“Si hay alguien panqueque, soy yo”: Evitta Luna explicó su salida de Olga, la llegada a Luzu y las críticas que recibió

En Casino Deluxe, la actriz y creadora de contenido habló sin filtros sobre la fama, la exposición y los cambios que atravesó en su carrera dentro del streaming. Reflexionó sobre los límites de compartir su intimidad frente a millones de personas, reveló los proyectos que tiene en marcha y explicó por qué hoy busca construir una vida profesional más equilibrada, sin descuidar su bienestar y vida personal

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Casino Resort Evitta Luna.mp4

“De repente recibís un mensaje como: ‘No puedo creer lo que hiciste’. Y me chup* un huevo (risas). Nunca fue un tema cambiarme o mis decisiones. Lo que le pase al otro con las decisiones que uno toma es un problema del otro y lo tendrá que resolver el otro”, sentenció Evitta Luna en diálogo con Casino Deluxe, el ciclo de entrevistas de Infobae.

Durante la entrevista, dejó en claro que su recorrido profesional estuvo marcado por cambios, aprendizajes y una autenticidad que atraviesa cada etapa de su carrera. “Antes de OLGA estaba en Blender. O sea, si hay alguien panqueque, soy yo”, bromeó la artista. También reflexionó sobre cómo la exposición pública y las decisiones laborales suelen generar opiniones y debates, aunque aseguró que las críticas ajenas nunca condicionaron sus elecciones.

Pero detrás de sus personajes está Evangelina Luna, actriz, comediante, streamer y creadora de contenido. Nacida en Uruguay, alcanzó gran popularidad gracias a sus videos de humor en TikTok e Instagram, donde construyó una comunidad de millones de seguidores a partir de figuras recordadas como Shanina, la depiladora.

Actualmente, Evitta forma parte de PLP (Poné la Pava) en Luzu TV junto a Flor Jazmín Peña, Anita Espósito y La Joaqui; y suma nuevos desafíos en la actuación. Participa de Carísima, la serie de Netflix centrada en el universo de Caro Pardíaco, y se prepara para el estreno Splendor, una nueva producción en la plataforma Shorta.

Casino Deluxe - Evitta Luna
Evitta Luna: “Estoy harta de escucharme a mí misma”. (Maximiliano Luna)

—Contame, ¿para qué querés el millón de dólares? Lo podés usar todo entero o dividirlo.

—Claramente lo dividiría, pero porque nunca hay que poner los huevos en una misma canasta. Primero compraría propiedades, ya sea para mi mamá, mis hermanos... Tengo varios hermanos que tienen hijos, entonces con esto les saco ese peso de pagar alquiler. Les daría 200 mil dólares a cada uno.

—Pero podés conseguir por menos.

—Lo que pasa que en Uruguay es tan caro... A “La Caro” le doy 300, como para que esté un poquito más cómoda.

—¿Tiene muchos hijos?

—No, una. Pero es mi favorita. Cada uno tiene sus debilidades. Con 200 yo me compraría un departamento. Sé que con mi laburo puedo ampliarlo el día de mañana. Un departamento chiquitito, tranqui. Con 200 más le compraría una propiedad a mi mamá. Y con 300 produciría una serie.

—¿Tu serie?

—Sí. Estoy escribiendo una serie con unos amigos.

—¿Habla de vos? ¿Es una historia tuya?

—Es una historia que parte de una anécdota mía. Yo laburé muchos años en una multinacional de hamburguesas. Laburé cinco años ahí y mientras yo intentaba “pegarla”, en el mundo de la actuación, pasaron muchas cosas. Queremos hacer una sitcom de todo lo que he vivido ahí, todo autoficción, ¿no? La excusa es un poco lo que yo viví para inventar, ficcionar...

—Cosas de la dinámica que se veía ahí adentro.

—Exacto. Voy a tirar una estadística cualquiera. Pero creo que 7 de cada 10 jóvenes laburaron ahí. Tenía mucho recambio. Es como cualquiera de las grandes empresas de Hamburguesas, no quiero nombrarlos. Elijan la que quieran, hay varias.

—Imagino como una especie de The Office...

—Sí o un estilo Paquita Salas… Hay varias inspiraciones. Estamos escribiendo con Juan Coté y Guille Rocamora, que es un director. Así que, con esta plata, produciría mi serie.

—Sé que estás próxima a estrenar Splendor, una serie de terror en formato vertical que se verá por Shorta, la nueva plataforma que apuesta por producciones breves y de alta calidad. ¿Cómo fue la experiencia de trabajar en ese proyecto?

—Se presentó la oportunidad en abril para grabar una serie de terror. Yo nunca había grabado terror, imaginate. Sí hice drama con Amor animal, que se estrenó hace poco también en Prime Video. Pero terror, así como una cosa de todo el tiempo estar en un nivel defensivo y emocional, no había hecho.

—¿Vos sos la que se asusta o la que asusta?

—Yo soy a inocente (risas).

—La que sufre el terror.

—Soy la pequeñita. Una joven que está con su hermano y que tiene un novio, que es Ramiro Firme, que también actuó conmigo en Amor animal. Así que tenemos mucha confianza y química con Rami. Su personaje tiene unos negocios un poco ilícitos y nos meten en un quilombo, adentro de un hotel abandonado. Dentro de ese hotel pasan un montón de cosas. Mi hermano de la ficción también está ahí metido en el medio de toda esa cosa oscura y turbia de mi novio. Así que se van a sorprender con todo lo que pasa. La locación está muy bien, la producción es increíble. Hay mucha mala prensa con la serie de verticales, pero la de Shorta está muy bien producida. Tiene un equipo muy grande, que de hecho es parte del equipo con el que yo había grabado con Amor animal. Está muy bien hecha. Tuve la suerte de actuar en cosas que me hacen sentir muy orgullosa y esta es una.

—Estás en el stream, también. ¿Cuántas veces por semana?

—Ahora una.

—Hiciste un cambio fuerte, una apuesta.

—Sí.

—Ese cambio para vos fue algo orgánico de una persona que elige simplemente pasarse de una empresa a otra, de un canal a otro. Pero hay una audiencia muy crítica respecto a eso, ¿no? ¿Cómo te sentiste con ese lío que se armó?

—Yo lo viví antes con mi amiga es Marti Benza, que es muy amiga mía y del medio. Ella fue de las primeras que hizo cambio de un canal a otro y la bastardearon mucho, ¿viste? Y vivís como su sufrimiento de estar ahí al lado, acompañando. A mí me pasó que personalmente nunca fue un tema cambiarme o mis decisiones. Lo que le pase al otro con las decisiones que uno toma es un problema del otro y lo tendrá que resolver el otro. Sí por ahí estaba el miedo y lo hablé bastante con Marti. Como que de repente recibís un mensaje como: “No puedo creer lo que hiciste”. Y me chup* un huevo (risas). Es laburo.

—Tu cambio fue una decisión simplemente...

—Quería tener más tiempo libre. Nada más. Y realmente con los de Luzu siempre me llevé bárbaro, por más que estaba en Olga. Yo antes de Olga estaba en Blender. O sea, si hay alguien panqueque, soy yo (risas). No me importó mucho, la verdad, porque también fue orgánico. Dejé Olga porque no habíamos llegado a un acuerdo de contenido, de presupuesto, lo que sea, y quedé libre un mes. Se enteraron lo de Luzu, me querían, me llamaron y tuve una entrevista. Me sirvió, me cerró porque era solo los sábados PLP. Tengo tiempo para filmar, que también ahora se vienen unos proyectos para hacer casting, y puedo hacerlo sin fallarle a un laburo. Nada. Me cerraba por todos lados, me siento muy bien en Luzu. Eso también es una verdad. Me siento muy feliz. Ya desde el momento de la entrevista me sentí muy tranquila, muy feliz. Y también uno busca paz en esta vida.

—Públicamente contaste que también te cansabas un poco de escucharte a vos misma.

—¡Estoy harta! (risas).

—Te entiendo. Todos los días tener que estar ahí con el discurso, tener que ser elocuente, fresca, llenar el espacio…

—Es que estás ahí como esquivando las funas. Yo entiendo que es un laburo igual muy privilegiado. Hay gente que se levanta a las cinco de la mañana, levanta paredes, gente que limpia, que se toma tres colectivos. O sea, entiendo que uno habla de un lugar muy hasta obsceno, te diría. A la vez, dentro de este privilegio, dentro de un mismo universo, hay conflictos. Yo cuando laburaba haciendo hamburguesas tenía ciertos conflictos que, obviamente, veía los conflictos de la gente del medio y decía: “¡Qué pelotudos!”. Ahora estoy en este mundo, digo: “¡Ah! Sí, hay conflictos. Ok, perfecto". De repente sí hay veces que me siento más pelotud*, pero al igual que cuando yo laburaba vendiendo hamburguesas. Siento que al final los problemas son los mismos. Y sí, me canso de escucharme. No tengo nada importante, no soy realmente nadie y a la vez soy alguien. Convivo con esas dos cosas... Me canso, no tengo nada importante para decir, no soy un ejemplo de nada. Y me pasaba que de repente inventás cosas o estás exponiendo tu intimidad y, dentro de exponer tu intimidad, exponés a otro. De repente recibía mensajes de ex: “Eva, esto no estuvo bueno”. Y la verdad es que no estuvo bueno.

—Es difícil porque se te mezcla un poco la charla de amigos.

—Exacto. Me pasaba también con mis hermanos, que me decían: “Evi, yo no quería que dijeras esto de tu infancia, porque tu infancia también fue la mía”. Y tienen razón. Yo también estoy aprendiendo y siendo amable conmigo en plan: estoy aprendiendo. Nunca tuve este trabajo, la verdad. Todas las cosas que yo hablaba cuando hacía hamburguesas quedaban ahí entre cuatro paredes, cuatro panes. Ahora un poco sé surfear las cosas. Pero ya ventile tanto (risas), que ya está todo…

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“Nunca fue un tema para mí cambiarme de trabajo o tomar mis decisiones”, confesó la actriz. (Maximiliano Luna)

De Montevideo a Buenos Aires: la mudanza que cambió su vida

Su llegada a Buenos Aires en 2024 fue el resultado de una convicción profunda. Tras graduarse de la carrera de actuación en la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático (EMAD) de Uruguay, sabía que tarde o temprano terminaría viviendo en la ciudad donde imaginaba un terreno fértil para desarrollar sus sueños. Aunque no tenía demasiados recursos ni certezas, estaba convencida de que ese salto era inevitable.

Antes de mudarse, Evitta ya generaba contenido para redes sociales y mantenía una amistad a distancia con Tommy Quintín, quien más tarde se convertiría en su pareja. El vínculo nació durante su último año en la EMAD, cuando comenzaron a interactuar en redes y a conversar con frecuencia. Primero fueron amigos; después apareció cierta complicidad, aunque sin una intención romántica definida. Mientras él comenzaba a involucrarse en proyectos de streaming en Buenos Aires, el nombre de Evitta surgió para sumarse a un nuevo ciclo, justo cuando ella acababa de instalarse sola en Montevideo.

Con sus pertenencias y sus dos gatas, sintió que la propuesta para incorporarse a Dinero y amor, el programa de Blender, era la oportunidad que había estado esperando. Vendió, regaló y dejó atrás gran parte de sus cosas, cruzó el Río de la Plata y, pese a las dificultades para encontrar un lugar donde aceptaran mascotas, decidió llevar a sus compañeras de cuatro patas con ella.

La adaptación estuvo lejos de ser sencilla. Aunque ya viajaba con frecuencia a Buenos Aires para presentar su unipersonal en la calle Corrientes, la mudanza definitiva resultó más desafiante de lo que imaginaba. “Mi primer año en Buenos Aires fue horrible”, reconoció durante al recordar el impacto de una ciudad intensa y demandante.

En esos primeros meses encontró refugio en parte de su familia radicada en Lanús, especialmente en su tía Mari, su tío Fer y algunos primos. Sin embargo, la rutina y las distancias hacían que gran parte del tiempo permaneciera sola en la ciudad. En ese contexto, su vínculo con Tomás se fortaleció, atravesado por la vulnerabilidad de la adaptación, la nostalgia y hasta algunos ataques de pánico.

Luego de un año, cuando todavía intentaba encontrar su lugar, apareció la posibilidad de grabar Amor animal en Montevideo. Durante los tres meses que duró el rodaje llegó a considerar seriamente la idea de regresar a Uruguay. Incluso buscó departamentos para volver a instalarse allí y recuperar la tranquilidad de su entorno conocido. Pero Buenos Aires parecía tener otros planes. Apenas terminó ese proyecto, recibió la propuesta para sumarse a Olga. Para ella, fue una señal clara de que todavía tenía algo por construir en la ciudad. Entonces decidió quedarse y redoblar la apuesta.

Con el tiempo, no solo logró adaptarse, sino también enamorarse de la vida porteña. “Hoy en día amo Buenos Aires. Vuelvo a Montevideo y extraño Buenos Aires”, aseguró. El ritmo frenético, la diversidad cultural y las oportunidades laborales terminaron conquistándola. El crecimiento profesional que experimentó desde entonces y la consolidación de su popularidad le confirmaron que aquella decisión, tomada entre dudas e incertidumbres, había valido la pena.

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“Quiero que el amor sea un postre, no una necesidad”, señaló Evitta Luna en diálogo con Emilia. (Maximiliano Luna)

—Vamos a ponernos un poco más hot. ¿Cuál es tu frecuencia ideal de sexo? Lo que me quieras decir…

—A mí el sexo me parece muy importante, la verdad. Muy, muy importante.

—Así venimos al mundo, imaginate si no sería importante (risas).

—Sí y siento que también uno se dedica un poco a esto del arte para seducir, ¿viste? Como hay mucho juego de seducción. “Yo quiero que me quieran, quiero que la gente me mire...”

—Gustarle a la gente.

—Exacto. Si me voy a lo frío del asunto, es eso. Y siento que el sexo se compone también mucho del líbido creativo. A mí me gusta mucho. Ahora no estoy, pero si estoy en pareja, para empezar, me gusta ver todos los días a mi pareja. Y también siento que lo más sano con mi historia y mi manera de vincularme, es no verla tanto también y tener bien en claro que hoy primero está mi proyecto después la pareja…

—¿Sentís que, cuando estás en pareja, tendés a perderte un poco en la relación?

—Sí, me descuido, descuido mis proyectos...

—¿Por qué? ¿Qué buscas compensar en la pareja o qué te engolosina tanto?

Amo el amor, para empezar. Me encanta. Soy de cáncer, ascendente en cáncer. O sea, amo el amor. Soy muy fan del amor, me gusta la compañía, me gusta también mi soledad. Pienso que la convivencia no estaría buena, pero me gusta ver a la otra persona. Siento que a lo largo de mi vida y también por mi historia y porque no he tenido ejemplos de amor, tiendo al control, ¿viste? O como a sentir cosas feas que no quiero sentir. Se me mezcla el abandono muy zarpado. Estoy aprendiendo a amar de una manera más libre, ¿viste? No porque quiera, ¿no? Yo amo la monogamia, pero me gusta empezar a ser otra persona en el amor. Y la historia de las mujeres siento que nos han enseñado que el amor es lo primordial. Y no, la verdad que no. Yo quiero ser una mujer exitosa, quiero tener dinero para el día de mañana cubrir ciertas cosas. Quiero ser una mujer con poder. Porque siento que si pienso en poder, pienso en hombre, ¿viste? Pero siempre al hombre le han enseñado, que lo primordial, antes del amor, son sus proyectos. Y yo quiero ser una mujer exitosa, que lo primero no sea el amor de pareja. El amor de pareja quiero que esté, obvio, pero yo quiero construir un montón de cosas que a mí no me han enseñado. Nos han enseñado a nosotras ser madres, ser…

—Sostenedoras.

—El amor como opio para las mujeres. A veces siento que sirve el amor en nuestra historia como mujeres para tenernos ahí controladitas. Entonces quiero empezar a pensarme desde un lugar donde el amor sea un postre, sea algo lindo de la vida, no necesario. Esto lo pienso en el amor romántico, en el amor de pareja. Estoy aprendiendo a verlo de esa manera. También para que no me desconfigure, que no me abatate. Pero bueno, estamos en ese aprendizaje.

Entre el hate, la comodidad y los amores intensos: las confesiones más personales de Evitta Luna

—En esta sección, te voy a preguntar por cuánta plata harías una serie de cosas. ¿Te parece?

—¡Uh! A ver...

—¿Por cuánta plata, si es que se puede, volverías a Olga?

—No, creo que no, (risas). Los amo. Tengo amigos ahí, amo a Migue (Granados), seguramente vaya de visita, amo a Lizy (Tagliani), los Cella (Luis y Bernarda) tengo la mejor. Pero siento que quiero habitar este espacio que es nuevo, que es Luzu. Puedo ir de visita a Olga, pero siento que no volvería. Me gustan mucho los sábados. En Olga no tienen programación los sábados…

—¿En Luzu estás, sobre todo, porque encontraste un espacio más liviano para vos, que además te permite seguir desarrollando otros proyectos que te interesan, como la actuación?

—Sí y también a nivel de espacio. Es un espacio de mujeres. Estoy muy tranquila. De repente en Olga me pasaba, que esto ya lo he dicho, en Olga particularmente con los técnicos y el lugar de laburo, el lugar que me dieron, yo solo puedo decir gracias, ¿viste? Yo amo ese lugar. Y los quiero mucho. Voy de visita con Marti, tenemos un stream nuestro, a veces voy, estoy pasado por ahí, voy al primer piso, tomo mate con la gente, nos amamos realmente. Pero sí me ha pasado que esta cosa del diario ha sido muy demandante y muy agotadora. He recibido también mucho hate. Nunca había recibido hate en mi vida, excepto por los usuarios de Soñé que volaba. No todos, pero había varones como muy enojados. De repente por una mujer haciendo humor o no sé, ese es el análisis que yo hago. Pero creo que no volvería.

—De alguna forma te sentís más cómoda en el espacio por también lo que relata y la identidad que tiene el programa es de mujeres y que otra impronta.

—Sí. Está Flor ahí conduciendo, me gusta verla, aprendo. La Joaqui, Anita Expósito. Estoy demasiado cómoda, la verdad. Y quiero un poco transitar la comodidad.

—¿Por cuánta plata cerrarías tus redes sociales por un año?

—Por un año siento que estaría bien. Me daría paz mental y haría otras cosas...

—¿Cuánto pedirías? Porque una cosa es decir: “Cierro mis redes durante un año”, pero otra es ponerle un precio. ¿Qué monto te haría aceptar? ¿Y qué harías con ese dinero durante ese tiempo?

—Y... 500 mil dólares. Compraría un departamento de 300 y 200 mil dólares me da para vivir ese tiempo. Y ahí escribiría las obras que no estoy escribiendo, que tengo que ponerme. Escribo y vivo un poco el ocio. Tenemos el chip de producir y quiero estar rascándome el ombligo (risas). Y quiero vivir mi vida, ser feliz y experimentar.

—Vamos con la última. ¿Por cuánta plata volverías con un ex que te hizo mal? Si es que tenés algún ex que te hizo mal.

—Sí tengo un ex, el chico este Ramiro. Siempre hablo de él. Lo amo igual.

—¿Qué pasó con Ramiro? ¿Es de Uruguay?

—Es uruguayo, fue mi primera pareja. Yo era muy chiquita, tenía 19 y él tenía 23, ponele. Me he tirado en el capot un auto diciendo: “No te vayas” (risas). Tipo mucha ansiedad, me ha sabido meter mucho los cuernos y yo también a él... Era una cuestión muy, muy, muy Chernobyl, ¿viste? Muy tóxica de parte de los dos.

—¿Vos le metías los cuernos por venganza?

—Él me decía que no éramos nada, pero sí éramos. “¿Cómo el título no? Conozco a tu vieja, conozco a todos tus amigos, soy parte del grupo de amigos", le decía. Es que era era uno más de los pibes yo…

—¿Fue claro desde el principio?

—Él quería mucha libertad. No, para mí era mi novio (risas). Tres años de eso, imaginate, Emilia.

—¡¿Tres años?! ¿Pero tres años diciéndote: “No es lo que vos pensás”, y vos pensando que era una cosa?

—Sí, literalmente así. Pero igual, para mí siempre fue mi novio. Él sigue diciendo que no (risas). Pienso que no me quería nada, pero aprendí bastante, la verdad. Y lo quiero mucho. Hoy en día hablamos, nos queremos mucho. Él sigue con la persona con la que me engañó. Por lo menos valió la pena y por lo menos fue amor.

—Esos vínculos nos enseñan un montón también.

—Sí. Yo siento que estamos en un momento de la vida que todo tiene que ser sano. Y yo qué sé. A veces el amor viene de la manera que puede. El amor te desbarata, te ahoga. ¿Cuál es la manera ideal de vincularse? Hay un montón de gente que te lo puede decir, como los psicólogos. Pero digo veces el primer encuentro con el amor es como si puede. Y ese fue mi primer encuentro con el amor, como se pudo.

—¿Vas a escribir sobre el amor?

—Debería hacer algo. Tengo muchas anécdotas. Después de la serie de las hamburguesas (risas).

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