El recuerdo del devastador huaico de 1983 mantiene en alerta a los habitantes de San José de Paye Bajo, en Santa Eulalia, quienes temen que las lluvias provoquen una nueva emergencia sin que puedan ponerse a salvo. Las familias reconstruyeron sus viviendas después de perderlo todo, pero ahora advierten que la falta de obras de prevención contra huaicos las expone nuevamente al peligro.
“Si ha de caer un huaico aquí porque no hay obras de prevención, ojalá caiga de día, porque si cae de noche no vamos a tener tiempo ni lugar adónde evacuar”, relató una vecina durante un reportaje de Latina Noticias. Su testimonio refleja la preocupación de una población que recuerda cómo la activación de las quebradas destruyó el antiguo pueblo y teme que la historia se repita.
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La situación de la quebrada Cuculí concentra parte de las alertas. Aunque se realizaron trabajos de descolmatación en algunos sectores, una inspección periodística identificó piedras sueltas, troncos, maleza y otros obstáculos que podrían dificultar el paso del agua. Los pobladores reclaman que las autoridades refuercen las intervenciones antes de la temporada de lluvias.
San José de Paye Bajo recuerda el huaico de 1983 y teme una nueva emergencia
El desastre de 1983 marcó la historia de la localidad de San José de Paye Bajo. Según los testimonios recogidos en el reportaje, el huaico cubrió las viviendas y destruyó gran parte del pueblo, por lo que los habitantes tuvieron que reconstruir sus hogares después de la emergencia.
Magaly, una de las vecinas entrevistadas, recordó que durante aquel episodio los pobladores huyeron hacia zonas alejadas, como el río y el cerro, para protegerse. También aseguró que las familias levantaron nuevamente sus casas con sus propios recursos. Décadas después, la posibilidad de enfrentar otro desastre genera temor entre quienes permanecen en el sector.
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“Estamos con miedo, pues, señorita. ¿Qué podemos hacer? ¿A dónde nos vamos a ir? Ya estamos acostumbrados acá en el pueblo”, manifestó Magaly. La preocupación aumenta ante la posibilidad de que un huaico descienda durante la noche, cuando las familias podrían tener menos tiempo para reaccionar y buscar una zona segura.
Quebrada Cuculí presenta obstáculos pese a los trabajos de descolmatación
Durante el recorrido por la quebrada Cuculí, el equipo periodístico identificó sectores donde permanecían piedras, troncos, maleza y pircas. Estos elementos preocupan a los vecinos porque, ante precipitaciones intensas, podrían obstaculizar el cauce y favorecer el desborde del agua y los materiales arrastrados por la quebrada.
En la quebrada Cuculí se realizaron trabajos de descolmatación en algunos sectores, pero todavía se identificaron piedras sueltas, troncos y maleza que podrían obstaculizar el cauce durante las lluvias intensas. A ello se suma la presencia de desmontes de construcción, basura, muebles y colchones arrojados en las quebradas, espacios que deberían mantenerse despejados para facilitar el paso del agua.
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Los vecinos solicitan la limpieza permanente de los cauces y la construcción de muros de contención. Entre las alternativas mencionadas durante el reportaje también figuran las mallas dinámicas, los diques y los pozos de sedimentación, estructuras que requieren una inversión mayor y una planificación a largo plazo para reducir el riesgo ante posibles huaicos.
Vecinos reclaman obras de prevención y plantean la reubicación de sus viviendas
Las demandas de San José de Paye Bajo también incluyen mejoras en los servicios básicos y la infraestructura urbana. Mónica, otra residente entrevistada, señaló que el pueblo necesita agua de calidad, veredas y áreas verdes, además de estructuras que protejan a las familias ante una eventual activación de las quebradas.
Según lo informado por Saldaña, el alcalde de Santa Eulalia indicó que no contaba con los recursos suficientes para ejecutar todos los trabajos necesarios y que dependía de la maquinaria de la Autoridad Nacional del Agua (ANA) para realizar las intervenciones. La explicación evidencia las dificultades para concretar obras que van más allá de la limpieza de los cauces.
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Ante el riesgo, uno de los vecinos planteó retomar la posibilidad de trasladar a las familias a un terreno situado a unos 50 metros del pueblo. Según su testimonio, después del desastre de 1983 se ofreció un espacio para la reubicación, pero la propuesta no prosperó. El poblador manifestó su intención de solicitar que se destine parte de ese terreno a las familias. Por ahora, los residentes esperan que las autoridades atiendan sus pedidos y adopten medidas de prevención antes de que las lluvias agraven la situación.
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