“Ser una mujer con carácter tiene un costo... te sale carísimo. Pero siempre elegiría ser una mujer con carácter, a pesar de que muchas veces digo: ‘¡¿cuántos sapos tuve que tragar!?’”, reflexionó Agustina Kämpfer, en una charla distendida en Desencriptados, el ciclo de entrevistas de Infobae.
Agustina es una periodista con más de dos décadas de trayectoria en medios gráficos, radiales y televisivos, tanto en Argentina como en el exterior. Trabajó como cronista y conductora en señales como C5N, CN23, FOX Sports, América TV y Telefé, y participó en programas de alto perfil como Intratables, Cortá por Lozano y Nosotros a la mañana. En paralelo a su labor periodística, incursionó en la escritura con el libro Las Parturientas, donde reflexiona sobre la maternidad desde una mirada crítica y personal. Actualmente, conduce Telenueve, y mantiene una activa presencia pública vinculada al análisis de la actualidad, la comunicación y la experiencia personal.
Durante la entrevista, Agustina recordó sus primeros pasos en la profesión y la intensidad que marcó su carrera. Además, reconoció que el trabajo periodístico le exigió desarrollar habilidades para afrontar no solo el ritmo del día a día, sino también las presiones y prejuicios que enfrentan quienes se dedican al oficio.

—¿Cómo conviviste con la exposición mediática y la construcción de tu imagen pública?
—Asimilo las cosas muy fácil, porque creo que no hay que ponerle resistencia a las cosas que te pasan en la vida y mucho menos a aquello que elegís. Después conviví con eso naturalmente, un poco hasta el día de hoy...
—¿Renegás de alguna parte de tu vida?
—No reniego de ninguna parte de mi vida.
—Con todo lo que viviste y lo segura que sos...
—Sobre todo por cómo manejé cada etapa y porque todo me construye y me lleva a ser quien soy. Y puedo decir que estoy, quizás suene pedante... No es que estoy orgullosa, pero sí bastante satisfecha. Suena como que estoy pagada de mí misma y no es lo que me pasa. De hecho, me gustaría tener muchos frentes más cubiertos respecto de cómo me veo a mí misma. Pero también aprendí a reconocer y darme mis propias palmadas en el hombro. Hay cuestiones que a cualquiera podrían haberlo tumbado. Yo siempre fui muy leal a las decisiones que quise tomar y a permanecer en que nadie se atreva a decirme quién soy, cómo soy, qué debo hacer o decir, ni cómo me tengo que presentar.
—Sos una mujer con carácter.
—Sí, afortunadamente sí. Pero cuesta mucho, porque ser una mujer con carácter tiene un costo, te sale carísimo.
—En un mundo machista...
—Sí, en un mundo, en un medio, en un país y muchos otros etcéteras. Pero siempre elegiría ser una mujer con carácter, aunque muchas veces me diga: “¿Cuántos sapos tuve que tragar?” Quizás nadie lo imaginaría, todos piensan: sos una topadora. Pero no, la cantidad de veces en las que decís: “Bueno, no queda otra”. Tener carácter no debe estar reñido con la inteligencia emocional. A veces hay que guardar un poco el carácter en el bolsillo y dejar que algunas cosas funcionen en este mundo patriarcal... No podés luchar contra todo.

Agustina también abordó la experiencia de la maternidad con honestidad y sin idealizaciones. Contó que decidió ser madre en un esquema de coparentalidad, cuando la idea aún no estaba instalada socialmente ni tenía un nombre propio.
—¿Fuiste mamá con un amigo que vivía en otro país?
—Sí.
—¿Cómo fue? ¿Hablaron por teléfono? ¿Eran pareja?
—Hoy está mucho más naturalizado... Hasta tiene un nombre. Cuando las cosas llegan a un punto de naturalización, adquieren un nombre: el co-parenting, que consiste en que personas que no son ni fueron pareja se unen para ser padres o madres, madres-madres o padres-padres, según el caso.
—¿Coparentalidad? ¿Se dicen: “Tengamos un hijo juntos”?
—Sí, exactamente. Fue algo así, antes de que tuviera un nombre.
—¿Lo concretaron así?
—Sí. No fue inseminación.
La periodista detalló que la crianza la lleva adelante en soledad y que esa situación encuadra dentro de lo que hoy se reconoce como una familia monoparental. Sostuvo que darle nombre a las nuevas configuraciones familiares ayuda a muchas personas a transitar sus propias búsquedas con menos soledad.
“Ser madre soltera es muy duro. Sin lugar a dudas, tener hijos es duro”, admitió y señaló que es una tarea exigente y que, en su caso, prefiere asumirla sin cargas innecesarias antes que sostener vínculos que no suman.
—Tenés una carrera vertiginosa y, años atrás, estuviste en El Bailando, ¿cómo te impactó? ¿Te gustó la experiencia?
—Me impactó tanto que me rompí los ligamentos (risas).
—Si pudieras volver el tiempo atrás, ¿volverías a participar?
—Sí, me divertí muchísimo.
—Igual te fuiste tercera, no estuviste tantos programas...
—¡Es que me rompí los ligamentos! Yo hubiera ganado, pero no pude continuar (risas). Fue una etapa muy linda y me divertí mucho. También me cuestionaban por qué, siendo periodista y vinculada a la política, participaba en un programa de entretenimiento como el de Tinelli. Y después fueron todas, lo cual me parece fantástico. Pero en ese momento me criticaron. A mí me pareció divertidísimo. Además, conseguí un físico en esos días. ¡Por Dios! ¡Qué bueno! Después nunca más...

Preguntas y respuestas rápidas
—Amor tóxico con buen sexo o amor tranquilo con mal sexo, ¿cuál elegís?
—Tóxico con buen sexo (risas). Es un bajón, pero es el bajón que elegís siempre ¿viste?
—¿Monogamia o relación abierta?
—Monogamia.
—¿El peor beso de tu vida?
—Sí, sé cuál es. De hecho, tengo el registro absoluto. Sé con quién y cuándo fue el peor encuentro íntimo de mi vida. Lo tengo clarísimo. Al otro día sentía anginas porque tenía ganas de decirle lo mal que hacía todo. Un desastre que no te puedo explicar. Era inentendible.
—¿Era del medio la persona?
—No, ni siquiera argentino. Pero igual, me daba cosa decirle el desastre que era que ya no tenía remedio, no se podía arreglar. Como no se lo podía decir, al otro día me dolían las amígdalas mal.
—¿Qué te resulta más fácil la maternidad o la carrera?
—La maternidad.
—¿Preferís ghostear o decir que no querés nada?
—He ghosteado un montón. No lo digo con orgullo, pero bueno…
—¿Verdad brutal o mentira piadosa?
—Verdad brutal, siempre.





