Martín Dardik es su nombre, lo conocemos como el Trinche. Tiene 28 años y un recorrido de stand up en teatro, de streaming en Luzu, en redes. A los seis años les contaba a sus hermanos más grandes los chistes de Videomatch. Con solo 15 años se subió a un escenario a hacer stand up. Hoy se destaca en el programa “Antes que nadie” de Luzu. Es divertido, honesto y muy querible. Parece más joven, un adolescente y no es únicamente por sus rasgos físicos, Trinche desborda espontaneidad y frescura.
– Sí, ya sé, ya sé.
– ¿Eso es bueno?
– No sé si es tan buena la ternura de la infantilización. Estoy por cumplir 30 años, hubiese estado bueno si hubiese sido un chico Disney, podría haber laburado de lo mismo durante diez años seguidos. Además yo me siento viejo, por más que parezca joven. Siempre parecí más chico y nunca me sentí joven o niño.
– A los 15 años hiciste standup, ¿eras un prodigio?
– ¿Prodigio? No. Lejos de ser un prodigio, desde que tengo cinco años me encantan los chistes. Me encanta lo que me genera escuchar un chiste y después contarlo. Cuando era adolescente conocí el mundo del stand up de casualidad, me anoté en un curso y empecé a darme cuenta que era lo que más me gustaba hacer en el mundo. Me subí a un escenario cuando tenía 15 años en la muestra del taller de stand up y sentí, “esto que acaba de pasar me encantó, lo quiero hacer más veces”. Después descubrí que hay gente que puede vivir de eso. A mis 16, 17 yo me iba a anotar en la facultad, pero sabía que me quería dedicar a eso.
– A los 15, ¿de cuántos años parecías?
– No había pegado el estirón todavía, parecía un niño de ocho o nueve años, con camisa cuadrillé, cachetón.
“TENÍA 6 O 7 AÑOS Y MEMORIZABA LOS CHISTES DE VIDEOMATCH, CUANDO LOS REPETÍA MIS HERMANOS MÁS GRANDES SE REÍAN”
– Desde siempre contabas chistes. ¿Dónde probabas los chistes cuando era chiquito? ¿Cómo saber si funcionan y la gente se ríe?
– A mí me gustaba memorizar chistes. Miraba mucho Videomatch por mis hermanos más grandes, era una edad en la que ni sabía escribir, tenía seis o siete años. Era el ejercicio de la repetición y la emulación de ver algo, ver que hay gente riendo, sin entender por qué es gracioso. Repetirlo y ver que mis hermanos más grandes se reían y decir “uf, quiero más de esto”.
– La risa era el incentivo.
– Era el motor. Mis hermanos se reían, pero a mis papás no les gustaba tanto, eran chistes de Videomatch más groseros, más vulgares, y yo tenía seis años.

– ¿Más sexuales o escatológicos?
– Un poco y un poco.
– Cuándo te subiste al escenario por primera vez, ¿qué fue lo que te gustó más?
– En el stand up estás dirigiéndote a vos mismo y escribiendo sobre vos. Lo que más me gustó fue la experiencia de poder escribir sobre mí y poder reírme de mí mismo. Siempre me había pasado, pero nunca para gente que no me conoce.
– También está el aplauso, están las risas y mucha gente que te presta atención.
– Hay mucho de eso, sí. Lo más curioso al ver ese video es ver la reacción de un adolescente de 15 años ante la risa ajena. No sabía dónde meterme María Laura, escuché la risa y el aplauso y miré para abajo. No podía creer lo que estaba pasando. Yo había practicado esos chistes con mis compañeros del curso, pero nunca había pasado semejante alboroto. Una cosa es hacerlo para 20 personas, otra hacerlo delante de 200 desconocidos. Me sorprendió, me impactó y al mismo tiempo hay un componente adictivo, en la risa y la validación.
– Siempre decís que sos inseguro, que sos tímido, pero se te ve muy suelto, tenés el remate fácil, tenés mucho repentismo además.
“YO SIEMPRE FUI EL DEL BANCO DEL FONDO, EL QUE TRATA DE NO LLAMAR LA ATENCIÓN”
– Una cosa es el aire, el teatro y el escenario, y otra cosa es si tengo que hacer un trámite en el banco. Si alguien me reconoce me da vergüenza. En la vida siempre fui el del asiento del fondo, en el secundario el del banco del fondo, que trata de pasar desapercibido, de no llamar mucho la atención.
– ¿No cambió eso con la exposición y la experiencia?
– No, para nada. Arranqué a hacer teatro mientras también trabajaba de un laburo expuesto. Pero yo, tímido, me animé a pasar recién a los ocho meses del taller. Mantengo esa misma esencia y la mantuve así toda mi vida, me cuesta mucho entrar en confianza. Una vez que entro en confianza, soy esa persona que ves al aire, pero en el transcurso me mantengo muy al margen.
– Dijiste también que te sentís a veces un impostor.
– Hay neurosis, hay neurosis. Sí, me pasa.
– “Voy a terapia”.
– Obvio, lo hablo, es lo que más charlo con mi psicólogo. Él me atiende hace una década, vio el proceso desde cuando hacía stand up y estaba lejos de ser mi profesión. Le decía a mi psicólogo que me considero inseguro, me cuestan un montón de cosas. Imaginate lo seguro que tengo que estar de esto para que yo que soy un inseguro crea que lo puedo hacer bien. Ahora las conversaciones son “no sé si lo merezco”, pegan la vuelta. Mi neurosis cada vez por suerte dura menos, es más fugaz. No me quedo pensando y pensando y maquinando. Trato de bajar un cambio.
– ¿Cuántas veces por semana hacés terapia?
– Una vez cada 15 días.
– ¿Sos un clásico palermitano que hace terapia y que toma café de especialidad?
– No sé si nací así, pero Palermo te convierte. Reconozco que en los últimos cuatro o cinco años me “palermicé” demasiado en esto del café de especialidad, ese tipo de cosas. Los planes de salir a tomar un café, dejar la leche de vaca por la leche de avena o de almendra.
– ¿Los clichés?
– De verdad que sí. Los lugares comunes los tengo todos.

– Hablando de lugares comunes. ¿Tus viejos querían el título universitario? Te anotaste en la carrera de Comunicación.
– Si digo que me obligaron es una exageración. Siempre tuve una gran relación y pude hablar un montón de cosas con ellos. Son docentes ambos, para ellos era importante que yo fuera a la universidad, pero nunca me obligaron con ninguna carrera. No tuve ese mandato, esa obligación. Me acuerdo que pensaba en dejar la facultad alguna que otra vez, al mismo tiempo disfruté un montón la universidad y disfruté un montón estudiar esa carrera. La terminé en tiempo y forma.
– ¿Hoy te sirve lo que estudiaste?
– La verdad que sí. Pasé por varios laburos de comunicación. Soy comunicador social y trabajo de hablar y de comunicar. También me identifico con el laburo de las productoras del programa o la gente que hace redes. Si yo no estuviese delante del aire, probablemente desearía laburar atrás como community o productor.
– Sos muy conocido, “Antes que nadie” tiene muchos seguidores, pero no se conoce nada de tu vida. Tenés un perfil muy bajo.
– Estoy lejísimo de ser una persona pública. Me cuesta mucho la vida del estereotipo de influencer. Todo ese preconcepto de influencer que vive filmándose en selfie y mostrando un poco un Gran Hermano de su vida, a mí no me sale. Pero en el programa tengo mis anécdotas y mis historias y que soy muy bueno transmitiendo a la gente mi visión del mundo, mi parte del mundo, mis vínculos.
– En los streamings se habla mucho de uno mismo.
– Sí, yo me di cuenta que podía hablar de mi novia sin la necesidad de que ella sea una persona pública, porque a ella no le cabe.
– Como un abstracto, “mi novia”.
– Claro, de Sabri, hablo de ella un montón y cuento historias.

– A los que sí conocen en el programa es a tus papás.
– Jajajaja, mis papás tuvieron una grandiosa aparición al aire hace poco tiempo.
- Fueron los dos al programa, son muy simpáticos.
– Sí, los dos son muy simpáticos, son muy personajes. Además te juro que se mostraron al aire de la manera en que se muestran en la cotidianeidad. Laburaron juntos mucho tiempo, son Moni y Luis, o Luis y Moni, tuvieron también una colonia de verano. Mi mamá es más personaje que mi papá, mi papá es más reservado, pero son de verdad una pareja cómica. “Cuándo vuelvo?”, me dice mi mamá.
“LA ADULTEZ TAMBIÉN ES ESTAR ORGULLOSO DE TUS VIEJOS. A MIS PAPÁS LOS AMO, ESTOY ORGULLOSO DE ELLOS Y LOS ADMIRO UN MONTÓN”
– Quiere volver al programa y tener una columna. A la gente de tu generación todavía les da un poco de vergüencita mostrar a los padres, me gustó que los llevaras.
– Yo ya pegué la vuelta, tuve vergüenza de mis papás como cualquier adolescente. Yo no dejo de tener 28 años, me siento un adulto en varios aspectos de mi vida y creo que la adultez también es estar orgulloso de tus viejos. Yo a mis viejos los amo. Estoy orgulloso de lo que generan en la gente que los conocen, siempre hablan bien de mis viejos. Como pareja, también como matrimonio, son un ejemplo. Se aman, se acompañan. Los admiro un montón y fue re lindo que fueran, mucha gente sintió ese cariño por mis viejos. Cuando te llega el cariño del otro es espectacular.
– ¿Te emocionó en algún momento?
– Sí, de hecho vi una foto de ese programa que es increíble. Yo no me veía con mis viejos desde hacía 22, 25 días. Pero el abrazo que me pegó mi mamá fue como si no me hubiese visto un año entero. Esa foto es hermosísima.

“HACE CUATRO O CINCO AÑOS YO ERA MUCHO MENOS DEMOSTRATIVO, PENSABA MÁS EN EL QUE DIRÁN”
– Es muy lindo que muestres y cuentes cómo amas a tu mamá.
– Sí, me encanta, eso viene con los años. Hace cuatro o cinco años era mucho menos demostrativo, pensaba más en el qué dirán y eso lo fui derribando con el pasar del tiempo. Creo que es necesario y me encantaría hacerlo más con todos mis vínculos. Con mis viejos me está pasando ahora, pero también me gustaría con mis hermanos. Tengo dos hermanos varones, sé que la demostración de afecto me cuesta mucho. Me encantaría poder hacerlo más.
“SOY CULPOSO, SOBRE PIENSO MUCHO, CON PEQUEÑAS PAVADAS ME AUTOCASTIGO UN POCO”
– ¿Sos culposo?
– Sí, soy culposo, sobre pienso mucho. Con pequeñas pavadas me autocastigo un poco. “Uy, dije esto, ¿cómo se habrá sentido la otra persona?” Me quedo maquinando.
– ¿Alguien se quejó cuando contaste una anécdota?
– No, soy muy cuidadoso con eso. Si voy a contar algo al aire, por más que yo no diga cómo se llama el amigo de la historia, le pregunto: ¿te jode si cuento esto?
– O sea, sos culposo al cuete. Sos un amor y sos discreto.
– Soy sutil. El programa lo ve mucha gente y eso está buenísimo, pero tampoco es cadena nacional. A veces uno se preocupa de más por algo y cuando lo cuenta pasa desapercibido. Para la gente sos compañía, no sos un discurso presidencial. Por eso siento que a veces uno peca de narcisista, decir “uy, mi voz es la más escuchada”.
“EL RULO A MEDIO CAMINO ES TRISTE. VOY A MI PELUQUERO ESPECIALISTA EN RULOS”
– ¿Cómo se logra tu peinado?
– El peinado con tiempo, le dedico mucho.
– Los rulitos son naturales.
– Son naturales. Pero he conocido ciertos productos que le dan más, ¿cómo decirlo? Los deja más finos, más definidos.
– ¿Estamos hablando en serio?
– Sí, ¿no te digo que soy palermitano en todo su esplendor?
– ¿Tenés productos para el pelo que mejoran el rulo?
– Champú, acondicionador y crema de peinar, la crema de peinar con un método importante. El pelo bien mojado apenas terminas de bañarte y el método es el famoso “scush scush”. Después con la toalla hacés la misma forma para ir secándolo, lo dejás actuar y queda así enruladito. Sino puede quedar el rulo más a medio camino y el rulo a medio camino es triste.
– ¿Y el corte? Me sorprendiste con la importancia del pelo.
– Voy a mi peluquero especialista en rulos.
– Está todo pensado, peluquero especialista.
– Me lo presentó mi novia. Me dijo: “tenés que ir a lo de… Es especialista en rulos”. Le digo, ¿qué significa especialista en rulos? ¿Es como el periodismo especializado? “Este tipo de verdad se da mucha maña con los rulos”, me dijo. Dicho y hecho, nunca me cortaron el pelo de semejante manera, arma el corte en capas y te va cortando. Te queda como nunca, nadie se da cuenta de que te cortaste el pelo porque es muy cómodo, sutil. Está buenísimo.
– Es muy feo cortarte el pelo y que se note recién cortado.
– Claro, la gente dice: yo me corto el pelo, pero para que esté bien faltan 48, 72 horas. En mi caso no. Desde que me corto con este flaco, el día uno el pelo está espectacular.
– Peluquero de rulos.
– Papelón, un papelón. No lo llevo con orgullo.

– Hay una novia desde hace un montón, más de ocho años. ¿Conviven?
– No aún, pero a la brevedad, es inminente. En un mes o mes y medio vamos a estar conviviendo.
– Ella es docente. Todos docentes a tu alrededor.
– Si, hay algo con la educación. Ella es maestra jardinera, es espectacular en su laburo, es buenísima. No es maestra jardinera de chicos de cuatro o cinco sino de bebés de 12, 18 meses. O sea, padres que dejan por primera vez a su criatura en manos de mi novia y se van tranquilos, eso es algo increíble.
– Lo increíble es tener una maestra jardinera en casa, porque son muy cuidadosas, muy amorosas.
– Lo son, doy fe. También el amor por la vocación a veces complica un poco la dinámica del hogar. Por ejemplo, si yo estoy por tirar una tapita, “¿cómo vas a tirar una tapita? Esa tapita es material”. Todo es material para el jardín, cajas de zapatos, botellas, tapitas. Yo por las dudas, consulto todo antes de tirarlo a la basura.
– ¿Es el único problema de una maestra jardinera en casa?
– Hay algo que es gracioso también, que son los modismos del jardín utilizados en la cotidianeidad. Como que te felicite, igual que un nene cuando hace una vuelta carnero por una por una pavada. Lavaste la ropa y la felicitación viene con un “esoooo”, con la extensión de la vocal. Yo tengo 28 años y me están felicitando como si hubiese hecho la vertical.

– Te dijo alguna vez: ¿no se te ocurra nunca contar esto?
– Sí, no lo cuentes o camuflalo un poco. También se enteró al aire de algo pero se lo toma con humor.
– Una maestra jardinera tiene como en su ADN cuidar.
– La verdad es que nos cuidamos mutuamente, nos acompañamos un montón. Hay mucho del cuidado del otro desde el amor. Es una de las mayores virtudes de nuestra relación y de nuestro vínculo, estar atento al otro para que esté bien.
“ELLA ME HACE MEJOR Y CREO QUE YO TAMBIÉN A ELLA”
– ¿Podés decir qué es lo que más te gusta de ella o es difícil? A veces uno no puede.
– No quiero caer en la en si la defino, la limito. Puedo decir un montón de cosas. Hace muy poco recordábamos que estamos juntos hace ocho años y en la era digital tenemos recuerdos de casi todo lo que compartimos. Ver todo eso en retrospectiva, como una especie de flashback de una película, es algo increíble. Ver cómo fuimos creciendo juntos, nos fuimos acompañando, cuando ella arrancó a estudiar para maestra jardinera y se recibió, cuando empezó a laburar en un jardín con muchos miedos, inseguridades y ahora es una de las maestras preferidas del colegio. Todo eso es muy hermoso. Ella es eso, es cuidadosa, es atenta, acompaña, es hermosa. Ella me hace mejor y creo que yo también. Me cuesta decirlo porque me cuesta hablar bien de mí, pero creo que nos hacemos muy bien juntos.

“ELLA TRAE EL TEMA DEL CASAMIENTO MUY SEGUIDO…”
– ¿Vos creés que se van a casar?
– Y sí, es un tema, se habla el tema. Yo la jodo porque ella es totalmente pro casamiento. Yo también, pero a veces ella trae el tema del casamiento muy seguido y yo le digo, vamos paso a paso. Me dice: mirá que si no me propones… avísamelo con tiempo. Yo creo que va a ocurrir. Me gustaría, en orden de prioridades, ser padre con ella. O sea, nos veo padres en primer lugar. El casamiento es algo lindo también, que a veces suele venir antes en las parejas. Pero yo tengo prioridades, primero estoy seguro de que quiero ser papá. ¿Casarme? Creo que sí, con ella me veo. Me gusta, pero no sé si es prioridad mía. Pero me gusta. Ella quiere.
– Cuando decís que saca mucho el tema, ¿es cada cuanto?
– Por ejemplo, tuvimos casamientos de algunos amigos. Veo en su rol de acompañar a gente que se casa sus ganas de casarse. Lo veo.
– “Veo sus planes”.
– Sí, veo que hay una agenda ahí. Hay una fecha.
– ¿Le contás los chistes a ella antes de contárselos a la gente?
– Sí, es el mayor esfuerzo que tiene que hacer ella como novia mía. Es un momento humillante de la vida del comediante, prueba material de forma espontánea en una conversación casual. Pero mi pareja se da cuenta que yo estoy probando material. Estamos caminando por la calle después de tomar un café, yo le tiro una observación de la cotidianeidad y mi novia me dice: ¿vos estás probando un chiste conmigo?
– ¿Si lo probaste y ella se ríe entonces sale el chiste al aire?
– Sí. Por suerte, esto es muy propio de una maestra, no va la negativa de una. No te dice: esto no va. Dice: hay que darle una vuelta, hay que buscarle algo porque no me termina de cerrar. Pero sí, ocupa ese rol, mis amigos también ocupan ese rol.
– Con la fama, ¿cómo te llevás?
– No lo siento, la palabra fama no me identifica mucho. En los nuevos medios y en las redes estamos en una lógica de contenidos tan de nichos y de segmentos que no existen los famosos, las celebrities. Yo sé que si voy a una hamburguesería en Palermo me va a conocer mucha más gente que si voy a un restorán al mediodía. No me siento famoso. Sí, me paran por la calle, en ciertos lugares más que en otros. Yo no me siento universal, siento que hay mucha gente a la que le gusta lo que hago, me piden fotos en la calle de vez en cuando.

– ¿Tus compañeros, cuando vean este reportaje, qué crees que van a decir?
– A Yoyi y a Mica les va a generar mucha ternura todo lo que hablé de mi novia. Y lo de que hablé de mis viejos. A Diego probablemente le genere ternura, pero me diga: mirá que guacho, mirá qué hijo de puta, me la va a tirar de pollera o algo así. Pero sé que voy a despertar ternura en la gran mayoría de la mesa.
– Intuyo que te van a sacar el tema del casamiento.
– Ahí diste en el clavo. Pero esas cosas son propias de una buena entrevista, te olvidás de las cosas que fuiste diciendo y lo dije hace cinco minutos. Sí, probablemente me hablen del tema del casamiento. Seguramente vaya por ahí, pero que quede claro que es para mediano plazo.
-Quedó clarísimo.
- Que le quede claro a ella, jajaja.





