Qué es el Cohousing, la nueva forma de envejecer en comunidad

Este modelo de convivencia despierta interés entre quienes buscan autonomía y compañía en la tercera edad, sin resignar independencia. Propone espacios privados combinados con áreas comunes, donde los residentes interactúan y participan en actividades pensadas para esta etapa de la vida. Informe especial de Infobae

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Informe - Cohousing

Vivir en un cohousing es una alternativa que se está volviendo cada vez más popular para personas que buscan envejecer en un entorno donde la independencia y la comunidad coexisten armoniosamente. Este modelo de vivienda colaborativa está diseñado para personas mayores que desean conservar su autonomía mientras disfrutan de la cercanía y el apoyo de una comunidad.

A diferencia de un edificio tradicional, esta metodología combina espacios privados con áreas comunes donde los residentes interactúan y participan en actividades diseñadas exclusivamente para ellos. Además, los servicios adicionales, como la ayuda tecnológica o el acompañamiento a citas médicas, son parte fundamental del día a día.

Elena López y Maria Gibert
Elena López y Maria Gibert se hicieron amigas en el cohousing. Cada una tiene su departamento y comparten talleres y actividades

Requisitos para ingresar

Para ingresar al cohousing Vida Linda, ubicado en el barrio porteño de Belgrano, los postulantes deben superar una evaluación de ingreso que incluye entrevistas y la valoración de sus capacidades en actividades diarias. Es requisito ser mayor de 60 años.

No se compran ni venden los departamentos; los residentes adquieren un derecho de uso de por vida, con un coste inferior al de propiedades de la zona. Los departamentos oscilan entre 40 y 90 metros cuadrados y las expensas mensuales, que cubren talleres y actividades, varían entre 200 mil y 300 mil pesos.

Elena López tiene 66 años, decidió redefinir su concepto de hogar y se mudó a Vida Linda. Después de vender su casa en Mercedes, motivada por las recomendaciones de su hija, que es enfermera, cambió su estilo de vida. “Soy profesora de biología. Cuando vine y vi el parque, dije: ‘Quiero estar acá’”, rememoró.

Con sus amigas, habían discutido la idea de envejecer juntas en un mismo edificio. Sin embargo, el cohousing ofrecía una solución ya establecida donde, a pesar de no conocer a nadie inicialmente, encontró en la comunidad un ambiente más enriquecedor que la soledad. “Esto es mucho mejor que estar solo”, afirmó.

Su decisión no solo radica en el deseo de compañía, sino en evitar incomodar a sus hijos con demandas cotidianas. “Todos tenemos la necesidad de vivir con compañía, sin molestar a los hijos. Ellos tienen 8.000 cosas que hacer”, analizó.

Estructura y beneficios

El cohousing donde vive Elena cuenta con 15 pisos, cada uno equipado con siete departamentos que permiten a los residentes mantener su independencia. Además, un amplio salón común ubicado en la planta baja se erige como el corazón del edificio donde se realizan las actividades comunitarias.

Vivir en este tipo de vivienda tiene una serie de beneficios para sus residentes. “Si uno no puede abrir un frasco de mermelada, por ejemplo, los chicos de la conserjería te ayudan”, explicó. Además, brinda la posibilidad de solicitar auxilio con contratiempos de salud, tareas como pedir un auto de aplicación y hasta sacar entradas para el cine, tareas que pueden resultar abrumadoras para algunas personas mayores.

Uno de los puntos claves del cohousing es la posibilidad de compartir experiencias cotidianas. Elena destaca a las charlas y actividades como algo central para la socialización: “Tenemos por lo menos dos o tres talleres todos los días”.

"Todos tenemos la necesidad de
"Todos tenemos la necesidad de vivir con compañía, sin molestar a los hijos con cuestiones cotidianas", explicó Elena.

Soporte y compañía en la vida diaria

El personal del cohousing es una parte integral de la vida comunal que va más allá de colaborar en las simples tareas. Son como una extensión de la familia para los residentes. Esta relación permite que el personal, familiarizado con los hábitos y necesidades de cada uno de los vecinos, puedan identificar potenciales problemas y actuar proactivamente para solucionarlos.

La tecnología, a menudo suele ser un desafío. “Cuando aparecen cosas raras en el teléfono y nos asustamos, ellos te solucionan todo”, explicó Elena con alivio, ya que la asistencia del personal en estos casos resulta invaluable.

Las pequeñas interacciones diarias refuerzan la sensación de comunidad, desde charlas en el salón común hasta salir juntos al cine o compartir un café. También para los hijos y nietos es una ayuda extra. “Ellos están tranquilos porque saben que acá no tenemos problemas y si tenemos algún inconveniente cotidiano podemos resolverlo juntos”, concluyó Elena.

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