Holocausto: jamás lo olvidemos

Que este recuerdo tan triste para la humanidad nos inspire a ser guardianes de la memoria y defensores incansables de la paz y de los derechos humanos

ARCHIVO – Las vías de ferrocarril por las que cientos de miles de personas llegaron para ser conducidas a las cámaras de gas en el campo de exterminio nazi de Auschwitz Birkenau, o Auschwitz II, en Oswiecim, Polonia, el 7 de diciembre de 2019. (AP Foto/Markus Schreiber, Archivo)

Fines de agosto de 2025, todavía con temperatura agradable, ingresé al complejo Auschwitz-Birkenau, lamentable fábrica de exterminio del nazismo durante la II Guerra Mundial. El penoso túnel que comunica la entrada del campo con las inmensas hectáreas del terror es el perfecto lúgubre recorrido que nos transporta inmediatamente al período infame como no se recuerda otro en la larga historia de la humanidad.

Durante cuatro largas e interminables horas fuimos testigos y sorprendidos permanentemente por las atrocidades cometidas por el régimen de Adolf Hitler. Mirando las caras de los participantes de este tour macabro, al finalizar el mismo, los ojos de todos nosotros reflejaron un antes y un después.

El Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto fue promovido por el Consejo de Europa, que estableció una jornada para la Conmemoración del Holocausto y la Prevención de Crímenes contra la Humanidad. Esta decisión fue tomada por los Ministros de Educación de los Estados Miembros en octubre de 2002, con el propósito de fomentar la educación y la memoria para prevenir futuros genocidios.

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Luego, el 1 de noviembre de 2005, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto. La resolución de la ONU. buscó honrar a las víctimas del Holocausto y promover la educación como herramienta clave para prevenir genocidios futuros y combatir el antisemitismo y otras formas de intolerancia.

Hoy, el mundo acongojado y con tremenda tristeza, recuerda el “Día Internacional de Conmemoración del Holocausto”, ya que el 27 de enero de 1945 fue liberado el más emblemático y macabro campo de exterminio nazi: Auschwitz-Birkenau, que tuvo a Heinrich Himmler, jefe de las temibles SS desde 1929 a 1945 como responsable de la planificación, organización administrativa y supervisión.

Por lo demás, fue la repetida retórica antisemita de Adolf Hitler la que incentivó y autorizó sin límites la ejecución de las matanzas, que contaron directamente con su absoluta aprobación. De esta forma, entre 1941 y 1945, la población judía de Europa fue perseguida y asesinada sistemáticamente, en el mayor genocidio del Siglo XX.

Fue uno de los mayores atentados hacia la dignidad del individuo a lo largo de toda la historia, en el que cada brazo del aparato del nazismo participó en la logística de los brutales asesinatos, convirtiendo al Tercer Reich en un Estado criminal sin atenuantes.

El exterminio de judíos no fue una decisión impensada sino el desenlace premeditado y lógico de una ideología enraizada en un cóctel de prejuicios y violencia. La guerra generó el proyecto siniestro ofreciendo las condiciones para llevarlo a cabo con singular eficacia. El objetivo no se limitaba solamente a eliminar todos los judíos sino a destruir el concepto mismo de judaísmo. En otras palabras, la meta de dicho plan era la creación de una nueva y populosa nación, homogénea, fuertemente centralizada, uniforme e indisolublemente aria y nacional-socialista.

Auschwitz tiene infinidad de elementos para enseñarnos sobre el respeto de los derechos humanos y la importancia de la convivencia democrática. A ese crimen inconcebible solo se llegó luego de un largo período de desprecio de la democracia, de desconocimiento de las garantías que ofrece el orden jurídico, de fogoneo del nacionalismo execrable, de descalificación sistemática del que piensa o vive diferente y de persecución irracional, totalitaria, a los medios de prensa.

Lamentablemente, en varios países de todo el mundo, inexplicablemente hoy están resurgiendo mimetizados con movimientos populistas estos mismos fenómenos que estábamos convencidos de que habían sido sepultados definitivamente cuando, el 8 de mayo de 1945, la Alemania nazi se rindió incondicionalmente.

Como corolario, que este día tan triste para la humanidad nos inspire a ser guardianes de la memoria y defensores incansables de la paz y los derechos humanos ya que solo recordándolos permanentemente podemos asegurar que nunca, por ninguna causa, se repita una nueva edición del infame Holocausto.

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