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¿Puede Trump perder la guerra con Irán?

La liberación del estrecho de Ormuz, objetivo central de Washington, se ve condicionada por acuerdos bilaterales entre Irán y Omán fuera del control estadounidense

El presidente Donald Trump

Diversas señales muestran las limitaciones militares de Estados Unidos para terminar favorablemente la guerra de Irán. Estas restricciones se evidencian en una disminución de la capacidad de las defensas antiaéreas para eliminar drones iraníes.

La cifra de bajas sigue siendo secreta. Los muertos que se conocen no llegan a veinte pero, dependiendo de la fuente, las bajas totales (muertos y heridos) podría estar llegando a seiscientos. Este número produciría un impacto negativo en la opinión pública estadounidense.

La liberación del estrecho de Ormuz para la navegación sigue siendo un objetivo incumplido por Washington y sus aliados. La guerra se ha extendido, siendo escenario de operaciones bélicas iraníes y estadounidenses las seis monarquías del Golfo (incluida Arabia Saudita), Jordania, Irak, Siria y Yemen. Las acciones iraníes van dirigidas no contra la infraestructura de estos países, sino hacia las bases y asentamientos militares norteamericanos. Dos tercios de la opinión pública estadounidense se manifiesta en contra de continuar la guerra, pero ello no implica que finalizarla en un contexto de derrota vaya a beneficiar electoralmente a Trump en la elección de medio término del 4 de noviembre.

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Estados Unidos no carece de unidades militares frente a Irán, pero sí se muestra muy limitada su capacidad de realizar operaciones efectivas y contundentes en el ámbito aeronaval. A su vez, Israel tiene intereses políticos militares diferentes a los de Washington. Busca continuar las operaciones militares contra Hamas y su aliado iraní porque beneficia a Netanyahu para la elección nacional que tendrá lugar el 27 de octubre.

Trump parece decidido a fijarse como objetivo liberar el paso por el estrecho de Ormuz en su intento de mostrar una victoria. El presidente estadounidense dice que las negociaciones con Irán avanzan hacia la paz, pero los voceros iraníes dicen lo contrario.

La verdad es que Irán y Omán, países que tienen la soberanía sobre las dos riberas del estrecho, han avanzado en un acuerdo bilateral para liberar el tránsito de este, imponiendo una tasa de “peaje” por los daños ambientales y asegurar el paso. El acuerdo toma como modelo el vigente en el estrecho de Malaca, del cual participan tres países. Este acuerdo podría ser anunciado en los próximos días y afectaría la narrativa que intenta imponer Trump de que la liberación de Ormuz significa para Estados Unidos la victoria en la guerra contra Irán.

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La posición del gobierno iraní se centra en un acuerdo con Estados Unidos que no afecte su plan de desarrollo nuclear -próximo a tener la capacidad de transformar su proyecto nuclear en militar- y le permita recuperar el dinero incautado en bancos occidentales. Buques con distintas banderas han sido blanco de acciones militares iraníes en los últimos días. Irán asume que este punto es el más vulnerable de la estrategia militar de Estados Unidos. El 3 de agosto, el presidente estadounidense amenazó a Irán con “el mayor ataque desde la Segunda Guerra Mundial”.

A su vez, Teherán interpreta las cambiantes idas y vueltas de Trump como una ventaja a su favor para imponerse militarmente. La narrativa iraní trata de mostrar a Estados Unidos tratando de evitar la prolongación de la guerra y ello juega a su favor.

El 2 de agosto, el Jefe del Pentágono, Pete Hegseth, solicitó a los organismos bajo su dependencia que propongan “ideas creativas” para vencer a Irán. Es una evidencia de la desorientación que enfrenta Estados Unidos para ganar militarmente el conflicto. El pedido fue también solicitado a expertos y analistas.

El vocero del Comando Central de Estados Unidos, el capitán Timothy Hawkins, dijo buscar “formas nuevas, creativas y poco convencionales que puedan presionar y castigar a Irán”. A su vez, sostuvo que “el Comando Central tiene una larga trayectoria de pensamiento y trabajo innovadores”, en lo que se interpretó como una respuesta del estamento militar a las críticas de Trump. El almirante Cooper de dicho Comando sostuvo que él mismo se comunica con los miembros de las unidades, a los que considera un “excelente equipo” para lograr el máximo nivel de desempeño operativo posible. El pedido de Hegseth es una evidencia más de las limitaciones que muestra la estrategia militar estadounidense frente a Irán. Las divergencias entre Washington y Tel-Aviv para utilizar la guerra como activo electoral siguen vigentes y es posible que las sugerencias provengan del aliado israelí, lo cual frustraría el objetivo del gobierno estadounidense de mostrar la “liberación” del estrecho de Ormuz como una victoria en la guerra.

Mientras tanto, el panorama internacional muestra crecientes frentes de conflicto. La guerra entre Rusia y Ucrania continúa y ya se ha vuelto crónica y regional desde el punto de vista militar. Tiene lugar en una escalada de las operaciones dentro de los países en pugna y un aumento de la actividad en el uso de drones, aunque Ucrania ha denunciado la falta de estos, cuya causa es en realidad el agotamiento de los arsenales estadounidenses. Los grupos insurgentes de izquierda y anarquistas -así denominados por Trump- se reactivan en este contexto.

La alianza entre Estados Unidos y Europa en el marco de la OTAN no se ha roto, pero se encuentra claramente debilitada. El norte del continente tiene como prioridad la defensa frente a una ampliación de la amenaza militar de Moscú. Pero los países sobre el Mediterráneo -Francia, Italia, España, etc.- ven como mayor amenaza el problema migratorio proveniente de África, como se puso en evidencia con la “invasión” de civiles marroquíes en el territorio español de Ceuta, en busca de mejores condiciones de vida.

Más allá de la inactividad del gobierno español para anticipar y desarticular esta amenaza, ello demuestra niveles de alerta temprana casi inexistentes entre los países europeos de la OTAN. Al mismo tiempo, China se mantiene inactiva militarmente, pero sigue la situación con atención y busca beneficiarse de ella y capitalizar el desgaste estadounidense. Las crisis derivadas del agravamiento del deterioro medioambiental crean un foco de conflicto adicional, con un mundo occidental que no tiene una estrategia efectiva para controlar sus efectos. Las acciones para contener y evitar la escalada de estos problemas hasta ahora han resultado ineficaces. Estados Unidos está actuando por su cuenta y eso trae como consecuencia más errores, no menos.

No parece fácil que Trump pueda mostrar como un triunfo militar lo que hasta ahora es un acuerdo bilateral entre Irán y Omán para restablecer el paso por el estrecho de Ormuz, mediante un pago por daños ambientales y seguridad. A ello se suma la cantidad de bajas estadounidenses en el conflicto y la falta de municiones. Sin embargo, ese parece ser el eje de su estrategia.