Nacho Russo, la Bombonera y la camiseta: cuando el duelo se cruza con el fútbol

En Random, el ciclo de entrevistas de Infobae, el delantero de Tigre reflexionó sobre uno de los momentos más duros de su vida tras la muerte de su padre y destacó el impacto del afecto recibido por parte del público como un sostén clave para seguir adelante y continuar con su carrera. Además, repasó las enseñanzas heredadas dentro y fuera de la cancha, subrayó el rol fundamental de su entorno y explicó cómo intenta honrar ese legado con equilibrio, respeto y pasión por su profesión

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Nacho Russo, la Bombonera y la camiseta: cuando el duelo se cruza con el fútbol.

Ignacio “Nacho” Russo es un futbolista profesional argentino, hijo de Miguel Ángel Russo, técnico y figura destacada del fútbol nacional. Se formó en las divisiones juveniles de Gimnasia y Esgrima de Rosario y luego en Rosario Central, club donde su apellido ya tenía un peso propio por la trayectoria de su padre como jugador y entrenador.

Debutó en la Primera División con Rosario Central y posteriormente sumó experiencia en Chacarita, Patronato de Paraná e Instituto de Córdoba, antes de incorporarse a Tigre, donde se desempeña como delantero en la máxima categoría del fútbol argentino.

A lo largo de su carrera, Nacho buscó consolidarse como protagonista en el ámbito profesional. Se destaca por su capacidad ofensiva y su adaptación al juego dinámico de ataque. En Tigre fue ganando un rol cada vez más relevante, con participación en la Liga Profesional y goles decisivos para el equipo. En diciembre de 2025, el club de Victoria adquirió el 50 por ciento de su pase y extendió su contrato hasta diciembre de 2028, una señal de confianza en su proyección deportiva.

En octubre de 2025 atravesó uno de los momentos más emotivos de su vida tras el fallecimiento de su padre. A pesar del dolor, decidió disputar un partido con Tigre frente a Newell’s Old Boys, convencido de que era lo que Miguel hubiera querido. En ese encuentro convirtió un gol que dedicó a su memoria, un gesto que conmovió al ambiente del fútbol argentino y tuvo amplia repercusión en los medios deportivos.

El jugador relató la emoción
El jugador relató la emoción de recibir una camiseta homenaje a Miguel Ángel Russo, lanzada desde la Bombonera y recuperada en Uruguay.(Jaime Olivos)

—Jugás en Tigre, tenés 25 años y te vemos radiante. Pero venís de un año muy duro, marcado por el fallecimiento de tu papá. ¿Cómo estás hoy? Porque son emociones dolorosas, pero también atravesadas por el enorme cariño que la gente le expresó a tu papá.

—Sí, es muy contradictorio en base a las emociones. Por momentos predominó mucho la emoción, la felicidad y por momentos la tristeza de la pérdida. Pero creo que en líneas generales disfruté mi año, más allá de el momento que pasó. Obviamente que, después de lo de Miguel, fueron muchas emociones negativas y todo junto, porque además se acercaba el fin de año. Ver cómo sigue mi vida fue un tema también, porque es como un volver a empezar de cero. Yo tenía que definir lo mío con Tigre, tenía que seguir jugando... Cuando pasó esto, yo tomé la postura de seguir viviendo más allá de que pase...

—Más allá de la tristeza en el velorio, vi una gran emoción del pueblo por el cariño que dejó. Obvio que era el momento tristísimo, pero era increíble el amor que había en el lugar.

—Sí y nos sorprendió la cantidad de gente. Yo pensé que iba a ser mucho menos. A mí la primera idea que se me vino a la mente después de que pasó todo fue hacer algo íntimo, algo corto para despedirlo. Y después cuando a la madrugada nos empezaron a llamar y a decir: “Miren que hay mucha gente que quiere ir, hay más de 40 o 50 micros que están saliendo para Buenos Aires de Rosario”. Nos miramos y dijimos: “Bueno, vamos a abrirlo al público una cierta cantidad de horas a ver cómo va y, en el peor de los casos, lo cerramos”. Pero la verdad que nos sorprendió. Todo el tiempo, constantemente gente, gente y gente. Fueron 18 horas, pero para mí fue un año entero lo que pasó. La cantidad de gente que saludé, con la que hablé, la cantidad de gente que me vino a saludar y que yo ni siquiera conocía.

—Había hinchas que pasaban, gritaban, lloraban. Hubo gente del fútbol de todos los clubes, tanto jugadores como exjugadores dirigidos por tu papá. También estuvo marcado por el momento que atravesaba el mundo Boca. Ahí te das cuenta de lo que significa el cariño hacia uno de sus ídolos, cuando pasa algo así y se abren las puertas de La Bombonera.

—Sí, lo de Boca fue increíble. La verdad que se portaron muy bien y lo que a mí me sorprendió fue la cantidad de camisetas de clubes en las que en las que él no participó y no tuvo nada, solamente los dirigió o jugó en contra o fue a la cancha algunas veces. Eso fue lo más sorprendente y obviamente que después también yo la fecha siguiente…

—Vos jugás, la fecha siguiente al fallecimiento.

—Sí, yo jugaba al día siguiente.

—Ahí está claro esto que decías recién: “Decidí continuar con mi vida”.

—Sí. Yo lo primero que dije fue: “Lamentablemente la vida sigue con este dolor, con esta tristeza, con esta emoción constante, pero hay que seguir viviendo y a la emoción hay que enfrentarla también”. Hay que decir “estoy mal” y así es la vida también. Capaz que dentro de dos horas voy a volver a estar mal, porque creo que nunca se deja de terminar de duelar o de pasar ese momento. Y creo que hoy, con el tiempo, es como que más se lo extraña físicamente.

—¿Hoy estás extrañando un poco más?

—Más que más que al principio porque fueron muchas cosas juntas que por ahí no me daban el tiempo necesario para ponerme a pensar. Y hoy que la pelota paró un poco, que me fui de vacaciones, que me tranquilicé, es como que en el momento se siente mucho más.

—Empieza a bajar un poco la ficha en el cierre del año...

—Sí. Nosotros disfrutábamos el Año Nuevo. Siempre nos íbamos a Punta del Este. Era como nuestro lugar, nuestro momento. Nos encontrábamos ahí y pasamos pocos días porque el 3 o el 4 de enero él ya estaba entrenando otra vez y yo lo mismo. A partir de casi 5 o 6 años, el 3 y el 4 ya me pegaba la vuelta con él. Después en el Buquebus nos dividíamos cada uno para su lado (risas).

—Ahora que pasó el tiempo y empezás a caer un poco, ¿recordás consejos, frases o cosas que él te decía siempre y que, te hayan pasado o no, sentís que te van a acompañar toda la vida?

—Sí, frases y consejos constantemente. Por ahí la ventajita que yo tenía en casa era que, además de que de que era mi papá , era técnico de fútbol, entonces ante cualquier duda lo primero que hacía era levantar el teléfono o tomarme un café con él, o ir a almorzar, o a cenar con él y preguntarle, sacarme dudas de todo tipo. Él no era, o por lo menos conmigo, una persona que te llamaba y te preguntaba: “¿Qué te pasa? ¿Cómo estás?”. Pero él te enseñaba mucho desde el ejemplo. Si bien por momentos tenía esa cierta cercanía, conmigo era un poco más duro. A mí me enseñó muchas cosas desde el ejemplo: a comportarme ante la vida, ante la gente, con las personas que uno no conoce, con gente que lo viene a saludar únicamente por fanatismo. La verdad que desde ese lado me enseñó un montón.

—¿Te acordás algo puntual?

—De tratar a todos por igual, de que porque uno tenga un rango más alto a nivel laboral no es más o menos que el otro, sino que uno nunca sabe que uno por ahí en un momento lo tiene al costado y después lo puede llegar a tener arriba o al mismo nivel. En el fútbol me enseñó que nunca tratar mal a nadie, porque el día de mañana puede ser tu entrenador, tu dirigente o tu compañero.

—Y tu papá en eso era re equilibrado, ¿no? Porque dirigió clubes considerados grandes y otros más chicos, pero él se manejaba igual ante todos.

—Sí era algo que yo destacaba de su personalidad, de que él a todos los trataba por igual y obviamente que tenía cierta cercanía o más cariño con algunos que con otros. Pero el trato era por igual para todos. Eso es algo que aprendí y creo que lo estoy aplicando porque también creo en eso de que uno tiene que tratar a todos por igual y nadie tiene que sentirse más que nadie porque juegue al fútbol o venga gente a sacarse una foto o pase algo en algún club, es a todos por igual.

—Es lo que pasa cuando uno se pregunta: “¿Para qué vivís? ¿Qué dejás?”. Todos nos vamos a morir algún día, pero también importa lo que dejamos. Y cuando pasó lo de La Bombonera, esto es una opinión personal, pensé: Miguel dejó todo este cariño, todo este amor y hay que aprender de eso.

—Sí. Y dejó muchas cosas por las cuales seguir aplicando su metodología de trabajo y de vida, de relacionarse ante la gente, de la tranquilidad que él llevaba, porque no es fácil dirigir Boca y a él vos lo veías y no te transmitía ninguna emoción: ni que estaba sufriendo ni que la estaba pasando bien. Él estaba bien para el afuera, obviamente internamente con un montón de dudas, de cosas a resolver, de temas que plantear, no solo en Boca sino en toda su vida.

—No hizo mucho drama cuando arrancó mal, ni tampoco se fue tan arriba cuando le fue bien deportivamente.

—Sí. Siempre igual, siempre equilibrado.

—Volviendo a tuyo. A los pocos días que el fallece no solo jugás sino que metés un gol…

—Si, él falleció el 8, el 9 fue el velorio y el 10 a la mañana viajé con mi novia, Martina, que me acompaña increíblemente. A la mañana agarramos el auto y a la tarde jugué contra Newell’s.

—Encima Tigre-Newell’s, con todo el pasado de tu viejo. Vos naciste en Rosario, tenés carrera en Central y haces el gol contra Newell’s, ni más ni menos.

—Sí. Yo sabía que el fin por ahí estaba cerca y desde el primer momento dije: “Yo juego igual por qué él hubiese querido que juegue”. Me mata si yo no juego. Entonces fue lo primero que hice: comunicarle esto a toda la gente del club. Le comuniqué a Diego que yo iba a jugar igual, pase lo que pase, y él me escuchó, me acompañó también al velorio, estuvo ahí conmigo y vino al departamento de Miguel a despedirse.

—Estás hablando de Diego Dabove, quien hoy es tu entrenador.

—Sí. Vino a despedirse también de Miguel, que eran grandes amigos. La verdad que en ese sentido, no solo el club, sino un montón de gente alrededor mío se portó muy bien conmigo y la verdad que eso me hizo más fácil transitar todo esto.

—Después pasó lo de la camiseta. En La Bombonera lanzaron una camiseta con el nombre Miguel, atada a unos globos; cayó en un campo en Uruguay, la trajeron de vuelta y finalmente te la entregaron a vos.

—Sí, de película. Como si lo hubiese escrito él. La camiseta cayó un martes y yo jugaba el domingo en Boca. Es como que todo fue justo. ¿Por qué no cayó una semana antes? Cayó justo esa semana.

—Tenía que ser así...

—Son todas señales que uno va por ahí viendo. Tal vez uno cree, otro no. Yo creo bastante en las señales y creo que fue una señal como “che, estoy acá”. La camiseta creo que recorrió por aire 160 kilómetros. No tengo el dato preciso, pero creo que era algo así...

Nacho Russo destacó la importancia
Nacho Russo destacó la importancia del apoyo del club Tigre y de su entrenador durante el difícil proceso de duelo. (Jaime Olivos)

—¿Te gustan esas cosas de quién es el mejor, si este o el otro, o te aburre? Porque acá tenemos Maradona-Messi, después tenemos Messi-Ronaldo…

—Yo creo que Maradona y Messi no son comparables porque los dos son unos genios. No lo podés comparar a Ronaldo, porque para mí Ronaldo es otro estilo…

—Y qué bárbaro cómo se ha estirado deportivamente porque ya tiene 40 o 41, Lebron James cumple 41, Federer jugó hasta lo más grande que pudo y Messi está en 37 o 38 años. Cómo se estiraron las carreras. ¿Para vos es la alimentación? ¿Es la ciencia?

—Yo creo que no es una cosa, son varias. Primero se agregó un montón de trabajo en el gimnasio que hacen que te sientas mejor, hay mucho trabajo preventivo. También la alimentación cambió un montón. Hoy creo que trabajar mucho más la cabeza, creo que hace uno sentirse mejor y más cómodo, más suelto. Si uno se cuida y uno hace las cosas bien, seguramente perdure o tenga más longevidad, no solo en el fútbol, sino en la vida en general. Pero creo que son varios factores, no solo uno.

—¿Te ves jugando hasta los 40 años?

—Sí. Yo me veo jugando hasta 45...

—¿Y serías técnico como tu viejo?

—Hoy te diría que es muy repentino pensarlo. Sí me meto en cosas tácticas que por ahí compañeros míos, no.

—Te gusta analizar.

—Sí. Hay partidos que me siento a verlos y analizarlos sobre lo táctico y otro por ocio o por disfrute. Pero sí me gusta analizar. Por ahí estoy en casa y le digo a Martina: “Mirá como cierra el lateral” y ella me mira...

—Como diciendo: “Basta de fútbol” (risas)

—Entiende un montón igual. Al lado mío aprendió un montón (risas). Nosotros somos novios desde el colegio. Desde los 12 o 13 años que nos pusimos de novios por primera vez y después a los 16 o 17. Hubo un corte entre medio, pero es de toda la vida. Ella es de Rosario, también.

“Nunca se termina de duelar,
“Nunca se termina de duelar, pero hay que seguir adelante”, expresó Nacho en diálogo con Leo Montero. (Jaime Olivos)

Quién y por qué

Leo desafió a Nacho a pensar en tres situaciones hipotéticas y a elegir, dentro del actual plantel de Tigre, qué compañero sería el indicado para cada rol, explicando el motivo de cada elección.

—Tenés que designar a uno de ellos para que musicalice todo el año el vestuario de Tigre. ¿Quién y por qué sería el compañero ideal para la musicalización de la historia?

Federico Álvarez, que es cordobés. Llega a 7 de la mañana y por ahí está La Mona (Jiménez) sonando y ya arrancamos con buena onda. Le mete variedad, igual. Por ahí de la nada te salta cumbia santafesina, algún día se escucha rock. Es muy variado. Pero a él le decís: “Loco, anímame el vestuario” y es bien arriba. Por ahí hay algún que otro tema medio medio que se lo dejamos pasar porque de los 10 puede haber uno que falle, pero después los otros están muy bien.

—Segunda situación. Te juntas con tus amigos de la vida a jugar un fulbito en Rosario y falta uno. ¿A quién del plantel de Tigre llamas?

—Tengo dos: uno es Felipe Zenobio porque nunca te puede faltar un arquero. Y después Elías Cabrera, que te gambetea a morir. Son dos que necesitas.

—Tercera y última situación. Tenés un viaje largo hasta el club. ¿A quién elegís como copiloto para que cebe unos mates, ponga música y elija la radio?

—Y en este caso a Joaco Laso. Es un tipo con el que se puede hablar de lo que sea. No sé si sabe realmente de todo, pero puede hablar de cualquier cosa y es bastante coherente y preparado. Igual, yo cebo buenos mates también. Voy mucho de copiloto.

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