El agua es un recurso indispensable para el funcionamiento de numerosas actividades económicas. Desde la industria y la agricultura hasta los servicios, la construcción y el comercio, miles de empresas dependen de un suministro constante para mantener sus operaciones. Sin embargo, los escenarios de déficit hídrico y los eventos climáticos asociados al fenómeno El Niño pueden poner en riesgo esta disponibilidad y generar consecuencias que van más allá de una simple interrupción del servicio.
En Perú, existen antecedentes que muestran la magnitud de este problema. Durante el fenómeno El Niño de 2017, Sedapal suspendió temporalmente el suministro de agua potable en 27 distritos de Lima y Callao debido a la elevada concentración de lodo y sedimentos en el río Rímac, situación que dificultó el tratamiento del recurso.
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Otro antecedente ocurrió durante el fenómeno El Niño de 1982-1983, cuando una severa sequía afectó diversas regiones del país, dejando alrededor de 460 mil pobladores rurales afectados y ocasionando importantes pérdidas en las actividades agrícolas y ganaderas.
Frente a los escenarios climáticos previstos para la temporada 2026-2027, las empresas necesitan evaluar qué tan preparadas están para enfrentar una eventual reducción del abastecimiento.
Frank Chávez Habich, gerente de Ingeniería y Prevención de Riesgos Patrimoniales de Gallagher Perú, advierte que anticipar las restricciones, identificar los procesos críticos y establecer fuentes alternativas de abastecimiento son acciones fundamentales para reducir los riesgos operativos y financieros.
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¿Cómo puede afectar la escasez de agua a las empresas?
Una interrupción del suministro puede desencadenar una serie de problemas que comprometen la continuidad de los negocios. Las consecuencias dependen del sector económico y de cuánto necesita cada organización el recurso hídrico para desarrollar sus actividades.
Entre los principales riesgos se encuentran:
- Paralización de la producción: las empresas que utilizan agua en sus procesos industriales pueden verse obligadas a reducir sus actividades o detenerlas temporalmente.
- Pérdidas económicas: la interrupción de las operaciones puede generar menores ingresos, gastos extraordinarios y costos adicionales para recuperar la actividad.
- Problemas en la cadena de abastecimiento: la falta de agua también puede afectar a proveedores y dificultar la disponibilidad de insumos.
- Incumplimiento de contratos: los retrasos en la producción y las entregas pueden comprometer los acuerdos comerciales con clientes.
- Riesgos sanitarios y de seguridad: recurrir a fuentes de abastecimiento improvisadas puede afectar la calidad del producto y poner en peligro a los trabajadores.
Uno de los errores más frecuentes es esperar a que se produzca una restricción para recién buscar alternativas. Según Chávez Habich, depender de una sola fuente de abastecimiento, desconocer cuáles son los procesos prioritarios o no contar con proveedores alternativos puede elevar los costos y prolongar las interrupciones.
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Cinco medidas que deben adoptar las empresas ante un posible déficit hídrico
Para reducir su vulnerabilidad frente a una eventual escasez de agua, las organizaciones necesitan incorporar este riesgo en sus estrategias de prevención y continuidad de negocio.
Estas son cinco acciones recomendadas por Gallagher Perú:
1. Identificar qué procesos dependen del agua
El primer paso consiste en determinar qué actividades necesitan un suministro permanente y cuáles podrían funcionar temporalmente con una menor disponibilidad del recurso.
También es importante identificar las instalaciones, sedes y proveedores que presentan mayor exposición. Esta evaluación permite establecer prioridades y calcular cuánto dinero podría perder la empresa si determinadas operaciones se paralizan.
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2. Evaluar fuentes alternativas de abastecimiento
Las compañías deben revisar su capacidad de almacenamiento, identificar posibles fugas y mejorar la eficiencia de sus sistemas de distribución.
Asimismo, pueden evaluar fuentes alternativas autorizadas que permitan mantener sus actividades ante una eventual interrupción. Para ello, deben considerar la calidad del agua, los costos, la capacidad de distribución y los permisos correspondientes.
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3. Incorporar la escasez de agua en los planes de emergencia
No basta con tener protocolos generales para enfrentar situaciones de crisis. Las empresas necesitan contemplar escenarios específicos relacionados con la reducción o interrupción del suministro hídrico.
Estos planes deben establecer quiénes serán los responsables, qué actividades tendrán prioridad, cuánto tiempo puede mantenerse la operación y cuáles serán los procedimientos para recuperar la normalidad.
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4. Revisar la situación de proveedores y clientes
El problema no necesariamente termina en las instalaciones de una empresa. Un proveedor que enfrenta restricciones de agua también puede dejar de entregar insumos o retrasar sus compromisos.
Por ello, es importante identificar a los socios comerciales más expuestos, evaluar alternativas de abastecimiento y establecer mecanismos de comunicación para anticipar posibles dificultades.
5. Calcular las pérdidas económicas y revisar los seguros
Las organizaciones deben estimar cuánto les costaría una paralización, considerando no solamente la producción que dejarían de realizar, sino también los retrasos en las entregas, los gastos adicionales y las obligaciones contractuales que podrían verse afectadas.
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También deben revisar sus pólizas de seguros para conocer qué situaciones están cubiertas, cuáles son las exclusiones y qué condiciones deben cumplir para acceder a una indemnización. No todas las interrupciones ocasionadas por la falta de agua están necesariamente aseguradas.
La prevención puede evitar mayores costos
La escasez de agua representa un desafío que requiere planificación y decisiones anticipadas. Las empresas que conocen sus puntos vulnerables pueden establecer alternativas antes de que una emergencia comprometa sus operaciones.
La experiencia de años anteriores demuestra que los eventos climáticos pueden afectar la disponibilidad del recurso y generar consecuencias para distintos sectores económicos.
Por ello, la preparación debe comenzar con una pregunta fundamental: ¿cuánto tiempo podría seguir funcionando una empresa si mañana deja de recibir agua?
Tener una respuesta, identificar las actividades prioritarias y contar con mecanismos de abastecimiento alternativo puede marcar la diferencia entre una interrupción controlada y una crisis con importantes pérdidas económicas.
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