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El hombre vestido de blanco llegó al Río de la Plata

Con la herencia espiritual y pastoral de Francisco como horizonte, el papa León XIV llega a la Argentina luego de su paso por Uruguay, en una gira que busca reafirmar la fraternidad latinoamericana y la cultura del encuentro

Este domingo, el Sumo Pontífice llegará a la Argentina (Europa Press)

No, no es “el hombre vestido de blanco” que, después de ser en su Patria Argentina durante muchos años el cura Jorge, se transformó en el papa Francisco. Al que esperábamos impacientes. Entonces, acaso Jesús nos hubiera dicho: “hombres y mujeres de poca fe…” ¿Cómo no creíamos que aquel Jorge era —como lo fue Jesús— el que caminaba junto a nosotros en nombre del Señor? El que viene es Robert Francis Prevost, el papa León XIV.

Ahora viene quien, por obra y gracia del Espíritu Santo, nos trae alegría con palabras inspiradas en la caridad y paradigmas del Evangelio. Nació en Chicago, la “Ciudad de los vientos”, de la pizza deep-dish, de los rascacielos y una de las más populosas de los Estados Unidos. Durante más de cuarenta años ejerció su acción misionera en el Perú: Chulucanas (Piura), Trujillo (La Libertad) y Chiclayo (Lambayeque) hasta ser llamado a Roma en el 2023 por el entonces Santo Padre.

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Francisco y Robert se prodigaban un gran amor fraternal y se conocían de años anteriores. Desde que Prevost fue a Roma, dicen fuentes vaticanas, ambos se reunían puntualmente todos los sábados en Santa Marta para conversar. El apellido del nuevo pontífice deviene del francés prévost que significa “puesto al frente”, y Francisco puso su mirada en él. Según dicen sus colaboradores inmediatos como posibilidad de estar “al frente” del pueblo fiel y ser, como él, un referente moral del mundo.

Enunciados metodológicos que hereda el papa León

Recordemos una vez más que Bergoglio, además de sus miles de mensajes y en sus obras publicadas, en los muchos reportajes enseñó, entre tantas enseñanzas en los planos teológicos y filosóficos, cuatro principios: la realidad prevalece sobre la idea; el todo es superior a la suma de las partes; la unidad es superior al conflicto; el tiempo es superior al espacio. También nos servirán como herramienta hermenéutica para entender a Prevost, quien nos trae la Palabra de Jesús y las acumuladas en todo el tiempo de la Iglesia. Y particularmente la teología práctica que sumó en su peregrinar.

Robert Prevost y el papa Francisco. (Foto: Vatican News)

Cuando la secularización continúa profundizándose en todo el mundo y Latinoamérica son veintitrés estados nacionales en un continente partido. Latinoamérica tiene una población mayoritariamente católica y culturalmente rica, siendo el resultado del mestizaje de los pueblos originarios y descendientes de inmigrantes. Sin embargo, de ser una posible unidad social, política y económica, se fracturó desde que la política de las coronas española y lusitana abortó esa posibilidad y la nación nonata pasó a constituirse como diversas naciones fracturadas que los intereses económicos de Inglaterra primero y Estados Unidos después consolidaron. Divididas y sin la suficiente fuerza como para unirse y constituir una federación autónoma, fueron dominadas. Esa era la visión de Francisco.

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¿Por qué Prevost?

Porque la visión del actual papa coincide con la visión de Francisco y de los grandes líderes latinoamericanos que profesan el amor por “la unidad que es superior al conflicto” y por la prevalencia del “todo como superior a la parte o a la suma de las partes” y reniegan de la cosmovisión liberal y cipaya. La inmediata visita actual del Sumo Pontífice puede ser calificada en parte para saldar la deuda que su amigo y antecesor tenía con el Río de la Plata y para cubrir una visita familiar a su tierra adoptiva donde lo querían tanto como su pastor, que cuando tuvo que participar del cónclave en Roma, los fieles de Chiclayo le pedían a Dios que no lo eligieran como líder religioso para que regresara pronto al Perú.

El viaje de León XIV es un “gran banquete” al que el Santo Padre trae su vida misma como pan y bebida para el hambre y la sed de las multitudes. Encontrarse con los pueblos y ver la realidad.

Y ya en su primera visita a la República Oriental del Uruguay pudo ver que, a pesar del equilibrio fiscal, hay un pueblo angustiado similar al del Perú y gravemente herido como el de nuestro país. Y sabe que con sus más y sus menos así encontrará al resto de las naciones del sur del Sur. Contaminadas por el narcotráfico y la corrupción, dominadas por la deuda externa y la dependencia económica, con una creciente pobreza y secularizadas por el avance del capitalismo salvaje, el consumismo y la cornucopia permisiva.

Visita a la Argentina católica, gobernada por el libertarismo

Hoy, con amor fraterno y como reconocimiento de todos y todas como hermanos y hermanas, recibiremos al papa León, donde se servirán algunos banquetes espirituales. Hoy a las 16 y 30 “el Hombre de Blanco” pisará el Aeropuerto Jorge Newbery de Buenos Aires.

Una infografía de Infobae detalla el itinerario de actividades, misas y reuniones del papa León XIV en Argentina del 8 al 11 de noviembre.

Mañana a unas cuadras de las costas del Río de la Plata en el Monumento de los Españoles; el martes en la ciudad de Córdoba; y por último, a orillas del río Luján, en la histórica Basílica. Los programas de la visita fueron ampliamente difundidos.

Finalmente, viajará a su Perú tan querido. El Santo Padre llega como fuente de fe y de unidad, con su presencia viva, como afirmación de nuestra identidad latinoamericana y la opción evangélica por los pobres de la tierra.

La opción por los pobres

En Dilexi te, León XIV insiste en que “la opción por los pobres no es simplemente una sensibilidad social. En quienes sufren, la fe cristiana reconoce un llamado concreto a amar, acompañar y servir.”

Por eso, “la caridad cristiana no se reduce a una ayuda puntual. Busca devolver la dignidad donde es negada, generar vínculos, acompañar procesos y preguntarse también por las causas que mantienen a tantas personas en los márgenes”.

“Mirar alrededor. Preguntarse ¿A quiénes estamos dejando afuera? ¿Qué rostros de pobreza se han vuelto tan habituales que ya casi no los vemos?”.

El Papa León saluda desde el papamóvil a su llegada para celebrar la misa en el Parque París Londres, en la primera visita papal a Uruguay desde 1988 (REUTERS)

León XIV ha retomado con fuerza una convicción que atraviesa el Evangelio y la vida de la Iglesia: “El amor a Cristo y la cercanía con los pobres no pueden separarse.”

Por esto, llamó a “construir puentes —expresión muy bergogliana— para combatir la pobreza y enfrentar la corrupción”. Dijo ayer en Paysandú, Uruguay.

El sentido del carácter misionero y sacramental de su visita

Con la llegada de León XIV, padre Roberto, debemos estar atentos y dispuestos a recibir los dones que Dios nos ofrece. Es una convocatoria a la conversación del pueblo con Él, una invitación a una conversión o reconversión, y es la novedad de la confirmación de los católicos, para disponernos a recibir el ánimo que viene del Espíritu Santo por medio del Santo Padre representado por su presencia y en la eucaristía.

Un papa que quiere involucrarse con la historia

¿Para qué viene el papa a encontrarse con los pueblos? Para traernos en la historia la palabra del Evangelio dirigida a los fieles y a los pueblos. Así lo ha hecho como pastor durante cuatro décadas con las pequeñas comunidades a las que visitaba asiduamente en las alturas de las montañas de Chiclayo siendo el “padre Roberto”. Es la confirmación del compromiso con Dios que, por su bendición y su gracia, se hace universal.

Desde el punto de vista de la Iglesia católica en el mundo: la filosofía del encuentro, el nosotros, la concepción del don, el acto de compartir y el caminar juntos. En la ciudad de Chiclayo, donde tenía su diócesis, durante cuarenta años el futuro pontífice aprendió a imitar el estilo de Dios: cercanía, compasión y ternura, involucrarse en la historia, la idea de que el poder es servicio y que el servicio no es ideológico porque no se sirve a las ideologías, sino a las personas.

El papa León cuando era sacerdote en Perú (Foto: Agencia Andina)

Vio invertirse las pirámides, colocando a los pueblos arriba y la cúpula en la base en un espíritu y una acción sinodal, que los programas sociales comienzan con tierra, techo y trabajo y siguen con capilla, colegio, club y casa de primeros auxilios, que la iglesia no es encerrada, sino abierta, en salida, y es un hospital de campaña, el cuidado de la Madre Tierra y la sanación de sus heridas abiertas por la expoliación y el extractivismo. En varias ocasiones mencionó la Encíclica Laudato sí del papa Francisco: “Todos, todos, todos pero primero los niños y los ancianos y viejitas pobres”.

En Paysandú, ayer dijo el papa: “Al comenzar mi visita deseo poner bajo la protección de Nuestra Señora de los Treinta y Tres, Patrona del Uruguay, a quienes encontraré en mi camino.”

La estabilidad democrática

“En 2025 se cumplieron cuarenta años de democracia ininterrumpida en Uruguay, durante los cuales se sucedieron distintos gobiernos por decisión de los ciudadanos. La autoridad pública encuentra su razón de ser en el servicio al bien común y está llamada a ejercerse dentro del orden jurídico, respetando la libertad y la responsabilidad de los ciudadanos (cf. CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 74).

El bien común y la responsabilidad sobre las generaciones futuras

“El bien común comprende también la responsabilidad de transmitir a quienes vendrán después los bienes que hoy hemos recibido. Como recordó mi predecesor, el papa Francisco, «la noción de bien común incorpora también a las generaciones futuras» (Carta enc. Laudato si’, 159). Esta responsabilidad se traduce en las decisiones que afectan al uso de los recursos naturales y a las fuentes de energía. En las últimas décadas, Uruguay ha transformado profundamente su matriz de generación eléctrica, que hoy se apoya casi enteramente en fuentes renovables. Es un resultado notable que ha requerido decisiones sostenidas durante años y la participación de diversos sectores del país. El paso dado plantea ahora nuevos desafíos en el transporte, la producción y el uso responsable de la tierra, el agua y la energía. Pensar a largo plazo significa precisamente administrar estos bienes sin comprometer las posibilidades futuras.”

El futuro de la humanidad se fragua en la familia

Afirmó además que “La familia sigue siendo el primer ámbito en el que cada persona es acogida y aprende a vivir con los demás. San Juan Pablo II, que también tuvo la alegría de visitar esta tierra, lo expresó con una frase que conserva toda su fuerza: «el futuro de la humanidad se fragua en la familia» (Exhort. ap. Familiaris consortio, 86)”.

Que “Cuidar a los más pequeños incluye necesariamente asegurarles una educación adecuada. El hogar en el que un niño crece, la alimentación que recibe y la presencia de adultos que lo acompañan sostienen sus primeros años; la educación prolonga esa tarea, desarrolla sus capacidades, forma su juicio y lo prepara para participar con libertad y responsabilidad en la vida de la sociedad (cf. CONC. ECUM. VAT. II, Decl. Gravissimum educationis, 1)”.

El trabajo humano

Dijo León XIV ayer en el Uruguay: “…incorporarse a la vida laboral, poner en práctica lo aprendido y adquirir autonomía mediante el propio esfuerzo. (Siendo que) “el trabajo se convierte así en uno de los cauces que permiten a cada persona desarrollar sus capacidades y contribuir al bien de los demás. Conviene recordar que «el trabajo está “en función del hombre” y no el hombre “en función del trabajo”» (S. JUAN PABLO II, Carta enc. Laborem exercens, 6). Este criterio conserva toda su actualidad ante los rápidos cambios de la tecnología y de la inteligencia artificial. El desarrollo de estas tecnologías debe ampliar las capacidades humanas, facilitar tareas y crear nuevas posibilidades, procurando que la persona que trabaja no quede reducida a una simple pieza prescindible dentro del proceso productivo”.

La dignidad de cada persona

«La dignidad fundamental de cada persona no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada» (Carta enc. Magnifica humanitas, 53).

La salud pública

“Otras formas de sufrimiento se manifiestan en el cuerpo o en las condiciones de vida. La enfermedad, la discapacidad, el dolor físico, la pérdida de autonomía, la pobreza, la falta de trabajo o la exclusión pueden hacer especialmente necesaria la ayuda de los demás. Recientemente he experimentado en primera persona las limitaciones que impone la enfermedad y he recibido cuidados por los que estoy profundamente agradecido. Esta experiencia me lleva a pensar en tantos hombres y mujeres que carecen de medios para obtener un diagnóstico oportuno o recibir los tratamientos que necesitan. Procurar que la atención sanitaria esté al alcance de cada persona, independientemente de sus recursos, es una responsabilidad que interpela a toda sociedad…”.

La atención debida a quienes sufren compromete a toda la familia humana. Para la Iglesia, este deber encuentra una razón particular en el mandato de Jesucristo de reconocerlo y servirlo en los más necesitados (cf. Mt 25,40). Como recordó Benedicto XVI, «la grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre».

La igualdad y la economía

Quienes forman parte de un mismo pueblo pueden partir de situaciones muy diferentes y disponer de recursos desiguales. Por ello, la manera en que se organiza y orienta la economía termina repercutiendo directamente en las condiciones de vida de las personas y en sus posibilidades de construir su propio futuro. La creación de riqueza, la inversión y la iniciativa económica —tanto pública como privada— son necesarias para el desarrollo de un país, pero sus frutos han de traducirse también en bienes y oportunidades que alcancen efectivamente a todos, pues «son las personas concretas las que cuentan, cada una de ellas y sus familias» (Carta enc. Magnifica humanitas, 58).

La libertad religiosa

“La convivencia entre personas de distintas procedencias y tradiciones forma parte también de la historia del Uruguay. Esa pluralidad se expresa hoy en las creencias y convicciones de sus ciudadanos. El carácter laico del Estado está llamado a garantizar un espacio en el que creyentes y no creyentes puedan convivir con libertad y respeto, porque hay valores que son universales. Esta neutralidad no exige que la dimensión religiosa quede confinada al ámbito privado. Como enseña el Concilio Vaticano II, nadie debe ser obligado a obrar contra su conciencia ni impedido de actuar conforme a ella, tanto en privado como en público, individualmente o en asociación con otros, dentro de los debidos límites (cf. CONC. ECUM. VAT. II, Decl. Dignitatis humanae, 2-3). Desde esta libertad, las personas y las comunidades religiosas pueden contribuir al bien común, respetando la autonomía de las instituciones civiles”.

La paz entre los pueblos y las naciones

“El respeto y la convivencia que se procuran dentro de una nación han de orientar también sus relaciones con otros pueblos. La propia Constitución uruguaya dispone que, en los tratados internacionales, la República procure que las controversias sean resueltas mediante el arbitraje u otros medios pacíficos y promueva la integración social y económica de los Estados latinoamericanos (cf. art. 6). Que Montevideo sea además sede de la Secretaría del Mercosur da particular concreción a esa vocación de favorecer espacios de entendimiento y cooperación en la región. En tiempos en que las diferencias pueden convertirse fácilmente en motivo de enfrentamiento, perseverar en el respeto al derecho, en la negociación y en la búsqueda paciente de acuerdos constituye un servicio que Uruguay puede seguir ofreciendo a sus vecinos”.

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