Hace algunos años, realizar una transferencia, pagar un servicio o resolver cualquier trámite bancario requería acercarse a una agencia y ajustarse a sus horarios. Hoy, millones de peruanos resuelven esas operaciones desde un celular. El cambio ha sido tan rápido que quizás no siempre nos detenemos a pensar en lo que realmente está ocurriendo: el sistema financiero peruano ya cruzó un punto de no retorno.
La digitalización dejó de ser una promesa para convertirse en parte de la vida cotidiana. Según el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), durante 2025 se realizaron 655 pagos digitales por adulto, un crecimiento de 45,8 % respecto al año anterior.
PUBLICIDAD
Sin embargo, aquí surge una pregunta fundamental: ¿qué sigue después de aprender a pagar digitalmente? Porque realizar una transferencia desde el celular no significa necesariamente estar incluido plenamente en el sistema financiero. Ese es, a mi juicio, el siguiente desafío: pasar de la digitalización de las transacciones a una inclusión financiera que genere oportunidades reales.
En ese contexto, la entrada de nuevos modelos de banca digital representa un cambio importante. En marzo de 2026, la SBS otorgó la licencia de funcionamiento a Revolut Bank Perú, un banco 100 % virtual. Más allá del caso de una empresa en particular, este hecho refleja que el mercado peruano comienza a incorporar esquemas que ya han transformado la relación entre usuarios y servicios financieros en otros países.
La llegada de Revolut también puede contribuir a ampliar la diversidad y por tanto promover la competencia en un sistema financiero históricamente concentrado en cuatro actores principales. Los nuevos integrantes introducen modelos de atención y evaluación diferentes, lo que genera incentivos para una mayor innovación y competitividad en beneficio de los usuarios. No se trata del reemplazo de la banca tradicional, sino de una evolución en la que el ciudadano tenga más alternativas para elegir.
PUBLICIDAD
Esto resulta particularmente relevante para los pequeños emprendedores. Miles realizan ventas, reciben pagos y mueven dinero de manera constante, pero esto no siempre se traduce en acceso a productos financieros que acompañen su crecimiento. En este campo, las nuevas herramientas de análisis, incluida la inteligencia artificial, pueden complementar la evaluación crediticia tradicional mediante una mejor comprensión del comportamiento y la actividad económica de los usuarios.
La evolución de la banca digital también podría acercar gradualmente al usuario peruano a nuevos servicios financieros y tecnologías que ya vienen desarrollándose en otros mercados como Brasil, México y Colombia. Los activos digitales y las nuevas infraestructuras financieras abren posibilidades para hacer más eficientes determinadas operaciones, especialmente las transferencias internacionales.
Su incorporación, sin embargo, deberá avanzar de manera gradual y segura, bajo reglas claras que permitan aprovechar la innovación sin trasladar al ciudadano la complejidad ni los riesgos de las tecnologías que existen detrás.
PUBLICIDAD
La llegada de estos actores, por tanto, no tiene por qué entenderse como el fin de la banca tradicional. Puede ser una nueva etapa en la evolución del sistema, en la que la experiencia y la solidez construidas durante décadas convivan con la agilidad de los nuevos modelos y con una mayor capacidad de elección para los usuarios.
Naturalmente, esta transformación debe avanzar de la mano de la seguridad, la protección de datos y la educación financiera. La confianza seguirá siendo uno de los principales activos de cualquier institución, independientemente del canal a través del cual se relacione con sus clientes.
La pregunta ahora no es si los bancos tradicionales sobrevivirán. Si lo harán, pero tendrán que transformarse y acercarse más a sus usuarios, ofreciendo productos cada vez más innovadores y a menor costo. Asimismo, nosotros, los clientes y emprendedores, debemos estar preparados para asumir un papel más activo en nuestras decisiones financieras y aprovechar estas herramientas con mayor autonomía y responsabilidad. Esa es, en el fondo, la nueva dimensión de la libertad financiera.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD