Más allá del match: el crucero para “solos y solas” que desafía la lógica del descarte de las apps de citas

Se trata de una experiencia pensada para quienes se animan a viajar sin compañía y buscan vínculos reales fuera del ámbito digital. Convivencia, charlas cara a cara y actividades compartidas dan forma a una propuesta que apunta a romper el aislamiento, cuestionar prejuicios sobre la edad y la soltería, y recuperar el valor del encuentro presencial, sin filtros ni expectativas forzadas

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Crucero De Solteros

Viajar solo suele ser una decisión compleja para muchas personas, ya que implica enfrentar miedos y desafiar la creencia de que las vacaciones se disfrutan más en compañía. Sin embargo, cada vez más personas eligen viajar de esta forma y se animan a descubrir qué experiencias pueden surgir. En ese punto de encuentro entre el deseo de explorar y la necesidad de socializar, surgió una propuesta innovadora: un crucero exclusivo para solteras y solteros.

“Hay mucha gente que no se anima a viajar sola. Que vean que se arma grupo y que es divertido está bueno”, afirmó Soledad Hernández, conocida como “Chuli”, influencer y organizadora de eventos para solteros. La propuesta no se limita a encontrar pareja, sino que busca romper el aislamiento que puede traer la soltería en la adultez, en una época en la que casi todo pasa por el ámbito digital. En este caso, el crucero parte del puerto de Buenos Aires, se extiende por nueve días y recorre las ciudades de Montevideo, Ilhabela, Camboriú y Río de Janeiro.

"Las aplicaciones de citas no
"Las aplicaciones de citas no sirven" (Gastón Taylor)

No es una excursión convencional ni una simple cita grupal, según advierte la organizadora. Se trata de un espacio diseñado para reunir a personas con intereses afines, cansadas de las aplicaciones de citas y con el deseo de recuperar la experiencia presencial. “Me parece súper novedoso porque hay mucha gente que está expectante. No es algo tan común”, explicó Soledad.

La propuesta surgió como respuesta al agotamiento que provocan las plataformas digitales. “Empecé a crear una comunidad que me decía: ‘Las aplicaciones de citas no sirven’. Y así nació la idea de organizar encuentros presenciales, para que la gente pueda conocerse en persona”, agregó.

En los pasillos del barco, durante los desayunos compartidos, en las excursiones y las noches de baile, las conversaciones se desarrollan sin filtros ni algoritmos. “En las aplicaciones siempre es lo mismo: ¿A qué te dedicás? ¿De dónde sos? Copiás y pegás el mismo mensaje. Se siente forzado, pero acá todo fluye”, afirmó Micaela Patrón, una de las pasajeras más jóvenes, de 23 años. Contó que se animó a participar porque representaba una oportunidad de viajar sola con todo resuelto y valoró especialmente el encuentro cara a cara: no es necesario calcular cada respuesta ni esperar el famoso match. Todo ocurre en el momento.

Para muchos, este viaje permite repensar qué buscan actualmente en una pareja. Las expectativas de los 20 años difieren de las de los 40. “Ahora busco compañerismo”, resumió Victoria Camaño, de 43 años, quien decidió embarcarse en el crucero tras varias decepciones amorosas.

“Hay prejuicios con la edad
“Hay prejuicios con la edad y la soltería. Cerca de los 40 se vuelve más difícil”

“Hay prejuicios con la edad y la soltería. Cerca de los 40 se vuelve más difícil”, señaló Victoria y explicó que muchas personas de su generación ya tienen pareja, hijos y proyectos consolidados, mientras que quienes son más jóvenes suelen estar enfocados en la diversión. “Por ahí encontrás gente más joven que está en la joda y yo busco algo más familiar”, agregó.

En este contexto, el crucero se configura como un espacio diferente: menos superficial y más humano. No existen perfiles editados ni fotografías con filtros sino que hay personas reales, con historias, cicatrices y el deseo de volver a intentarlo.

"El ambiente va a estar
"El ambiente va a estar idealizado para pasarla bien"

¿Qué buscan realmente quienes eligen un crucero para solteros? Las respuestas se resumen en respeto, reciprocidad y proyectos compartidos. “Que sea sano, que no tenga tantos traumas, que quiera construir algo, un proyecto de vida”, afirman los participantes.

“Está todo muy quemado. Es la misma rutina de siempre, nada prospera”, reflexionó Mariano. La experiencia en el barco, con la convivencia diaria, propone otra dinámica: compartir sin presión, sin expectativas desmedidas y sin el temor constante a ser descartado. “No hay presión. Es relajarse, disfrutar de lo lindo. Y después, lo que surja, es bienvenido”, comentó Ariana Sandoval.

Tal vez no todos desembarquen con pareja, pero muchos regresan con algo igualmente valioso: la certeza de que aún es posible conocer a alguien fuera de los algoritmos. Y que, en ocasiones, atreverse es el primer paso.

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