Hay personas para las que el periodismo no es un trabajo sino una condición. No se apaga con las vacaciones ni se suspende cuando el cuerpo pide freno. Ignacio “Nacho” Girón lo explica sin romantizarlo: “a veces la sufro”. Cuenta que se levanta de madrugada, mira el celular casi por reflejo y, si hay una noticia fuerte, ya no hay vuelta atrás. “Automáticamente te pones a hacer cosas, a trabajar”. Esa necesidad de estar, de no correrse del acontecimiento, no la puede explicar del todo. “Es inexplicable”, dice. “Sobre todo si tenés la pasión como yo tan, tan, tan de chico”.
Esa pasión no vino heredada ni allanada. “Increíblemente nací periodista”, afirma, aunque en su familia no había antecedentes en los medios. Sí había diarios todos los días y radio prendida de fondo. Y una insistencia temprana: a los once años llamó a una radio del dial, pidió conocerla, volvió a llamar y siguió insistiendo hasta que lo dejaron ir. Cuando le mostraron el lugar y le señalaron la salida, respondió sin dudar: “No, no, quiero hablar”. Lo metieron a un estudio y pidió presentar un tema. “Con ustedes, Pinocho”, dijo, pisando la canción. “Nací para esto”, recuerda hoy, todavía conmovido.
Mucho antes de convertirse en una de las voces referentes del periodismo político fue cronista de rock, entrevistador obsesivo y buscador serial de oportunidades. “Tenía un solo objetivo en la vida: entrevistar a Charly García”. Lo persiguió durante años hasta lograrlo una madrugada cualquiera. Al terminar esa nota, tomó una decisión definitiva: “dije basta para mí. Ahora paso al otro periodismo”. El de la política, lo social, los conflictos y las guerras. “Me gusta contar todo lo humano que pasa detrás de la palabra guerra”, explica, después de haber estado en fronteras narco, zonas de tiroteos y barrios donde “me vi negro” y pensó que no volvía.
Mañana, esa trayectoria desemboca en un nuevo desafío: el estreno de Infobae al amanecer, la primera mañana informativa de Infobae en vivo, que Girón conduce junto a Belén Escobar y Luciana Rubinska. Dos horas para “que te enteres de todo lo que te tenés que enterar pero que pases un buen momento”. Con un equipo nuevo, con miradas que se cruzan y con la misma pasión de siempre. “Yo sigo siendo ese pibe que llamó a los 11 años a Radio Panda”, dice. Y cada vez que escuchan “tres, dos, uno, aire”, confiesa, “me sigo poniendo nervioso y me sigo poniendo contento incluso en los días que puteo”.

—Y hay algo de la adrenalina de eso que te gusta.
—Sí. A veces la sufro. De hecho en estos 40 he tenido algún patatús de salud. Es difícil explicarle al que está del otro lado que es una profesión de vida entera. Hace poquito me levanté a las tres y pico de la mañana a ir al baño cual señor y para qué toqué el celular y veo caída de Nicolás Maduro en Venezuela. Y automáticamente te pones a hacer cosas, a trabajar ¿no?
—Hay algo del cuerpo cuando uno ve eso que pide.
—Sí, querés estar. Es raro porque después cuando estoy de vacaciones digo necesitaba descansar y a veces está bien tomar un poco de oxígeno y de distancia con la realidad pero después también alguna vez me pasó en una vacación algo importantísimo a nivel mundial o de Argentina que pasaba y hay una parte de mí que aunque está descansando dice quiero estar ahí. Es inexplicable. Sobre todo si tenés la pasión como yo tan, tan, tan de chico.
—¿Cuándo sentiste que el periodismo era tu camino?
—Increíblemente nací periodista. No tengo periodistas o no tenía periodistas en mi familia, mi hermana Agustina Girón también trabaja en los medios, es mi hermana más chica, pero fui el primero de los Girón de toda la generación, al menos que yo reconstruí, periodista. Siempre supe que iba a hacer periodismo.
—¿Tenés alguna imagen de esa vocación desde chico?
—Tengo una foto de tres años leyendo un diario al revés. Estoy sentado en un banquito, soy un nene, le robo el diario a mi familia y “lo leo”, no sabía leer, desde ahí toco un diario y me gusta.
—¿Cómo era tu familia en la infancia?
—Todos laburantes. Mi viejo dedicado al comercio internacional en un banco. Mi mamá antropóloga. Ninguno periodista. Sí es verdad mucha conexión con leer los diarios, todos los días llegaba el diario a mi casa que el fin de semana se llenaba de diarios. Esa fue una buena influencia.
—Había mucha cultura
—Sí. Por lo social y por el contacto humano, la gente y demás. Y después mucha radio prendida todo el tiempo en mi casa de fondo. Yo empecé a escuchar mi propia radio que era la 107.9, la última del dial, Radio Panda. Y dije así loquito como era a mis 11 años: “Yo quiero trabajar en esa radio”.
—¿Cómo lograste entrar siendo tan chico?
—Llamé. Llamé. Llamé. Llamé. Y me dijeron bueno, vení a conocer la radio. Mi abuela, que ya no está entre nosotros, me llevó. Primero descubrí un lugar que dije esta es mi casa. Nací para esto. No conforme con que me mostraron la radio, me dijeron: “Bueno, ahí está la salida”, y dije: “No, no, quiero hablar”. Y se ve que les entré con simpatía... Me emociona un poco porque es el inicio de todo. Me hicieron entrar a un estudio y pedí presentar un tema. Pedí el tema “Pinocho”, un tema de nenes. Tuve la suerte de que justo entré al tema, lo pisé como se dice en la jerga, le hablé encima y lo presenté: “Con ustedes Pinocho”, justo cuando arrancaba la canción.
—¿Y después te quedaste?
—Me quedé laburando un tiempo, todo lo que podía un nene de 11 años que vivía en Caballito y tenía que ir a laburar a Martínez. Y mi primer sueldo fueron 50 pesos/dólares en tarjetas de Sacoa.

—Esa filosofía, esa forma de hay que llamar gente, hay que pedir, hay que ofrecer, ¿la mantuviste en el tiempo?
—La hice hoy. Sí. Yo siempre destaco en nuestro ambiente y en la política también que es a lo que me dedico ahora está la rosca mala y la rosca buena. Para mí hay una rosca mala, esa persona medio trepa, medio que quiere la cosa non sancta. Y después está el que dice che, yo soy Tati, la rompo, quiero trabajar en la… Y lo pide, lo busca, pide un café. Está perfecto. Me parece que está bien si vos tenés algo honesto para ofrecer y apasionado.
—Nunca se te cayeron los anillos.
—Yo al menos pensé no teniendo un apellido famoso en los medios al menos cuando nací, siempre siendo un remador, que las oportunidades las tiene que buscar uno. Después hay veces que tenés un golpe de suerte. También me han llamado alguna vez. Pero la verdad de los laburos más importantes que he tenido siempre fue una construcción de ir conociendo e ir mostrando lo que vos hacés y después cuando te dan la oportunidad hacerlo bien ¿no? Porque no vaya a ser cosa que al final sabés marcar los números telefónicos pero después cuando te mandan al aire arruinás la canción de “Pinocho” ¿no?
—Antes del periodista político existió un periodista de rock.
—A mí siempre me gustó la actualidad política, no sé fue lucidez o ese regalo de la vida de poder decir hasta que me dedique a eso que es serio voy a hacer un poco de periodismo de lo que es mi hobby o de lo que más me puede divertir y más o menos entre los 17 y los veintipico de años hice periodismo de rock en revistas Chiquititas primero, para mí la mejor paga era la entrada gratis a recitales. Después me contrataron del suplemento Sí de Clarín. Llegué a escribir en la Rolling Stone y tuve un programa de rock en la tele. Y se fue dando, tenía un solo objetivo en la vida que por suerte lo logré. Dije el día que logre esto me retiro del periodismo de rock.
—¿Cuál era ese objetivo?
—Entrevistar a Charly García. Y lo busqué, lo busqué, lo busqué, vos ya me conoces, puedo insistir bastante, soy bastante intenso, y un día me llama a las dos de la mañana una de las quinientas personas que había contactado y me dice: “¿Todavía estás con ganas de entrevistar a Charly”? Eran las doce de la noche de un día cualquiera. Yo vivía con mis viejos. Obvio, es el sueño de mi vida. Bueno, vení. Apurate porque está ahora. Yo llamando a un amigo de la Facultad ¿tenés una cámara? No era tan fácil, viste, como ahora con los celulares. Estamos hablando de 2006, 2007, y me voy a Coronel Díaz y Santa Fe a entrevistar a mi ídolo con un miedo. Por nuestro laburo conocemos famosos, gente poderosa, gente buena, mala, nunca fui con tanto miedo porque se me podía caer el ídolo del pedestal. Si me putea, si va mal, si no me responde, si me pega.
—¿Y cómo fue?
—Espectacular. Te juro por Dios, por mi familia, por lo que más quiero, que terminó esa nota e internamente cuando bajaba del ascensor de lo de Charly dije basta para mí. Ahora paso al otro periodismo que yo sabía que era el que me gusta que es la actualidad política social.
—No pensé que lo tenías tan claro, creí que había sido una decantación. A veces en este camino uno empieza por un lado y de repente…
—Mi familia tenía siempre un diario en la mano en el desayuno y yo por ahí tenía 13 años y leía la sección de política o los editoriales sin entender la mitad de las cosas, pero sabía que eso me gustaba junto con lo social porque ahora lo hago menos, ahora hago más política, pero durante mucha parte de mi carrera también me dediqué a ir a conflictos bélicos, guerras. Intenté que me mataran de todas las maneras posibles, o mis jefes y nunca lo lograron, acá estamos (risas). Vamos a tocar madera.
—¿Cuándo entendiste que ibas a vivir de esto?
—Esa es jodida eh, tengo mucha empatía con los que están estudiando porque amo esta profesión, me sale del estómago, y cuando me dicen: “Che, ¿pero está bueno?” Sí, está bueno. “¿Voy a poder vivir de esto? ¿Se vive bien?” Y bueno, con mucho esfuerzo. Entonces yo creo que en el fondo supe que iba a poder vivir de esto toda la vida, no sé si iba a poder vivir bien. Eso lo entendí con el tiempo y la seguimos remando con mucha pasión hace unos años la cantidad de horas que trabajaba, el sacrificio corporal, mental, psíquico, de perder parejas, de perder amigos, o desencontrarte con tu familia, o ir a una guerra y poder no volver. Por eso te dije, un componente pasional siempre.

—Dijiste que tuviste un patatús.
—Varios. Pero por ahí el más importante laburando en noticiero. Es mucha la exigencia. Yo soy exigente conmigo mismo. Terminás un noticiero hoy, le digo al que no se dedica a esto, y a la media hora yendo a tu casa ya estás pensando en el de mañana. Siempre estás en deuda. Y yo era más joven y tenía mucha energía y en general duermo poco y rindo bien y me pasé, me pasé, me pasé, y en un momento estoy caminando por la calle y siento un pip en el oído. Como que automáticamente se me cierra el oído. De hecho es un pip que me duró como un año. Y me preocupé porque se me empezó como a quedar dura un poco la cara. Llamo al doctor Daniel López Rosetti, amigo de la casa y en su momento compañero de Telefé Noticias. Me dijo: “No sé si es grave o no a nivel telefónico pero por lo que me contás andate ya a una guardia y pedile que te apliquen tal cosa para deshincharlo”. Cuestión, cuando después voy a un médico especialista me dijeron vos tuviste un ACV de oído. Lo voy a explicar sin lenguaje médico. Esa misma energía que se te fue al oído se te podría haber ido a la cabeza y tenés un ACV tradicional. Y me quedé sordo de un oído unos días y gracias al doc y a rápidamente un tratamiento de deshincharme y hacer algunas cuestiones me dijeron: “Mirá, sos del 10% que la puede contar bien y que sigue escuchando perfecto del oído”. Y la zafé. También tuve algún ataque de pánico, de ansiedad y demás, de los que por ahí te ponen en el camino correcto y decir: “Che, se puede rendir igual pero sin matarte ¿no?”
—¿Y lograste después de eso cuidarte un poco más a vos mismo? porque a veces ese aprendizaje dura un ratito.
—Cuando una vez me dijeron: “es un ataque de pánico, es una sensación interna, tu corazón está bien” lo sobré un poco y seguí viviendo muy estresado. La del oído, que yo la sentí, me acuerdo todavía patente la sensación de quedarme sordo y que un médico te diga por ahí no escuchás nunca más en tu vida, me puso un poco en la senda de trabajemos sobre esto. Está claro que mi trabajo, el tuyo, de acá al final de nuestros días va a ser estresante. Qué podemos hacer para matizarlo. Hago deporte y lo mantengo. Hice un curso de meditación y con recaídas trato de hacerlo. A veces no me sale. Pero siento que estoy más sano. Hay edad para todo también. Un viejo jefe mío que quiero mucho en Telefé me dijo cuando pasó eso: “Llegó el final del Nacho que está en la primera línea de batalla tirando tiros para todos lados, ahora tenés que ser un sniper. Tenés que ser un francotirador y elegir la bala dónde la ponés”. Me pareció un buen consejo.
—Hablemos de las guerras.
—Me encantan las guerras. Perdón, sonó feo. Es raro.
—Te encanta ir a cubrir la guerra.
—Sí, eso. Tengo una vocación. Ahora por ahí estoy más en los estudios, en un trabajo algo más tradicional, pero durante muchos años fui a toda Latinoamérica, a la frontera narco entre México y Estados Unidos, Pedro Juan Caballero en Paraguay, la Franja de Gaza. Lo que se te ocurra. Y me gusta contar todo lo humano que pasa detrás de la palabra guerra que creo que la mayoría se la imagina de una manera diferente a la que es. No me da miedo exponerme. He hecho locuras, tratando obviamente siempre de cuidar el equipo. Pasé situaciones muy heavies de sentir que no volvía. Literal.
—Contame.
—La más grave fue en Venezuela en Caracas en la época en que Juan Guaidó había asumido como una suerte de presidente encargado, como un segundo presidente en paralelo a Nicolás Maduro, fui ahí, yo soy medio mandado. Y subí a un barrio como le dicen ellos muy, muy, muy peligroso que se llama Petare. Doblé mal en una esquina y me agarraron seis personas, con ametralladoras y granadas en las manos. Yo nunca había visto una granada en mi vida. Nos apuntaron y estuvieron a punto de liquidarnos con granadas en las manos que en cualquier momento la soltaban, la tiraban y explotábamos todos. No sé con qué lucidez pude rápidamente hablar en el argentino más porteño que me salió. “Medio internacional de Argentina, venimos a denunciar”, no sé qué les inventé y bueno nos amenazaron bastante, no nos pegaron. Nos mandan a un rincón y dije listo, acá nos liquidan. Yo me vi negro. Me acuerdo palpable el miedo en el estómago, se me puso dura la panza, los chicos cara de pánico, tenían hijos, pidiendo por sus familias. Nos pusieron mirando a una pared y nos dijeron: “No se den vuelta por dos minutos”. Fue difícil. Y nos dejaron. Por qué no sé, pero gasté una de las siete vidas seguro. Subimos al auto y salimos corriendo, obviamente no volvimos nunca más. Esa fue una heavy. Después estuve en medio de tiroteos en Paraguay, de policías persiguiendo narcos y nos empezaron a disparar. Me gusta, no sé, estoy medio loco.
Final del formulario

—Me contaron que sos un obsesivo.
—Sí.
—Que hay mucho método y colores que indican distintas cosas
—Tengo siete colores en la agenda del celular. Todo se agenda. Mis amigos se ríen porque una vez estábamos haciendo algo en un asado y alguien agarra mi celular por error y le salta la alarma que dice “Elongar pie”. Yo me anoté que tenía que elongar el pie porque me había hecho un esguince entonces tipo el médico me dijo elongalo tres veces por día y yo puse elongar pie
—¿Hay un color para actividades con pareja?
—Sí, hoy le agendé algo. Nos pedimos permiso obviamente. Pero acabo de agendar un asado en casa el fin de semana. Ojo, hay dos tipos de actividades, ésta es compartida, es para hacer juntos, y a veces pongo también: Nacho sale a cenar con los amigos. Entonces yo lo dejo avisado en el calendario cosa que vos también te puedas…
—Ah, hay un calendario compartido además.
—Sí, hay un calendario compartido.
—¿El sexo se agenda?
—No se agenda. No, no. Hay que dejar lugar a la espontaneidad ¿no? Si no ya sería…
—Es un montón, pero qué se yo agendaste elongar pie.
—Sí es verdad, cuando haces tantas cosas como nosotros, la organización hace al éxito y te permite tener algunos lugares libres viste.
—¿Cómo es el vínculo con tus hermanas? ¿Son tres ustedes?
—Somos tres. Yo soy el hijo mayor. Agustina tiene cuatro años menos que yo y es periodista. Y después está Guada que tiene ocho años menos que yo.

—Alguna vez hablaste de Guada en la radio y de la discapacidad. ¿Cómo lo vivís eso?
—Guada nació con epilepsia y un retraso madurativo. Es como el gran regalo de nuestra vida y de nuestra familia porque cuando era chiquita, bebé, dijeron no sobrevive, no sobrevive, no sobrevive. Un día de chiquitos la fuimos a saludar, a despedirnos. Y siguió y les dijeron a mis viejos, que son unos genios, che mira, Guada sobrevivió pero no va a poder ir al jardín. Fue al jardín. No va a hacer la primaria. Fue a la primaria. No va a poder hacer la secundaria. Fue a la secundaria, con ayuda, con cosas, con otros tiempos. Yo pienso mucho en ella en los momentos en los que me quejo por boludeces, que es bastante seguido. A veces pienso che, la vida te dio todo esto. Yo mataría porque me hubiera tocado a mí por ejemplo. Te cambio todo lo que tengo para que la discapacidad me hubiera tocado a mí y no a ella. Y no puedo. Entonces es como dura la sensación. Pero a la vez te enseña muchas cosas y es una genia y labura, y avanzó muchísimo más.
—¿En qué labura?
—Trabaja ahora en un área de la Justicia que entró a través de una pasantía de uno de los lugares donde estudió, la Universidad Católica Argentina, y fue quedando. Hace las cosas a su tiempo y va y ahora por ejemplo con el correr de los años se mueve sola y viaja en subte. Todo cuesta más.
—Por supuesto.
—Por eso para mí fue un tema tan sensible todo lo que pasó en estos últimos años con respecto a la discapacidad. No lo entiendo. Me enoja mucho. Entiendo que hay que auditar todo, para mí una auditoría no sobra nunca. Y hay pensiones truchas recontra. Y debe haber algún discapacitado trucho recontra. Pero es la excepción, no la regla. Entonces encarajinarte tan así con personas que tienen una vida muy difícil Tati, porque les cuesta que los contraten. Si a nosotros nos cuesta conseguir laburo.
—A mí me interesa hablar de esto con vos justamente porque hay familias que no acceden a las terapias y que no pueden acompañar de la misma forma.
—No, no, olvidate. Mi familia por suerte se pudo dedicar y hasta pagar eso remándola mucho.
—Guadalupe está como está y puede estar trabajando porque pudo tener acompañamiento en su desarrollo.
—Totalmente. Y muchísimos, infinitos médicos, infinitos estudios, infinitas ambulancias llamadas a la madrugada cuando tenía crisis de epilepsia. Infinitas cosas que llevan a esta realidad hoy buena. Pero con mucho esfuerzo. Hay un cupo, no de Milei, de toda la vida, de 4% según la Ley de Discapacidad que debería cumplirse por ejemplo en el Estado para darle laburo a las personas con discapacidad. No llegamos ni al 1% de eso. Hay lugares del Estado que no tienen una persona. Porque lejos de ser como piensa todo el mundo, yo tengo la suerte, la fortuna de tener a Guada como hermana, piensan que tener una persona con discapacidad laburando es una carga y que vos tenés que estar todo el tiempo atrás de ellos. Y todo lo contrario, en los lugares donde ha estado Guada esos lugares mejoraron. Son mejores lugares.
—¿Te encontraste teniendo que defender a tu hermana en alguna situación?
—Sí, sí. Hay gente que no podés creer lo mala que es. Te digo el ejemplo que más me dolió en la vida, y parece una pavada, no lo es. Guada en un momento no manejaba bien el cambio, la guita. Y una persona que le vendía pebetes en un lugar le cagaba el vuelto.
—¿Qué hiciste?
—Nada porque me frenaron. Mi familia. Me dijeron es un pobre tipo, deja, no lo vemos más. Pero ahí te das cuenta que hay gente dispuesta a pasarle por encima a una persona con discapacidad. Por suerte a mí me criaron y somos todos así en los valores de ante todo ser buena persona. Hay algo cristiano ahí de poner la otra mejilla. Puedo entender cualquier cosa pero no podés robarle plata a una persona con discapacidad.
—Me interesaba que habláramos de esto primero porque sé lo que querés a tus dos hermanas, y segundo por lo que está pasando con la discapacidad en nuestro país.
—Mira, cuando salga esto el gobierno va a estar todavía incumpliendo. Se votó una ley. Se vetó. Después insistió el Congreso. Todo legal y todo democrático. Y todavía la están incumpliendo o actualizando la plata que tienen que ganar los proveedores de servicios a las personas con discapacidad por debajo de la inflación. Puedo destacar un montón de cosas buenas de cualquier gobierno, incluso de este, no tengo ninguna animosidad. No tengo problemas en poder hablar sobre todo con el que pienso distinto. Esa arista me parece inentendible y me encantaría poder un día tomar un café si no es una nota con Javier Milei y explicarle una realidad que me parece que como mínimo si quiero pensar bien está desconociendo y si la conoce está siendo muy cruel.
—¿Es un capricho?
—Me parece que sí. Muchas veces el gobierno este tiene el vicio de mirar mucho los números y no lo humano. Sobre todo con algunas cuestiones, hay tantos lugares para enojarte. Tantos lugares donde podés pasar el colador y sacar un montón de curros en general, no solo en esta gestión, ¿te vas a meter con la discapacidad? Y de vuelta, mete 355 auditorías y limpia todo lo que tengas que limpiar pero no pongas mientras tanto en pausa el sistema que a un chiquito con discapacidad en un barrio vulnerable de cualquier lugar de Argentina, no mis viejos que lo pudieron hacer o yo que hoy lo puedo hacer, lo estás dejando sin su tratamiento para estar mejor.

—¿Cómo es que te cruce el presidente en redes sociales?
—Una experiencia medio indescriptible. Yo he tenido desde que laburo para acá, desde Néstor Kirchner para acá vínculo, nota, buena onda y aporreos con prácticamente todos. Cada uno tiene su metié. Me cruzó dos veces Javier Milei, a quien conocí un montón y entrevisté un montón de veces, yo creo que injustamente. Yo publiqué una información que automáticamente abajo corregí, esto es de tal y tal manera. Y, nada, me agarró como ejemplo en esa época donde agarraba a un montón de casos para decirme mentiroso, operador, no sé qué. Y yo le respondí con altura, no me enganché. Sí te admito que entrar a Twitter y ver una cloaca interminable solo porque el presidente había señalado ahí es un poco fuerte. Pero me parece que en este trabajo si vos tenés la tranquilidad, como tengo sinceramente y con total humildad, de irme a dormir todas las noches recontra tranquilo, y no es que digo que no hay malos periodistas, el periodismo tiene que hacer un mea culpa de todo lo que hace, ahora, sinceramente yo me voy a dormir recontra tranquilo. Entonces es una anécdota más de un día más.
—¿No asusta?
—Sí, al principio asusta. Porque es tanta la vorágine, en la alta y muy masiva de Milei, y también tenés muestras de solidaridad. Pero yo aprendí de pendejo que no sos un genio cuando te dicen genio y no sos un boludo cuando te dicen boludo. Y menos que menos un mentiroso. Por eso yo me enojé y lo whatsapeé a Milei y la seguí hasta donde pude. Le respondí públicamente y después le puse Javier, señor presidente, mira, tal cosa. No te la voy a…
—¿Y te respondió?
—Sí, sí. Y nos carajeamos un rato.
—Pero el canal de comunicación sigue abierto.
—Son gajes del oficio con la política. A mí me parece que el periodismo político tiene que molestar. Si no molesta algo está haciendo mal. Ahora, me peleé un lunes y yo el martes lo hubiera entrevistado sin ningún tipo de animosidad extra. Le hubiese hecho las preguntas que le tiene que hacer un periodista sobre los temas de actualidad de ese día. No es que: Ah, ahora te voy a hacer mierda. No, no funciona así. No hay que ser así.
—Te ofrecen mañana ir a cubrir Venezuela con toda la transición que está ocurriendo o una vuelta de Charly.
—(Risas) Que difícil. Que mala que sos. ¿Qué significa una vuelta de Charly? ¿Puedo estar con él un ratito ahí charlando, todo?
—Podés ir a un camarín un rato, sí.
—Delcy Rodríguez te mando un beso pero… Me voy con Charly. Me voy con Charly, sí.
—¿Cómo sigue el año? De siete a nueve por supuesto en Infobae en vivo.
—Con el compromiso de hacerte un buen resumen y entretenido, que estamos trabajando para eso. Que en esas dos horas te enteres de todo lo que te tenés que enterar pero que pases un buen momento. El equipo es súper lindo atrás y adelante de cámara. Creo que vamos a tener algunas contraposiciones en el equipo que van a ser enriquecedoras. Así que la idea es acompañarte de la mejor manera en el nuevo día. Me gusta que haya sangre fresca en los medios. Somos parte de una “nueva generación” que está bueno que vaya teniendo más lugar porque venimos pidiendo pista. Venimos trabajando bien, con honestidad, con perseverancia
—Con mucha pasión.
—Con pasión. Yo sigo siendo ese pibe que llamó a los 11 años a Radio Panda y pidió un programa y con esa misma emoción que recién recordaba cuando te contaba la anécdota miro esta redacción y me acuerdo de esa Radio Panda y sigo sintiendo esa cosita en la panza. Lo hago ya de toda la vida y de memoria y cada vez que dicen tres, dos, uno, aire, me sigo poniendo nervioso y me sigo poniendo contento incluso en los días que puteo.





