Una vez más nos escandalizan los resultados de las pruebas Aprender 2021 realizadas por el Ministerio de Educación el 1 de diciembre de ese año para las y los estudiantes de 6to grado de 23.000 escuelas primarias de toda la Argentina. Las asignaturas evaluadas fueron Lengua y Matemática.
Este operativo que se implementó de manera censal muestra como resultado que solo 2,2 de cada 10 niños comprenden de manera avanzada lo que leen.
Esta prueba Aprender se había realizado ya en los años 2013, 2016, 2018 y 2021. Gracias a la comparación de los resultados, podemos afirmar que en el área de Lengua estamos en el peor momento desde que comenzaron a efectuarse las evaluaciones. En efecto, si en 2013 el 18,1% de los estudiantes estaba por debajo del nivel básico, ese número se redujo en 2016 14,5% y en 2018 a 7,1%. Sin embargo, el número de los que no alcanzaron un nivel básico en 2021 aumentó a 22,3% y las y los estudiantes que no alcanzaron un nivel satisfactorio ascendió a 21,7%. Lo que nos da un total del 44,4% de estudiantes que tienen serias dificultades para comprender un texto adaptado a su edad. En el caso de matemática, en 2018 el porcentaje de estudiantes que no llegaba a un nivel satisfactorio era el 42,6% y en 2021 el 45,2% Por lo tanto, los resultados no son mejores que en Lengua sino que el punto de partida era ya calamitoso.
Ahora bien, estos números son alarmantes si tenemos en cuenta que la involución en los niveles de educación tuvo mayor lugar entre las y los estudiantes más pobres. El 71,1% de las niñas y los niños de familias de bajos recursos socioeconómicos de 6to grado no alcanzaron un nivel satisfactorio en Lengua. El 43,1% de las niñas y los niños de estos sectores socioeconómicos está por debajo del nivel básico de comprensión y el 28% tiene una comprensión básica no satisfactoria. En los niveles socioeconómicos altos, esa relación se manifiesta de la siguiente manera: el 8,6% de las niñas y los niños no alcanza el nivel básico y el 13,2 no alcanza un nivel satisfactorio. De este modo, la diferencia entre los niveles socioeconómicos es de 71,1% entre los más pobres y 21,8% entre los más ricos. Es decir, hay un 49,3% más de las y los niños pobres que no alcanzan un nivel de comprensión satisfactorio de los textos adaptados a su edad. Lo que demuestra que esta cifra de hoy incidirá en una enorme medida en la pobreza de mañana.
De todos modos, agregaría un elemento más a analizar frente a estos aberrantes datos relevados: la deserción escolar durante la pandemia. El 14 de julio del 2021 Unicef confirmaba que más de 1 millón de estudiantes no había regresado a las aulas. Se trata de un 9% de las y los estudiantes de Argentina que no habían vuelto a la presencialidad hasta mediados del año pasado. En este mismo informe se lee que la proporción de estudiantes que no regresó a las escuelas es mayor en el noroeste y en la Patagonia (21% y 23% de presencialidad respectivamente).
En la encuesta realizada por Unicef a dos meses de comenzar el ciclo lectivo del 2021, el 67% de los hogares manifestó que las y los estudiantes estudiaban con el modelo híbrido, mientras que el 33% restante continuaba en la modalidad de la educación a distancia.
El Observatorio Federal de Regreso a las Aulas del Consejo Federal de Educación realizó un informe en el que se muestra que hasta principios de julio del 2021 el 22% de las y los estudiantes no accedían a clases presenciales. Este informe titulado “Impacto de la pandemia en la educación de niños, niñas y adolescentes” mostró que en el 6% de los hogares relevados al menos uno o una de los estudiantes abandonó el colegio durante el 2020. Esto significa que entre 357 mil y 690 mil niñas y niños dejaron el colegio en el primer año de la pandemia.
Más allá de las publicidades, los programas y el financiamiento dedicado al acceso a la tecnología, en el 2020, 1 de cada 2 hogares no contaba con computadora para uso escolar en la casa, y en el 2021 el 26% de los hogares no tiene ningún tipo de dispositivo para el trabajo escolar o conectividad a internet.
En relación con la deserción escolar, hay que decir también que, según el Ministerio de Educación de la Nación, en la Provincia de Buenos Aires en el 2020 hubo una deserción escolar de 271.508 mil estudiantes de primaria y secundaria. En 2021 aún hay 120 mil estudiantes que siguen desvinculados de la educación formal. Si bien el programa “Revincular” obtuvo resultados relativos en los números, hay que decir que solo se lograron algunas “revinculaciones” a finales del 2021 y en la práctica más de 300 establecimientos no pudieron abrir porque tenían fallas en las instalaciones y servicios. Actualmente, en junio del 2022, siguen cerradas 120 escuelas en la Provincia de Buenos Aires por falta de gas y 350 en todo el país.
Es difícil entender estos números que duelen en un país en el que contamos con una Ley de Financiamiento Educativo sancionada en 2005 y una Ley de Educación Nacional sancionada en 2006 en las que se establece que el Estado y las provincias deben aportar al menos un 6% del PBI del anual a la educación. Es cierto que salvo en el año 2015 que se verifica el cumplimiento de la meta de inversión, en los últimos 10 años hay un fuerte retroceso. Sin embargo, no creemos que esa sea la única causa del deterioro de la educación argentina. En efecto, tampoco creemos que se trate de buscar causas puntuales sino de señalar un proceso sostenido de deterioro en la educación.
Parte del proceso incluye el secretismo en los números. Sabemos que el Ministerio de Educación de la Nación cuenta con 70 cargos jerárquicos, que en 2018 tenía 1376 empleados y que el presupuesto que entonces manejaba era de 163.168 millones de pesos. Hoy desconocemos la cantidad de empleados del Ministerio, el sueldo de los empleados con cargos jerárquicos, el promedio del sueldo de los empleados y el presupuesto destinado al funcionamiento del Ministerio. Este secretismo se replica también en las provincias.
El último censo Nacional del Personal Docente de los Establecimientos Educativos se realizó en 2014 y el próximo será en 2024, de modo que tampoco contamos con el número de personal docente, no sabemos cuántos de ellos están al frente del aula, cuántos son titulares, cuántos son suplentes, cuántos están de licencia, cuántos son directores, administrativos o de servicios generales.
Mi conclusión es que sabemos que sólo el 2,2 de 10 niñas y niños de 6to grado tiene un nivel avanzado en la comprensión de los textos, pero no sabemos bien por qué el 7,8 no lo tiene.
Los números duelen, pero más duele la marginalidad a la que exponemos a estas niñas y estos niños en el presente. Sabemos que los Estados democráticos modernos ya no matan directamente, pero sí desplazan hacia la muerte, la exclusión, la marginalidad y la pobreza. Estas niñas y estos niños desplazados del conocimiento en una sociedad del conocimiento son las vidas del futuro sin la libertad de elegir qué quieren y condenados a hacer lo que pueden.
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