Diego Mihalik y la vida con casi 200 kilos: prejuicios, obstáculos cotidianos y la lucha por la aceptación social

Desde la dificultad para conseguir un asiento en el transporte público hasta la exclusión del sistema de salud, su experiencia expone carencias estructurales y emocionales que afectan a miles de personas en Argentina. Informe especial de Infobae

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Informes Infobae Studio - Obesidad

Antes de ingresar a un restaurante, Diego Mihalik revisa con detenimiento si las sillas serán lo suficientemente resistentes para soportar su peso. Esta rutina, que para muchos podría parecer inusual, forma parte de su día a día y refleja la realidad de vivir con casi 200 kilos en Argentina. Enfrenta desafíos que trascienden la salud física, abarcando aspectos sociales, emocionales y prácticos que condicionan cada una de sus decisiones cotidianas.

Diego experimentó fluctuaciones de peso a lo largo de toda su vida y llegó a perder 130 kilos en 2007 gracias a un tratamiento especializado. Sin embargo, la llegada de la pandemia de COVID-19 alteró su progreso, llevándolo a recuperar entre 80 y 90 kilos. La obesidad, en su caso, no solo responde a hábitos, sino también a una predisposición genética. “En la familia está el gen de la obesidad. Mi hermano heredó el gen de mi mamá, que es flaca; yo heredé el de mi papá”, explicó.

"Terminás comprando lo que te
"Terminás comprando lo que te entra, no lo que te gusta", explicó Diego

Desde la elección de un restaurante hasta la compra de ropa, cada actividad requiere una planificación minuciosa. “Compro por internet porque estoy seguro que si voy a cualquier local de ropa en una avenida, no tienen talle para mí”, lamentó. Esta situación lo obliga a elegir prendas por necesidad y no por gusto: “Terminas comprando lo que te entra, no lo que te gusta”. Además, el transporte público representa un desafío adicional, ya que los asientos y los espacios son reducidos.

La percepción social de la obesidad constituye otro de los grandes retos. Según explicó Diego, los prejuicios y la estigmatización se manifiestan en gestos, comentarios y actitudes cotidianas. “De chico no sabes si sos gordo o flaco. La gente te lo empieza a decir y ahí vos razonas y te das cuenta de que la mayoría de la gente es flaca”, contó.

“Me siento muy observado siempre, no solamente cuando voy a comer afuera, sino cuando voy por la calle”, detalló haciendo visible el impacto psicológico de la discriminación. El escrutinio social se intensifica en situaciones como viajar en colectivo, donde suele notar que el asiento a su lado permanece vacío.

En el ámbito de la salud, Mihalik enfrentó situaciones que evidencian la falta de preparación del sistema sanitario argentino para atender a personas con obesidad. En el 2007, lo derivaron al zoológico para hacerse una tomografía. Aunque reconoce que este tipo de situaciones ya no son tan frecuentes, persiste la carencia de información sobre centros médicos equipados para pacientes con obesidad. “La mayoría de los tomógrafos aguantan hasta 100 o 120 kilos”, señala. Eso deja a las personas con sobrepeso en una situación de incertidumbre y vulnerabilidad.

“Uno no quiere ser gordo,
“Uno no quiere ser gordo, pero muchas veces te gana el hambre y comés. Después viene la culpa”, explicó el participante de Cuestión de Peso

“Cuando camino, me pongo anteojos negros o la capucha”, admitió. Es un mecanismo que utiliza como barreras simbólicas frente al juicio ajeno. “Uno no quiere ser gordo, pero muchas veces te gana el hambre y comés. Después viene la culpa”, remarcó. Esta lucha interna se ve reforzada por la presión social y los estándares de belleza predominantes.

En el plano laboral, advierte que las oportunidades son limitadas. Actualmente, trabaja como seguridad en un boliche, un puesto que considera adecuado para su contextura física. Pero admite que las opciones para personas con obesidad suelen ser escasas y poco favorables. El tiempo libre tampoco está exento de dificultades: viajar en avión resulta inviable por la falta de espacio, por lo que prefiere el micro y selecciona cuidadosamente el asiento más cómodo.

Para enfrentar estos desafíos, Diego recurrió al programa Cuestión de Peso en dos ocasiones. La primera vez, en 2007, logró bajar 130 kilos. Este año, decidió regresar al programa y, en apenas un mes, ya perdió 15. El apoyo psicológico es fundamental en su proceso. “Todo esto lo hablo con mi psicólogo”, señaló.

Su historia expone la complejidad de vivir con obesidad en Argentina, donde los desafíos van desde la infraestructura urbana y la atención médica hasta la aceptación social y el bienestar psicológico. Su testimonio invita a reflexionar sobre la necesidad de construir una sociedad más inclusiva, preparada para atender la diversidad corporal, garantizando el acceso a servicios, espacios y brindar oportunidades reales para todos.

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