A Tortonese lo define su obra. Humberto es el Parakultural, aquel de Batato Barea y Alejandro Urdapilleta. Es su actuación desopilante en los programas con Antonio Gasalla y sus participaciones en el de Susana Giménez. Es la radio junto a Elizabeth Vernaci. Es mucho teatro, es también cine. Hoy se lo puede ver en la serie “27 noches” y en su propio espacio, “El loro negro”. Tortonese básicamente simboliza la libertad de reírse de absolutamente todo con total desparpajo y sin ninguna vergüenza. Y esa libertad ya no se lleva eso por estos tiempos, está mal vista.
– Fue parte de mi vida. A mí me acompañó esa libertad que no sé de dónde venía, porque tampoco yo venía de una familia... Cuando mi madre muere nosotros éramos chicos, mi padre fue una persona muy tranquila que dijo, “tengo que criar a estos hijos, voy a hacer lo que puedo”. De ahí viene esa libertad, él dijo, lo hago con libertad. No sé por qué empecé a hablar de mi padre, pero hay algo que me lleva a eso, ahora cada vez lo adoro más. Él murió hace mucho, pero adoro eso que me dio, esa tranquilidad, esa forma. Papá fue odontólogo mucho tiempo, pero él quería ser locutor y en su familia dijeron: no, que sea un profesional. Inmigrantes, tenían que ser profesionales. A las mujeres no les exigían tanto, podían ser pianistas, podían dedicarse al arte, pero el hombre era un doctor. En un momento tuvo una incapacidad en un ojo, tuvo desprendimiento de retina, y aprovechó esa volada para decir hasta: acá llegué con mi profesión, me jubilo. Se jubiló antes de tiempo por incapacidad y ahí encontró esa libertad que yo fui heredando. Libertad para decir: me voy solo al cine, me voy solo a caminar, a hacer lo que quiero. Eso nos dio a nosotros también libertad. Mamá era maestra, si hubiese seguido viva nos hubiera dado una estructura. Me acuerdo que mamá era la que nos tomaba las lecciones, se ocupaba de las tareas. A pesar del trabajo se ocupaba de sus hijos.
“YA NO LLORO POR MIS PADRES, DISFRUTO LO QUE VIVÍ”
– ¿Por qué supones que estás hablando de tus viejos?
– No sé por qué. Uno ya tiene una edad, es lindo hablar de lo que recordás con cariño. Yo ya no lloro por mis padres, disfruto lo que viví. A mi madre la disfruté menos tiempo, pero a mi padre sí. Me acuerdo que me llevaba al Teatro Cervantes de chiquito, a veces no había mucha plata y nos llevaba a la última fila. Yo miraba y miraba, después fui parte de eso sin darme cuenta. A él le gustaba y a mí me gustaba acompañarlo.

– Lindo mirar para atrás para vos y poder decir, qué bueno que me tocaron estos padres.
– Ay, sí, porque a veces te pueden tocar unos padres exitosos, pero que no te dejan ser de tanto que dan. Quedás con esa imagen de ese padre…
–¿Tan arriba decís?
– Claro, los hijos de los artistas viven y maman todo eso y terminan siendo artistas porque es un camino que está como armado, la vida se les hace más fácil. Con mi padre no tuve una herencia, yo odontólogo no quería ser y papá tampoco exigía que podía o no podía ser. Una tía me dijo: vos hacé lo que quieras como hobby, siempre me quedó eso a mí. Yo no quería seguir una carrera, perdía tiempo pudiendo hacer lo que me gusta.
“CUANDO MURIÓ MAMÁ UN TÍO LE DIJO A PAPÁ ‘NO LES DIGAS QUE SE MURIÓ, DECILES QUE SE FUE DE VIAJE’ ”
– Tus hermanos y vos se criaron con tu papá, tu mamá murió cuando tenías siete años.
– En tercer grado estaba, sí, muy chiquito. Cuando murió mamá, nosotros teníamos un tío que nos quería mucho que le dijo a papá, “yo me hago cargo de los chicos”, como si papá no pudiera hacerse cargo. Y dijo, “y no les digas que se murió, deciles que se fue de viaje”. Por eso yo aprecio esas cosas, porque papá dijo, ¡no les voy a decir eso! Y nos llevó a ver cómo fue. ¡Entonces eso es un trauma menos!
– A despedir a tu mamá
– A despedirla. Eso de corazón se lo agradezco hasta el día de hoy. Mirá lo que hubiese sido, por más que me enterara de grande, la imagen que te queda de chico de alguien que desapareció, que se fue. ¿Por qué se fue? Una mentira puede clavarte un puñal.
– A pesar de haber convivido tan pocos años con tu mamá, vos tenés mucha empatía con las mujeres.
– Desde chico con todas las amigas de mi hermana que venían yo me quedaba charlando. Con mi hermana Andrea nos llevamos cinco años, a mí me encantaba estar con mujeres más grandes, que podían hablar de todo. También teníamos esa libertad, nadie te decía “andate”.
– Las mujeres te sentimos cercano. Elegís poetisas, escritoras mujeres en tus shows, personajes femeninos. De verdad te interesan las mujeres.
– Sí. En los comienzos me decían, ¿por qué siempre hacés personajes de mujer? Porque el personaje de mujer es mucho más rico que el de hombre, en el sentido de todo, el pelo, el vestirse…
“LOS HOMBRES ME ATRAJERON MÁS SEXUALMENTE Y LAS MUJERES EN ALGO MÁS ESPIRITUAL, ALGO MÁS HERMOSO”
– ¿Internamente las mujeres tenían algo distinto que te atraía en relación a su personalidad?
– Sí, mirá qué loco. Porque los hombres me atrajeron más sexualmente y las mujeres en algo más espiritual o algo más hermoso. Yo tuve siempre una conexión con las mujeres. Charlar con una mujer era… Yo a veces compartía con algunos hombres que podían ser aburridos, pero había una sinceridad con la mujer que no la había con el hombre.
“LAS MUJERES ME HAN CONTADO COSAS QUE NO CONTABAN A NADIE”
– Un encuentro emocional donde además se contaban todo.
– Donde se podía contar, porque esa libertad que yo tenía también le llegaba al otro. Yo tuve siempre relación tanto con hombres como mujeres, pero más con mujeres, de entrar en confianza. Me han contado cosas que no se las contaban a nadie.
– Y vos a ellas.
– Y yo a ellas, pero yo siempre conté, toda mi vida. Hay gente que se guarda cosas. Una vez con una amiga mía estábamos caminando en la playa con los perros, estuvimos todo el día juntos y me acuerdo que me confesó algo fuertísimo de su vida. Yo dije, qué loco que me lo cuente así. ¿Qué habrá pasado? Habrá encontrado algo de esa libertad que yo puedo dar que le sirvió a ella para liberarse de eso, poder charlar.
– Sí, hay libertad pero también amorosidad tuya con las mujeres. Te gustan los personajes de mujeres, te gustan las escritoras, una está cómoda.
– Por ejemplo, Alfonsina. A veces imagino historias, que yo viví contemporáneo a esas mujeres, porque su lectura me da algo de poder estar en cualquier época.
– ¿Y tu vieja dónde quedó en este universo de mujeres? ¿Cómo es el recuerdo de ella, si es que existe? ¿Vivido o es una idealización?
– Es raro eso, porque al ser tan chico quedó más la imagen de la foto que la conexión. Yo tenía pesadillas fuertes y falso crup, que era una enfermedad donde te ahogabas, me acuerdo de esa contención de mi madre al venir, estar, eso calmaba esa situación, pero me duró poco, hasta los siete años es muy poco. De ahí creo que con todas las mujeres con las que encontré una conexión había parte de esa conexión que me faltó con mi madre.

“DESDE QUE ERA CHICO NO QUERÍA TRABAJAR TANTO, LO QUE QUERÍA ERA DISFRUTAR MÁS Y TRABAJAR MENOS”
– ¿Cuál es la fórmula para vos para ser feliz? Porque no trabajás todo el tiempo, trabajás una parte del tiempo. No sé cuánto es por elección.
– Es mucho por elección, porque yo elegí desde que era chico que no quería trabajar tanto, lo que quería era disfrutar más y trabajar menos. Y el Parakultural nos daba eso, hacíamos viernes, sábado y domingo y después teníamos toda la semana. Yo había tenido una posibilidad bárbara, mi padre en vida vendió el departamento para darnos algo a cada uno. Mi hermano no quería nada, mi hermana tenía una familia y se quedó con una parte y yo me quedé con una partecita que eran 7.000 $, en ese momento con eso te comprabas un departamento de un ambiente. Después empecé a trabajar y me compré algo mejor, pero ya tenía mi casa.
– ¿No eras ambicioso?
– No, era más ambicioso con mi libertad.
– Después laburaste al palo.
– Después trabajé mucho tiempo, inesperadamente.
– ¿Y ahora?
– Otra vez vuelvo a no trabajar, jajajaja.
- ¿Volvés a decidir “trabajo lo que quiero”?
– Pero ahora es más lógico a mi edad, uno aprende. Hay gente que no puede, porque es loca de trabajo. Cuando quiero hacer algo aparecen propuestas, las veo y si me gustan las agarro. A veces las agarro y a veces no.
– ¿Según lo que tenés ganas de hacer?
– Lo que tengo ganas de hacer y lo que intuyo que va a andar. Me ofrecen cosas en el Teatro Regio y está tan cerca de casa que ya hay un 50% de posibilidades de que sí. Yo tengo una independencia también, un lugar donde trabajo cuando quiero, es algo muy importante.
– ¿En qué momentos hoy está el mayor disfrute?
– Yo los horarios los tuve muy cambiantes, trabajé en todos los horarios. Y ahora me doy el lujo de levantarme a las ocho, a las nueve, a las 11, me levanto cuando quiero y eso está bueno. Lo que hay que hacer es moverse, lo que no hay que hacer es estancarse. A mí me gusta nadar, pero tambien me pongo elongar, hacer ejercicios y eso es fundamental.
“ME VENGO PREPARANDO PARA LOS 80”
– Estás hablando, como si tuvieras 80 años y tenés 61.
– Pero me preparo para los 80, me vengo preparando. Acá en la Argentina, el grande era el viejo y ahora están de a poco apareciendo lugares para gente más grande, para el placer, hasta condominios. Siempre lo pensaba, ¿por qué no agruparse?

– ¿Humberto, estás planificando la vejez?
– Sí, pero bien de a poco, porque de golpe me agarra energía otra vez y agarro todo.
– Hace poco participaste de una película que fue muy vista basada en una historia real.
– “27 noches”. A mí los uruguayos me dan algo de paz y Daniel Hendler vino a casa, con el mate, a ofrecerme el papel y charlamos. Nunca me exigió nada, porque el cine no es lo mío. Después, al investigar qué era esto, qué le había pasado a esta mujer…
– La artista plástica Natalia Cohen que estuvo internada por problemas psiquiátricos, que aparentemente no tenía, por decisión de sus hijas.
– Leí el libro de Natalia Zito, “27 noches”, es una ficción que se basa en los reportajes que le hizo. ¿Pero qué pasa ahí? ¿Quién es el bueno y quién es el malo? Ninguno es ni demasiado bueno ni malo. Había una locura en esa mujer de 80 y pico de años que era muy interesante, ahí está lo de esas vejeces que empiezan a reflotar la vida. A ella se le muere el marido y decae. Después, empieza a conectarse otra vez con el arte y con amigos. Y empieza con fiestas donde estaban artistas como Fernando Noy.
– Empieza a gastar.
– Y a gastar su plata, de una manera… Todo lo controlaban, el control lo tenían las hijas.
– ¿A vos te gustó la ambigüedad de la historia? ¿Que todos pueden ser buenos o malos?
– No, en ese momento no lo vi. Lo que me gustó apareció cuando empecé a indagar sobre la libertad de alguien que es grande. Si es grande no puede ser una mujer libre que tiene ganas de tomarse un gintonic y de besar a alguien. No puede gastarse la plata, ella firma un cheque de 500 mil dólares a un centro cultural. Los maridos de las hijas les llenan la cabeza y aparece esta enfermedad psiquiátrica. Esta mujer terminó internada 27 noches en un lugar donde había gente realmente con problemas.

Ir a ver a Tortonese a “El loro negro” es ir a reírse, a pasarla bien y comer rico. Pero además sorprenden los invitados, la Negra Vernaci, Betular, Rechimuzzi… Y Lizy Tagliani que ya es parte de la casa.
– “El loro negro” es un espacio donde hacés lo que querés y cuando querés. Es parte de esta etapa de la vida donde trabajás menos y disfrutás más.
- “El loro negro” fue algo mágico. Yo no tenía la plata para empezar, estuve buscando un socio. Aparece un socio, pero después se va. Lo llamé a Damián Betular, que trabajaba con Damian Manusovich, yo no lo conocía. Y terminamos siendo familia, un socio que no era el socio, era el amigo. Manusovich me mandó primero a alguien para ver qué podíamos hacer y yo le dije, ¿algo cultural? Y el chico me contestó: no, lo cultural no es lo nuestro, jajajaja. Me iba agarrando algo fuerte. Entonces lo llamé y me dijo: olvidate, ahora te mando a mi tía que va a entender todo. Y tal cual.
“SOMOS FAMILIA TRES HORAS, QUE ES LO QUE PUEDE AGUANTAR UNA REUNIÓN FAMILIAR. MÁS DE TRES HORAS EMPIEZAN LAS PELEAS”
– ¿La casa donde funciona “El loro negro” de quién es?
– Es nuestra. Es una casa chorizo de las viejas épocas. A mí me agarró la pandemia cuando tenía armada la estructura, faltaba decorar y ver cuando arrancaba. Esta casa antigua tenía una energía, había sido tomada y el dueño nunca la conoció, era un italiano que traía gente en barco. Yo la transformé en un refugio mío, donde puedo hacer un poco lo que quiero. Como anfitrión recibir a la gente, darles de comer y tomar durante tres horas. Yo digo que somos familia tres horas porque es lo que se puede aguantar una familia. Más de tres horas en una reunión familiar y empiezan las peleas. Al principio dije, “que sea poca gente y que a su vez se sientan como en una casa”. Y después empezó a venir más gente y más gente. Y empezaron a venir también amigos, artistas, cantantes. Lizy Tagliani un día me dijo “ami me quedo” y se quedó. Hace tres años que está y lo hacemos cuando se puede.

– Es cerrado, tenés que anotarte, no es que está abierta la puerta para cualquiera y pasan cosas todo el tiempo.
– Claro, es un lugar a puertas cerradas. Es lindo que no sea un teatro porque la gente siente la cercanía.
“PUEDO ESTAR CHARLANDO CON CUALQUIERA Y AL RATO ESTAMOS A LOS ABRAZOS, A LOS BESOS. NO ENTIENDO POR QUÉ.”
– A vos se te ve pasarla muy bien.
– Sí, porque yo soy muy social, siempre lo fui. A mí lo que me agobia son las multitudes, ir a recitales, tanta gente sí me agobia. Pero yo puedo estar charlando con cualquiera y al rato estamos a los abrazos, a los besos, no entiendo por qué. Algo se engancha en mí y me divierto. Meto siempre la poesía que me acompañó gran parte de mi vida, Alejandra Pizarnik, Alfonsina y Alejandro Urdapilleta, es parte de una Biblia.
– ¿Vivís de eso hoy? ¿Qué es lo que sostiene?
– No, en mi vida yo no tuve grandes cambios, me pude hacer mi casa y pude hacer las cosas que me dan una estructura para en este momento poder elegir. Esto también lo puedo hacer porque es mío el lugar, sino tendría que tener una estructura para trabajar mucho más.
– Tuviste novios, parejas, estables y largas. ¿Nunca te casaste?
– No, mis primeros novios fueron muy largos. Con Marcos Zimmermann, estuvimos 24 años.
– Es un matrimonio
– Es un matrimonio. Por eso la relación no se corta, tenemos una casita en Uruguay entre los dos. A mí si no me hacen algo muy fuerte trato de que todo siga bien.
– ¿Unión civil tampoco?
– No se me dio, en algún momento puede ser. Mi vida fue muy independiente. No necesité la formalidad del otro.

– ¿Como fue la decisión de cortarte el pelo? Tengo muchos recuerdos de trabajos tuyos con el pelo muy largo.
– El pelo me acompañó mucho tiempo. Yo trabajaba también con el pelo. A mí me gustaba nadar y ya iba a nadar con rodete. Era un extraterrestre con el gorro, los cositos, la sunga, en cualquier momento espantaba gente. A los 40 y pico de años dije: basta, ¿para qué? Ya tuvo su ciclo. No soy rockero, viste que los rockeros se quedan pelados arriba, pero con el pelo largo.
– ¿Por qué crees que no parecés de 60 y pico? ¿Qué supones?
– Es el ánimo que uno le pone a la vida, las ganas de seguir. Entonces uno se siente joven. Yo puedo estar tanto con una persona joven, como con una persona grande, pero cuando estoy con gente joven me dan esa energía y parece que seguís teniendo 20. Por eso hay que moverse y no estancarse. A su vez, pasó toda una vida a los 60. Yo nunca pensé en la trayectoria, nunca miré para atrás y de golpe digo: si, pasó. A “El loro negro” los que vienen muchas veces traen a la madre o al padre, son los hijos que los vieron disfrutando de algo en otra época. Está bueno.
“¿COMO UN CANAL NO SE DA CUENTA QUE HAY UNA PERSONA QUE ESTÁ DELIRANDO? ¿QUE ESTÁ DICIENDO COSAS QUE NO SON?”
– En 2025 distintos artistas como vos fueron denunciados por Viviana Canosa por algo tan grave como trata de personas. Es un grupo de amigos que conozco y a algunos los he visto muy mal.
– En el momento la verdad que me pareció una locura, una locura total, que alguien quiera hacernos ese daño a nosotros. Lizy, con la adopción de su hijo, había cosas muy heavies, Florencia Peña, todos, porque nos nombró a todos, un grupo de amigos que somos felices. Yo no sé si esta mujer está buscando felicidad o que la quieran o que, así no es el camino. O hay algo en ella, en su locura de la cámara, de golpe ella se vuelve loca y saca una bandera argentina y es Evita. ¿Cómo un canal no se da cuenta en ese momento que hay una persona que está delirando? ¿Que está diciendo cosas que no son? Y a su vez los demás programas, que se agarran de algo sin decir: ¿por qué no paramos esto hasta ver si es verdad todo? ¿Por qué? Porque involucra gente famosa que de golpe te hace un programa.
– Nada era cierto, pero en ese momento ¿qué sentiste? ¿Qué te pasaba?
– Ese es el problema. ¿Por qué tengo que salir a justificar una barbaridad? ¿Por qué yo tengo que hablar sobre algo que esta mujer por su locura o por lo que sea, hace? Lo que acá tiene que suceder es que esto siente un precedente, esto no puede volver a pasar, vos no podés tener una cámara y hablar y decir cualquier cosa y que un canal avale eso. No lo podés hacer desde ningún medio ni los otros hacerse eco con eso. Es una barbaridad, porque no es un chisme ligero, no es un “ay, se acostó con este”.

– Es un delito.
– Ahora le está tocando a ella, que se acuesta con uno, que se acostó, que pidió un cargo. Esto no tendría que volver a pasar en la televisión. Mariana Fabiani lo dijo perfectamente, era un canal serio. ¿Por qué la ponen a esta mujer a hacer semejante cosa? Por un punto o dos puntos más de rating entonces mato a tu hijo, hago lo que quiero, te defenestro. No hay un límite, vos no podés hacer eso. Si vos tenés algo real, presentalo en la justicia, porque es una cosa muy seria.
– Te vi siempre mirándolo muy desde afuera.
– Porque yo no quise participar de eso, ni seguir fomentando.
– Ni contestar.
– ¿Contestar a quién? Realmente era una situación horrible. Pero esperemos que la pague.
– La llevaste muy bien.
– Sí, ahí. Esos momentos son incómodos todos. Nosotros seguíamos trabajando con Lizy, con Flor, toda gente laburadora. La Negra por suerte se defiende y defiende a todos, tiene un carácter y una cosa que es genial. Yo no, yo soy otra cosa, a mí no me gusta salir a hablar y menos de una barbaridad. Si es algo que realmente tengo que justificar, sí, pero no eso.





