Difícil presentar a Verónica Llinás y resumir todos sus trabajos. Desde las “Gambas al Ajillo” hasta sus personajes en el programa de Antonio Gasalla, “Graduados”, “Historia de un clan”, “El Marginal”, “Dos locas de remate” y mucho más. Hoy se luce en la desopilante comedia “Una Navidad de mierda” y como La Gringa en la serie “En el barro”. Además empezó a grabar la dramática historia de la Madre de Plaza de Mayo Azucena Villaflor. Es una artista genial, enorme.
– Yo me siento una privilegiada y una mimada del medio y del público. Trabajé mucho, no es que vino un angelito y me tocó con la varita, laburé y estoy disfrutando el fruto de ese trabajo.
– La obra de teatro tiene mucho éxito, siguen las repercusiones por tu trabajo en “En el barro”, ¿qué podemos saber de la película que cuenta una historia que sucedió en la última dictadura militar?
– Es un thriller político histórico que se verá por Netflix. Dirige Santiago Mitre, actuó Peter Lanzani y Mariano Llinás es co guionista.
– ¿Estás muy cansada, fundida?
– Estoy fundida y feliz. A la vez. Se dio una especie de conjunción planetaria que no se da muy seguido en las carreras de los actores. Me tocó una obra… Siempre que digo la palabra “éxito” me toco la izquierda, pero lo que pasó con “En el barro” no me lo esperaba, lo que pasó con La Gringa fue para mí totalmente sorpresivo. Y esta película que es de un nivel de responsabilidad, de privilegio, de orgullo…
- ¿Es como tocar todas las cuerdas a la vez?
– Sí, y que salgan todas bien.

– La Gringa, sádica, desagradable, resultó ser gracias a tu interpretación la protagonista de esta segunda temporada. Muy complejo, imagino, verse a sí mismo en ese personaje. ¿Vos te ves?
– Me veo y me cuesta muchísimo verme y sobre todo en algo como La Gringa.
“CON LA GRINGA DIJE: CHAU, ME ENTREGO AL HORROR”
– Vos rubia, con tus anteojos y maquillada. ¿Sos coqueta?
– No soy muy coqueta, siempre fui medio desastre.
– No a ese punto.
– No, no a ese punto. Eso es tremendo, ahí abandoné y dije: chau, me entrego al horror, muestro todas mis fealdades, más feas que yo.
– Pero no sos vos al desnudo, no solo no tenés maquillaje, tenés hacen cosas en la cara.
– Me hacen como unas venas, una cosa horrible. Me ponen las cejas más gruesas, más para abajo, me agregaron pelo. Y la actitud es horrible. Es un marimacho espantoso.
“NO ME SOPORTO VER COMO LA GRINGA. CUANDO ME VI ME QUERIA MATAR, NO SOY ESE MONSTRUO”
– ¿Y cuando te ves?
– Digo, ay, por Dios, que horror, no me soporto ver. Estaba muy, muy angustiada porque nos dieron la serie un cacho antes de que saliera para que la viéramos y que hiciéramos las notas. Yo la vi, estaba queriéndome matar. Me venían diciendo “está bárbaro”, pero hasta que el público no reacciona es como que no lo termino de creer.
– ¿Qué fue lo más feo de verte?
– ¿Ese monstruo soy yo? Ese monstruo va a perdurar porque no es que desaparece, va a estar dando vueltas la imagen por todos lados. Eso soy yo, no solamente en lo físico.
– En la monstruosidad del personaje.
– La monstruosidad del personaje, la oscuridad que maneja y lo asquerosa que es. Uno no es el personaje, pero un poco sí, porque un poco tenés que ser para poder hacerlo en ese momento.
– Violar.
– Claro, ese sadismo, esa violencia. Todos tenemos monstruos adentro y dejar salir el propio no es fácil, hay que bancársela después.

– Me quedé con lo que dijiste, que es para siempre.
– Y sí, porque nada se borra en esta era, nada desaparece. Todo lo que dijiste te condenará siempre y la imagen te condenará siempre.
– En algún momento habrá sido intenso hacer dos personajes tan contrapuestos cada día, uno desopilante y otro denso, oscuro.
– Totalmente, el mismo día. Es como un chip que tenés que cambiar. Rarísimo también. Nos pasa a los actores, te sacás un cassette, ponés otro.
– ¿Después dormís lo más bien con toda esa máquina? ¿Sin ayuda?
– Sí. Lo que hago cuando vuelvo del teatro es darme un baño de inmersión, me hiervo, digamos. Y después uso el audiolibro para dormirme. El audiolibro es importante porque te entretiene, es como el famoso cuentito de cuando eras niña. Escucho “Orgullo y prejuicio”, ¿entendés? Literatura divina de otro siglo donde hay unas imágenes increíbles.
– ¿En un momento lo apagás o sigue?
– Sigue toda la noche, jajaja. Después me levanto, voy al baño y vuelvo atrás hasta donde me acuerdo.
– O sea, ya lo necesitás, no es que volvés y seguís durmiendo.
- No, antes tomaba Rivotril, entonces ahora para bajar…
“ESTOY MUY CONTENTA DE ESTAR SOLA. ESTOY DE NOVIA CONMIGO MISMA”
– Te acostumbraste a vivir sola.
– Sí. Estoy muy contenta de estar sola. Estoy de novia conmigo misma. Yo tuve una pareja después de Guido.
– Estuviste casada muchos años.
– Con Guido fueron 25 años. Pero después de que él murió al tiempo tuve una pareja de cinco años.
– ¿Estás sola desde hace cinco, seis?
– Más o menos, sí. Y la verdad que lo disfruto mucho, me gusta. Yo soy una persona bastante solitaria, no soy muy sociable. Me gusta eso de que nadie me dice nada, a la mañana no me habla nadie. Puedo comer mirando la computadora.
“UNO A VECES NECESITA UN ABRAZO, PERO YA NO CREO QUE APAREZCA LA PERSONA. ESTOY BIEN ASÍ.”
– ¿A la noche no es difícil?
– No, tengo el audiolibro, jajaja. Obviamente que uno a veces necesita un abrazo o algo, pero mientras no aparezca, ya no creo que aparezca la persona, estoy bien así.
– En realidad no vivís sola. Siempre tuviste perros y gatos.
– Sí, tengo ahora cinco perros conmigo y un gato. En el predio hay cuatro gatos, pero uno es mi novio, no duerme conmigo porque no lo dejo, porque me trae regalitos indeseados. Pero dormimos la siesta.
– ¿Los perros duermen afuera o adentro?
– A veces duermen afuera, a veces adentro. Hay algún problemita con uno que quiere entrar a las siete a saludarme, no quiere quedarse. Quiere volver a salir.
– No estás sola.
– No, no estoy sola. En el lugar está Juanita, que es la casera.

– Desde hace mucho tiempo.
– 38 años más o menos, la relación más larga que hay. Juanita incluso hizo videos conmigo y trabajó en la película “La mujer de los perros”.
– Reformulamos todo. No vivís sola, Juanita es familia, ¿o no?
– No vivo sola. No vivo en pareja. Con Juanita ya nos entendemos casi telepáticamente.
“JUANITA ES LA CASERA DESDE HACE 38 AÑOS, NOS TRATAMOS DE USTED. A VECES ME DICE: QUÉ MAL LLEVADA QUE ES USTED”
– Es un mérito haberlo logrado.
– Sí, la verdad que sí, sobre todo de ella, que me soporta. A veces me dice: “qué mal llevada que es usted”. Nos tratamos de usted. Me dice unas cosas tremendas, me dice cosas malvadas. “Esa ropa no le entra, ¿no?”. Y le digo: estoy pensando adelgazar unos kilos. Y dice : “ja, ja, ja, ja! ¡Adelgazar!” Es mala.
– ¿Nunca te enojás?
– Le digo: no se ría usted, que también tiene una panza… Nos decimos cosas así. Cosas de la familia, pero siempre con “usted”.
– ¿Vecinos no hay?
– Tengo mis vecinos, son bastante indeseables. Pero sí tengo un amigo vecino que es una gloria, Juan y su marido Hernán, entre las mejores cosas que me pasaron está la amistad en los últimos años con ellos. Así que no estoy sola.
– Vivís lejos, se rompe un cuerito. ¿Qué hacés?
– Juan, es maravilloso porque es médico, pero además te cambia el cuerito, sabe de electricidad, es inteligente, arregla la puerta...
– El paso de los años ¿qué sentís que te cambió? ¿Qué extrañás y qué no extrañás?
– La energía que tenía en algún momento extraño. Que no me duela el cuerpo, yo tengo fibromialgia, tengo dolores corporales. La agilidad que tenía, yo hice acrobacia hasta los 40 años. Ahora camino, nado cuando puedo, me gusta mucho nadar. Pero no sé si extraño el aspecto de antes, no soy una persona que añora o que no quiere envejecer. Asumo la vejez, me banco las arrugas, no soy coqueta. Si no, ya me hubiera dado retoques en la cara, ya me hubiera hecho algunas cositas que se hacen las mujeres, sobre todo las actrices. Solo me cuido la piel, pero no quiero atrapar la juventud porque sé que no se la puede agarrar.

– Es una batalla perdida.
– Está perdida. Y creo que a veces, cuanto más querés hacerlo, más se ven los años.
– Hay otras cuestiones en las que uno puede sentirse jovata, hay una manera “jovata” de ver ciertas cosas.
– Sí, pero no me siento jovata. Es verdad, pero me siento mejor, me siento más sabia. Tengo más claro qué quiero, qué no quiero, qué me banco, qué no me banco, qué tengo que tratar de aguantar. Tengo mucho más claras las cosas.
– Yo digo que la arena no la piso más, no es un plan, me molesta la arena caliente.
– Pero eso no es de jovata. Es haber entendido qué te gusta, qué no te gusta.
– ¿Viste que cuando uno es joven no piensa en cosas que deja de hacer para siempre?
– No. Es muy duro pensar “esto no lo voy a hacer nunca más en la vida”, pero no porque no quiero, porque ya no puedo, acrobacia. Yo siempre decía que mientras pudiera dar saltos en el aire, iba a ser joven. Un día dejé de hacerlo y dejé de ser joven según esa visión.
“YO NO QUIERO DEJAR DE ACTUAR NUNCA, MUCHA GENTE SUEÑA CON EL RETIRO, A MÍ ME GUSTA ESTO.”
– Al revés también. “No quiero dejar de hacer esto en la vida”, antes uno se sentía inmortal.
– Totalmente. Sí, yo no quiero dejar de actuar nunca. ¿Viste que mucha gente sueña con el retiro? “Voy y voy a viajar y voy a hacer lo que me gusta”. A mí lo que me gusta es esto que estoy haciendo, no lo quiero dejar de hacer.
– No es de vida o muerte nada que no sea actuar.
– No, creo que no podría tolerar que me dijeran que no puedo actuar más, no solo actuar, dirigir, escribir.

– Hasta el final y con dolor de cuerpo.
– Sí, como sea.
– Uno piensa también en gente que quiere volver a ver. Como si nos quedara poco tiempo.
– Sí, tenemos más clara la finitud. Muchas veces decimos a las amigas: dale, antes de terminar en el geriátrico veámonos. Después las vidas son complejas o vivimos lejos.
“YO ME SIENTO MUY JOVEN, LA CONTRADICCIÓN ME LA PRODUCE EL ESPEJO”
– A veces uno se ve más joven que otros de la misma edad, por ejemplo cuando empatiza con gente muy joven o coincide con ellos en cierta manera de pensar.
– Sí, también. Yo me siento joven. La contradicción me la produce el espejo, no el sentimiento. Yo me siento una persona muy joven. Creo que objetivamente tengo una forma de encarar la vida que es joven. No tengo una cantidad de prejuicios y en la posibilidad de cambio que por ahí otros, los viejos de mente, no tienen. No solamente por un sentimiento, sino por una actitud.
– Hay personas que pasan los años y son cada vez más estructurados, cerrados.
– El que se fue rigidizando y el que fue entendiendo cosas y tratando de volverse más flexible. Ahí es donde se gana juventud.
– El truco sería sacarse los anteojos cuando uno pasa por delante de un espejo.
– Si, pero ahora yo me operé los ojos.
“EL ESPEJO DESPUÉS DE LA OPERACIÓN DE OJOS ES DURÍSIMO, TE QUERES MORIR. ANTES NO TE VEÍAS TODAS LAS ARRUGAS”
– ¿Tenés lentes intraoculares? Es otra vida.
– Es otra vida, sobre todo es querer morirse cuando te mirás al espejo. El espejo después de la operación de ojos es durísimo, porque antes no veías todas las arrugas. Dios es sabio, te da mala visión cuando hay cosas que no tenés que ver. Después, cuando te operás… ¡Upa! ¿Quién es esto? Al principio fue bastante shockeante, pero la belleza no es mi fuerte y tampoco nunca fue mi objetivo. Ese primer golpe fue fuerte. Por eso los anteojos, siento que son parte de mi personalidad.
– Si morimos ahora y podrían titular “dos sexagenarias”. Es muy feo.
– Es tremendo, sí, jajaja. Uno no se siente, pero también hay cosas que son mejores. Yo no cambiaría este momento por un momento anterior. Bueno, algunas cositas sí, jajajaja.
– Otro sexagenario, el gran Juan José Campanella, dijo hace poco cuando presentó su película, que hoy hay desprecio por la cultura desde el poder, que se habla de gasto cuando se piensa en cultura, de un gasto al cuete. Y que al no invertir en la cultura se está perdiendo identidad.
– Absolutamente de acuerdo. Es un error si lo que te importa es tu país y queres que se desarrolle felizmente, por ahí si tu objetivo es otro no es un error. Es muy triste lo que está pasando, porque además eso va acompañado de cosas que no son coherentes con la falta de plata. Se ve que que se gasta en viajes, que van a suites de hoteles de 1.800 $ por día, o algunos viajes del presidente que decís: ¿por qué va a recibir premios o a llorar al muro de los lamentos? O sea, él gobierna para todos los argentinos entonces que lo haga cuando termine su mandato. Y además, han hecho exenciones impositivas a grandes empresas, a exportadoras, a cerealeras.

– El tema central que plantea Campanella es el de la identidad. Que la identidad se ve también en cómo nos ven en el mundo. Nos conocen por los actores, por los directores.
– Lo que vos decís y lo que yo pienso también es que la identidad somos nosotros, son nuestras historias, nuestras formas de ver el mundo.
“HAY UNA GRAN CONFUSIÓN EN GENTE QUE CREE QUE CUANDO UN ARTISTA PIDE QUE SE SUBSIDIE LA CULTURA, PIDE PARA SÍ MISMO PORQUE NO QUIERE PONER LA PROPIA”
– Dice que no se conoce a los argentinos en el mundo por nombres de políticos, salvo un ratito mientras están bien arriba.
– No es que no se conocen, no generan orgullo como sí lo genera el cine. Los medios también contribuyeron muchísimo y operaron para que esto sea así, hay una gran confusión en la gente que cree que cuando un artista pide este subsidios del INCAA o que se subsidie la cultura, pareciera que está pidiendo para sí mismo, que está pidiendo porque no quiere poner la propia. La gente no entiende que una película, grande como se han hecho tantas, tiene un costo inmenso y tiene que haber, como hay en todos los países, una facilidad para que vengan los inversores a ponerla para que se pueda hacer. Pasa en todos los países, no es que acá porque a los K se les ocurrió eso. Es una ley previa al kirchnerismo de difusión de la cultura y de apoyo.
– El otro día te escuché decir en lo de Mirtha Legrand, que la grieta está entre los que manejan el Estado a lo largo del tiempo y todos los demás que somos la mayoría.
– Para mí es así. Yo lo que creo y lo que creí siempre es que el poder esencialmente corrompe. Es un poco el efecto de la cirugía estética. ¿Viste que hay mujeres que se cirujean siempre? El límite se va corriendo un poquito, lo que te parecía que era demasiado ya no te parece y se vuelve a correr el límite. Se empieza a no ver el propio privilegio, pero sí el de los demás. Es lo mismo que una mujer que está totalmente cirujeada y ella en sí misma no lo ve. Yo creo que el poder ocasiona eso, se empieza a corromper. Por eso siempre pensé que había que mantener una posición crítica con cualquier gobierno, por más que vos puedas coincidir en algunos puntos.
– ¿Cómo hace uno para decir lo que piensa cuando sabe que después va a traer un ruido espantoso, que se va a tergiversar lo que uno dijo?
– Yo ya tengo una especie de caparazón hecho porque me han dicho una cantidad de barbaridades que vos no te das una idea.
– ¿Se te hizo caparazón?
– Más o menos, porque todavía duele. Es muy cruel, porque los actores dependemos de que el público venga a vernos y hubo una especie de caza de brujas, de actores kirchneristas atroz, llegaron a cancelar funciones. Cuando la cosa se mete con tu subsistencia...
– No sos militante kirchnerista.
– No, nada, de hecho fui una de las pocas actrices que criticó al kirchnerismo públicamente en Twitter, eso me llama la atención porque es fácilmente verificable. O sea, si vos vas a hablar mal de mí, decir que yo fui militante, y me contradecís algo que dije, por lo menos tené la mínima dignidad de investigar. Andá a Twitter, poné CFK, Verónica Llinás y vas a ver que hubo críticas al kirchnerismo.
“ME HAN LLEGADO A DECIR ‘OJALÁ TE HUBIERAN DESAPARECIDO LOS MILITARES’”
– ¿Dejás de decir después de todo eso?
– Un poco sí, me cuido bastante. Un poco por mí porque es muy agresivo. Me han llegado a decir “ojalá te hubieran desaparecido los militares”.
– ¿Cuentas anónimas?
– Generalmente trolls, porque no hay plata, pero para los trolls sí. A veces digo: bueno, pará un cacho, sobre todo por el teatro. Porque cuando decís algo se tergiversa, se recorta, hacen creer a la gente que dijiste algo que no dijiste. Eso tiene un rebote atroz en un montón de gente que se enoja y dice: ah, no, yo no la voy a ir a ver.
“YO NO PUEDO NO HABLAR PORQUE ME SENTIRÍA INDIGNA”
– ¿Entonces no se habla?
– No se habla en determinados lugares, por ejemplo, yo estoy hablando acá. Seguramente muchos de esta entrevista van a cortar solo la parte donde yo digo algo del gobierno y entonces va a generar odio. Yo no puedo no hablar porque me sentiría indigna. Lo que tengo como gran capital, además de mi vocación, mi amor por el teatro y mi respeto por el público, es mi dignidad. Yo no vine a hablar de esto, me lo preguntaste vos. Lo preguntó Mirtha también, no es que yo dije voy a ir a hablar de eso a lo de Mirtha.





