El Niño y la ausencia de una segunda temporada de anchoveta: crisis y oportunidad para el sector pesquero peruano

El recurso, destinado a harina, aceite y consumo humano, sostiene una actividad expuesta a alteraciones del ecosistema marino, con efectos potenciales sobre armadores, trabajadores, proveedores y negocios de los puertos

Tres hombres con chalecos salvavidas recogen una red con pocos peces a bordo de un bote de madera llamado La Esperanza frente a acantilados
La ausencia de la segunda temporada de pesca de anchoveta responde a anomalías oceanográficas que alteran el ecosistema marino. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La ausencia de una segunda temporada de pesca de anchoveta en la zona norte-centro del país plantea un escenario complejo para el sector pesquero peruano. Las anomalías oceanográficas y sus efectos sobre la distribución y disponibilidad del recurso nos llevan a preguntarnos: ¿está preparado nuestro ordenamiento pesquero para responder a escenarios climáticos que alteran las condiciones habituales de explotación?

La decisión golpea de manera transversal.La industria pesquera, que aporta significativamente al PBI y sostiene miles de empleos directos e indirectos, se enfrenta a posibles paralizaciones de plantas, dificultades para los proveedores y una menor actividad en los negocios portuarios. El impacto también puede alcanzar a los pescadores artesanales, aunque sus efectos dependerán de las especies que capturan y de las zonas en las que operan. La anchoveta, base de la producción de harina y aceite de pescado, pero también destinada al consumo humano, refleja la importancia económica y social de una pesquería cuya actividad depende de las condiciones del ecosistema marino.

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pesca-- anchoveta
La parálisis de la industria anchovetera impacta en el empleo, los proveedores y la actividad de los negocios portuarios.

El Niño, cuyo desarrollo se proyecta hasta el otoño de 2027, no es solo un fenómeno climático; también es un factor que puede reconfigurar la economía pesquera nacional. La primera temporada habría alcanzado apenas el 25 % de la cuota autorizada y la ausencia de una segunda temporada supondría un escenario particularmente difícil para los armadores, los trabajadores y las familias que dependen de esta actividad. Estas cifras deben contrastarse con la información oficial correspondiente a la temporada 2026.

Sin embargo, la coyuntura también abre un espacio para la reflexión y la acción. El sector no puede limitarse a lamentar la crisis; debe aprovechar estas circunstancias para evaluar alternativas de adaptación. La pota, por ejemplo, representa una oportunidad que requiere modernización tecnológica y regulatoria. En ese contexto, merece evaluarse la viabilidad de los trasbordos en alta mar mediante embarcaciones de apoyo, una alternativa discutida anteriormente, considerando las reglas aplicables y las exigencias de trazabilidad, control y fiscalización.

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La adaptación es una necesidad. El Perú debe pensar más allá de la anchoveta y diversificar sus pesquerías. El atún, el perico y otras especies pueden ganar protagonismo si se fortalecen los sistemas de captura, conservación y comercialización. La inversión en tecnologías de refrigeración y cadena de frío es indispensable para preservar la calidad del producto y facilitar su acceso a los mercados nacionales e internacionales.

Pescadores en un muelle de concreto acomodan cajas de madera llenas de diferentes tipos de peces junto a barcos pesqueros en el mar.
La diversificación hacia especies como el atún y el perico demanda inversiones en infraestructura de refrigeración y cadena de frío. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El liderazgo del Estado es crucial. El Ministerio de la Producción (PRODUCE) y el Instituto del Mar del Perú (IMARPE) deben asumir un rol activo, no solo desde sus funciones regulatorias y científicas, sino también mediante el impulso de la investigación aplicada y la innovación. La coyuntura exige evaluar el marco normativo, identificar oportunidades de mejora y promover espacios de diálogo con los sectores industrial y artesanal. La resiliencia del sector pesquero peruano dependerá, en buena medida, de su capacidad para anticiparse a los cambios ambientales y adaptar sus estrategias productivas.

El país no puede resignarse a considerar este escenario como un año perdido. La ausencia de una segunda temporada de pesca de anchoveta representa un golpe para el sector, pero también una oportunidad para impulsar cambios necesarios. Diversificar las pesquerías, modernizar las tecnologías y revisar el marco regulatorio son medidas que merecen atención para proteger el empleo, favorecer el aprovechamiento sostenible de los recursos y fortalecer la competitividad de la actividad pesquera. El Niño recuerda que la naturaleza impone condiciones que no podemos controlar; nuestra capacidad de respuesta dependerá de las decisiones que adoptemos frente a ellas.

Jennifer Vilches

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