Es uno de los mejores divulgadores de medicina de la Argentina. Es médico clínico, cardiólogo, jefe del Servicio de Medicina del Estrés del Hospital Municipal de San Isidro, profesor universitario, y se destaca por su gran capacidad de divulgación. Escribió muchos libros, dos de los más leídos tienen al estrés como tema central: Estrés, epidemia del siglo 21 y Estrés, sufrimiento y felicidad. ¿Por qué decidió dedicarse a estudiar durante muchos años profundamente el estrés? Fue por un acontecimiento traumático.
– Soy más bien reservado de mi vida personal, comento las cosas que pueden ayudar.
– Hubo acontecimientos en tu vida, situaciones límite, que dispararon tu dedicación a una rama de la medicina como fue la muerte de tu papá. ¿Qué pasó con tu papá? ¿Podrían haberlo salvado?
– Sí, fue una experiencia fuerte de la que aprendí mucho. Cuando hice mis primeros garbanzos, me di un gusto y les pagué a mi papá y a mi mamá un viaje a Europa con toda la alegría que fue era para ellos y para nosotros. Fue un esfuerzo, pero un gustazo. Mi papá estaba volviendo, me llamó un día por teléfono y me agradeció el viaje, fue muy lindo lo que me dijo. Al día siguiente llamó mi mamá llorando, mi papá había muerto de muerte súbita en el lobby del hotel. Tuve que viajar rápidamente.
– ¿Fue un infarto?
– En este caso fue muerte súbita por infarto. Y volví con el cuerpo de mi papá y con mi mamá a Buenos Aires, con todo lo que eso presupone. Mi papá un día dijo “cuando la muerte me encuentre, que sea con los zapatos puestos”. Le sucedió, lo elaboré. Fue el 11 de agosto del ’91 y en enero del ’92 estaba de vacaciones en La Lucila del Mar con mi mamá, con los chicos y con Ana, mi señora…
– Cinco meses después pasó algo.
– Cinco meses después empecé a sentirme mal y me automediqué. Pasaron unos días, no mejoré, me puse el estetoscopio del lado derecho y escuché algo en la base pulmonar. En Mar de Ajó me sacaron una placa y vi un derrame pleural. Volví a Buenos Aires.
“TUVE TUBERCULOSIS CINCO MESES DESPUÉS DE LA MUERTE DE MI PAPA”
– ¿Manejaste hasta Buenos Aires en ese estado?
– Sí, manejé, pero no estaba mal. Tenía transpiración, no tenía tos. Tenía líquido en el pulmón derecho. Me hicieron una punción, una biopsia y el diagnóstico fue tuberculosis pleural.
– Te habían bajado muchísimo las defensas.
– Fue cinco meses después de la muerte de mi papá. El estrés tiene alarma, resistencia y agotamiento. Es decir, cuando vos enfrentás algo, te defendés mental y físicamente.
“SI LE HUBIERAN HECHO RCP A MI PAPÁ, SE HUBIERA TRIPLICADO LA POSIBILIDAD DE SOBREVIDA”
– ¿Cómo debió haber muerto tu papá? ¿Qué es lo que no hicieron? ¿Podrían haberlo salvado?
– Tenía posibilidad, porque si hubieran hecho RCP, se triplicaba la posibilidad de sobrevida.
– ¿Te daba vuelta por la cabeza saber que no habían hecho lo que tenían que hacer con tu papá? ¿Tuvo que ver con tu cuadro de estrés posterior?
– Tiene que ver con que después promoví la ley para que se haga RCP en los colegios. Como que… “cumplí, papi”. Tiene que ver con todo, porque en todo evento traumático hay un antes y un después, si lo elaborás, deja enseñanzas.
– ¿El estrés que sufriste por la muerte súbita de tu papá se podría haber prevenido?
– No sé si se podría haber prevenido. Cuando volví, trabajé normalmente hasta fin de año llevando la situación de mi mamá. No te puedo decir que terminó bien, pero nosotros tenemos cierta capacidad de resiliencia, con mi mamá lo fuimos sobrellevando. ¿Se podría haber prevenido? Puede que sí, no lo sé.

“EL ESTRÉS ES SUFRIMIENTO. EL DOLOR ES INEVITABLE, PERO EL SUFRIMIENTO ES UN DOLOR QUE SE PERPETÚA EN EL TIEMPO”
– Hoy tenés más herramientas porque estudiás la cuestión muy profundamente.
– Sí, pero me dediqué más de ahí en adelante. No es casual, de ahí en adelante escribí los artículos en relación al estrés. Si hay una palabra que es sinónimo de estrés, es sufrimiento. El dolor es inevitable, porque dolor hay siempre en la vida por cosas, por la muerte de un familiar, por ejemplo. Y el sufrimiento es un dolor que se perpetúa en el tiempo.
– Ese dolor no lo habías metabolizado, digamos.
– Traté de procesarlo de algún modo, pero la influencia de la mente sobre el cuerpo es grande y evidentemente el sufrimiento se manifestó en inmunosupresión. Del 30 al 40% de la población en Argentina tiene el bacilo de la tuberculosis en el cuerpo. Quienes nos están leyendo ahora, el 30% tienen el bacilo de la tuberculosis. Tenemos muchos gérmenes que no se manifiestan porque nuestro sistema inmunológico los mantiene ahí.
– ¿Cuándo te bajan las defensas?
– Cuando te bajan las defensas, ganan espacio, eso me pasó a mí. Fue una lucha de cinco meses, de un agosto a un enero y esos fueron los resultados. Y la dedicación después al síndrome del estrés.
– ¿Tenemos las personas mayores más herramientas para pelear contra el estrés que los más jóvenes? ¿Los años de vida analógica y sin pantallas de nuestra infancia y nuestra adolescencia nos protegen? Los de las generaciones anteriores usamos reloj, leemos libros físicos y costumbres de encuentros presenciales, escribimos en papel.
– Escribir no es un acto digital. Escribir emocionalmente y neurofísicamente es con la mano. Hay un dicho que dice que si escribís un problema en una hoja de papel, tenés la mitad resuelta. Cuando usas la mano, es totalmente distinto.
– ¿Los más jóvenes tienen menos posibilidades de salir de las pantallas?
– Son mundos diferentes, el mundo de la instantaneidad, la velocidad, la imagen propende al estrés. La velocidad en la que vivimos todos propende al estrés. Coincido con vos, que nosotros gestionamos otro tipo de recursos. Si tienen menos herramientas, no sabría decirlo.

“EL BOMBARDEO DIGITAL COLABORA CON EL SUFRIMIENTO, NUESTRO CUERPO NO ESTÁ ADAPTADO A ESTE CAMBIO QUE SUCEDIÓ EN POCOS AÑOS”
– Hay datos: la miopía aumenta cuando se miran pantallas tantas horas. Entonces, ¿hay más posibilidad de que se enfermen más rápido?
– Tendinitis por usar el celular también, esas cosas suceden. El tema, María Laura, es la velocidad con que se vive, el bombardeo digital colabora con el sufrimiento. Porque nuestro bioma, nuestro cuerpo, nuestro soma, nuestra psiquis, no está adaptado a este cambio que sucedió en tan pocos años. Tuvimos millones de años de evolución de simplicidad y de golpe apareció una gran complicación de inputs de imágenes e información que debemos gestionar a una velocidad que sobrepasa la capacidad natural.
“LA ENFERMEDAD MENTAL SE IMPONE POR LA FORMA EN QUE VIVIMOS”
– Hay cada vez más enfermedades mentales. Hay una epidemia del estrés, te escuché informar.
– Cuando estaba en la primaria o en el secundario no recuerdo chicos con ataques de pánico. Hagamos memoria, casi no existía. Se llamaba surmenage al agotamiento o estrés crónico. La enfermedad mental se impone justamente por la forma en que vivimos.
“EL SERVICIO DE MEDICINA DEL ESTRÉS DEL HOSPITAL ANTES ERA PARA ADULTOS MAYORES, HOY VIENEN ADOLESCENTES”
– ¿Cuánta gente joven se acerca al hospital con una situación de estrés extrema?
– Cada vez más. Desde que inauguramos el Servicio de Medicina del Estrés hace 12 años en el Hospital Central de San Isidro, que antes era para adultos mayores, hoy ves cada vez más gente que viene con sus nietos.
– ¿De qué edades estás hablando? ¿Adolescentes?
– Sí, literalmente adolescentes, motorizados por sus padres con ataques de pánico, cuadros de ansiedad, algunos con depresión. Cuando hacés los test psicológicos cognitivos, te encontrás con que el que venía por ansiedad y que había tenido un episodio de ataque de pánico de golpe tiene un perfil depresivo. Tenés que hacer la interconsulta con psiquiatría, ver cómo se aborda en conjunto, esto es un fenómeno nuevo. Cuando yo estudiaba medicina, los accidentes cerebrovasculares eran de personas muy mayores y los sufrían generalmente hombres. Hoy los sufren las mujeres y cada vez a menor edad.
“EL SÍNDROME DE ANSIEDAD GENERALIZADA, LAS FOBIAS, LOS ATAQUES DE PÁNICO, TIENEN MÁS QUE VER CON LAS MUJERES QUE CON LOS HOMBRES”
– ¿Cambió así cómo viene la cuestión de géneros?
– En todo lo que tiene que ver con ansiedad hay más mujeres que hombres. El gran capítulo de la ansiedad, desde el síndrome de ansiedad generalizada, las fobias, los ataques de pánico, etcétera, tienen más que ver con la mujer que con el hombre, por lo menos el doble de frecuencia.
– ¿Desde que estás a cargo de esta área hay cada vez más gente con estrés?
– Sí. La consulta ha aumentado cada vez más. La pregunta es si es porque tenemos acceso a la información, lo identifican y se acercan. Es lo mismo que el TDAH, el trastorno de déficit de atención, hay más información. Sobre el espectro autista la gente se informa más, los diagnósticos son más precisos y a su vez son más amplios, entonces a más cuestiones podés ponerle un nombre. Cuando lo ponés en palabras se hace real y cuando se hace real, lo podés gestionar. Mientras es abstracto lo que sentís, lo que te pasa, es un problema. Cuando sabés lo que es, empezás a trabajar.
– ¿Una situación de estrés muy aguda que baja las defensas puede disparar también una enfermedad mental?
– Claramente sí.
“EL QUE DUERME MAL, ANTES O DESPUÉS, SE ENFERMA DE ALGO. TIENE UN SÍNDROME DE INFLAMACIÓN CRÓNICA DE BAJO GRADO, TIENE TENDENCIA A PATOLOGÍA CARDIOVASCULAR”
– ¿Cuáles son las cuatro o cinco cuestiones a las que hay que estar atentos para evitar el estrés? La vida hoy te lleva a comer mal, dormir mal, dormir poco.
– Hay una mala noticia en esto. El que duerme mal de noche la pasa mal, no está despierto de día y la pasa mal. Pero el que duerme mal, María Laura, antes o después, se enferma de algo. Desde ya que tiene insomnio y eso es una patología, pero además el que duerme mal se enferma de algo. Tiene un síndrome de inflamación crónica de bajo grado, tiene tendencia a patología cardiovascular. Un tercio de la vida nos pasamos durmiendo. La persona de 60 años durmió 20, y es porque resulta absolutamente indispensable. En el sueño se repara la mente y se repara el cuerpo, y reparar la mente es fundamental. En una parte del ciclo del sueño, particularmente se repara la mente. Primero, te olvidás de todo lo que hay que olvidarse y lo guardás, lo reprimís, desaparecen los residuos del día. Pero a su vez resolvés problemas, hacés un ejercicio, un brainstorming. La actividad onírica es siempre en primera persona, en todos tus sueños vos actuaste de primer actor, nunca de guionista, siempre de primer actor. El sueño sos vos resolviendo problemas o fantasías, la actividad onírica es eso.
“NO SE PUEDE DEJAR DE DORMIR Y NO SE PUEDE DEJAR DE SOÑAR”
– ¿Qué pasa en una situación extrema en que se deja de dormir, por ejemplo, por productividad?
– No se puede dejar de dormir y no se puede dejar de soñar. Se hace un estudio para ver el sueño, la polisomnografía. Una persona va a dormir en un gabinete en el hospital o en un centro privado y le ponen una serie de cables para ver cómo respira, cuánto oxígeno tiene, si mueve las piernas, qué frecuencia respiratoria, electrocardiograma, electroencefalograma mientras está durmiendo. Primero viene un sueño profundo, después viene lo que se llama sueño de movimientos oculares rápidos, si mirás a quien duerme con vos vas a ver que los ojos se mueven debajo de los párpados pero que el cuerpo está absolutamente quieto. ¿Por qué? Porque se desarticula la actividad motriz del sueño que tenés. Si así no fuera, actuarías tu sueño y eso sería el sonambulismo. En el momento en que soñás resolvés problemas, si a la persona que está empezando a soñar la despertás y la dejás dormir otra vez, a los poquitos minutos comienza a soñar de vuelta. Si no la dejás soñar, aunque duerma, se vuelve loca.
– Es una tortura.
– Es una tortura. Lo hacían los nazis.
– Entonces, ¿qué pasa con los que no paran de estudiar, no paran de trabajar, están alienados por la productividad y duermen tres horas por día?
– Excepto algunos que genéticamente pueden dormir cuatro horas diarias, cuando eso sucede, el grueso de la población si duerme cuatro horas no funciona bien de día. La productividad baja, no sube, baja. La eficacia tiene que ver con el rendimiento, dormir es esencial, no dormir es un error. Es un error, por ejemplo, no dormir antes de ir a un examen.
– ¿Qué define que el estrés nos suceda a cada uno de modo distinto, que a uno le dispare una enfermedad infecciosa, a otro un tumor y a otro algo mental?
– Hay un viejo dicho en medicina que dice: uno no se enferma de lo que quiere, sino de lo que puede. ¿Por qué? Porque tenemos predisposición genética. Pero la genética no es condena, hay factores que se denominan epigenéticos, son los que están por arriba de los genes y determinan que algunos genes puedan manifestarse o inhibirse. Por ejemplo, si la genética de una persona la predispone a padecer cáncer de pulmón y esa persona fuma, es probable, como factor epigenético, que despierte esos genes y desarrolle la enfermedad. No es condición, pero puede suceder. Hoy sabemos que la genética no es todo, la epigenética es más, y ahí es cuando juegan las buenas relaciones personales, los vínculos, la paz, la serenidad, la calma, la felicidad, el negocio de vivir mejor, sentirte mejor. La epigenética, lo que te rodea.

“SOMOS MEJORES ADMINISTRADORES EN NUESTROS TRABAJOS QUE EN NUESTRA PROPIA VIDA”
– Algo humano es la sensación de “este es mi momento”, “esta es mi oportunidad”, “si no hago esto ahora, pierdo el tren”, y sobregirarse. ¿Cómo se aborda a una persona?
– El autoconocimiento es el primer camino. Lo que estaba en el oráculo de Delfos que dice “conócete a ti mismo”, vale oro. Pero también es cierto que el cuerpo lo tenés que cuidar porque es el único lugar que tenemos para vivir. Uno tiene que cuidar el cuerpo, la mente te da más que el cuerpo, el negocio es la gestión de la vida. Somos mejores administradores en nuestros trabajos que en nuestra propia vida. Los padres le dan buenos consejos a los hijos, pero gestionan mal su propia vida. El cambio es cuando te pasan cosas bravas porque lo primero que se pierde es la invulnerabilidad, la sensación de que no te va a pasar. El ego se reubica, el ego desaparece con 39 grados de temperatura siete días y sin diagnóstico. Si una persona tiene 39 grados de temperatura durante siete días corridos y no tiene diagnóstico, no existe ni un magnate, ni un presidente ni nada. ¿Por qué? Porque te ubicás. Lo primero que perdés cuando el cuerpo falla es la sensación de invulnerabilidad, el ego hipertrofiado, el ego máscara, el no ubicarse, la falta de humildad.
– Hay una cuestión también epocal que es de mucha competencia ante menos trabajos. La búsqueda de la eficiencia permanente y la frustración al no poder llegar a la meta.
– Vos gestionás la vida en dos modos: en modo lucha o en modo social. El modo lucha es la competencia, típico del estrés agudo del sistema nervioso simpático, lucha o huida, lo que uno ve en los libritos de estrés. Pero gestionarla en un modo humano y social, hace que transites la vida con menos sufrimiento. Asegúrense de tener un mínimo de errores. Si me decís que me defina, soy un estudiante, eso te ayuda. A mí me gusta mucho la astronomía. De chico tenía telescopios y ahora tengo un telescopio interesante y tengo un profesor de astronomía que me da clases, que trabaja en el planetario. Y me gusta la microscopía, tengo mi microscopio, veo preparados celulares y qué sé yo. Estoy mirando a lo mejor una estrella a nueve mil millones de años luz y de este lado, con otro ocular, neuronas. Y yo digo: esto es fantástico, estoy en el medio de eso, soy chiquitito así, estoy en el medio de la creación, creas que viene del principio de los tiempos, del cosmos o de Dios. Eso te ubica.
– Lo que a mí me ubica es la naturaleza, lo único real. El resto es todo nuestro invento.
– Los 39 grados de temperatura, el crisol del dolor es un lugar donde se aprende. Yo hacía guardias en segundo año de medicina, en el Hospital Thompson los sábados, durante casi toda la carrera hice guardia los sábados. Lo primero que me dijeron cuando me recibí a los 23 fue: “te vas a perder todos los sábados”. Yo nunca perdí un sábado porque el hospital me encanta. En el hospital está todo.
– Para un médico de raza, el mejor lugar es el hospital público. ¿Qué te pasa con el abandono del Hospital Garrahan?
– No, no me gusta. ¿Sabés qué pasa? Vos le ponés una cámara en la frente de un pibe médico que es residente y te mareás de lo que se mueve. Es un Fórmula Uno.
“¿QUÉ ME PASA CON EL GARRAHAN? ¿QUÉ ME VA A PASAR SI SON PIBES QUE ESTÁN CURANDO GENTE, PREPARÁNDOSE Y GANANDO UN PESO? RESPETO”

– A uno de mis médicos le pregunté cuántos pasos daba según la aplicación de su teléfono porque va de un lugar a otro, de un consultorio a otro. Ese día ya tenía 50.000 pasos.
– Claro. Más las emociones que están en el medio, más los pacientes que ves en el hospital, se aprende mucho porque se nace y se muere. Lo que un médico puede darte es eso, lo que fue mamando ahí. ¿Me decís qué me pasa con el Garrahan? ¿Qué me va a pasar si los pibes están curando gente y además preparándose y ganando un peso? O sea, un respeto.
– Allí va la gente que sí necesita ayuda, que no tiene otra ayuda en otro lugar, es el último lugar para mucha gente.
– Sí. Una mujer embarazada, con adicciones, maltratada en el medio ambiente donde está, que de golpe está en un hospital y la están atendiendo. Médicamente ni hablar, pero además en ese momento la están queriendo, la están asistiendo. Le cambia todo, hasta la evolución y el desarrollo del feto. Cuando se desarrolla un feto, también desarrolla su sistema del estrés, la integración de un eje funcional que se llama córtico límbico hipotálamo hipófiso suprarrenal. El nene lo desarrolla, pero si la mamá sufre, el cortisol es alto, ese cortisol pasa por la placenta, súper sensibiliza la función del eje del estrés del desarrollo del chico y el nene cuando nace es más susceptible al estrés. Si la madre pasa hambre, el nene se cría en un útero donde se formula la formación del sistema de alimentación para vivir en carencia y cuando nace, es muy probable que tenga obesidad.
– Tenemos más información, cada vez sabemos más. Existe lo que formaste en el Hospital Central de San Isidro y hay otros espacios. Pero cada vez hay más personas con estrés y más enfermedades mentales. Epidemia de enfermedades mentales y de estrés. No estamos bien y no parece haber nada esperanzador.
– Está embromado, es cierto, el desafío es grande. Desiderata termina diciendo “ten cuidado, esfuérzate en ser feliz”. A mí me parece que, entre otras cosas, la frontera final es la filosofía de vida. Hay medicina sanitaria que tiene que ver con la salud pública y corresponde al Estado e individualmente la atención al paciente desde un consultorio de un hospital, desde una guardia. Integralmente considerado el ser humano la filosofía de vida es la frontera final. El mismo evento vivenciado con una filosofía de vida sana es llevadero y puede dejar enseñanza, sin filosofía de vida puede tener un costo inmenso. Hay gente que la tiene naturalmente y gente como yo, que tuvo que aprenderla. Mi mamá tenía filosofía de vida.
– Saber vivir atraviesa todas las clases sociales. Es algo natural que tiene mucha gente, el vivir bien, el vivir feliz.
– Y aprovechar el día, el carpe diem. Memento mori, recuerda que vas a morir, memento vivere, recuerda vivir.





