A simple vista, resulta difícil diferenciarlo. La piel exhibe el tono preciso, con pequeñas rojeces y venas visibles. La expresión del rostro transmite molestia, como si algo le perturbara, pero el bebé permanece inmóvil y en silencio. “Este no es un bebé real. Es un bebé reborn”, aclaró Leticia Andrea Casco, creadora de estas piezas hiperrealistas que generan emoción y, en numerosas ocasiones, polémica.
Para Leticia, cada bebé reborn constituye una obra de arte. “Es algo pintado capa por capa, pelo por pelo, con el fin de que parezca un bebé real”, explicó. Ningún paso del proceso es industrial ni automático. Todo se realiza de forma artesanal, con dedicación y paciencia. Desde el primer trazo hasta el último detalle, cada muñeco requiere semanas de trabajo.
El proceso inicia con un kit de vinilo en blanco, una escultura que llega sin color. “Se pinta capa por capa, dando los tonos de la piel, las rojeces, los capilares, las venitas y las uñas”, detalló. Una de las etapas más delicadas es la colocación del cabello. “Se implanta pelo por pelo, las pestañas, y después se arma”, señaló. El tiempo de elaboración depende de cada encargo. “En general, tarda entre diez días y tres semanas”, afirmó.

El realismo no se limita al aspecto visual. Uno de los secretos de los bebés reborn reside en el peso y en la sensación que producen al sostenerlos. “Se les pone peso en zonas concretas, por ejemplo, en la cabeza, para que cuando lo sostenés, caiga hacia atrás. También en el abdomen, las piernas y los brazos”, explicó Leticia. El propósito es que el cuerpo responda como el de un recién nacido, generando una experiencia lo más cercana posible a la realidad.
Esta búsqueda de realismo provoca reacciones diversas. “A la gente le gusta mucho porque no solo los eligen por sus caritas, sino por las emociones que despiertan”, afirmó. Los bebés reborn no son simples muñecos: generan apego y ternura y, en ocasiones, vínculos que sorprenden incluso a su creadora.
El precio también evidencia el trabajo detrás de cada pieza. En Argentina, los bebés reborn creados por Leticia cuestan entre 300 mil y 600 mil pesos. “Solamente la escultura, que es el kit en blanco que se pinta, sale entre USD 100 y USD 150”, explicó. A esto se suman los materiales, las horas de trabajo y la técnica aplicada. “Por eso son tan costosos. No es algo industrial, no es algo que se produce en serie. Cada bebé es único y las familias espera semanas hasta recibirlos”, detalló.
En el extranjero, los valores resultan aún más altos. “Arrancan en los 600 dólares hasta 3.000 euros”, contó. Muchas de las esculturas que utiliza Leticia provienen de artistas internacionales, principalmente de Alemania, Estados Unidos y España.
“Pueden inspirarse en un bebé real o esculpirlo según su imaginación. Desde una bola de arcilla crean toda la escultura y después la envían a fábricas que la reproducen en vinilo”, explicó sobre el proceso de creación. Algunas ediciones son limitadas. “Yo tengo una edición de solo 900 en todo el mundo y ya está agotada”, advirtió.
La hiperrealidad de los reborn ha provocado situaciones inesperadas. Según su experiencia, algunas clientas han llevado esa ilusión al extremo. “Me contaron que los sacaban a pasear o que querían alimentarlos”, recordó. Otras consultas la sorprendieron aún más: “Una vez me preguntaron si podían hacerle un baby shower. Otra vez si le podían hacerle aritos y si les iba a doler”.
También se han presentado casos en los que las clientas percibieron señales emocionales en los muñecos. “Me dijeron: ‘el bebé está triste porque lo veo desinflado’, y en realidad lo habían manipulado tanto que el vellón se había aplastado”, relató Leticia. Ante estas situaciones, mantiene una postura respetuosa. “No les digo nada, pero por dentro pienso: qué raro”, confesó.
La mayoría de sus clientas no buscan reemplazar un bebé real sino que son coleccionistas. Algunas personas tienen uno o dos, pero otras llevan la pasión al extremo. “Tengo clientas que tienen hasta 100 muñecos”, señaló. No siempre los adquieren todos a través de Leticia. “Cuando sos coleccionista, querés tener diferentes artistas, etnias, etc”, aclaró.
Para Leticia, cada bebé reborn es mucho más que vinilo y pintura. Representan horas de trabajo, técnica y una búsqueda constante de perfección. “Detrás de cada bebé hay un pedazo de arte”, resumió. Un arte que, en un mundo habituado a la inmediatez y lo descartable, se toma el tiempo de ser creado capa por capa, pelo por pelo.




