La historia de Norheribeth Mejías, una joven venezolana de 23 años que llegó al Perú en busca de mejores oportunidades, expone la realidad de la trata de personas y la violencia de género vinculada al crimen organizado. Su vida terminó el 29 de abril de 2024, cuando su cuerpo fue hallado envuelto en una colcha y bolsas de basura en Santa Anita, Lima.
Mejías trabajaba como anfitriona en discotecas de la capital y, de acuerdo con la División de Homicidios de la Dirección de Investigación Criminal (Dirincri), habría sido captada por el grupo criminal conocido como el Tren de Aragua, que opera en la región latinoamericana. La joven y su hija menor habían ingresado de manera informal desde Venezuela en 2019, en compañía de una pareja que, según la hipótesis policial, facilitó su explotación sexual bajo engaños y amenazas.
La reconstrucción del caso revela que Mejías fue recogida en un taxi en El Agustino con destino a Chorrillos, donde se encontró con José Javier Quintero Rachadel, quien posteriormente la llevó a un hotel. Desde ese instante, no se supo más de ella hasta que su cuerpo apareció en la cuadra 22 de la avenida Ferrocarril, en Santa Anita. Un tatuaje en su brazo izquierdo, el rostro de una mujer con un fajo de dinero, permitió identificarla en la morgue central de Lima.
Los registros del feminicida
La investigación policial, liderada por el mayor Jhonny Motta Flores de la División de Homicidios de la Dirincri, se apoyó en el análisis de cámaras de videovigilancia y registros de llamadas telefónicas. Las pruebas periciales fueron determinantes: las huellas dactilares de Quintero quedaron impresas en la cinta de embalaje y las bolsas que envolvían el cuerpo de la víctima, lo que permitió su identificación científica.
Quintero, ciudadano venezolano con antecedentes por delitos de receptación, huyó del Perú tras el crimen, pero regresó meses después creyendo que el caso había prescrito. Tras su captura, la homologación de huellas confirmó su implicación en el feminicidio de Mejías.
Trata de personas
La policía sostiene que Quintero no solo está vinculado al asesinato de Mejías, sino que también sería integrante del Tren de Aragua, organización señalada de captar mujeres para su explotación sexual en discotecas y centros nocturnos de Lima, especialmente en zonas del centro y el Cono Norte de la ciudad. Según el general Víctor Revoredo, director de la Dirincri, Quintero presenta un perfil de alta peligrosidad, habituado a la violencia y con experiencia en actividades criminales.
Las investigaciones indican que Mejías fue víctima de explotación y vigilancia constante. La necropsia determinó que fue golpeada y, cuando ya no podía defenderse, recibió un disparo en la cabeza. Videos de la policía muestran a Quintero ejecutando actos violentos.
El caso de Norheribeth Mejías revela los mecanismos de la trata de personas y la impunidad con la que operan organizaciones criminales transnacionales en la región. Hoy, tras casi dos años de búsqueda, la captura de su presunto asesino da una señal a la familia, que busca justicia por la joven.