La fantasía de un Messi libertario

La reacción del presidente Javier Milei ante el error de Florencia Peña no es más que la última expresión del espíritu bélico libertario, que está decidido a utilizar cualquier hecho para agredir al periodismo independiente

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Muñecos de Lionel Messi y Javier Milei

En la tarde del jueves, Javier Milei subió a Instagram un cartelón que decía: “Si te metés con Messi, te metes con todos”. Se trató del segundo aporte presidencial a una polémica muy pasional que se había instalado desde horas antes, cuando desde un canal de streaming la actriz Florencia Peña difundió erróneamente que había fallecido el padre de Lionel Messi. Peña corrigió el dato ocho minutos después del error, perdió su trabajo, lloró en cámara, pidió disculpas. Nada de eso logró frenar el ímpetu de la crítica, las acusaciones, los insultos, las humillaciones, las construcciones paranoicas, en fin: una explosión típica de tiempos enardecidos.

En medio de la trifulca, claro, estaba el Presidente, cuya primera manifestación sobre el asunto fue un largo texto titulado “Corpo Basura”.

Allí, argumentó:

-“Cuando uno cree que ya lo ha visto todo por parte de los medios de comunicación, determinados personajes se ocupan de recordarnos que siempre se puede caer más bajo, siempre pueden decir una aberración peor y siempre pueden infligir más daño”.

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-“Las aberrantes e inescrupulosas declaraciones sin chequear de Florencia Peña en un canal de streaming, que igual serían aberrantes si la información hubiera sido cierta, ya que hacen a la vida privada de un ciudadano, nos recuerdan la impunidad con la que algunos individuos creen que pueden operar por el simple hecho de tener un micrófono o una pluma en la mano, como si ese hecho implicara no solo que no tienen que chequear la información que reproducen, sino que tampoco deben atenerse a las cuestiones más elementales de decencia humana, moral o respeto por la verdad”.

Javier Milei - Si te metés con Messi, te metés con todos

La furia presidencial se produjo en un contexto que ayuda a entender lo que pasaba. Horas antes, Alejandro Rozitchner, un ensayista que conversa muy habitualmente con Milei, concedió un reportaje muy revelador del clima que se vive en la intimidad presidencial: “Me preocupa la imbecilidad del periodismo -dijo- lo hijos de remil putas que son los periodistas, dicho con sobriedad. Son unos hijos de mil putas. No es un enojo mío. Es una descripción de los hechos. Meto a todos en una bolsa. Es muy raro el periodista que tenga respeto por los hechos. Son una manga de operadores. Hay diferencias, mínimas. Lo que están haciendo con este Gobierno es una canallada. Pero, en realidad, están defendiendo sus intereses, están mostrando la hilacha como locos, están al servicio de lo peor”.

En las últimas semanas, el Presidente anunció que llegaría “hasta las últimas consecuencias” en una investigación sobre vínculos entre espías rusos y periodistas argentinos que no llegó a ningún lado, amenazó con meter presa a Luciana Geuna, cerró la sala de prensa de la Casa Rosada, trató de “asesina” y “complice de genocidio” a Debora Plager, y calificó como generales golpistas a Baby Etchecopar, Jorge Rial, María Laura Santillán y Marcelo Bonelli.

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Es decir, que la pataleta contra Florencia Peña no era algo personal con ella sino la última expresión de un patrón de conducta reiterado, de un espíritu bélico que está decidido a utilizar cualquier hecho –aun cuando, como en este caso, no involucrara a ningún periodista— para insultar, agredir, y escrachar al periodismo que no le obedece.

Florencia Peña anunció al aire la muerte del padre de Messi sin haber confirmado la información (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Presidente no solo se pronunció sino que supervisó personalmente lo que ocurría en las redes con el asunto. Antonio Aracre, un ex ejecutivo que se ha transformado en una de las espadas libertarias en las redes sociales, escribió que le daba pena Peña. Milei se comunicó con él para retarlo. Así lo contó Aracre en una nota:

“El Presidente tiene mucha confianza conmigo y me escribió ´no estoy de acuerdo con esto’. Por privado. Tenemos ese vínculo, donde yo le puedo decir algo que no me gusta y él también. La diferencia es que cuando él me dice algo que no le gusta me caga a pedos. Cuando yo le digo algo que no me gusta, uso otro tono: ‘me parece…señor presidente…que tal vez’ . Yo tengo algo que si alguien está en el piso no le voy a pisar la cabeza por más que sea mi enemigo. Pero la gente pura de La Libertad Avanza tiene una audacia, una agresividad, pero no desde el lado de la violencia, sino desde el lado de la firmeza en la ejecución: si hay que pisar una cabeza para avanzar, se la pisa. Y yo no puedo. En esta discusión con Milei yo le decía ‘perdóname, soy un boludo’. ‘No, sos demasiado bueno’, me dijo él”.

El error de Peña expuso de manera cruda una vez más los rasgos más salientes de la batalla cultural libertaria: esos modos, ese rasgo de época, esas construcciones, ese originalísimo aporte al debate público. Por ejemplo, el simpático Gordo Dan encabezó una corriente de tuiteros que se esmeraba en desparramar referencias repetidas y muy insultantes a la vida sexual de Florencia Peña: cientos de mensajes en ese sentido. No vale la pena ni reproducirlos. El que lo desee, las puede encontrar muy fácilmente, así de libre es el mundo.

A eso se le sumó un esfuerzo denodado por colocar a Messi del lado libertario. El cartelón presidencial con la leyenda “Si te metés con Messi, te metes con todos” forma parte de una construcción según la cual el error de Peña no sería un hecho aislado sino la cabal demostración de que el kirchnerismo ha decidido agredir a Messi para que la Selección pierda y entonces el pueblo argentino no sea feliz.

Entre lágrimas, Florencia Peña pidió disculpas por su error

Cosas que se han dicho en estos días o se han argumentado insistentemente entre comunicadores y militantes libertarios relativamente influyentes:

-“Lo de Florencia Peña no es un hecho aislado. Es parte del plan K para debilitar a Messi y a la Selección. Quieren que el Mundial se termine lo antes posible. Esa es la orden. Hundir a la Selección para su supuesto beneficio político”.

-“Messi respeta a la familia, no se droga, no es alcohólico, no maltrata a las mujeres, no le gusta la trampa como a otros le gustaba”.

-“Cuando no se pueden apropiar de vos, te destruyen. Sos esclavo o enemigo. O me perteneces o sos cipayo, gorila, antipatria”.

-“Messi es un enorme representante del talento y el éxito sin depender del Estado. Eso les jode. Porque en el fondo quieren una sociedad parasitaria que dependa solo del plan social, del papá Estado, o de los subsidios. El kirchnerismo se ha transformado en un movimiento antimessi, son antimessi. Si vos decís representar al pueblo no podés enfrentarte al personaje más querido por el pueblo”.

Así, cientos, miles de veces: gente que, evidentemente, vive torturada por la mera existencia de la letra K.

Y todo eso por el error de una presentadora, que corrigió en pocos minutos, y por el que pidió perdón, se arrepintió y rompió en lágrimas.

¿No es demasiado absurdo?

El intento de politizar el deporte ha sido una constante a lo largo de la historia, especialmente entre líderes con sesgos autoritarios. Ese gesto histórico de Raúl Alfonsín, cuando se retiró del balcón de la Casa Rosada donde celebraba Diego Maradona y el resto de la Selección campeona de 1986 no es, digamos, lo más habitual. Los políticos tradicionales buscan apalancarse en triunfos deportivos con la ilusión infantil de que eso les puede sumar algo. Cuando Milei dice que defiende a Messi, en realidad, quiere mostrar que él está con el ídolo, a diferencia de sus adversarios que lo odian, aunque una cosa y la otra sean falsas y, finalmente, irrelevantes. ¿Por qué sería importante si Milei está o no con o contra Messi? ¿Qué efectos concretos tienen, además, esas pavadas?

Messi no ha tenido problemas en compartir un acto con Donald Trump antes del Mundial pero tampoco en despedirse con reverencias del Indio Solari. La artista elegida por la Selección que comanda Messi para cantar en la final del 2022 fue Lali Espósito. La música de fondo del aviso donde se anuncian los convocados para este mundial pertenece a Trueno. En 2014, antes del Mundial en el que la Argentina salió segunda, Messi, Mascherano y otros jugadores, recibieron a Estela de Carlotto y se fotografiaron con banderas de Abuelas de Plaza de Mayo. Cualquier recorte que se haga de todo esto, como se ve, es forzado y refleja los prejuicios de quienes lo diseñan. Otras figuras deciden, con todo su derecho, manifestar con más claridad sus preferencias políticas –Diego Maradona, el Indio Solari, el Kun Agüero, entre otros. Pero no es lo de Messi, evidentemente. Y cada cual es cada cual.

Diego Maradona en el balcón de la Casa Rosada durante los festejos del Mundial 86

Pensar que el triunfo o la derrota de la Selección tiene efectos políticos no es congruente con los hechos. El equipo argentino salió campeón en 1986 cuando gobernaba Raúl Alfonsín, en 2022, cuando gobernaba Alberto Fernández y subcampeón en 2014, cuando la presidenta era Cristina Kirchner. Los tres perdieron las elecciones del año siguiente. Al contrario, los peores desempeños fueron en 1994, cuando fue sancionado Diego Maradona, y 2002, cuando nos quedamos afuera en primera vuelta. Los presidentes de entonces lograron triunfos electorales al año siguiente. Tendrán que buscar otros métodos.

En medio de toda la locura disparada por el error de Peña –que parece menor en comparación con la reacción contra ella- hubo dos intervenciones que, a juicio del autor de esta nota, merecen destacarse. Una de ellas fue la de Mercedes Ninci, la más destacada cronista de calle de la Argentina:

“Milei está aprovechando esta gaffe de Florencia Peña para tirarse contra todos los periodistas que estamos investigando todo el escándalo de corrupción de Adorni, de la Agencia de Discapacidad, del caso Libra y todos los que estamos investigando los escándalos de corrupción que están todos en Comodoro Py. Y le quiero decir al Presidente que estoy virgen de pauta oficial. Nunca recibí un peso. Ni del estado nacional, ni de una provincia, ni de un municipio ni de ninguna empresa que trabaje con el Estado”.

El otro gesto fue el de Celia Messi, la mamá de la estrella. En la noche en que se desató todo este barullo se comunicó con Florencia Peña para decirle que aceptaba sus disculpas, que entendía que alguien puede cometer un error, que la admira como artista y que no faltará oportunidad para que compartan un café.

Torquemada tendrá que esperar.