A medida que una relación prospera, las decisiones financieras dejan de ser individuales. Solicitar un crédito o asumir un préstamo conjunto son pasos habituales en la vida de una pareja, pero no siempre se toman con suficiente información. En ese punto, el historial crediticio de cada uno deja de ser un dato técnico y se convierte en una herramienta clave para tomar de decisiones.
En el Perú, el 62 % de los jóvenes y adultos entre 18 y 40 años no está familiarizado con qué es o cómo funciona su historial crediticio, según el más reciente estudio de Experian respecto al perfil financiero de ciudadanos de Lima y Callao. Este desconocimiento cobra mayor relevancia si se considera que el acceso al crédito se da cada vez más temprano y de manera frecuente. El mismo estudio muestra que el 30 % de las personas de este grupo ha adquirido un crédito en los últimos dos años y que el 76 % manifiesta interés en acceder a uno en el corto plazo.
Cuando es bien utilizado, el crédito es una herramienta que permite concretar proyectos importantes como independizarse, adquirir un vehículo o emprender. El desafío aparece cuando ese acceso se da sin una evaluación clara de la situación financiera, especialmente cuando las decisiones involucran a más de una persona.
El nivel de endeudamiento de una persona puede afectar a su pareja. Por ejemplo, si dos personas solicitan un crédito vehicular de S/50,000 a cinco años, con una tasa anual del 12 %, y una de ellas mantiene deudas pendientes en su tarjeta de crédito o un préstamo personal vigente, ese nivel de endeudamiento puede llevar al rechazo de la solicitud o a la asignación de una tasa más alta. Y si finalmente se accede al crédito, cualquier atraso o incumplimiento afectará el historial crediticio de ambos.
Por eso, el historial crediticio no debería revisarse solo cuando se quiere solicitar un crédito. Entenderlo como una herramienta de planificación permite anticiparse, identificar deudas activas, evaluar el nivel de endeudamiento y acceder a mejores condiciones de financiamiento. Gozar de una buena salud crediticia facilita la toma de decisiones y contribuye a que los proyectos compartidos sean sostenibles en el tiempo.
A este escenario se suma otro desafío: la falta de planificación financiera. El 56 % de los jóvenes no planifica ni registra sus gastos mensuales y gasta según su disponibilidad de dinero. Cuando esta práctica se traslada a una dinámica de pareja o familia, el riesgo de desorden financiero aumenta, especialmente si no se evalúa previamente la capacidad real de pago antes de asumir nuevas obligaciones.
Desde Experian, recomendamos estas acciones concretas antes de asumir compromisos financieros conjuntos: hablar con claridad sobre ingresos y deudas, definir cómo se reparten los pagos y qué ocurre ante un incumplimiento, establecer reglas para el uso de tarjetas adicionales o créditos compartidos y revisar mensualmente el historial crediticio a través de plataformas como Mi Sentinel permite anticiparse a riesgos y tomar decisiones financieras más informadas. Además, contar con un plan de contingencia frente a imprevistos, como la pérdida de ingresos o una emergencia, ayuda además a evitar decisiones impulsivas que puedan afectar la salud crediticia.
En un entorno de creciente digitalización financiera, la educación financiera se vuelve clave para construir estabilidad en pareja. Entender cómo funciona el crédito, conocer el propio historial y evaluar el nivel de endeudamiento no solo fortalece la salud financiera individual, sino que también permite que las decisiones compartidas se tomen con mayor previsión. Cuando el crédito se usa con información y planificación, se convierte en una herramienta para construir proyectos sostenibles en el tiempo.