La investigación arqueológica en la costa norte del Perú continúa con nuevos trabajos de campo que buscan ampliar el conocimiento sobre la organización de las antiguas sociedades prehispánicas. En esta ocasión, el interés se concentra en un asentamiento del valle de Chicama vinculado con la producción de cerámica de la cultura moche.
El proyecto forma parte de una nueva temporada de excavaciones impulsada por especialistas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), quienes retomaron las labores en un sitio que permaneció sin intervenciones durante cerca de tres décadas. La campaña apunta a obtener información actualizada mediante técnicas de investigación y datación disponibles en la actualidad.
Los primeros resultados permiten identificar elementos relacionados con la fabricación de piezas cerámicas y ofrecen nuevas pistas sobre la organización de los espacios utilizados por los antiguos artesanos. Los trabajos también buscan establecer vínculos entre este asentamiento y otros centros mochicas del norte peruano.
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Según información difundida por la Agencia Andina, el Programa Arqueológico Chicama (PRACH) desarrolla esta campaña con el propósito de reconstruir aspectos económicos, tecnológicos y sociales de la producción alfarera en el valle de Chicama, en la región La Libertad.
Excavaciones revelan nuevos materiales vinculados a la producción cerámica
El equipo del Programa Arqueológico Chicama inició la nueva temporada de excavaciones durante la tercera semana de julio en Cerro Mayal, un asentamiento ubicado en el valle de Chicama. De acuerdo con el arqueólogo Henry Tantaleán, codirector del proyecto, los primeros trabajos permitieron recuperar moldes, principalmente destinados a la elaboración de figurinas, además de platos utilizados por alfareros y una gran cantidad de residuos asociados al proceso de fabricación de cerámica.
En declaraciones a la Agencia Andina, Tantaleán explicó: “En esta temporada de investigación estamos encontrando más moldes, y sobre todo moldes de figurinas, y estamos hallando también platos de alfareros y numerosos desechos derivados del proceso de fabricación de cerámica”.
El especialista señaló que las capas superiores excavadas presentan una elevada concentración de desechos de producción, situación que refuerza la identificación de Cerro Mayal como un centro especializado en actividades alfareras durante la época mochica.
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El proyecto también busca comprender la forma en que funcionaban los espacios dedicados a la fabricación de cerámica, un aspecto que, según los investigadores, recibió menor atención en comparación con otros temas de la arqueología mochica.
“Los sitios de producción cerámica son mucho menos conocidos que la propia cerámica mochica. Por eso nuestro interés es comprender con mayor profundidad cómo funcionaban estos talleres”, indicó Henry Tantaleán a la Agencia Andina.
Las investigaciones también permiten reconocer estructuras arquitectónicas relacionadas con estas actividades. Durante la campaña anterior aparecieron muros construidos con adobe y piedra, además de sectores que podrían corresponder a áreas destinadas a la preparación de vasijas. El equipo pretende ampliar esa información para identificar la distribución interna de los espacios de trabajo.
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Los talleres también funcionaban como espacios de vivienda
Uno de los resultados obtenidos durante las investigaciones previas consiste en la identificación de estructuras que cumplían una doble función. Según el equipo del PRACH, los ceramistas no solo desarrollaban allí sus actividades productivas, sino que también residían dentro de esos mismos ambientes.
“Hemos podido definir que la gente habitaba en los talleres; eran talleres-vivienda. Ahora queremos comprender mejor cómo estaban organizados los espacios de trabajo de los ceramistas mochicas”, señaló Tantaleán.
El sector intervenido corresponde al siglo VII después de Cristo y pertenece al período conocido como Moche Tardío o Fase IV, clasificación basada en la secuencia cerámica establecida por el investigador Rafael Larco Hoyle durante la década de 1940.
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Otra meta de la campaña consiste en obtener fechados radiocarbónicos con mayor precisión. Según explicó el codirector del proyecto, existen seis fechados obtenidos durante las investigaciones realizadas en los años noventa, aunque las técnicas disponibles en esa época ofrecían un margen de incertidumbre mayor que el actual.
Por ese motivo, el Programa Arqueológico Chicama envió nuevas muestras a un laboratorio de Estados Unidos con el propósito de obtener resultados más precisos.
“Reduciendo la incertidumbre del fechado, lo que vamos a poder es correlacionar este sitio de Cerro Mayal con otros sitios mochica del valle de Chicama, y seguramente con otros sitios del valle de Moche y Jequetepeque”, manifestó Tantaleán.
El investigador también planteó que la producción cerámica desarrollada en Cerro Mayal pudo abastecer no solo a este asentamiento, sino también a otros centros mochicas establecidos en distintos sectores del norte peruano.
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Relación con otros sitios arqueológicos del valle de Chicama
Los estudios desarrollados por el PRACH ubican a Cerro Mayal dentro del complejo arqueológico de Mocollope, identificado como un centro político, administrativo y religioso durante el período mochica. En ese contexto, Cerro Mayal habría desempeñado la función de centro especializado en la producción de cerámica.
Entre los asentamientos relacionados figura Licapa II, sitio que el mismo programa arqueológico investiga desde hace seis años. De acuerdo con Tantaleán, una de las principales preguntas del proyecto consiste en determinar el origen de la cerámica utilizada en ese lugar.
“Una de nuestras incógnitas era saber de dónde venía la cerámica de Licapa II. Uno de los grandes candidatos siempre ha sido Cerro Mayal”, afirmó el arqueólogo.
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Campaña amplía el área de investigación del sitio
El equipo también decidió retomar las excavaciones debido a que los registros obtenidos durante las campañas efectuadas entre las décadas de 1980 y 1990 nunca fueron publicados de manera detallada. Parte de esa documentación permanece distribuida entre archivos del Ministerio de Cultura y registros conservados en la Universidad de Harvard.
Frente a esa situación, el Programa Arqueológico Chicama optó por generar nueva información mediante excavaciones actuales. Los resultados permitirán elaborar un catálogo actualizado de moldes, sellos, figurinas y distintos tipos de vasijas, además de revisar la cronología del sitio con apoyo de nuevas técnicas de datación.
La campaña se extenderá durante aproximadamente quince días. El objetivo consiste en ampliar el área excavada desde los 50 metros cuadrados intervenidos el año anterior hasta alcanzar cerca de 100 metros cuadrados, superficie que representaría la excavación de mayor extensión realizada en Cerro Mayal. El proyecto cuenta con financiamiento de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y del Instituto Peruano de Estudios Arqueológicos.
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