Invertir en real estate en el contexto actual ofrece múltiples caminos posibles. El mercado inmobiliario argentino permite diseñar estrategias a medida de cada inversor, siempre que se analicen con cuidado el tipo de producto, la ubicación, la cantidad de ambientes y el precio. En 2026, más que buscar una única respuesta, el desafío será entender qué opción conviene según el momento económico y la situación personal de cada comprador.
La compra al contado sigue siendo una alternativa interesante para quienes cuentan con liquidez. En un mercado con operaciones selectivas, es posible encontrar propietarios con urgencia de venta que están dispuestos a aceptar negociaciones más agresivas. En estos casos, el efectivo permite cerrar rápido y acceder a descuentos que no siempre están disponibles cuando hay financiamiento de por medio. Sin embargo, el éxito de esta estrategia depende en gran medida del producto elegido y de la capacidad de identificar oportunidades reales en términos de precio y ubicación.
El crédito hipotecario, por su parte, vuelve a ocupar un lugar relevante, aunque con condiciones desiguales. Hoy, las líneas más convenientes están concentradas en empleados bancarios, que suelen acceder a mejores tasas como beneficio laboral, y en los créditos del Banco Nación para empleados judiciales, gubernamentales o del sector público. En el resto del sistema financiero, las tasas fueron subiendo y las condiciones cambiando al ritmo de las medidas económicas del gobierno. Para quienes pueden acceder a créditos con tasas mensuales cercanas al 5%, tomar financiamiento puede ser una buena decisión, ya sea para dejar de pagar alquiler o incluso como inversión. En general, estas cuotas acompañan la inflación, del mismo modo que los sueldos, y permiten destinar el esfuerzo mensual a capitalizarse en un activo propio.
La inversión en departamentos de pozo presenta hoy un escenario más desafiante. Los costos de construcción aumentaron de manera significativa, tanto en mano de obra como en materiales, lo que encareció el desarrollo de metros nuevos. En este contexto, solo los desarrolladores con amplia experiencia y trayectoria logramos sostener precios competitivos, comprando al por mayor, negociando insumos para varios emprendimientos y sin resignar calidad constructiva ni diseño. Aun así, pueden aparecer oportunidades en edificios ya terminados o en unidades remanentes que se venden para obtener liquidez y continuar con nuevas obras.
El 2026 se perfila como un año bisagra para el mercado de pozo. Será un período que exigirá creatividad, colaboración entre colegas y paciencia para seguir construyendo en un contexto complejo. También será clave que el sistema financiero acompañe con mejores líneas de crédito, no solo para propiedades usadas sino también para inmuebles aún sin escriturar, con propuestas accesibles para la mayoría de la población y para las empresas constructoras y desarrolladoras. En definitiva, elegir entre pozo, crédito o cash no será una cuestión de moda, sino de contexto, timing y estrategia.