“Siempre la culpable era yo”: Gisela Bernal recordó el escándalo con Ariel Diwan, la prueba de ADN y la batalla judicial por su casa

En Desencriptados, la actriz y bailarina repasó el conflicto que marcó un antes y un después en su vida pública, contó cómo acompañó a su hijo en ese proceso y explicó por qué decidió correrse del ruido mediático

Guardar

“Cuando vos caés a ese lugar, literal a las cenizas, no te queda otra que convertirte en el ave fénix”, afirmó Gisela Bernal al recordar el escándalo mediático que atravesó tras el nacimiento de su hijo Ian y la posterior disputa por su paternidad. En Desencriptados, el ciclo de entrevistas de Infobae, la bailarina repasó cómo aquella situación, que ocurrió cuando tenía apenas 23 años, transformó por completo su vida y su carrera. “Se destruyó todo. Las personas que no estaba bueno tener cerca se retiraron solitas, pero las que valían la pena se quedaron”, expresó.

Su vida privada quedó expuesta a partir del conflicto con Ariel Diwan, quien puso en duda la paternidad de Ian y se realizó una prueba de ADN que determinó que no era el padre del niño. La historia también involucró a Francisco Delgado, con quien Bernal había mantenido un vínculo durante varios años y cuya paternidad fue confirmada posteriormente. El enfrentamiento con Diwan se extendió durante años, incluyó una disputa judicial por una propiedad y tuvo un fuerte impacto en la carrera de la bailarina.

Actualmente, Bernal continúa vinculada al mundo artístico y creó Real Art Experience, una competencia de acrobacias aéreas que recorre distintas provincias del país en busca de nuevos talentos. Después de todo lo vivido, asegura que logró reconstruir una vida que hoy considera “maravillosa” junto a su hijo.

Gisela es una bailarina, actriz y acróbata argentina que construyó su carrera en el teatro, la televisión y el espectáculo. Alcanzó gran popularidad a partir de sus participaciones en Bailando por un sueño, donde fue pareja de figuras como Matías Alé y Flavio Mendoza, y se consolidó como una de las protagonistas de Stravaganza. En los últimos años mantuvo un perfil más bajo, aunque continuó vinculada al mundo artístico: en 2026 protagonizó la comedia Vos, yo y el otro, estrenada durante la temporada de verano en Mendoza.

Desencriptados Gisela Bernal
“Error garrafal de mi vida”: Gisela Bernal habló de su relación con Diwan, el escándalo por la paternidad de su hijo y la disputa por la casa. (Jaime Olivos)

— ¿Cómo anda tu vida? Creaste algo nuevo, ¿no?

— Sí, Real Art Experience. Es una competencia de acrobacias aéreas, por sobre todas las cosas. La verdad que es un emprendimiento que tiene mucho corazón y alma. Está hecho bien a pulmón y lo que buscamos son talentos de todo el país. Así que viajamos por diferentes provincias y realizamos esta competencia con un ambiente muy familiar, en donde vemos artistas desde muy pequeñitos hasta profesionales. Los vamos evaluando junto con un jurado siempre de lujo, que sabe muchísimo, y valorando lo artístico por sobre todas las cosas, lo emocional de la danza, del arte.

— ¿Vos te hiciste conocida por Stravaganza o antes?

— En realidad un poquito antes, porque mi primer laburo así como profesional fue en Bailando por un sueño, allá por el 2007, como acompañante, como soñadora de un famoso y ahí arrancó mi carrera profesional. Después pasé a teatro a hacer temporadas con artistas increíbles. Luego llegó Stravaganza más adelante...

— ¿Seguís siendo amiga de Flavio Mendoza?

— Sí, claro. Con Flavio trabajamos muchísimos años juntos. Primero, él como coreógrafo y director artístico de tantas obras y después ya como compañeros, partners.

— Es muy talentoso Flavio. La verdad que tiene una carrera muy buena.

— Sí y muy visionario también para traer cosas innovadoras al país. Tuve el placer de estar en Stravaganza, que fue para mí, lejos es la mejor obra, sin desmerecer al resto. Pero en su momento nadie se la jugaba a hacer cosas tan grandes.

— Fue la primera que...

— Rompió ese molde de lo habitual.

— Era diferente con el tema del agua.

— Y era un logro estar ahí, también. Porque tenías que prepararte mucho como artista para poder sortear los millones de obstáculos que hay adentro de ese escenario.

— ¿Cómo fue para vos pasar de ser la soñadora, bailarina, acróbata talentosa a protagonizar un escándalo mediático de esas magnitudes? Porque con tu caso se paró la Argentina.

— Nada era esperado y sobre todo fue muy difícil de llevar adelante, de continuar, porque yo nunca había tenido una exposición tal. Si bien había tenido algunas cositas muy pequeñas, no era de mostrar demasiado mi vida privada. A mí me gustaba mucho más tener mi vida íntima por separado y después ser artista un rato. O sea, ir al teatro, trabajar y volver.

— Ariel Diwan era un outsider que empezó a producir obras de teatro. Con carácter, buena onda, te enganchaste y empezaron a salir. ¿Cuánto tiempo estuvieron de novios?

— Estuvimos cuatro años en total.

— Me acuerdo ese momento que te pide matrimonio ahí adelante de toda la obra, en plena temporada. ¿Era todo color de rosa hasta que quedás embarazada?

— En realidad fue después lo del pedido de matrimonio. Ya estaba mi nene nacido cuando me había elegido como “la mejor en todo”, según él (risas).

— ¿Pero ustedes tenían un arreglo de pareja abierta?

— En realidad no era una pareja abierta en sí misma. Porque me parece que la esposa de él nunca se enteró de que tenía una pareja abierta, ¿entendés? (risas).

— ¡¿Cómo la esposa de él?!

— Él estaba casado y yo estaba con él.

— ¿Vos arrancaste siendo la amante?

— Exacto. Error garrafal de mi vida. Lo peor. Yo tenía 23 años, era una niña. No entendía mucho de la vida todavía.

— Igual estabas jugando con fuego.

— Fue la primera y única vez en mi vida que viví una experiencia así. Nunca había estado con alguien que tuviese novia ni mucho menos esposa, nada, cero. Fue mi única experiencia.

— ¿Y qué hacías cuando te cruzabas con la esposa?

— Es que yo generalmente me retiraba. Él era muy border. A él no le importaba nada, básicamente.

— ¿Él fingía demencia?

— No, no fingía demencia. No fingía. No le importaba, ¿entendés?

— La mujer sospechaba algo me imagino.

— No era la primera vez que le sucedía una experiencia semejante.

— Cuando veías a la mujer, ¿vos te ponías nerviosa?

— Y sí, para mí no era cómoda la situación. De hecho, no me había pasado antes, entonces tampoco sabía demasiado cómo moverme. Pero él la tenía más clara que yo. Yo fui la tercera por la que se retiró de su... O sea que jugó su pareja.

— ¿Ya había tenido dos amantes antes?

— Dos amantes anteriores y se había enterado la esposa.

— Pero él en algún momento entre que arrancó su relación con vos y que estuvieron juntos, ¿se separó?

— Claro, en un momento sí.

— Porque tuvo un hijo con vos.

— Sí.

— ¿Eso fue como el fin de su relación: tener el hijo?

— El fin de la relación a mí me parece que fue muchísimo antes y son personas que sostienen un vínculo a lo largo del tiempo a pesar de millones de cosas que les pasan, que está bien igual. Cada uno se maneja como quiere.

— En el momento que vos quedás embarazada, ¿nunca dudaste?

— No. Yo era soltera.

— Eras soltera y quedás embarazada.

— Sí.

Desencriptados Gisela Bernal
Gisela: “No me gusta instalarme en el lugar de víctima”. (Jaime Olivos)

— Y ahí, ¿qué le decís? “Estoy embarazada”. ¿Y él se alegra?

— Sí, claro.

— Y no dudabas que era el padre...

— No. Porque la persona con la que yo estuve no podía tener hijos, que finalmente es el papá de mi hijo.

— ¿Tenías como otra relación paralela?

— Yo estuve ocho años con el papá de mi hijo, no en pareja formal.

— ¿Chongos? Cada tanto se veían y tenían relaciones.

— Éramos amigos. Teníamos grupos de amigos, salíamos un montón juntos y teníamos ese vínculo no formal, por una cuestión de que él siempre fue una persona que no creía en la fidelidad en sí misma. Y tenía un discurso honesto y claro, entonces nadie se enganchaba.

— Decía: “Yo no quiero estar de novio, pero me encantás y quiero estar con vos”

— Exacto. Y yo era soltera, vivía sola...

— Te gustaba el pibe, tenían relaciones y, como él no podía tener hijos, no se cuidaban.

— No es que nunca nos cuidamos. Nos cuidamos muchas veces sí y la verdad que en esa ocasión no.

— Entonces cuando vos tenés el bebé, suponías que era de Ariel.

— Y sí. No había otra opción.

— Porque el otro no podía tener hijos.

— Claro.

— ¿Y cuándo empezaron las sospechas? Porque este caso generó un impacto en la sociedad. Fue hace un montón de tiempo, pero era muy fuerte todo lo que pasó.

— Sí, generó un montón de opiniones diversas. Lo que pasa es que también creo que fue tratado de una manera muy machista también. Esto pasó en el 2015, hace 11 años, y creo que las cosas fueron cambiando. No significa que hoy la gente...

— Para la mirada ajena eras la culpable vos.

— Siempre la culpable era yo, claro.

— Porque salías con dos a la vez.

— Claro, pero nadie pensaba que él también salía con dos o más...

— ¡Y que él era casado!

— Era como que con él estaba todo bien. Porque ser hombre es un crack de estar con dos o más, ¿entendés?

— ¿Y cuándo empezaron las sospechas? Porque en algún momento pasó algo.

— Yo no las tuve.

— Para vos no había duda.

— Y no.

— Yo lo escuché a él decir en varias oportunidades que la gente todo el tiempo le decía el chiste de: “Este no es tuyo”. Porque era de ojos celestes y no se parecían.

— Claro. Lo que pasa es que él también... Nada viene de la nada. Él tiene una familia en donde la mayoría o varios tienen ojos claros, son personas de tez más clara y él es morocho, ¿entendés? Entonces no...

— “Es mis por mis abuelos”, decía él.

— Sí, de hecho, de mi lado también. Tanto mis abuelos paternos y maternos eran de ojos claros, todos mis sobrinos tienen ojos claros. No era descabellado que el niño tenga ojos claros.

— Y entonces, ¿cuándo fue la primera vez que hubo una sospecha? ¿Cómo empezaron a dudar de si era o no el papá?

— No hubo dudas hasta que él vino un día con un ADN que le había hecho, por su cuenta.

— Sin decirte nada, él fue y se hizo un ADN. Cuando le llegó el 0% te encaró...

— Yo nunca lo vi a ese resultado. A mí no me lo mostró, me lo dijo. Vino y me lo planteó en la vereda de mi casa.

— ¿Cómo fue?

— No quiero contar todo eso.

— Pero te lo dijo así de la nada...

— Sí, de la nada. Pero fue una situación horrible y muy violenta.

— Y cuando te lo contó, ¿qué sentiste al enterarte? Porque para vos fue un shock también.

— Exacto. A mí me pasó lo mismo. Y recalcular también, ¿no? Porque yo después no lo vi más al papá de mi hijo, que vivía en otro país.

— En México.

— En ese momento vivía en Ecuador. Pero no vivía acá. Él siempre es muy viajero y vivía en otros lugares y demás.

— Y ahí empezaste a recalcular pensando quién es el papá.

— No, no. Porque había estado solamente con dos personas. O sea, había estado con el papá de mi nene y con este señor.

— ¿Y te pasó que, cuando viste al nene después de enterarte de eso, dijiste: “Claro, es igual”?

— Es que yo lo veo hoy y es igual. Pero en el momento de bebé la verdad que no. Fue muy fuerte y terrible para todos. Porque siempre pareció que fue terrible solo para un lado. Fue terrible para todos. Fue destructivo a nivel emocional para todas las personas involucradas.

— Cuando aparece Ariel llorando en la tele, que irrumpe en el canal. ¿Qué sentiste cuando lo viste?

— En realidad no fue tan sorpresivo. Después todo lo que dijo, sí. Todo lo que expresó sí, pero no fue tan sorpresivo porque a mí ya me había dicho que lo iba a hacer.

— “Voy a ir a la tele a contar todo”, te dijo.

— Exacto. Si no me das la mitad de la propiedad, voy a la tele y te prendo fuego.

— ¿Compró una casa que salía como USD 1.000.000 en Palermo?

— No tanto, pero...

— Bueno, unos USD 600.000. ¿Vos habías puesto plata para comprarla?

— Por supuesto.

— ¿Y habías puesto un porcentaje menor que el de él?

— No, para nada. Puse más que él. Lo que pasa es que hay que ver de dónde salía la plata en ese momento. Son cosas que la gente por ahí en su casa no lo sabe. Yo puse dinero, él no puso dinero. Él pidió prestado a otras personas.

— Pero aportó para el momento de la escritura.

— Sí, en el momento aportó a su nombre. Pero no era su dinero.

— ¿Y esto qué tiene que ver? Si debía el dinero era un tema de él, no te van a venir los acreedores a vos.

— En un momento quiso que sean mis deudas y le dije: “Por supuesto que no”.

— Si vos no firmaste nada, no te afecta.

— De hecho, tiene una deuda todavía con un exsocio de él, cordobés.

— Porque además hay que sumarle a esto que Ariel tiene o tenía problemas con el juego.

— Sí.

— Eso complicó todo más la situación.

— Sí, sobre todo nuestro vínculo. Lo complicó muchísimo esa situación.

— Cuando él te viene a plantear esta situación, ¿no se te ocurrió decir: “Vendamos la casa y recupero mi plata”?

— Yo por mí la hubiese vendido la casa. Él no quería vender. Él quería todo.

— ¿Y desconocer la parte que vos pusiste?

— Claro.

— Estás con tu hijo viviendo ahí, ¿cómo te ibas a ir?

— Y por eso peleé. Peleé siempre judicialmente por mi derecho a mi casa, que puse todos los ahorros de mi vida entera. De todo mi trabajo desde que tengo veinte años hasta que se compró esa casa. Y además es el patrimonio de mi hijo, no es mío. Yo el día de mañana me muero y todo lo mío le va a quedar a mi hijo.

— Igual el desenlace es un desastre. Porque al fin y al cabo ahora terminó en el remate judicial la propiedad, ¿no?

— Sí, pero eso no porque tenga que ver con él. Yo mi mitad de la casa la gané en primera y en segunda instancia. Mi mitad es mía, lo que pasa es que luego entraron a jugar tus colegas, que es otro tema, pero no tiene nada que ver con él.

— ¿A vos te demandaron por honorarios?

— Por honorarios, claro. Que es un tema que ahí sí no puedo hablar demasiado porque está judicializado.

— Lo que pasa que, cuando llega tan lejos el tema, que pasó también con María Fernanda Callejón y el marido, que se pelearon tanto, que perdieron la casa.

— No era claramente mi intención. Nunca fue desconocer que la otra persona le correspondía su 50%, escriturado en una escritura pública nacional. Delante de un escribano e incluso era su escribano.

— ¿La escritura dice 50-50?

— Por supuesto.

— ¿Y por qué no se pusieron de acuerdo en una mediación para vender y llevarse cada uno su mitad?

— Preguntáselo a él (risas) No tengo la más pálida idea, no. Él no quería reconocer que mi 50% era mío. Nunca lo quiso reconocer.

— No necesita reconocerlo si estaba a tu nombre.

— Lo que él quería era que la casa le quede 100% a él.

— Pero eso era imposible.

— Y bueno, por eso perdió. Porque vos podés creer que sos el dueño de la verdad y el dueño de todo, pero la Justicia es justa. Más cuando hay un papel que lo dice, una escritura pública nacional que dice: “Esto es así y así”.

— ¿Era el típico discurso de “yo pagué todo y le puse la mitad a su nombre”?

— Claro, ¿viste? Como que yo nunca hubiese trabajado en mi vida, cuando lo único que hice fue trabajar. Justamente después de este conflicto comenzaron las críticas hacia mí. Hasta ese momento, mi carrera era impecable, pero un montón de gente empezó a opinar sobre situaciones y cosas que no eran las que yo esperaba ni cómo venía construyendo mi carrera.

— Vos sos una mujer que siempre te mataste laburando, tuviste una relación y de golpe te pasó esto en la vida, que tampoco lo elegiste, porque si hubiese sabido que era el hijo de otra persona lo hubieses dicho de entrada.

— Pero por supuesto.

— La idea no era engañarla a nadie.

— No. Y mucho menos por una cosa material, que el que me conoce a mí sabe que a mí me interesa poquísimo lo material. Si defendí siempre mi casa porque es donde vive mi hijo. Es el hogar que tengo. Trabajé toda mi vida para tener mi techo.

— Y ahora, si te vas de la casa, ¿dónde vas a ir a vivir?

— Dios proveerá.

— ¿Vas a alquilar?

— Y sí. Si me toca alquilar, alquilaré.

Desencriptados Gisela Bernal
Tras bajar el perfil mediático, la bailarina impulsó Real Art Experience, una competencia de acrobacias aéreas que recorre provincias en busca de talentos de todo el país

— ¿Lo decís porque hay que ver cuánto te queda después de toda la historia?

— Sí, la verdad que es un tema que por supuesto me ocupo cuando tengo que hablar con los abogados, que tengo un grupo de abogados excelente, por fin, después de haber pasado por experiencias muy negativas. Me ocupo, pero ya no lo sufro. Pasaron tantos años y mi presente es otro así que trato de soltar eso. Lo material, obviamente, es importante en el sentido de que uno lo necesita para vivir, para lo cotidiano, pero yo no voy a dar más mi vida, ni mi salud, ni mi tiempo, ni mi felicidad por perseguir una cosa de ladrillos.

— Además con las cosas graves que pasan, esto es un detalle menor. Casi ni cataloga en problemas graves de la vida.

— Pero por supuesto, yo necesito estar bien porque tengo un hijo para criar. Tengo que estar fuerte y, justamente, esta historia me hizo muy fuerte.

— ¿Ya está en sexto grado?

— No, está en primer año de secundaria (risas). Tiene 13 años. Pero tenía dos y medio cuando arrancó esta historia. O sea que para mí también fue muy difícil atravesar todo esto con un bebé.

— ¿Cómo puede ser que la Justicia tarde 10 años en resolver un conflicto así?

— Es así. Lleva mucho tiempo. Es un viaje de mucha tolerancia y paciencia.

— ¿Cómo fue contarle a tu hijo esta historia? Porque imagino que se metió en YouTube y vio todo.

— Sí, recién ahora que es más grande. Pero yo fui hablando con él desde muy pequeño, contándole su historia, que en realidad es más mi historia. Él, gracias a Dios, no tiene como recuerdos de esa etapa primera porque era muy pequeñito. No tiene como recuerdos vivos, pero sí lo sabe, conoce, me ha preguntado cosas y con ayuda terapéutica en su momento, hemos podido despejar sus dudas al nivel que él lo necesita.

— ¿El progenitor se ocupa?

— Él vive en otro país.

— Con eso respondiste todo.

— Él vive en otro país hace muchos años y, cuando está acá, lo ve, lo visita y comparten.

— ¿Lo quiere Ian? ¿Tienen buena onda?

— Sí, re. La verdad que comparte. Yo siempre trato de alentar a que ellos tengan así sea poquito vínculo, pero que sea de calidad, que se quieran. Yo le digo: “Las personas adultas elegimos en la vida, a veces bien, a veces mal, pero tomamos decisiones y el resto no es nadie para juzgar lo que otra persona decide para su vida”. Obviamente, comparto o no comparto, yo no podría vivir sin ver crecer a mi hijo o a mi hija. No podría. Pero entiendo que cada ser es lo que quiere ser y cada persona tiene sus prioridades, que quizás son otras y sabrá por qué. Yo lo que trato de inculcarle a mi hijo es que no le tenga bronca por eso o que no lo juzgue. Que crezca sabiendo que a veces las personas adultas, por X razones de la vida, toman ciertas decisiones. Y él también va a ser adulto y lo va a entender cada vez mejor. Todavía es chico, pero ya entiende todo. Yo estoy a full con él. Siempre acompaño todo. A mí me gusta ser muy presente. No digo que sea igual, porque es importante la presencia de ambos padres, pero el amor, el estar, la presencia y a veces hasta en demasía, se la genero yo y le digo: “Te tocó esta mamá que va con todo, así que...”

— Leí que Ariel en algún momento quería verlo. ¿Es así?

— Chamuyo para la tele.

— ¿Nunca te escribió ni nada?

— No es que no me haya escrito. En su momento sí, hace 100 años. Pero nunca fue real, ¿entendés? Nunca fue real porque cuando uno quiere algo de verdad, lo hace. Eso es lo que siento yo. Después vendrá la reacción del otro lado. Después estaré yo, que me pongo como escudo vivo adelante, porque no creo que sea sano.

— ¿Vos tomaste la decisión de que era mejor cortar el vínculo y terminar?

— No, él tomó la decisión esa.

— ¿De no volverlo a ver?

— Sí. Judicializada y todo. Lo pidió con firma en el Juzgado de Familia para no verlo más.

— Entonces lo que dice es mentira...

— Claro, el papel está y en su momento yo lo mostré hace muchos años. Porque esto pasó hace mucho. Te hablo cuando el nene era chiquitito y todavía tenían un vínculo porque él todavía tenía el apellido. Tenía visita. En ese contexto, pidió judicialmente no verlo más.

— ¿A partir de ese momento Ian pasó a tener el apellido Delgado?

— Fue antes de que el nene tenga su apellido correspondiente y biológico.

— ¡Es una novela lo que pasó!

— Claro, sí. Ni en las mejores ficciones (risas).

— Cuando pasaba en las novelas de Andrea del Boca, Celeste siempre Celeste y Perla Negra...

— Claro. Yo creo que eran más suaves, igual.

— Lo que me llama la atención de este caso es él llorando a los gritos en la televisión. Tengo ese recuerdo.

— Pero pidiendo plata también, ¿no? Paralelamente.

— ¿Hoy cómo está Ariel? ¿Nunca más supiste nada de él?

— No, ni idea. No sé nada de su vida.

— Hace unos días sufrió un robo. Le robaron una cadenita de oro y se hizo viral ahí con un video.

— Ah, mirá. No le sigo la carrera (risas).

— ¿Y ahora estás bien? Después de todos estos años.

— Lo que pasa es que yo creo que el estar bien depende más del interior que del exterior. Creo que yo después de tantos años de terapia, de haberme ido a vivir a otro lugar, de poder comprender toda esta historia, me llevó mucho tiempo, atravesarlo realmente, ¿no? Empezás a preguntar: pero por qué, qué hice, qué hizo el otro. Ves las responsabilidades, hasta dónde cada uno realmente sabía y después lo que contó, ¿entendés? Todo este juego de responsabilidades que todos se lavan las manos y me lo tiraron a mí. Yo quedé ahí con toda la carga de todo.

— Además, con 23 años. Estabas bailando y trabajando en una obra y el productor te dice que sos el amor de su vida y de golpe estás embarazada. Fue muy complicado.

— Todo fue mucho y muy vertiginoso.

— Fuiste muy fuerte para bancarte todo eso.

— Me la rebanqué, pero me costó un montón. No es que siempre me la rebanqué, ¿entendés? Me llevó mucho tiempo entender que me la bancaba.

Desencriptados Gisela Bernal
En diálogo con Rulo, la actriz dijo que prioriza a su hijo por encima del conflicto por la vivienda y remarcó que no pone su salud ni su felicidad detrás de bienes materiales

Su presente personal después del conflicto

— Hoy en día, ¿cómo estás? ¿Estás en pareja?

— No, estoy sola. Pero muy bien.

— Me imagino que, con todo lo que me contaste, es chonguear a morir.

— Estoy muy bien (risas).

— Al flaco le decís: “A mí ya me pasó todo, vení a mi casa o no me hables más”.

— Claro, basta de vueltas. A mí lo que me pasa es que me costó bastante lograr un equilibrio de la vida en general. Darme cuenta que todo esto prescribe en algún momento, el crecimiento de un hijo, que también empieza a tener ciertas individualidades y libertades. Encontrarme a esta edad, con un nene de esa edad, que también es bastante piola, porque nosotros somos muy compañeros.

— ¿Son compinches?

— Sí. La verdad es que tuve después con una pareja buenísima con quien me casé en su momento. Vivimos afuera, en Estados Unidos, fue una pareja súper linda y terminó todo bien. O sea, me di cuenta que no era yo (risas).

— Podías tener una relación sana.

— Es que toda la vida había sido sana yo. Entonces, me tuve que reencontrar con esa parte mía. Porque lo que pasó en ese vínculo, que fue muy tóxico, tuvo que ver con toda una etapa así. Era todo muy superficial, ir a las fiestas a aparentar esto, ir a estar en todos lados para que te llamen, para que te tengan en cuenta ¿entendés?

— Era como decir: “Vamos a chamullar acá que hay empresarios, a ver si ponen para la obra”. La pareja, el hijo, todo y de golpe explotó todo por el aire a un nivel de película.

— Ay sí. A un nivel maravilloso, porque para mí, más allá de que es verdad que explotó todo, pero me hizo... O sea, cuando vos caés a ese lugar, literal a las cenizas, no te queda otra que convertirte en el ave fénix, literal. Porque no quedó nada, ¿entendés? Se destruyó todo. Entonces, las personas que no estaba bueno tener cerca se retiraron solitas. Lo que no era para mí se fue solo, dejó de ser. Lo que valía la pena se quedó, porque fue inevitable que las personas que realmente te quieren, te den una mano y estén presentes en tu momento de necesidad, de apoyo emocional, de amistad verdadera, de amor genuino, de familia. A mí me quedó lo mejor y yo me quedé criando a un sol. Yo me quedé con mi hijo, que es el ser más espectacular de esta vida. Yo la verdad es que soy una privilegiada de tenerlo sano, de criarlo, de guiarlo, de que él sea la persona que es. Siento que mi trabajo como mamá es impecable. Le dedico todo mi tiempo, mi vida, mi energía a él. Por ahí no tengo tiempo en este momento para otras cosas emocionalmente, pues estoy cubierta de amor y afecto.

— Y aprendiste mucho siendo muy joven también.

— Claro. Yo tuve que madurar de cero a cien.

El juego de culpable e inocente

— Me gusta hacer un rol play. Una investigación acerca de tu vida, de tu carrera. Por ejemplo, se la acusa de abandonar la televisión por rechazo al hate.

— No es tanto por ahí. No me da miedo el hate a esta altura.

— Ya sos de fierro, no te da miedo nada.

— A mí lo que me pasa es que solamente tengo en cuenta las opiniones de las personas que me conocen. El resto como que entiendo que puedan tener una visión, pero es una visión muchas veces errada, porque lo que ves... Nada, la gente puede venir y decir cualquier cosa.

— Se la acusa de vender contenido erótico.

— Sí, culpable (risas). Pero es limitado el tema. Estoy en Divas Play. Y tengo un contenido, pero es bastante soft, tranquilo. Porque soy madre de hijo adolescente. Igual suscríbanse, porque es divino. Pero es cuidado. Uno juega un rol, pero es tranqui.

— Se la acusa de rechazar citas o encuentros sexuales por querer pasar tiempo con su hijo.

— Seguro que sí (risas).

— Porque cuando tenés un hijo tenés que coordinar. Es re difícil.

— Claro, es complicado. Son otros tiempos. Igual tengo una suerte siempre en la vida que es mi madre. Es una genia y vive en casa. Igual soy muy equilibrada porque viajo bastante, pero es por laburo. Yo no tengo Tinder y esas cosas. No uso.

— Se la acusa de haber tenido ocho orgasmos en una noche con una expareja.

— Eso fue una pregunta muy vieja. Hoy puede llegar a ser mucho más. En su momento fue muy polémico y la verdad que no me parece tan descabellado.

— ¿Y el pibe lo enterraste ahí o lo llevaste a algún cementerio? Porque la quedó el flaquito, ¿no?

— Mirá (risas). Hizo muy buen esfuerzo y como que dijo: “Bueno, me pongo las pilas acá” (risas). Pero a esta altura ya quedó chico eso (risas).

— Se la acusa de haber recibido una cantidad incontable de propuestas amorosas.

— Y bueno, pero ¿quién no? Yo creo que todo el mundo.

— Me gusta porque decís: “Todo el mundo”.

— ¿Vos decís que no? ¿Pensás que la gente en la calle no tiene como...? Lo que pasa es que uno se piensa que ganamos por ser conocidos, pero no.

— Yo gano más menos por ser conocido. Obvio.

— ¡¿Vos decís?1

— Y ser conocido te da más...

— Bueno, puede garpar. Pero ¿está chequeado eso? Si eso me ayudó, bienvenido sea.

— Y se la acusa de haber sido adicta al escándalo.

— ¿Te parece? Alejadísima estoy de eso. Soy inocente. No me atraen para nada a mí los escándalos, no me gustan. Acá estoy hablando de esto porque me estás preguntando vos. Yo no hablaría ni por casualidad.

— Mi veredicto final es que vos sos inocente. Te creo. No siento que no le estás mintiendo al abogado. Creo en todo lo que me decís.

— No hay que mentirle a los abogados.

— Es central eso porque sino no te puede defender.

— Es como mentirle al psicólogo (risas).

— O al médico.

— Claro (risas).

— Sos muy joven, te queda un montón de carrera por delante y cosas para hacer. Te veo que estás armada, por lo menos, en lo que tiene que ver con lo que querés, con tu hijo y psicológicamente estás impecable. Así que veo que has resucitado como el ave fénix.

— Sí, ha sido mucho trabajo. Pero yo creo que, si uno tiene conflictos, que todos los tenemos en la vida, y no los toma como una oportunidad para transformarse en algo mejor, pierde. Lo importante es sacar ese jugo, eso positivo que te trae hasta la situación más negativa. Yo a pesar de esto, que fue en su momento un estallido terrible, pude reconstruir una vida maravillosa, que es la que tengo en mi presente, así que no me puedo quejar.

— Se aprende de todo.

— Detesto el lugar de víctima. No me gusta instalarme en ese lugar. No me gusta decir: “Ay, sufrí, me hicieron esto”. Me hago responsable de mi parte, que los demás se hagan cargo de la suya y hay que seguir con fortaleza, no con debilidad.

Últimas Noticias

Violeta Urtizberea: “¿Otro hijo? Dámelo a partir de los tres años”

Cómo es vivir en peligro, el horno, el enchufe, el cable, cuando todo es un riesgo. Atravesada por la maternidad vive el dilema de la decisión del segundo hijo. Por qué ahora entiende a los varones que buscan estar con mujeres lindas. En pareja desde hace 11 años, dice que está ‘de novia’ con Juan Ingaramo, porque la palabra marido la deprime. Cómo funciona la tenencia compartida de su perra con su ex, Martín Garabal y por qué la recomienda

Violeta Urtizberea: “¿Otro hijo? Dámelo a partir de los tres años”

Darío Barassi y el costo de querer llegar a todo: “Mi cuerpo es lo que menos escucho”

El duelo por la muerte de su madre lo obligó a frenar y revisar su vida. El estreno de “Gutiérrez is my name” lo sacó de su molde y lo reconectó con el actor. En esta charla con Infobae, el conductor habló de su autoexigencia y obsesiones, de la necesidad de cuidar un poco más su cuerpo porque ama su vida y del miedo detrás de querer darles todo a sus hijas: “Mirá si es mi último cumpleaños con ellas”

Darío Barassi y el costo de querer llegar a todo: “Mi cuerpo es lo que menos escucho”

Tenía 10 años y quedó atrapado en el fondo de una pileta: “No podés llevar a tu hijo a jugar a un club y que te lo devuelvan muerto”

El 2 de enero de 2024 Facundo Gorga permaneció cerca de diez minutos sumergido en el fondo de la pileta dulce del Jockey Club de Rosario. Murió el día siguiente en el Sanatorio de Niños. Este sábado 29 de agosto cumpliría trece años. En un nuevo capítulo de Voces, la voluntad de su familia para levantarse y exigir justicia por la memoria de su hijo

Tenía 10 años y quedó atrapado en el fondo de una pileta: “No podés llevar a tu hijo a jugar a un club y que te lo devuelvan muerto”

El “para qué” de Christian Sancho: un papá del corazón, la búsqueda de su padre biológico a los 43 y una nueva vida a los 51

En Ellos, el actor recorrió los episodios más sensibles de su historia, habló del amor y la paz que encontró junto a Celeste Muriega y reveló cómo logró reconstruirse después de atravesar sus años más difíciles

El “para qué” de Christian Sancho: un papá del corazón, la búsqueda de su padre biológico a los 43 y una nueva vida a los 51

De estrella en Chiquititas a pasar hambre y atender una heladería, ¿qué fue de la vida de “Sol”?

En un nuevo episodio de La vida después, Daniella Mastricchio, la actriz repasa el costo del éxito infantil, el abandono familiar, la pérdida de lo ganado en su infancia y cómo se reconstruyó lejos de los medios

De estrella en Chiquititas a pasar hambre y atender una heladería, ¿qué fue de la vida de “Sol”?
MÁS NOTICIAS