La última milla de la transferencia tecnológica

La tecnología desarrollada por la Universidad Católica San Pablo en Arequipa es portátil, automatiza reportes y podría ampliar la atención en establecimientos de salud de zonas alejadas con limitado equipamiento especializado

Una mujer con bata sostiene una mamografía con zonas rojas resaltadas frente a un panel de luz.
Una médica analiza una mamografía con anomalías marcadas en rojo para la evaluación diagnóstica de un tumor de mama. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La investigación científica, que surge de la necesidad de comprender aquello que se desconoce, ha permitido a la humanidad superar las fronteras del conocimiento y mejorar aspectos esenciales de la vida. Los avances tecnológicos en sectores como minería, construcción y manufactura dan cuenta de ello.

Para transformar ese conocimiento en soluciones y oportunidades de desarrollo, es necesario recorrer un proceso de maduración, apoyado en estrategias de innovación y propiedad intelectual. Este proceso, denominado transferencia tecnológica, busca tender puentes entre la investigación científica y las necesidades del sector productivo, el Estado y la sociedad.

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Una mujer con camisa verde permanece sentada junto a una máquina médica de exploración que cuenta con una pantalla digital de control
Una mujer permanece sentada frente a un equipo automatizado de diagnóstico médico que proyecta una imagen de exploración mamaria en su pantalla. (Dale calidad a esta imagen como si fuera tomada por una camara profesional, no modifiques nada mas)

En el Perú, las políticas y el financiamiento de la investigación promovidos por las universidades y el Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (CONCYTEC) han contribuido al fortalecimiento de capacidades científicas y tecnológicas. No obstante, el desafío trasciende la generación de conocimiento: consiste en crear las condiciones para que sus resultados lleguen efectivamente a los ciudadanos.

En el marco del Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, un ejemplo es MABIS, dispositivo médico desarrollado por la Universidad Católica San Pablo en Arequipa. Esta tecnología utiliza ondas de radar para identificar posibles anomalías mamarias y se proyecta como una alternativa para apoyar la detección temprana. Su portabilidad, potencial menor costo y automatización de reportes abren posibilidades de uso en establecimientos de salud de zonas alejadas, donde el acceso a equipamiento especializado es limitado.

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Una mujer sostiene un teléfono celular frente a una imagen gráfica de una mamografía con un mapa de calor multicolor en una de las zonas.
Una mujer consulta un informe médico en su teléfono celular junto a una representación visual de una mamografía analizada mediante inteligencia artificial. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Este dispositivo, nacido de una tesis de pregrado, lleva seis años de escalamiento y desarrollo tecnológico y ha recibido reconocimientos internacionales en Chile y Japón. Ante ello, surge una pregunta: ¿qué falta para que pueda ser utilizado por la población peruana?

La respuesta no se limita a superar barreras técnicas. Las innovaciones en salud requieren evaluaciones clínicas y validaciones sanitarias que garanticen su seguridad y desempeño. Su rigurosidad es indispensable, pero también lo es contar con procedimientos claros y articulados que permitan a investigadores y universidades conocer las exigencias y avanzar oportunamente hacia su cumplimiento.

Una médica con bata blanca señala una pantalla con imágenes de mamografías a una mujer sentada al otro lado del escritorio.
Una médica especialista explica los resultados de una mamografía a una paciente durante una consulta en un consultorio. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En este contexto, la colaboración entre academia, Estado, empresas y sociedad resulta crucial. Una ruta regulatoria clara no implica flexibilizar estándares de seguridad, sino evitar que la incertidumbre administrativa se convierta en una barrera adicional para la innovación.

La emergencia sanitaria de la COVID-19 evidenció la importancia de fortalecer las capacidades tecnológicas propias del país y el papel de las universidades para responder a situaciones críticas.

Promover la transferencia tecnológica en salud es, por tanto, una tarea compartida. Si aspiramos a que la investigación universitaria contribuya a resolver los desafíos del país, debemos asegurar que las innovaciones encuentren un camino claro, riguroso y viable desde el laboratorio hasta la sociedad.

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