Hablar hoy del presupuesto universitario es hablar, en definitiva, de qué universidad queremos tener y de qué país queremos construir.
Las universidades públicas argentinas atraviesan una situación presupuestaria que no podemos desconocer. La discusión dejó de ser solamente cuánto dinero recibe una institución y pasó a involucrar algo mucho más concreto: cuáles son las condiciones reales que tenemos para enseñar, investigar, formar profesionales, desarrollar tecnología, vincularnos con el sector productivo y garantizar que miles de estudiantes puedan continuar sus trayectorias académicas.
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Desde la UTN Buenos Aires conocemos especialmente la importancia de esas funciones. Nuestra Facultad tiene una característica que la distingue: somos una institución profundamente vinculada con el desarrollo tecnológico y productivo del país. Formamos ingenieros e ingenieras, desarrollamos investigación aplicada, trabajamos junto a empresas y organismos públicos y generamos conocimiento que busca responder a problemas concretos de nuestra sociedad.
Por eso, cuando el financiamiento universitario se deteriora, las consecuencias no quedan circunscriptas a las aulas. También se resienten los laboratorios, el equipamiento, la investigación, las actividades de extensión, la vinculación tecnológica y las posibilidades de acompañar los procesos de innovación que necesita nuestro sistema productivo.
Los datos del sistema universitario muestran la dimensión del problema. El Consejo Interuniversitario Nacional señaló que entre 2023 y 2026 las transferencias a las universidades nacionales registraron una caída real acumulada del 45,6 %. También advirtió sobre el deterioro del poder adquisitivo de los salarios universitarios durante ese período.
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No se trata solamente de una discusión sobre números. Detrás de cada partida presupuestaria hay personas, proyectos y capacidades que cuesta mucho tiempo construir y que un país no debería resignar.
La universidad pública es una institución que requiere previsibilidad. Una universidad no puede planificar sus carreras, sus investigaciones, sus inversiones o sus proyectos de vinculación tecnológica pensando únicamente en cómo llegar al final del año. Necesita saber con qué recursos contará para poder proyectar a mediano y largo plazo.
Y esto es particularmente importante en una institución como la UTN. La Argentina necesita más profesionales vinculados con la ciencia y la tecnología, más investigación aplicada, más innovación y una mayor articulación entre la universidad y el entramado productivo. Si queremos discutir seriamente el desarrollo del país, la educación superior y el sistema científico-tecnológico tienen que formar parte de esa conversación.
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La Facultad Regional Buenos Aires tiene, además, una responsabilidad particular por su dimensión y por su vínculo histórico con la industria, las empresas y las instituciones de nuestro país. Cada año miles de estudiantes eligen nuestras carreras para formarse en áreas estratégicas para el desarrollo nacional. Esa elección también implica una responsabilidad para quienes tenemos la tarea de conducir la institución.
Desde mi lugar como decano de la UTN Buenos Aires, considero que esta discusión debe darse con seriedad, con información y con una mirada de largo plazo.
No estamos hablando solamente del presupuesto de las universidades. Estamos hablando de la capacidad que tendrá la Argentina para formar a sus profesionales, producir conocimiento, desarrollar tecnología y acompañar el crecimiento de su sistema productivo.
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La universidad pública no es un gasto que se consume en un ejercicio presupuestario. Es una institución que construye capacidades para las próximas décadas.
Y cuando hablamos de ingeniería, ciencia y tecnología, hablamos también de la posibilidad de construir un país con mayor autonomía, más innovación y mejores oportunidades para las generaciones que vienen.
Por eso, defender las condiciones necesarias para que la universidad pueda cumplir su misión no significa desconocer las restricciones económicas que atraviesa el país. Significa reconocer que, aun en contextos difíciles, hay capacidades que debemos preservar y que forman parte de cualquier proyecto serio de desarrollo.
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La Argentina necesita discutir su futuro. Y en esa discusión, la universidad pública tiene mucho para aportar. Para hacerlo, necesita algo tan básico como indispensable: contar con los recursos necesarios para seguir funcionando, formando profesionales y construyendo conocimiento para el país.
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