Las elecciones en Asia, clave para la estrategia global de Trump

Las recientes elecciones en Japón, Tailandia y Bangladesh consolidan gobiernos con perfiles nacionalistas y aliados a la Casa Blanca, en un escenario regional marcado por la rivalidad con China

Sanae Takaichi

En los primeros días de febrero han tenido lugar tres elecciones trascendentes para el futuro del continente asiático y la más relevante fue la de Japón, que se realizó el 8 de febrero. Es la tercera economía del mundo, tiene un sistema político parlamentario y cuenta con ciento veintitrés millones de habitantes, de los cuales cincuenta y siete millones concurrieron a las urnas el domingo.

Por primera vez fue electa primera ministra una mujer, Sanae Takaichi, que pertenece al partido que viene gobernando el país desde la posguerra, el PLD. Esta agrupación política obtuvo 316 escaños sobre los 465 en juego, lo que le permite tener una coalición con un respaldo pleno. Takaichi ya ejercía el poder interinamente tras la renuncia de su predecesor. Se trata de un cambio trascendente para la cultura japonesa, que nunca tuvo una mujer como Jefe de Gobierno.

Pero también lo es desde el punto de vista de la política exterior. Takaichi tiene una orientación nacionalista que apunta a que su país recupere un rol propio en el área de defensa. Para ello propone un paso trascendental: modificar la constitución hoy vigente que limita el desarrollo del poder militar del país, en función de los recuerdos de la Segunda Guerra Mundial. Ella los da por superados e incluso suele visitar el mausoleo que recuerda a los ex combatientes japoneses en dicha contienda.

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Otro cambio importante que ha decidido llevar adelante es el retorno del Japón al uso de energía nuclear, tanto como proveedor como consumidor, tras el desastre de Fukushima, el país había suspendido este desarrollo que ahora vuelve a tener prioridad, en un mundo donde la energía es un insumo central para la actividad económica. Ello implica que Japón tendrá capacidad de llegar a armas nucleares si así lo decidiese. En el actual momento político internacional, Takaichi es una aliada política de Trump en Asia y no lo ocultan: la primera ministra ha endurecido su posición frente a China en la defensa de la autonomía de Taiwán y ya ha adoptado algunas medidas militares preventivas al respecto.

Ese mismo día se realizó la elección general en Tailandia, un país clave del Sudeste Asiático, hoy motor del crecimiento en dicha región. Este país tiene setenta millones de habitantes, de los cuales votaron treinta y tres millones. Se trata de una monarquía constitucional ejercida por un rey, que está secundado por un primer ministro elegido por el Parlamento.

Tailandia tiene una amplia inestabilidad política: en los últimos cuatro años ha tenido siete primeros ministros. Históricamente conocida con el el nombre de Siam, en el periodo colonial Tailandia logró mantenerse independiente de las potencias europeas. En décadas pasadas la inestabilidad se tradujo en enfrentamientos entre la monarquía y sectores militares y entre estos y grupos políticos, creando a veces situaciones de fuerte desorden. En cuanto a la elección, el gobierno obtuvo una clara mayoría en el Parlamento: consiguió 194 ciento noventa y cuatro escaños sobre 466, lo que le permite articular una mayoría de gobierno. El oficialista es considerado un partido de orientación nacionalista, cuyo líder y presidente es un empresario exitoso.

Tailandia mantiene un diferendo limítrofe con Camboya, una ex colonia francesa con la cual tiene una histórica frontera. Se trata de una de las ocho guerras que Trump dijo haber resuelto en sus primeros ocho meses de gobierno, algo que no es tan seguro, de hecho, habría que hablar de un cese del fuego. El rol de Tailandia es clave en la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (ASEAN), organización que reúne a los países del Sudeste Asiático. Está conformada por diez países: Brunei, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Birmania, Singapur, Vietnam y la mencionada Tailandia. Este grupo representa el 3,5% del PBI global y el 8,5% de la población.

Tarique Rahman

Respecto a Bangladesh, es un país con 173 millones de habitantes que se independizó de Pakistán en 1971. Cabe señalar que ambos países, junto con la India, integraron el Imperio Británico hasta 1947. La elección general bangladesí tuvo lugar el 12 de febrero. Votaron setenta y seis millones de personas. El partido nacionalista de centroderecha, el PNB, y su candidato, Tarique Rahman (hijo de la ex primera ministra Khaleda Zia), consiguieron 209 escaños, muy por encima de los 151 exigidos para tener mayoría absoluta.

En el último tiempo estuvo bajo un largo gobierno de corte dictatorial ejercido por una mujer, Sheikh Hasina, en dos periodos no consecutivos, de 2008 a 2014 y de 2018 a 2024. Una protesta en agosto de ese año que derivó en hechos de violencia protagonizados por los llamados jóvenes de la Generación Z la obligó a renunciar. Su partido, la Liga Awami, fue suspendido tras su renuncia y ella mantiene cierta actividad política desde la India, país en el cual se encuentra clandestinamente. El nuevo gobierno de Bangladesh parece inclinarse por buscar buenas relaciones con Trump, tendencia que también evidencian los nuevos gobiernos de Japón y Tailandia.

Pero el hecho más trascendente en términos estratégicos es la decisión de la primera ministra de Japón de sumarse al Consejo para la Paz que reunió por primera vez Trump el 19 de febrero. Japón será la única de las grandes potencias que acompañará a Estados Unidos en esta discutida iniciativa. De los treinta y cinco países que la integran, no están Rusia, China ni la India; de Europa tampoco se sumaron Alemania, Francia o el Reino Unido, mientras que de América Latina lo integran Argentina y Paraguay.

La participación japonesa en este contexto es relevante y muestra el alineamiento entre Japón y Estados Unidos en términos internacionales, lo cual es importante para la compleja relación que ambas potencias tienen con China.

Al mismo tiempo, al cumplirse el 22 de febrero cuatro años de la invasión rusa a Ucrania, continúan las negociaciones para encontrar un camino hacia la paz, pero por ahora sin final a la vista. También se desarrollan las negociaciones para encontrar una salida entre Israel y los palestinos. No parece fácil lograrlo y más allá de algunos contactos, Estados Unidos parece haber logrado cierto diálogo con Irán, pero no moderar el conflicto con los palestinos, que se agrava en Cisjordania. La Conferencia de Seguridad de Múnich -considerada la más importante del mundo en la temática de defensa, seguridad y relaciones exteriores- mostró que el “modo” entre Europa y Estados Unidos se ha atenuado, pero las posiciones siguen siendo divergentes.

Pero la primera reunión del Consejo para la Paz mostró, al definirse sus fuerzas de estabilización, qué países son los más dispuestos a acompañarlo con fuerzas militares. Fueron siete países: Indonesia, Marruecos, Kazajistán, Kosovo, Albania, Egipto y Jordania. A la cabeza de ellos estuvo Estado Unidos, quien tuvo el comandante designado para toda la fuerza: el general de división Jasper Jeffers (en todos los casos la máxima autoridad militar será estadounidense). El segundo contingente fue el de Indonesia, cuyo presidente, Prabowo Subianto, y Jefe del Estado Mayor Conjunto, Maruli Simanjuntak, ya habían manifestado a fines de 2025 su intención de encabezar esta fuerza de estabilización. Este país es el cuatro por población en el mundo y el electorado musulmán más importante.

El primer lugar donde se desplegará la fuerza será Rafah, el paso más importante entre Gaza y Egipto. La fuerza estará en principio constituida por veinte mil efectivos, los que tendrán como primera misión formar doce mil policías para garantizar la situación en esta conflictiva región.

Comienza así a desarrollarse en Gaza la estrategia que ya está en marcha en Venezuela y fue expuesta públicamente por el Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. En tres etapas sucesivas se garantizará la estabilización en el campo militar y de seguridad, se reconstruirá la economía, y finalmente se propiciará una transición política que termine con un acto electoral.

En cuanto a la participación militar de la Argentina, no lo hará, pero sí enviará fuerzas de paz, organismo a cargo del diplomático Carlos Porretti, que actúan en el marco de la Cancillería, como lo anunció en su discurso el presidente Javier Milei.

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