Michelle Masson es modelo, creadora de contenido y licenciada en Trabajo Social. Es reconocida por su presencia en plataformas como Instagram y TikTok, así como por su incursión en televisión y teatro. Participó en programas de entretenimiento, campañas comerciales y videoclips. Además, condujo ciclos como Los 15 Mejores en el canal Quiero.
Su crecimiento en redes sociales comenzó con la publicación de contenidos de formato corto durante la pandemia, lo que le permitió construir rápidamente una comunidad amplia. Su cuenta de Instagram reúne cientos de miles de seguidores y se ha convertido en el principal canal para compartir contenido y novedades sobre su trabajo artístico y proyectos. Este año ganó el premio Ídolo la categoría Lifestyle y formará parte del elenco en la segunda temporada de la serie Margarita.
—Sos una cara hiperconocida y con mucha viralización en redes. Pero contame, ¿en qué versión te encontrás hoy? Si tuvieras que explicarle quién sos a alguien que no te conoce, ¿qué dirías?
—Soy muy fanática del Cuarteto de Nos que tiene una canción que se llama Breve descripción de mi persona y básicamente dice: “Me están pidiendo que me describa en un párrafo y es imposible de hacer”. Creo que me pasa un poco eso...
—Como dijo el Chino Darín: “Si la describo la limito” sobre Úrsula Corberó.
—Sí, totalmente (risas). Soy muchas cosas, soy muy multifacética y soy básicamente un contraste constante. El ejemplo más claro es profesionalmente: trabajo de modelo desde los 16 años, estudié actuación desde los 18 y soy licenciada en Trabajo Social. Siento que también en redes se muestra mucho ese contraste a nivel imagen y de lo que en realidad porto por dentro.
—Eso creo que genera como una curiosidad particular, ¿no?
—Sí, eso es lo que más me marca de la gente que me sigue.
—¿Qué sentís que es lo que genera mayor curiosidad?
—Mi trabajo como modelo genera curiosidad y cómo dentro del mundo frívolo del modelaje juega la licenciatura en Trabajo Social y mi convicción por la equidad social, por mi preocupación por la niñez y la adolescencia, cómo estoy ahí siempre metida y tratando de cambiar el mundo un poquito.
—¿Es verdad que arrancaste a trabajar de modelo porque te llevó tu papá?
—Sí. Yo siempre tuve la autoestima muy baja y para mí el modelaje nunca había sido una opción. Mi viejo me dijo: “Re podés trabajar de modelo”. Yo le decía: “Papá, vos estás loco. Yo no puedo trabajar de modelo ni en pedo”. Jugaba a ser modelo con mis amigas o con mi hermana y hacíamos obras de teatro. Pero era todo lúdico. Un día me dijo: “¿Por qué no probás?”. Y ahí fui a la escuela de Anamá Ferreira y yo le dije a mi papá: “Yo no sé caminar en tacos, no sé mirar a cámara”. Mi viejo me dijo: “Probá y te fijás si te gusta”. Después de la primera reunión en la que Anamá cuenta de qué se iba a tratar el curso de modelaje, me pide que me quede y me dice: “Vos podés trabajar de modelo”. Mi papá me miró como diciendo ¿viste? yo te avisé (risas). Ahí probé y me gustó. Es un trabajo que me gusta porque que no tiene rutina y yo soy cero rutinaria.
—¿Y cómo empieza tu presencia en redes?
—Lo que me sucedió con las redes era que podía mostrar mi personalidad, que es en lo que estoy más segura. Entonces, es ese contraste de, por ahí no me quiero tanto físicamente. Pero sí sé quién soy. Ahí empecé a mostrar mis ideas en redes y nunca me molestó ser la oveja negra. Es más, muchas veces hasta lo elijo en el sentido de decir: “Si yo tengo un ideal y ese ideal está parado sobre la bondad, la ética y la moral, lo voy a sostener, no me importa que se me venga un pueblo entero en contra”. Lo que tengo que decir lo digo y siempre lo digo desde el amor, desde querer construir un mundo mejor. Empecé a comunicar eso, siempre con mi cuota de humor y la gente lo recibió bien por suerte.
—Y en esto que decís: “Si tengo que bancar un ideal sostenido en mis valores, no me importa que se me venga el mundo en contra”, ¿qué te acordás que te haya pasado? Porque los debés tener bien identificados.
—Mi postura antidrogas, mi creencia en Dios, mi postura acerca de la desigualdad social, te puedo dar mil ejemplos. En el colegio me decían: “Siempre Michelle defendiendo a los pobres y ausentes”. Y sí. Mientras yo pueda defender al que no es comprendido, lo voy a hacer. No tengo problema en sostener lo que creo fervientemente y no me da miedo ni me da vergüenza. Y así pude también ser vocera de un montón de gente que tal vez no podía hablar.
—He visto contenidos en donde hablás de no acostarte con alguien en una primera cita o de exponerte tanto. Me parece que está bueno y genera mucho debate.
—Igual eso me sucede más allá de la religión o de Dios. Yo soy católica y dentro del catolicismo soy salesiana y no es que yo practico la castidad hasta el matrimonio, pero obvio que tiene que ver también mi creencia religiosa. Todo en algún punto tiene que ver con todo, pero lo sostengo porque yo todo lo que hago le pongo el alma, ¿no? Entonces, si a todo le pongo el alma y el cuerpo, ¿por qué solo a una situación le pondría el cuerpo? Si todo lo que hago, lo hago pasionalmente, desde el autoconocimiento y desde el amor...
—Desde la preservación, también.
—Sí. De preservar mi ser.
—¿Sentís que hay como una cuestión en las mujeres de exponernos, no preservarnos, de cara a buscar la aceptación de un otro?
—Sí, nos sucede mucho en el sentido de que por ahí estamos todo el tiempo con la imagen, lo que nos exige el mundo a nivel comercial de “tenés que mantenerte joven, linda” y de determinada manera para que te acepte, pero la pregunta es ¿quién? ¿Un varón? Siento que nos sucede mucho eso. Pero a nivel sexual, es algo que no solo comparto con amigas, sino que se lo comparto a amigos míos. ¿Por qué es la mujer la que tiene que preservarse? Para mí el varón también debería preservarse en el sentido de decir: “No estoy con cualquiera porque tengo una necesidad fisiológica”. En entrevistas me ha dicho: “Bueno, pero es una necesidad”. Y he respondido: “Sí, ir al baño también y uno controla dónde lo hace y cómo lo hace”.
—¿Y qué feedback tenés cuando lo hablás con tus amigos varones?
—Tengo amigos que me terminan diciendo: “¿Sabés la cantidad de veces que estuve con una mina porque sentí que tenía que estar para demostrar algo y en realidad no tenía ganas de hacerlo? Porque si decía que no, era como que perdía mi hombría, quedaba como un bolud*”. Y si no tenés ganas de hacerlo, no lo hagas. Si no lo sentís, no lo hagas. Muchos amigos, una vez que se enamoraron, que descubrieron el amor, me dicen: “Obvio que hacer el amor no lo cambio por nada”. Para mí es importante esa preservación de decir: “¿Con quién? ¿Cómo?” Es el intercambio de energía más grande que podemos tener. Y tampoco está mal si elegís dispersar tu energía por ahí. Cada uno es libre de decidir lo que quiera.
—Es un debate hiperprofundo.
—Sí, re. Y me pasa mucho en reuniones en las que tiro esto y es como: “¡Ah! Dale, dejá de hablar boludeces".
—Pero porque incomoda también pensarlo así.
—En mi círculo íntimo ya curtieron el mambo, pero... En definitiva después terminan compartiendo esta idea en muchas ocasiones.
—¿De dónde crees que surgen estos disparadores en vos?
—De mi familia más que nada. Esto de preservarme, cuidarme, cuidar mi cuerpo. Por eso también digo no al consumo. Mi mamá empezó a tomar alcohol a los 50 años. Y ahora se toma una copa de vino blanco cada tanto. Y eso también siento que está bueno. Tuve un novio que me decía: “Qué bueno escabiarte con tu viejo”. Y a mí me chocaba: “¿Cómo? ¿Con mi papá me voy a escabiar? Qué horror”. No es mi amigo, es mi papá y lo amo y es mi referente. Pero es mi papá, no voy a andar dándome vueltas con mi viejo. Pienso siempre: qué familia sana que tengo...
—Sí, por ahí no llegar a un extremo. Pero lo ideal es estar en una buena versión sin necesidad de otras cosas.
—Claro. Pasarla bien no significa consumir absolutamente nada. No me voy a hacer la que yo nunca... Yo elijo cuándo voy a tomar: en mi cumpleaños tomo, en año nuevo tomo. Pero elijo cuándo y lo hago muy consciente, sabiendo todos los riesgos. Y obvio que me divierto, pero lo puedo hacer sin necesidad de otra cosa. Yo estoy suficientemente completa como para disfrutarlo sin necesidad de meterme ningún tipo de droga, ya sea sintética, alcohol, lo que sea. Si a vos te gusta algo, disfrutalo a nivel consciente. El otro día veía en TikTok una chica que dice que fue a comer con un chico y el pibe cayó fumándose un porro. Yo quiero que te sientes conmigo a que hablemos en el mismo estado de conciencia. Y que seas completamente vos para conocerte en profundidad.
—Subiste hace poco un contenido que me pareció muy interesante y tiene que ver con la listita. ¿Me podés contar de qué se trata?
—Me es difícil como encontrar a “mi hombre ideal”. Yo soy muy Susanita, me quiero casar, quiero tener hijos y soy muy creyente también de la manifestación. Entonces dije: “Voy a hacer una lista de cosas que me gustaría encontrar en un hombre”. Porque me pasa que por ahí encuentro un chico que me gusta, lo idealizo tanto y después cuando vuelvo para atrás digo: “Pará, no tenía nada de lo que yo espero para un vínculo sano”. Y también me pasa mucho que materno, entonces lo que hago es pensar que hay cosas que puedo acomodar. Y no es así.
—¿Cuál es el test para dejar de pifiar con las conquistas, según Michelle?
—Hacer una lista. Es de manifestación, así que todo lo que pongas tiene que ser positivo. No se puede poner ningún no. Por ejemplo, aspectos positivos: lealtad, honestidad, que sea divertido, que sea aventurero, que crea en Dios. Yo puse todos esos aspectos. No se puede poner “que no sea tóxico”. Que sea seguro de sí mismo, por ejemplo, sería como la versión positiva. Una vez que terminás, lo que hacés es autoevaluarte dentro de esa lista. Puede que no todo lo cumplís a rajatabla, pero no podés estar pidiendo algo que vos ni siquiera estás dispuesto a dar.
—Es como ponerte frente a un espejo.
—La autoevaluación tiene que 100% sincera. Y si no, le podés pedir ayuda a un amigo que te diga: “No, dale, bolud*, de comunicación tenés cero” (risas). Después, a cada palabrita que pusiste, a cada ítem, lo tenés que evaluar del 1 al 10. “¿Qué tan leal soy yo del 1 al 10? Soy un 9″. Ahí sumás todas esas calificaciones y la dividís por la cantidad de ítems. Si pusiste 23 características, el número tanto lo dividís por 23. Y eso te da tu promedio emocional. Entonces hacés otra lista también de características físicas que quieras en un otro. Esas no te evaluás vos porque ni idea qué quiere el otro físicamente. Vos solamente te evaluás en la de características emocionales. Entonces, tenés lista de características físicas y características emocionales. Ya te evaluaste la emocional. Ahora lo que tenés que…
—Conocer al otro.
—Sí, eso sí. Conocer a full al otro. Pero yo también lo hice con mis ex...
—¿Lo hiciste con tu ex? Me muero, qué espectacular.
—Sí, lo hice con todos mis ex para ver si tenía que volver por alguno (risas). El final del ejercicio es que agarrás el promedio físico y el promedio emocional de la persona que estás evaluando, lo sumás y lo dividís por dos para que te dé el promedio final. Y ese número lo comparás con tu número. Por ejemplo, yo tenía un 8,48. Entonces, la persona que evalúo no puede estar más que un punto abajo de mi puntaje.
—Con 4 no califica, beba.
—Ya está, de baja. Pero es terrible porque las matemáticas no fallan. Es subjetivo todo esto, ¿no? Porque me van a re bardear y es un juego. Pero sirve.
—Es un juego re de terapia. Cuando querés ponerte de novia, te mandan a hacer listita. Cuando te querés separar, te mandan a hacer listita. Es una manera tangible de evaluar los pros y los contras.
—Sí y evaluar lo que te está pasando a vos también.
—¿Y te sorprendió lo que encontraste?
—Me sorprendió porque hice la lista pensando en este pibe también, ¿no?
—El que te gustaba.
—Sí, el que me gustaba y le fue como el ort*. Pero muy mal. Y dije: “Claro, soy yo y mi cabeza poniéndolo en un lugar que nunca mereció”. Y de repente me di cuenta que el pibe que menos me gustaba, era el que más puntaje tenía.
—Esa es una disyuntiva interesante. ¿Qué hiciste?
—Terapia. Llamé a Vanesa, que es mi psicóloga, y fue como: “Reina, estoy muy mal” (risas).
—Hay una cosa medio incongruente de por qué siempre el que nos gusta no es el que va.
—Porque me gusta maternarlos y me gusta tener proyectos de hombres, descubrí. Entonces el que ya está construidito por ahí…
—Te aburre.
—Claro, prefiero construir. Pero después la paso mal. Pero eso es algo que quiero cortar de raíz. Casualmente por eso hice este ejercicio. Fue también una autoevaluación, más allá de que evalué a los muchachos, fue para preguntarme a mí misma: “¿Por qué elegís así?"
—¿Y qué te dicen tus viejos cuando les contás de este tipo de cosas?
—Que me deje de poner de novia (risas). Porque sos muy noviera. Es mi primer año en el que estoy sola porque me lo autoexigí. Tuve ahí mis bachecitos en el medio que me puse a salir serio con alguien, pero nunca apareció la palabrita novios. Eso ya es un gran paso, que la titularidad no haya aparecido fue un gran paso. Pero si soy muy noviera y estoy en un muy buen momento de mi carrera y de mi vida en general, y los vínculos exigen demasiada atención. Y yo a los vínculos les pongo el 100% de mi alma, de mi cuerpo, de mi ser. Entonces el consejo de mis viejos es: concentrate en tu vida.
—Cuando estoy terminando las entrevistas, hago dos preguntas que me parece que describen mucho a la persona que tengo enfrente. La primera es: si pudieras tomar un mate con la Michelle de hace diez años, ¿qué le dirías?
—Paciencia, que todo llega. Que todo llega cuando tiene que llegar, que no se desespere, que confíe más en ella misma y que se deje de autoboicotear. Que cuando se deje de autoboicotear, las cosas van a empezar a pasar.
—¿Y sentís que eso sucedió?
—Sí, completamente.
—Si estuvieras en la antesala del último día de tu vida, del último minuto y pudieras ir a un recuerdo para volver a vivirlo con la conciencia de todo lo que sucedió después, ¿cuál sería ese momento y por qué?
—El día que mi mamá me dijo que estaba embarazada de mi hermana. Porque la pedí desde mis 4 o 5 años hasta mis casi 10. ¿Mirá si no voy a creer en la ley de atracción? La pedí tanto que llegó... Siempre pensaba que era un regalo porque les decía: “¿Me pueden regalar a mi hermana?” O papá me decía: “Hay un regalo en casa”. Y yo le preguntaba: “¿Un hermanito? ¿Una hermanita?” Encima nació el día de tu cumpleaños. Fue realmente un regalo.