Agregar Infobae enGoogle

La colonización de Malvinas

El avance británico consolidó un esquema mercantil basado en concesiones ganaderas, desplazamientos forzados y violencia contra pobladores originarios en el Atlántico Sur

El 3 de enero de 1833, una corbeta británica se presentó en Puerto Soledad y obligó a la rendición de los argentinos que vivían en las islas. Foto: Archivo DEF.

La colonización británica de las Malvinas empezó varios años después de la ocupación militar que desalojó ilegítimamente a las autoridades argentinas. Tras la ocupación militar -que se produjo en ese lugar del mismo modo en que se había intentado pocos años antes con las invasiones inglesas a Buenos Aires-, el comandante británico de la fragata Clío se dio a la vela y volvió a su patria. En las islas se produjeron rapiñas y asesinatos entre los habitantes que habían quedado, lo que no pudo ser juzgado por los tribunales ingleses por considerar que no tenían jurisdicción. Fueron necesarios varios años para poder armar un negocio en las islas ocupadas. Finalmente Samuel Lafone, comerciante británico en Montevideo, padre del ilustre arqueólogo argentino Lafone Quevedo, se ve que conocía a alguien que le consiguió un contrato con alguna autoridad política de su país para explotar las islas. A los pocos gauchos que quedaban les sumó otros uruguayos y se fue a hacer su negocio, que consistía en cazar con lazos y boleadoras ganado que los pobladores desalojados, Luis Vernet a la cabeza, habían sido obligados a dejar, sin estado de derecho de por medio.

Puerto Luis, sitio donde se estableció la sede de la Comandancia de Vernety las viviendas de los colonos

A Lafone al principio no le fue muy bien y -diríamos ahora- revoleó su contrato que, aunque no estaba muy en orden, fue aceptado por la reina Victoria para, una vez cedido a otros señores influyentes, ser tomado como base de una concesión de explotación para una empresa que se formó en el mismo acto real en 1851: la Falkland Islands Company (FIC). A partir de allí el manejo de las islas fue un puro negocio comercial, con un delegado del gobierno británico como “controller”. Se trajeron ovejeros escoceses (uno de ellos graciosamente comentó que las islas debían ser consideradas escocesas y no inglesas), se siguieron apresando caballos, vacas y ovejas con “gauchos” (literal), se trajeron nuevas ovejas y muchas de ellas se trasladaron a Tierra del Fuego y Santa Cruz, donde algunos de los ovejeros en Malvinas pasaron a conseguir otras concesiones chilenas o argentinas en tierras ocupadas por los indios Selknam. Había un chileno Nogueira en Punta Arenas, que también se había conseguido de su país una concesión de miles de hectáreas para poblar el norte de Tierra del Fuego y allí fue con socios y testaferros, como explica en su diario William Blain, uno de los pobladores escoceses contratado por la FIC para ovejear unos años en Malvinas. Varios ingleses, asociados al anterior o supuestamente con otros contratos, que habrían conseguido vaya a saber de quién y bajo qué cláusulas de transparencia, empezaron a formar estancias en el continente, como Cóndor, con ovejas de las islas usurpadas.

PUBLICIDAD

Acuarela de William Dale (1852) de los gauchos en Malvinas

Los indios Selknam de Tierra del Fuego se sorprendieron con estos señores que desembarcaban animales en sus acotadas tierras, a título de nada. Primero los miraron y luego los hostilizaron, pretendiendo que se fueran a otro lado. El ovejero Blain relata cómo los británicos siguieron con el desalojo de argentinos y chilenos de sus propias tierras, siempre por la fuerza, pero ahora sin esgrimir siquiera algún dudoso título de derecho internacional. Los dueños de las ovejas ordenaron a sus empleados cazar indios, pagando a tanto por arco (los indios varones nunca se desprendían de sus arcos, explica el escocés), es decir, a tantas libras por cabeza eliminada. Así desapareció la raza Selknam, la tribu a la que describió con afecto y a la que perteneció el extraordinario indio blanco, Lucas Bridges. Lo anterior demuestra que lo que se llamó colonización inglesa, no fue sino una operación comercial de explotación de un territorio tomado; que lo que se llamó pueblo local, no era sino el producto de las contrataciones laborales de ese negocio comercial y que los explotadores de nuestras islas no eran gente que buscaba defender el principio de la autodeterminación de los pueblos, sino claramente lo contrario.

PUBLICIDAD