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Alberto Fernández litiga con el “síndrome del Pato Cojo” y calcula que entregará la Presidencia a Sergio Massa

A cuatro meses de terminar su mandato, el jefe de Estado no se resigna a perder protagonismo político: define su agenda internacional, juega en silencio para lograr la victoria de Unión por la Patria y jamás se olvida de CFK

Alberto Fernández durante una ceremonia oficial

Alberto Fernández es metódico para comer su desayuno: primero la ensalada de fruta y después su plato de cereales. Al final se toma un te de hierbas y un jugo exprimido de naranjas. Afuera el sol de la mañana pega sobre el parque de Olivos, mientras los perros ladran a los carritos de golf que recorren el angosto camino que une la puerta de Villate al 1.000 con el chalet presidencial. “Me voy tranquilo. El gobierno se mantuvo unido, y Sergio (Massa) va a ganar la elección”, le aseguró el jefe de Estado a su invitado de domingo.

Alberto Fernández y el ministro de Economía dialogan a diario, pero la comunicación se mantiene en reserva. Los dos conocen las reglas de juego: el presidente ya es un contrapeso para el candidato oficialista, y aparece muy poco en los discursos de campaña. Tampoco se menciona demasiado a Cristina Fernández de Kirchner. Ya se sabe: Massa es un consumado equilibrista.

“Yo le dije a Sergio (Massa), a mí no me nombres. Mencioná al Gobierno, que es un gobierno que es récord en obra pública y en creación de empleo. Y también le dije que no mencione a Cristina. Los dos somos el pasado, y él tiene que ser el líder del futuro”, explica el presidente mientras endulza su te de hierbas.

Alberto Fernández cree que Massa vencerá a Juntos por el Cambio. Y hace un cálculo de sociología política para justificar su creencia partidaria. El presidente sostiene que un cuarenta por ciento del electorado es de la oposición, que otro cuarenta por ciento votará al peronismo y que el resto -veinte por ciento- se mueve con cierto grado de independencia.

“En un contexto de segunda vuelta, un amplio porcentaje de ese veinte por ciento -explica el jefe de Estado a su solitario interlocutor- votará a Sergio. Y con eso ganará las elecciones presidenciales. No tengo dudas”.

Alberto Fernández y Sergio Massa durante un encuentro informal en la quinta de Olivos

La agenda oficial de Alberto Fernández es diminuta. Pero el presidente asegura que no tiene el Síndrome del Pato Cojo. Es decir: sin posibilidad de reelección su poder se ha encogido a la mínima expresión y sólo protagoniza actos protocolares que a nadie le importa.

El jefe de Estado participó en las negociaciones que desembocaron en el acuerdo con China y la CELAC para cancelar los vencimientos que Argentina tenía comprometidos con el Fondo Monetario Internacional. Y este protagonismo no se difundió por los canales oficiales para dejar en el centro del escenario a Massa.

Alberto Fernández envió una carta personal a Xi Jinping para lograr que el régimen comunista ampliara el swap por 1.700 millones de dólares para pagar al FMI y mantuvo una reunión clave con un director de la CAF que conoce desde hace muchísimos años. “Sergio lideró, y yo lo ayude”, explicó el jefe de Estado.

En quince días, si no hay cambio de planes, Alberto Fernández viajará a Sudáfrica para participar de una cumbre de los BRICS. En la cumbre de este foro regional, que integran Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, se votaría la incorporación de la Argentina como socio del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD). Este banco fondeado por los cinco integrantes de los BRICS aspira a competir con el Banco Mundial (BM), una entidad crediticia que maneja Europa con el control silencioso de Estados Unidos.

El presidente también volará a New Delhi para protagonizar su última cumbre del G20. Aún recuerda su encuentro con Angela Merkel cuando la canciller alemana dejaba su cargo y mantuvieron una animada reunión bilateral en el G20 de Roma, adonde no faltó la referencia a CFK y su impronta en los foros internacionales.

Cena de Estado ofrecida por Angela Merkel a Alberto Fernández y su comitiva durante la visita del presidente a Berlin en febrero de 2020

Durante su visita oficial a Berlín, en febrero de 2020, Alberto Fernández cenó con Merkel en el séptimo piso de la Cancillería de Alemania. Todos los comensales tenían traductor y Merkel hacía las preguntas que le llegaban en unos cartoncitos que ella leía como si fuera una locutora oficial. En la última pregunta de la noche, CFK apareció en escena:

-¿Cómo se lleva usted con la vicepresidenta? La conozco de los G20 y me da la impresión que usted tiene un carácter diferente al de ella-, aseguró Merkel ante Alberto Fernández.

El Presidente se movió incómodo en su lugar -justo enfrente de la canciller-, y ensayó una respuesta de ocasión: “Tuvimos nuestras diferencias, pero ahora estamos juntos en el gobierno”, dijo Alberto Fernández para salir de una situación que no esperaba.

El jefe de Estado exhumó ayer este encuentro con Merkel cuando su invitado le pidió un balance sobre la relación política que mantuvo con la vicepresidenta durante sus cuatro años de mandato.

Alberto Fernández terminó su taza de té, y contó.

“Después de la cena en Berlín, tras la pandemia, me encontré con Merkel en el G20 de Roma, al lado estaba Olaf Scholz que la iba a reemplazar en los próximos meses. Ella se sentó sonriente y otra vez me sorprendió”, recordó el Presidente.

-¿Por qué?-, le preguntaron cuando el desayuno concluía.

-Merkel me miró a los ojos y me dice: ¿Al final, cómo fue la relación con Cristina?

-¿Y qué le contestó?

-Que en Berlín, durante la cena, no había estado tan equivocada.

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