Agustín Canapino es una de las figuras más emblemáticas del automovilismo argentino de las últimas décadas. Dueño de una trayectoria excepcional en las principales categorías nacionales, su nombre quedó asociado al éxito en el Turismo Carretera, el Top Race V6 y el Súper TC2000, donde construyó un palmarés que lo ubica entre los pilotos más ganadores de la historia.
Formado en la Copa Mégane Argentina, Canapino mostró desde muy joven un talento fuera de lo común. En 2009 debutó en el Turismo Carretera y, apenas un año más tarde, se consagró campeón con solo 20 años, convirtiéndose en uno de los monarcas más jóvenes de la categoría. A lo largo de los años siguientes sostuvo una presencia protagónica constante, con etapas de marcado dominio, especialmente entre 2017 y 2019, y volvió a destacarse en 2025 con triunfos y actuaciones determinantes en las principales competencias del país.
Su carrera también tuvo un capítulo internacional cuando desembarcó en la IndyCar Series, donde compitió para el equipo Juncos Hollinger Racing durante las temporadas 2023 y parte de 2024. Esa experiencia lo posicionó como uno de los representantes más visibles del automovilismo argentino en los exigentes circuitos de Estados Unidos.
Reconocido a nivel nacional, Canapino fue distinguido con el Olimpia de Oro en 2018 y en 2025, un premio reservado para los deportistas más destacados del país. Hijo del recordado preparador Alberto Canapino, supo continuar y ampliar un legado familiar ligado a la mecánica y la competición, consolidando una reputación basada en resultados, profesionalismo y vigencia competitiva.

—Queríamos tener una entrevista con gente que tuviera muchas copas. Pero copas de las buenas, no de fin de año (risas). Y están acá sobre la mesa...
—Sí, Olimpia de Oro 2018 y 2025.
—¡Qué groso! Buena coronación y otro buen premio para los tres que conquistaste que es algo bastante inusual…
—Sí, es la primera vez que se da que un piloto a nivel nacional gana tres campeonatos nacionales el mismo año. Nunca se había dado. Y mi segundo Olimpia de Oro, que ya uno era una locura, imaginate dos. Es un montón. Así que soy un agradecido a los que me han dado los premios: al Círculo de Periodistas Deportivos y sobre todo a mis equipos. Porque hoy estoy acá hablando con vos, con los Olimpia al lado, pero depende de un equipo que me entregan las máquinas y los autos para competir.
—¿Es verdad que superaste al Flaco Traverso?
—En campeonatos nacionales, sí. El Flaco ganó 16 campeonatos nacionales. Yo pude ganar el decimoséptimo. Y es una estadística que obviamente a mí me llena de orgullo, porque imaginate que no hice karting, nada, y soñaba con correr alguna carrera y hoy me encuentro en esta situación, así que no lo puedo creer todavía.
—¿Todavía no tomás dimensión de todo lo que lograste este año?
—Creo que no caigo porque todavía estoy en actividad y ya estoy pensando en lo que viene. En validar mis títulos, en volver a ganarlos...
—La mente del deportista de élite.
—Sí. Estoy trabajando en mi mente, en mi físico, en mis autos y en mis equipos. No paro. Y eso es como que no te hace disfrutar el presente. Es la parte mala de que no lo disfrutás en el momento, pero la parte buena es que es lo que te mantiene competitivo. Igual hay un paralelismo. Es como me pasó en 2010. Yo gané mi primer campeonato de TC, tenía 20 años y recuerdo que mi viejo me dijo ese día: “Preparate cabeza que a partir de hoy tu vida cambia por completo”. Y yo no sabía lo que me estaba queriendo decir. Después, con el tiempo, me di cuenta a qué se refería. Y quizás hoy me esté pasando algo parecido.
—¿Hace cuánto tiempo falleció tu papá?
—Mi viejo falleció en el 2021, el 15 de febrero del 2021. Lamentablemente por covid. Falleció de un día para el otro. Fue duro por lo rápido que pasó todo y porque no lo pude despedir, no lo pude ver, no lo pude velar… Estaba en una clínica y lo entubaron. Yo hablé con el domingo a la mañana por mensaje que lo iban a entubar y al otro día se murió. Y supuestamente estaba todo bien. A mí me decían eso. Pero le dio un infarto y se murió. Tenía 57 años. Con mi abuela pasó algo parecido. Hay gente que ni se enteró que tuvo covid, no les pasó nada. Y a mí me destruyó. Se llevó mi abuela, que era como una madre con la que me crie, se llevó a mi papá, casi se lleva mi otro abuelo. A mí el covid me golpeó fuerte, pero bueno es lo que me tocó.
—A casi cinco años del fallecimiento de tu padre, ¿sentís que hoy te vuelven más presentes sus consejos? ¿Lo recordás de una manera especial después de volver a ganar?
—Me pasa algo loco que me preguntaron mucho: “¿Cómo sentís tu primer título de Turismo Carretera sin tu papá?”. Y en todo momento, desde el primer segundo, me nació decir: “Esto no es sin mi papá. Esto es con mi papá, porque yo me siento una parte de él, una continuación de él”. Y realmente lo siento presente. No en vida, no conmigo. Y esto que hablé recién, un año o dos años atrás, no lo hubiese podido hablar porque me quebraba. Y hoy lo puedo hablar. Logramos algo increíble, pasó algo increíble y siento que fue con él, no sin él.
—Con el tiempo empezaste a sanar un poco la emoción...
—No podía ver una foto de él, un video y hoy no tengo problema y lo disfruto. Cuando me nombran a mi papá, hablo de él con orgulloso. Él estaba en el Olimpia del 2018. Me acuerdo que tenía una emoción indescriptible. Y este del 2025, no estaba físicamente, pero ¿viste cuando sentís algo?
—Sentís que está presente desde otro lugar.
—Es inexplicable. Así que lo estoy sintiendo de esa manera. Es como que me terminó de ayudar a aceptar y sanar esa partida repentina. Mi papá era mi director técnico, era mi socio, era mi preparador. Era muy cercana la relación con él. Después de una historia de vida complicada, de grande empezamos a tener relación, terminamos siendo lo que te decía y de golpe se fue un día para el otro. Entonces, hay una conexión fuerte en ese sentido.

—¿Él preparaba el auto de Traverso?
—Claro. El flaco en el ‘95, gana el campeonato de Turismo Carretera y el TC 2000, cuando el TC 2000 estaba en su apogeo, en su mejor momento. Se dio solamente esa vez de ganar TC y TC 2000 el mismo año y los ganó en el taller de arrecife, el de mi papá, con mi papá como director técnico.
—Y ahora vos ganás los tres, le sumaste pickup.
—Yo le sumé las pickup y es la primera vez que se da... Yo había ganado dos campeonatos en un solo año y fui subcampeón de TC 2000. O sea, le había pegado en el palo dos veces. Pero no había podido lograr nunca esta triple corona, que es la primera vez que se da. Y el año que viene hago mi primera incursión en Turismo Nacional, que es otra categoría.
—¿Y qué diferencia tiene?
—Ahí corren autos más chicos, con menos potencia, con menos aerodinámica: los Cruz, los Focus, Citroën, Sedán…
—Agustín, para tener tu cabeza o la de tus colegas competidores de deportista profesionales, ¿cuánto hay que dar en la vida? ¿Cuánto sacrificás? ¿Cuántas cosas te perdés por ser un número uno?
—Y te diría que prácticamente todo (risas). En mi caso, todo lo que era parte de la adolescencia, la juventud, me la pasaba corriendo y si no era corriendo, siendo un obsesivo de trabajo, mirando, tratando de aprender y practicando para poder evolucionar. Me parece que a todos los deportistas del alto nivel le pasa lo mismo. O sea, tienen que dedicar su vida entera al deporte y a la actividad. El automovilismo se le suma a eso. En mi caso, que yo me preparo mi auto, las decisiones técnicas, si bien estoy asesorado por ingenieros en mi equipo, lo que se usa o se deja de usar en mi auto lo decido cien por ciento yo.
—O sea, la última palabra la tenés vos.
—En todo.
—No en todos los casos es así.
—No, no, no. Es un caso muy particular el mío, heredado de mi papá porque aprendí mucho con mi viejo.
—Pero, ¿eso sucede porque sabés mucho, porque te criaste con tu viejo preparando autos?
—Y porque me gusta. No tiene que ser así en todos los casos. En mi caso estudio mucho lo que es la parte de la ingeniería, la preparación. Trato de asesorarme, tengo ingenieros muy buenos en el equipo que me asesoran y me apoyan. Es algo que encanta, pero me lleva muchísimo tiempo porque no es solo manejarlo, sino prepararlo y ponerlo a punto.
—¿Y a vos te gusta manejar fuera de las pistas? Porque la mayoría de los pilotos dicen que no.
—Como gustar no me gusta porque se hace tedioso, pero no te largo el volante ni de casualidad (risas). Me tengo que estar muriendo de sueño para largar. Me cuesta mucho. De hecho, si me subo a una montaña rusa o me subo a algún juego que no puedo manejarlo, me desespera. Me transpiro todo. Me da miedo.
—Yo considero que manejo bien, si te digo: “Agustín, te llevo yo”. ¿Te ponés nervioso?
—Déjame que voy en mi auto, Leo (risas).
—Hay deportistas de élite que parecen tocados por una varita mágica: Stephen Curry, Federer, Ginóbili, Kobe, Jordan, Messi. ¿Creés que, sin entrenamiento, sacrificio y sin dejar cosas en el camino para ser número uno, no se llega?
—El talento sin esfuerzo y sin sacrificio no sirve para nada.
—¿En tu deporte aplica exactamente igual?
—Absolutamente. Como en todo deporte. La diferencia de nuestro deporte es que depende además de una máquina. Al depender de una máquina, es muy relativo el resultado. Pero siempre, a lo largo de la historia, desde Fangio hasta el día de hoy o hasta el día que no haya más automovilismo, las mejores máquinas, los mejores autos, están con los mejores pilotos y los mejores pilotos con los mejores autos. A la larga siempre pasa eso.

Quién y por qué
Leo desafió a Agustín a participar de un juego en el que debió elegir, frente a distintos escenarios hipotéticos, cuál de estos tres colegas: Guillermo Ortelli, Mariano Werner o Facundo Ardusso, encajaba mejor en cada situación, explicando los motivos de su elección.
—Primera situación: en un viaje de 12 horas en auto, ¿quién se encargaría de la música y de cebar mate? Porque ya sabemos que manejás vos y no vas a largar el volante.
—De la cebada de mate: Ortelli, porque es re matero. Y de la música a Mariano no lo veo de DJ, así que lo voy a elegir a Facundo Ardusso, que tampoco lo veo de DJ, pero al lado de Werner...
—Segunda situación. Se enferma alguien de tu equipo y tenés que incorporar a uno de estos tres. ¿A quién elegís?
—Y lo elijo a Werner porque sabe mucho de técnica. Es dueño de equipo, está más en esas cosas. Facundo es más piloto. Calzaría bien Mariano solucionando quilombos, básicamente.
—Tercera y última situación del quién y por qué. Te vas a Arrecifes con tu familia, pero no podés manejar y tenés que elegir a un conductor responsable para que los lleve. ¿Ortelli, Werner o Cardozo?
—Está fácil: a Guille, al rey. La experiencia. Un hombre sabio… Ortelli. Debe ser al único tipo que le daría el volante. Con él iría tranquilo. Sabe que lo quiero mucho. Aparte vive en Salto, así que le queda 30 kilómetros de su casa...
—¿Por qué brindás este Año Nuevo?
—Y yo brindo por el año que tuve y después por lo más importante de la vida que es la salud y la familia.





