Inteligencia artificial y demanda energética: el desafío ambiental que el Perú no puede postergar

Las normas ambientales, energéticas, territoriales y de recursos naturales no fueron diseñadas necesariamente para la escala de estas operaciones, que requieren suministro estable, refrigeración permanente y, en algunos casos, agua intensiva

Pasillo entre servidores negros con luces azules y un sistema de tuberías de acero con válvulas rojas, manómetros y secciones de agua visible.
Un centro de datos para computación de inteligencia artificial utiliza un sistema de refrigeración líquida con tuberías industriales para controlar la temperatura de los servidores. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La conversación sobre inteligencia artificial (IA) suele concentrarse en algoritmos, productividad, empleo y transformación digital. Sin embargo, existe una dimensión menos visible que será determinante para su expansión: la infraestructura física que hace posible su funcionamiento.

La IA opera principalmente a través de centros de datos, instalaciones que albergan miles de servidores capaces de procesar y almacenar enormes volúmenes de información. Estos equipos funcionan de manera continua y generan grandes cantidades de calor, por lo que requieren sistemas permanentes de refrigeración y una conexión eléctrica robusta y estable. En algunos casos, dichos sistemas de enfriamiento también demandan un uso intensivo de agua.

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Ilustración de una torre de refrigeración con extractor superior, caída de agua sobre rejillas, tuberías gruesas y muros de hormigón.
Una torre de refrigeración expulsa vapor de agua y canaliza líquido recirculado a través de tuberías exteriores hacia un centro de datos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La magnitud del desafío ya es visible. Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), los centros de datos representaron alrededor del 1,5% del consumo mundial de electricidad en 2024 y su demanda podría más que duplicarse hacia 2030, impulsada en buena parte por el crecimiento de la IA. La misma organización advierte que la concentración de estas instalaciones en determinados territorios puede generar presiones importantes sobre las redes eléctricas locales y el entorno ambiental.

Frente a esta realidad, surge una pregunta relevante para el Perú: ¿qué oportunidad representa este crecimiento y qué condiciones debemos construir para atraer inversiones de largo plazo de manera sostenible?

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FILE PHOTO: Chillers that cool water are connected to a data center building during a tour of the OpenAI data center in Abilene, Texas, U.S., September 23, 2025. Each building is estimated to need 1 million gallons of water that it will recycle. REUTERS/Shelby Tauber/Pool/File Photo
FILE PHOTO: Chillers that cool water are connected to a data center building during a tour of the OpenAI data center in Abilene, Texas, U.S., September 23, 2025. Each building is estimated to need 1 million gallons of water that it will recycle. REUTERS/Shelby Tauber/Pool/File Photo

El país tiene atributos que podrían favorecer el desarrollo de infraestructura digital. Pero, contar con capacidad energética o disponibilidad de suelo no es suficiente. Hoy existe una brecha entre la velocidad con la que avanza esta industria y la regulación aplicable. Los centros de datos deben operar bajo normas ambientales, energéticas, territoriales y de recursos naturales que no necesariamente fueron diseñadas pensando en la escala y las características que puede alcanzar esta nueva infraestructura.

Desde una perspectiva ambiental, el reto no debería limitarse a fiscalizar impactos una vez que los proyectos están operando. Lo importante es anticipar cómo se evaluarán aspectos como eficiencia en el uso del agua y la energía, emisiones asociadas, sistemas de refrigeración, conexión a la red y utilización de fuentes renovables. La falta de criterios suficientemente claros puede generar incertidumbre regulatoria tanto para las autoridades como para los inversionistas. Y esa incertidumbre puede traducirse en mayores riesgos regulatorios, contractuales y operativos, así como eventuales conflictos por el uso de recursos y retrasos para proyectos intensivos en capital.

Cilindros blancos de filtración, tuberías de acero con manómetros y una bomba hidráulica frente a una pared de cristal con servidores informáticos.
Una planta de filtración por ósmosis inversa bombea agua tratada hacia los sistemas de refrigeración de un centro de datos contiguo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La experiencia internacional muestra que las jurisdicciones que combinan infraestructura confiable, predictibilidad regulatoria y criterios claros de sostenibilidad están mejor posicionadas para captar inversiones vinculadas a la economía digital. Para el Perú, la pregunta no es solo cuántos centros de datos queremos atraer, sino qué tan preparados estamos para integrarlos de manera sostenible a nuestra matriz productiva y energética.

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