La política de las emociones

Los gurúes de las campañas piden pasión y menos razón

Sergio Massa en un acto de la UOCRA

“El like está ganando la batalla al think” es la premisa de Antoní Gutierrez Rubí, el asesor electoral de Sergio Massa. El catalán quiere una campaña con mensajes al corazón. Esa parece ser la consigna de la hora.

Gutierrez Rubí sostiene que “la única posibilidad real de conseguir una comunicación política efectiva es la conexión emocional”.

“A las candidaturas de la oposición les falta emoción”, agregó Jaime Durán Barba. El ecuatoriano también recomienda una alquimia de emociones que desborden la personalidad del candidato e impregnen a la sociedad toda arrastrando votantes.

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Tienen una mirada química de la política. Pretenden que sus pupilos exuden empatía. Los gurúes electorales bajan línea. Quieren pasión, mucha más pasión que razón.

“La gente tiene emociones que no están en la pelea de los políticos”, dice Durán Barba. O dicho de un modo más correcto, puede que los candidatos estén movidos por pulsiones que nada tienen que ver con las necesidades de la gente. Y eso se nota.

Todos los que están en carrera parecen disponer de sobredosis de adrenalina, endorfinas y otras tantas hormonas que aceleran el metabolismo, solo que la excitación hiperactiva que despliegan en estos días está más enfocada a ganar la batalla por el poder, imponiéndose a como dé lugar a sus pares, que a generar vínculos de amorosidad con los votantes. La oxitocina parece no estar fluyendo en las humanidades alteradas de nuestros candidatos.

“Ya no vivimos en una democracia. Vivimos en una emocracia, en la que las emociones mandan más que las mayorías y los sentimientos cuentan más que la razón”. Esa es la línea que baja el gurú electoral de Sergio Massa.

El concepto de “emocracia” fue usado recientemente por Niall Ferguson, según este historiador británico que da clases en Stanford, “cuanto más fuertes son tus sentimientos, más fácil los transformas en indignación y más influyente eres”. Pero la visión “emocrática” de la política viene de mucho más atrás. Hay quienes incluso se la atribuyen al filósofo Bertrand Rusell. Claro que el avance de la revolución digital, de la que nada supo Rusell, aceleró exponencialmente estas tendencias.

Gutierrez Rubí, que ha trabajado asesorando en varias ocasiones al kirchnerismo, quiere “humanizar” y darle “optimismo” a la campaña electoral del oficialismo. Para el catalán “el optimismo es contagioso y el pesimismo también”. Está convencido de que pensamos lo que percibimos a nuestro alrededor, lo que se cuenta en nuestras burbujas informativas y cotidianas, y que eso nos define como ciudadanos y como electores.

A Sergio Massa le sobra optimismo, siempre se muestra exultante. Está en su naturaleza. Que logre transmitir a sus votantes ese desbordante despliegue de emociones, es otro tema. Podés vender buzones, humo o lo que quieras pero no hay manera de coachear empatía. Muchísimo menos entrenar a un postulante en la generación de confianza.

Hay cosas que no se pueden impostar. Tanta exposición y tanto vértigo terminan mostrándote tal cual sos. Más temprano que tarde se ven los hilos.

En el caso de Massa, Gutierrez Rubí la tiene difícil. Massa llegó hasta dónde llegó negociando sus supuestas convicciones con el kirchnerismo del que una y otra vez renegó.

De “barrer a los ñoquis de La Cámpora”, a sentarse a la mesa tendida del poder cristicamporista dispuesto a comerse todo lo que le pasa por delante.

Alberto Fernández y Cristina Kirchner comparten un acto en La Plata junto a Axel Kicillof y Sergio Massa

Hoy Massa es una suerte de presidente “de facto” de la cuarta administración kirchnerista en que busca su reelección. Es ministro de Economía y oficia, a la vez, de Jefe de Gabinete intrusando, incluso, a quien fue designado como su vice. Alberto Fernández, entretanto, masculla resentimientos empeñado en una rutina de tareas meramente protocolares.

Para Massa, la gestión es la campaña. Un nuevo desafío para su asesor catalán a quien seguramente nunca le tocó acompañar a un candidato-ministro que pretende llegar al poder desconociendo al gobierno del que forma parte y exhibiendo como única cocarda una inflación descontrolada y récords absolutos de pobreza e indigencia.

Antes de salir a recorrer los caminos de tierra en los que a duras penas sobrevive la argentinidad desesperada, el líder del Frente Renovador tiene la urgente tarea de plasmar la forzada unidad con fotos de ocasión.

A la designación del vapuleado Wadito como jefe de campaña le sumará en las próximas horas una amañada foto de familia que lo mostrará junto a Alberto y Cristina Fernández inaugurando el gasoducto Néstor Kirchner.

Empeñado en pavimentar el camino de sus sueños, Massa saldrá a recorrer los caminos de tierra, para experimentar el uno a uno que le sugiere su gurú, mirando a los ojos a pura emoción para seducir a los votantes. No tardaremos mucho en verlo comerse a besos y abrazos con los vecinos de cada lugar que le manden visitar. Tik Tok e Instagram demandan con piezas mediáticas de alto impacto. Hay que salir a transpirar la camiseta. Es lo que se lleva.

Los días de la campaña corren intensos. Los candidatos van, vienen. Las cosas que dicen y hacen permiten conocerlos mejor. Esta es una campaña en la que, advierten los consultores, van a pesar más los perfiles personales que las propuestas y programas, en los que ya nadie cree.

Algunos siguen las pautas de sus coaches o gurúes. Otros se cortan solos. Se dicen muchos disparates, se cae en bloopers y papelones, pero también se escapan grandes verdades con riesgo de caer en el sincericidio.

Quién no necesita que le organicen las emociones es Javier Milei.

El candidato presidencial Javier Milei

El economista libertario que sin asesoramientos tan calificados ha avanzado a fuerza de pasiones descontroladas logró trepar hasta un 30% de intención de votos para derrumbarse a un 22 en cuestión de semanas. Su errática estrategia en el armado de listas y sus excesos emocionales lo desbancaron del tercio electoral en el que parecía instalado para siempre.

“Vos querés ser candidato, te tenés que bancar la candidatura. Tenés que poner la tuya para financiarte vos mismo”, dijo en respuesta a los que lo acusaron que están vendiendo los lugares en las listas de La Libertad Avanza. De demonizar a la casta a la lógica del mejor postor.

A Milei le vendría bien un poco más de think y menos likes. Al menos eso parece demostrar el curso de los acontecimientos.

Con la presentación sobre la hora de la fórmula Massa-Rossi, el escenario electoral ha cambiado. La idea de los tres tercios ha caído dejando paso a una nueva escena de polarización en la que la competitividad del oficialismo emerge revitalizada.

Los dos candidatos de la oposición ajustan sus perfiles para adaptarse a la nueva situación. Los episodios de violencia en Jujuy potenciaron la figura de Gerardo Morales. Al incorporarlo a su fórmula Horacio Rodríguez Larreta suma dureza y densidad política a su propuesta.

La revuelta que disparó el intento de toma de la legislatura jujeña también parece haber forzado la decisión de Patricia Bullrich, que recurrió a un vice que suma “halconización” a su imágen.

El mendocino Luis Petri, endurece aún más la línea discursiva bullrichista, reforzando su perfil confrontativo, absolutamente en las antípodas de la flexibilidad y moderación larretista.

La decisión de dejar en el camino a Maximiliano Abad y Luis Naidenoff, dos radicales que se encontraban en la grilla para acompañar a PB habría encontrado respaldo e inspiración en Derek Hampton, el gurú que guía las fases electorales de la candidata que, según todos los sondeos, saca ventaja a Horacio Rodríguez Larreta en la intención de voto de quienes quieren el cambio.

Bullrich marca sus diferencias con Horacio Rodríguez Larreta haciendo eje en dos palabras: consenso vs conflicto. Ella opta por el conflicto en orden a confrontar con las corporaciones. Lejos de consensuar se presenta como dispuesta a enfrentar el debate contra lo que llama la “Argentina corporativa”.

A diferencia de HRL, ella es refractaria a cualquier pacto que la obligue a ser concesiva con otras fuerzas políticas, muy especialmente con el peronismo, del que afirma “hagas lo que hagas, te terminan volteando”.

Las segundas líneas de Juntos por el Cambio dicen que las comunicaciones entre los referentes de los dos candidatos son fluidas y nunca se han interrumpido y que superadas las PASO y gane quien gane las relaciones se irán recomponiendo para llegar cohesionados a octubre.

La virulencia que ha adquirido la interna de frente Cambia Santa Fe, en cambio, no tiene vuelta atrás. Todos los que siguen el tema aseguran que está todo roto y que más allá de las PASO la situación es irreconciliable y no tiene retorno.

Lo que está en juego detrás del feroz intercambio entre Carolina Losada y Maximiliano Pullaro es una pulseada para ver quién se queda con el control y dominio del Radicalismo.

Mientras Maximiliano Pullaro es referente de Evolución Radical, el espacio de Martín Lousteau, hoy próximo a Rodríguez Larreta, y Carolina Losada juega en línea con el grupo Vendimia que hoy acompaña a Patricia Bullrich.

Esta lectura explica y da sentido a la curiosa pieza mediática que días atrás mostraba a Bullrich susurrando amorosamente al oído a Losada: “Te vas a convertir en heroína… ¿sos consciente? Bueno, jugátela toda”.

Una secuencia un tanto bizarra que pone en cuestión la idea de que las escenas en las que se recurre al alto voltaje emocional son necesariamente funcionales a la política.

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