“Soy una increíble novia y una pésima exnovia. Soy muy celosa, me obsesiono, incluso tengo un Instagram falso exclusivamente para espiar”, confesó la influencer Sofi Gonet, más conocida como La Reini, durante el ciclo de entrevistas Casino Deluxe de Infobae.
Con una honestidad brutal, abordó sin reparos sus límites, placeres y contradicciones. Entre risas y relatos, expuso cómo administra el dinero, sus experiencias amorosas y el costado menos conocido de su personalidad.
Desde el inicio, afirmó que para ella el dinero es una herramienta para vivir experiencias excepcionales. Su mayor fantasía es alojarse en la máster suite del Plaza Hotel de Nueva York, una habitación que cuesta 40 mil dólares la noche. No oculta su deseo: sueña con grabar una reseña para TikTok, pedir el famoso helado de la película Mi pobre angelito —que cuesta USD 500— y compartir cada detalle con sus seguidores. Para Gonet, se trata de una inversión. “Necesito hacer ese viaje para contenido. Es re importante que la gente lo vea”, bromeó.
La relación de Sofi con el dinero está marcada por el impulso y la búsqueda de gratificación inmediata. “Soy muy irresponsable, soy capaz de gastar todo por tener un día mágico y después veo cómo me las arreglo”, reconoce. Esa dinámica la llevó más de una vez a solicitar apoyo familiar, aunque aseguró que nunca llegó a un punto límite.
Para la influencer, viajar es el mayor de los placeres, seguido por el gaming y la comida. “Viajar primero, viciar, comer y después todo lo demás”, resumió. El dinero, para ella, suele destinarse a experiencias y gustos personales antes que a bienes materiales.
A pesar de ese desorden, La Reini explicó que para este año tiene una meta concreta: “Cambiar el chip, empezar a organizarme y ahorrar”. No se tienta con la idea de comprar una propiedad, sino por la necesidad de cuidar lo que gana y proyectar cierta tranquilidad a futuro. De todos modos, admitió que las compras y los placeres cotidianos siguen siendo prioridad por encima de cualquier inversión tradicional.

—¿Cómo te describís en el amor?
—Me engancho mucho con el lado sensible de la otra persona. Ya está, todo el personaje de La Reini se fue al caraj* (risas). A mí me pasa mucho que yo soy super tóxica, pero también me pasó de que hayan sido muy tóxicos conmigo y no me gustó un caraj* y es algo que digo: “Nunca más lo vuelvo a permitir”. Al primer planteo que me hagan, me quiero ir a la mierda.
—¿Y qué pasa con los celos?
—Soy extremadamente celosa. Cuando me gusta alguien, primero está esa persona y después el resto del mundo. Eso es algo que quiero cambiar. Es desbalanceado. Soy muy de espiar, de ver a quién empezaste a seguir, con quién estás, de chequear historias con un Instagram falso. Tengo uno de un showroom de cero seguidores, pero siempre digo que en cualquier momento me tengo que poner a empaquetar pedidos (risas).
—¿Llegaste a revisar teléfonos?
—Me pasó de encontrar un WhatsApp Web abierto y verlo un minuto. No me gustaría que me hagan lo mismo, así que lo miré y cerré rápido.
—¿Cuál fue la locura más grande que hiciste por amor?
—Me hice un tatuaje que decía Esteban, que era mi primer novio. Después tengo la fecha de cuando me puse de novia con Joaco en el brazo, y una H de mi ex en una parte íntima, que todavía no borré.
—¿Por qué no querés borrar ese tatuaje?
—Puedo cambiar la H a “hot” por la zona en la que está, pero todavía no lo hice.
—¿Volverías con él?
—No sé si volvería. No como la relación que intentamos plantear. Éramos un desastre los dos, no funcionó. Queríamos tener una relación súper estable y tranquila, como tradicional. Pero somos las dos personas menos trad que existen, desastre los dos en nuestros ámbitos. Entonces, chocábamos mucho. No funcionó de esa manera.
—¿Es verdad que te peleaste con una persona en situación de calle?
—Sí, ¿cómo sabés eso? (risas). En la época de La Reini de Ramos (Mejía). En San Justo, año 2016 o 2017. Yo recién terminaba el secundario y trabajaba de delivery. Mi papá en ese momento tenía un restaurante y yo era comodín: moza, bachera, atendía el teléfono, hacía de todo. En una ocasión, me mandaron de delivery a dos cuadras a llevar unos platos de pasta. Llevaba los envases de telgopor, de esos profundos. Y veo que viene de enfrente la conocida “loca de San Justo”, una señora que la gente de la zona quizás conozca, una persona que debería estar contenida, pero vive en la calle y es violenta. Suele agredir a quienes se cruza, insulta... Yo pasé cerca y ya me la veía venir. Pasó al lado mío y me tiró el plato, la comida voló y se me cayó toda encima. “¿Qué hago? La mato”, dije. Empecé a insultarla, me agarró de los pelos, porque era agresiva, y nos trenzamos ahí en la calle. Nos empujamos en pleno San Justo…
—¿Y quién ganó?
—Ella (risas). Yo quedé con los pelos todos locos… Me volví llorando al local a pedir los otros dos platos de pasta por lo que me había pasado.
—¿En ese momento ya tenías tu personaje de La Reini?
—No, iba a entregar los pedidos con mi conjunto deportivo rosa, el pelo rubio largo, pero no…
—¿Tuviste alguna situación de levante en ese trabajo?
—No con clientes, pero sí con compañeros de delivery. Nos juntábamos en la puerta y me di un besito con uno, fue la única situación así. Era chica.

Por cuánta plata
—¿Por cuánta plata volverías con tu ex, Homero?
—Cero. Un dólar y vuelvo.
—¡Ah! Estás muy enamorada. ¿Y él?
—Él está igual que yo. Pero nos llevamos mal, no funciona. No le encontramos la vuelta. Fuimos muy tóxicos.
—¿No se ven más?
—El contacto cero es imposible.
—¿Cómo sos como novia?
—Soy una increíble novia y una pésima exnovia. Si me escuchás hablar decís: “Hay una luz de coherencia en algunas cosas que dice, pero se ve opacado por todo lo demás”, pero en el fondo hay una salvación (risas).
—¿Por cuánta plata fingirías una relación?
—Depende con quién, pero arrancaría con 10 mil dólares. Si es por algo más grande, pediría unos 80 mil dólares. Pero depende con quién, también. Y amaría engancharme, amaría que sea una relación armada y después nos enganchamos y sale bien. Me gusta. Como una película...
—¿Y venderías contenido erótico?
—Hay un lado que tengo más sexy, más sensual, más erótico, que me gusta explorar y subir gratis a mis redes sociales. Pero contenido explícitamente erótico no sé si vendería. Me gusta explorar ese lado y mostrarlo hasta el límite que yo decido. Después, quizás algo explícito… ¿Para qué voy a fingir? Si es muchísima plata, lo hago. Pero muchísima plata. Un auto, una camioneta, una casa y… para estar tranquila toda la vida. Un muy buen acuerdo, pero algo que nadie estaría dispuesto a pagar por mí, ahí te digo sí. Una locura.
—¿Mirás porno?
—Sí, un montón. Siempre sola, nunca con alguien más.
—¿Qué tipo de búsquedas hacés?
—¡Ay! ¡Emi! (Risas). Busco videos con contexto, como tríos en terapia de pareja. Me gusta que haya historia, no solo lo sexual. Es mi video más visto.
—¿Te gustaría experimentar eso en tu vida?
—De más chica viví cosas más abiertas, pero ahora no. Tuve una etapa de libertinaje. Ahora no. Puede ser que cambie, depende del día.

—Si tuvieras que convencerme para que te dé el millón de dólares, ¿cuál sería tu argumento final?
—Mirá, Emi, esto es así: nos podemos ir las dos a Nueva York, hospedarnos en el Plaza, comer el helado de la película y hacer contenido. Organizar fiestas en un penthouse de 280 metros cuadrados, ir de compras, ir al Fashion Week y cruzarnos con gente súper famosa. Hacemos la semana espectacular, con cenas privadas, chófer y todo. Eso es lo que te propongo directamente.
—¿Me estás chantajeando?
—Te estoy chantajeando.
—Bueno, yo pongo el avión privado y, con toda esta plata, vos te encargás del hotel, la comida, las fiestas y las compras. Pero los últimos 100 mil dólares, los llevo en mi cartera. Según cómo te portes en Nueva York conmigo, los suelto los últimos dos días.
—Perfecto. La vamos a pasar increíble. Se viene el mejor viaje de nuestras vidas (risas). Me llevo todo esto y lo armo.





