar—, estos desenlaces favorables son menos frecuentes de lo que sugiere el interés social. La literatura médica coincide en que la principal indicación de la resonancia corporal sigue siendo la sospecha fundada por antecedentes o riesgos elevados, como síndromes genéticos o vigilancia de patologías complejas.
La resonancia se utiliza también para el seguimiento de enfermedades no mortales, como problemas en la columna, aunque la mayoría de los hallazgos suelen ser incidentales, sin impacto pronóstico ni necesidad de intervención.
Sodickson anticipa que el futuro estará orientado a la combinación de herramientas de seguimiento, como análisis de sangre y tecnología portátil, para diferenciar los hallazgos clínicamente relevantes y evitar tratamientos innecesarios.
El costo continúa siendo uno de los principales obstáculos: cada estudio puede costar miles de dólares por sesión, lo que restringe el acceso y ejerce presión sobre los sistemas de salud. La demanda creciente por información diagnóstica no siempre se traduce en mejores resultados sanitarios ni en decisiones más acertadas.
Por ahora, la comunidad médica recomienda reservar la resonancia magnética de cuerpo completo para contextos específicos y bajo indicación profesional precisa. La automatización indiscriminada del estudio podría saturar los sistemas sanitarios y exponer a las personas a riesgos innecesarios.