“Gané 20 mil dólares”: Franco Vitali, el argentino que se convirtió en campeón mundial de Just Dance

Empezó a jugar a los 9 años, llegó a entrenar cinco horas por día y se consagró en los Games of the Future 2026. La pasión por los videojuegos convive con su doctorado en Ciencias Biológicas

Informe - Bailarín de Just Dance
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A los 9 años, Franco Vitali no sabía bailar. Tampoco era bueno jugando Just Dance. Un día, una amiga tocó la puerta de su casa y le propuso probar un videojuego nuevo: había que seguir los pasos de un bailarín que aparecía en pantalla y acumular puntos hasta conseguir la máxima puntuación. Lo que comenzó como un juego entre amigos terminó convirtiéndose en una obsesión, después en una disciplina y finalmente en una carrera competitiva que lo llevó a consagrarse campeón internacional y ganar un premio de 20 mil dólares en los Games of the Future 2026 que se realizó en Astana, Kazajistán.

“Me obsesioné con el juego”, recuerda Franco. Desde entonces, empezó a dedicarle cada vez más tiempo a perfeccionar sus movimientos. No tenía una formación profesional en danza y, de hecho, al principio ni siquiera podía ganarle a sus amigos. “No fue hasta que me puse a jugar mucho con mi propia consola”, cuenta.

Con la práctica aprendió movimientos que hasta entonces desconocía: a mover la cadera, a seguir determinados pasos y, sobre todo, a detectar cada error para intentar corregirlo. “Cada vez que había algo que tenía que pulir, iba, lo aprendía y lo mejoraba”, explica. El videojuego se convirtió así en su propia escuela de movimiento. “Aprendí a bailar con el juego”, resume.

Franco Vitali cuando se consagró ganador, a su lado se ubica Lina, subcampeona francesa
Franco Vitali cuando se consagró ganador, a su lado se ubica Lina, subcampeona francesa

La progresión fue rápida. Franco empezó a competir cada vez más y llegó a acumular entre 60 y 70 torneos amistosos ganados, además de haber participado en alrededor de 160 competencias. Su nivel llegó a ser tan alto que, en algunos torneos, tuvieron que establecer reglas específicas para limitar su participación: si ganaba uno, no podía presentarse en el siguiente.

La diversión había adquirido una dimensión competitiva. Franco entendió que no alcanzaba solamente con conocer las coreografías: había acciones capaces de marcar una diferencia en el resultado. “Hay ciertos movimientos que son decisivos, que capaz si uno lo erra y el otro lo hace, puede sacar mucha diferencia y ganarle a esa persona”, explica.

La preparación para las competencias internacionales también implicó disciplina. Entrena, en promedio, entre dos y tres horas por día, aunque hubo jornadas en las que llegó a dedicarle cinco horas. Para él, además, no alcanza con saber la coreografía: hay que llegar a la competencia con la cabeza preparada.

“Es estar enfocado en que tengo un objetivo y también en que tengo que ir a pasarla bien”, explica. Y hay una regla que considera casi fundamental: no bajar los brazos. “Cuando bajás los brazos tenés la mitad perdida. Para mí ya tenés un 50% asegurado de perder”, asegura.

Franco es licenciado en Biotecnología y becario doctoral del CONICET
Franco es licenciado en Biotecnología y becario doctoral del CONICET

Lo particular de la historia de Franco es que Just Dance nunca reemplazó su otra pasión. Mientras construía su carrera como jugador competitivo, también avanzó en el mundo académico. Actualmente, realiza un doctorado en Ciencias Biológicas y es docente. La diferencia entre ambos mundos quedó expuesta después de su última competencia.

Franco ganó 20 mil dólares de un pozo total de 75 mil. La cifra, para él, no es menor: equivale aproximadamente a un año de su beca doctoral. “Si yo me pongo a pensar en lo que significa esa cantidad de plata, es triste”, reconoce. Su beca, explica, funciona como su sueldo, aunque con diferencias importantes respecto de un empleo tradicional. “No es mucha plata para alguien que hizo una carrera universitaria, de hecho no mucha plata para nadie”, plantea.

Y agrega que los becarios no cuentan con los mismos derechos laborales que un trabajador registrado. “Es un trabajo que no está en blanco. Yo no pago aportes, no pago jubilación”, remarcó. Por eso, cuenta, muchos becarios también deben desempeñarse como docentes para recibir un ingreso fijo. “Todos los becarios tenemos que serlo, porque no nos alcanza y porque necesitamos el sueldo en blanco”, afirma.

El contraste resulta difícil de ignorar: puede ganar en un año de beca lo mismo que obtuvo en una sola competencia internacional de un videojuego. “Es loco”, reconoce el campeón mundial cuando se le plantea esa comparación.

Franco en el laboratorio donde realiza el doctorado en Ciencias Biológicas
Franco en el laboratorio donde realiza el doctorado en Ciencias Biológicas

Para Franco, llevar la bandera argentina a una competencia internacional y volver con un trofeo tiene un significado especial: “como argentino, obviamente me llena de orgullo”. “Es algo que quiero hace más de una década”, cuenta sobre el objetivo de convertirse en el mejor jugador de Just Dance del mundo. Después de años de entrenamientos, competencias y torneos, finalmente pudo levantar el trofeo.

Ahora tiene por delante una pregunta más importante: qué hacer con los 20 mil dólares. “Por ahora no sé qué hacer. Seguramente lo use para perpetuar más este tipo de cosas”, anticipa.

Entre la investigación científica y las competencias de videojuegos, Franco construyó una vida difícil de encasillar. Cursa su doctorado, es docente y también campeón internacional de Just Dance. Dos mundos que a primera vista parecen opuestos, pero conviven con una misma idea: la disciplina de dedicar muchas horas a algo hasta conseguir hacerlo cada vez mejor.

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