El cansancio físico se acumula, pero el dolor del alma no da tregua. Tras una intensa jornada de seis días de vigilia ininterrumpida frente al Congreso Nacional de la República Dominicana, decenas de madres, padres y familiares de jóvenes dominicanos reclutados bajo engaño para combatir en el conflicto armado ruso-ucraniano decidieron levantar temporalmente su campamento.
Sin embargo, la pausa no representa una rendición, sino un cambio de estrategia ante la falta de respuestas contundentes por parte de las autoridades gubernamentales.
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Entre lágrimas, desesperación e impotencia, las familias denunciaron que sus hijos abandonaron el país caribeño engañados por supuestas ofertas de empleo en sectores como la construcción, la soldadura, la electricidad o la publicidad en países como Panamá o Polonia.
No obstante, al llegar a territorio ruso, la realidad dio un giro espeluznante: se vieron obligados a firmar documentos en un idioma que no comprendían y, en cuestión de días, fueron dotados de la ciudadanía rusa para ser enviados directamente a la primera línea de combate.
Las voces registradas durante las protestas reflejan una desgarradora crisis humanitaria. Los desgarradores testimonios confirman que muchos de estos jóvenes jamás habían portado un arma ni contaban con entrenamiento militar.
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En otros casos, la comunicación ha traído noticias traumáticas. Madres como Antonia de la Cruz u Orquídea Figuereo explicaron las condiciones inhumanas en las que sobreviven los reclutados, sufriendo desnutrición, temperaturas extremas, largas caminatas forzadas e incluso graves heridas de bala. “A mi hijo lo pusieron al frente a pelear y le dieron un tiro en una pierna. Tenían que operarlo y no sé nada de él. Salieron a buscar un futuro mejor para su familia y se encontraron con una condena”, expresó entre sollozos una de las madres afectadas.
Asimismo, se compartieron testimonios como el de Eduardo Rojas, cuyo hermano pasó de ser dominicano a ciudadano ruso en apenas 48 horas tras abordar un vuelo internacional, sin traductor y bajo constante presión. Situaciones similares atraviesan familias de jóvenes dedicados a la publicidad, la mecánica o la construcción, cuyo único objetivo era enviar recursos a sus hogares golpeados por la precariedad económica.
Crítica al silencio oficial y los próximos pasos de la protesta
Durante la vigilia, las familias reportaron que ningún alto representante del Gobierno central, de la Cancillería ni de los cuerpos legislativos se acercó a escuchar sus demandas o a brindar una ruta clara de rescate diplomático.
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Frente al señalamiento oficialista de que los jóvenes viajaron por voluntad propia bajo contratos firmados, las madres desafiaron públicamente a las autoridades a mostrar dichos documentos y a explicitar cómo las redes de reclutamiento lograron burlar los controles migratorios de los aeropuertos del país en tiempo récord.
“El silencio de las autoridades nos mata tanto como la propia guerra. Si ellos no actúan, ¿a quién le reclamamos? Exigimos al presidente de la República y al canciller que utilicen las vías diplomáticas para devolvernos a nuestros hijos sanos y salvos”, enfatizó Isabel, otra de las voceras de la manifestación.
Aunque la vigilia frente al Congreso fue levantada el día domingo 11 de octubre debido al desgaste físico y de salud de varias madres de edad avanzada, el movimiento social no se detendrá. Los colectivos de Derechos Humanos y las familias afectadas anunciaron nuevas acciones de presión.
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Entre las medidas inmediatas, el activista Carlos Sánchez Díaz, Coordinador de Derechos Humanos en la Región Sur, confirmó a Infobae que la mañana del miércoles 14 de octubre se llevará a cabo una manifestación pacífica para entregar un documento formal ante la sede de la Nunciatura Apostólica (representante del Papa en la República Dominicana).
Con ello, buscan activar la mediación eclesial e internacional. Asimismo, las familias buscarán acudir directamente a las puertas de la Embajada de la Federación de Rusia en Santo Domingo, exigiendo explicaciones y la repatriación inmediata de los ciudadanos dominicanos retenidos en el frente de batalla.
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