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La suma algebraica de brotes

Los indicios de mejora no alcanzan, por sí solos, para consolidar una percepción extendida de recuperación ni para garantizar un despegue sostenible

Aun en el caso de que la suma de brotes arroje un resultado positivo, ello no implica que la distribución del crecimiento permita una percepción generalizada de ese avance, dado que la distribución geográfica, intersectorial, interempresarial y entre familias e individuos puede estar sesgada hacia un lado u otro (Imagen Ilustrativa Infobae)

La suma de brotes verdes y marrones no siempre es positiva: depende de cuánto pondera cada sector y, para el derrame, de los efectos de retroalimentación entre sectores, sumados al impacto de nuevos shocks aleatorios, al efecto rezagado de políticas públicas del pasado y a muchos otros factores.

Y aun en el caso de que la suma de brotes arroje un resultado positivo, ello no implica que la distribución del crecimiento permita una percepción generalizada de ese avance, dado que la distribución geográfica, intersectorial, interempresarial y entre familias e individuos puede estar sesgada hacia un lado u otro. Hemos aprendido que la Tierra, finalmente, no es tan redonda como creíamos.

Las diferencias de percepción, además, pueden acentuarse en procesos de reforma estructural, cuando tienen lugar fuertes cambios de precios relativos. Los procesos caóticos, es decir, las grandes reestructuraciones que eliminan en poco tiempo distorsiones relevantes en los precios de bienes y factores de producción, abren la economía y generan un escenario más estable -respecto de lo habitual, una alta inestabilidad que favorece arbitrajes-, obligan a repensar las estrategias de los agentes económicos.

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Difícilmente se trate de procesos que impactan de forma homogénea entre sectores, empresas e individuos. Son, más bien, procesos que pueden profundizar la heterogeneidad durante mucho tiempo

Difícilmente se trate de procesos que impactan de forma homogénea entre sectores, empresas e individuos. Son, más bien, procesos que pueden profundizar la heterogeneidad durante mucho tiempo. Se vuelven aún más caóticos si, además, la política económica presenta vaivenes que dificultan identificar un sendero, o si el arco político ofrece alternativas ortogonales que alimentan la incertidumbre sobre la sostenibilidad del proceso.

Todo ello puede conspirar para que los eventuales beneficios futuros sean apropiados hoy, hasta generar incluso expectativas de reversión de las reformas -como ya aconteció en la experiencia argentina- que retroalimentan la incertidumbre. En este último escenario resulta difícil percibir y anticipar los beneficios del cambio.

En el plano de los agregados, esta vez la recuperación proviene del salto de las exportaciones netas, es decir, de un crecimiento exportador que se agiganta por la debilidad de las importaciones (Foto: Reuters)

Todo aparece como un contexto de costos elevados -los de la transición y los de eventuales contrarreformas- que deriva en una solución de espera, el clásico wait and see. Ello indica que el evento -quizás de baja probabilidad- de que los cambios no terminen de concretarse o se reviertan tiene un precio muy elevado, es decir, un carácter “catastrófico”, para algunos agentes económicos, en particular para quienes deben hundir capital.

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Para la mayoría de los agentes económicos, la percepción de que esta vez el escenario de recuperación del PBI es distinto del de otras recuperaciones cíclicas surge de observar que el “rebote” tras la caída inicial de la actividad, los ingresos y el empleo no está liderado por el consumo -público y privado- que tracciona la oferta doméstica de bienes y servicios y termina por hacer crecer, aunque sea temporariamente, el ingreso disponible.

En el plano de los agregados, esta vez la recuperación proviene del salto de las exportaciones netas, es decir, de un crecimiento exportador que se agiganta por la debilidad de las importaciones.

La percepción de que esta vez el escenario de recuperación del PBI es distinto del de otras recuperaciones cíclicas surge de observar que el “rebote” tras la caída inicial de la actividad, los ingresos y el empleo no está liderado por el consumo

Ello ocurre en un contexto de cambio de precios relativos que ofrece una mezcla compleja: suben las tarifas de los servicios públicos, bajan los precios de los transables -por mayor competencia derivada de la apertura y por ganancias de productividad- y se estabilizan en un nivel bajo los ingresos reales de los asalariados formales.

Téngase en cuenta que el último dato real del salario formal privado medido por el IVS es algo menor (-3,4%) que el del último mes de la gestión anterior, pero bastante más bajo (-6,6%) que el promedio de esa gestión, y mucho más bajo (-21,6%) que el promedio de la década 2010-2019.

Para un jubilado formal con aportes plenos, la caída de su ingreso real fue dramática entre 2015 y 2023 y, tras la reducción de la inflación en la actual gestión, solo ha logrado recuperar el nivel de los últimos meses de la administración de Alberto Fernández, que ya lo había recortado en un 31% respecto de fines de 2019.

Los cambios de precios relativos y el proceso para completar las reformas recién empiezan (Foto: EFE)

¿Qué pesa más para el agente: la caída de su ingreso real “habitual” -lo que ganaba en años previos-, la caída más reciente de su “riqueza” -activos medidos en moneda dura-, el cambio de precios relativos -de tarifas a transables- o las expectativas sobre la evolución del empleo y de los ingresos en el futuro inmediato? Probablemente haya más de una razón detrás de la sensación de estrés, en parte porque la película -los cambios de precios relativos y el proceso para completar las reformas- recién empieza.

Las dudas que recorren a los perceptores de ingresos -asalariados y trabajadores independientes- como consumidores también se observan del lado de la inversión. Más allá de las extraordinarias posibilidades que se abren en diversos campos y de las facilidades que ofrecen los nuevos regímenes de inversión, los desembolsos han sido muy cautelosos hasta el momento, y la inversión bruta fija habría caído en torno al 11,5% en el primer semestre del año.

La proyección de FIEL para 2026 indica que la tasa de inversión bruta sobre PBI podría ubicarse, en la medición a precios constantes, en 17,8%, un nivel bajo aun para la serie argentina, que, si se excluye el episodio de la pandemia de 2020, en los últimos veinte años solo presenta niveles algo más bajos en períodos de crisis: 17% en 2009 y 17,2% en 2019.

La proyección de FIEL para 2026 indica que la tasa de inversión bruta sobre PBI podría ubicarse, en la medición a precios constantes, en 17,8%, un nivel bajo aun para la serie argentina

Es cierto que debemos cuidarnos de las cuentas rápidas que dicen que para crecer “solo se requiere aumentar en 5 o 6 puntos la tasa de inversión”, pero es claro que, para crecer de forma sostenida durante los próximos veinte años, será necesaria más inversión, mejor guiada por el sistema de precios. Y eso todavía -promediando el tercer trimestre de 2026- forma parte del proceso que debemos transitar.

En suma, la acumulación de brotes no alcanza para determinar que ya se cruzó el umbral y que la economía despegó:

  1. En el plano político, la estrategia de confrontación del lado oficial y de buena parte de la oposición pone en duda la posibilidad de lograr consensos que garanticen la sostenibilidad del nuevo rumbo en el largo plazo.
  2. En el plano económico, salir de los ciclos de boom and bust requiere inevitablemente de esos consensos, ya que la confrontación define escenarios polares que, aunque pueden dar rédito político en el corto plazo, paralizan decisiones y perpetúan la mirada cortoplacista.

Quizás por ello, a pesar del cambio en el enfoque de las políticas públicas desde el inicio de la actual administración, todavía estamos lejos de demostrar solidez y confianza financiera en los mercados internacionales, el pequeño sistema financiero doméstico no termina de despegar y la inversión se mantiene reprimida como para sostener un nivel alto de crecimiento.

El autor es Director y Economista Jefe de FIEL. Esta nota es un anticipo de Indicadores de Coyuntura 688 de FIEL

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